Diarios de viaje > El Mundo > América del Sur > Colombia > Acandí > Diario de viajes

Acandí, "Chocolombia"

Escribe: indiego
ACANDI El Municipio de Acandí esta ubicado en el extremo norte del Chocó, noroccidente de Colombia, a orillas del mar caribe, desde el punto de vista histórico forma parte y es uno de los...

 

Compartir en:        Enviar a un amigo   Imprimir

 
Capítulo actual 1 de 1
 

Acandí, "Chocolombia"

Acandí, Colombia — domingo, 8 de junio de 2003

ACANDI

El Municipio de Acandí esta ubicado en el extremo norte del Chocó, noroccidente de Colombia, a orillas del mar caribe, desde el punto de vista histórico forma parte y es uno de los territorios constitutivos del Darién junto con los municipios de Unguía, Juradó y la parte del municipio de Riosucio al occidente del río Atrato, es decir la parte Noroccidental del departamento del Chocó y limítrofe con Panamá.
Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Acandí tiene un área total de 86900ha pero otras fuentes difieren de estos valores; por ejemplo el DANE, 1985, tiene como área municipal para Acandí 105800 ha.(CDROOM)
Está conformado por la zona costera, esto es, la parte que se ubica al norte del Darién a lo largo del mar Caribe, al costado occidental del golfo de Urabá, desde Tarena en la bahía de Cevera hasta Cabo Tiburón en la frontera con Panamá; lo mismo que territorios interiores del mismo municipio.
Fisiográficamente está configurado por un estrecho sector entre el cordón marino de la parte posterior, que lo separa de los valles intramontanos. y el mar propiamente dicho, a lo largo del cual se conforman playas cortas y la larga playa de Playona, en los espacios libres dejadas por las áreas acantiladas, que son predominantes; estas formaciones rocosas están sometidas a erosión por el oleaje, lo que se manifiesta en el corrimiento de la línea costera señalada por los cerros y tómbolos existentes. Detrás de las pocas playas existentes, se conforman pequeños humedales, que reciben el nombre local de "chungos". Existen además los “abanicos aluviales” de Capurganá y en Playa Soledad está la única zona de manglares de esta parte de la costa Caribe.
La división del municipio aparte de las implicaciones que tiene en el orden administrativo, es un referente fundamental para entender la construcción social que del territorio se ha hecho, de la manera en que se ha apropiado, poblado y resignificado.

División del municipio de Acandí

Cabecera Batatilla, Campo Difícil, Cogollo, Corazón, Guatí y La Poma.
Caleta Playona, Playeta, Furutungo y Goleta.
Capitán El Brillante, El Muerto, Juancho, Los Girasoles, Dos Bocas, Astí, Acandí Seco Medio, Acandí Secó Abajo y Quebrada Arena.
Capurganá El Cielo, El Aguacate y La Mora.
Peñaloza Barracón, Brazo Seco, Campo Difícil, Chidíma Neca, Nequita, Neca Arriba,Pescadito, Reinaldo y Pescadito.
Rufino Pino Roa, Barbua.
San Francisco Triganá, Coquital, San Nicolás, Napú, La Loma del Cielo y Río Ciego.
San Miguel El Perdido.
Santa Cruz de Chugandí Aguas Blancas, La Joaquina, Chugandicito, El Besote, Tibirri Arriba, Tibirri Medio, Tibirre Abajo, Titiza Abajo, Titiza Arriba, Murales.
Zapzurro .

Como un intento de entender desde las propias dinámicas locales, se explican las características al interior de cada poblado visitado, por ejemplo, la fisiografía del paisaje, las determinantes urbano-arquitectónicas, ciertas tendencias socioculturales, etcétera, que no necesariamente son particulares o que tengan una relación unívoca con el sector funcional. Sin embargo, en unos casos, el carácter funcional está íntimamente ligado a una unidad fisiográfica del paisaje, a unas determinantes ambientales y también a sus características culturales, que en conjunto singularizan aún más ese sector.

CAPURGANA

A orillas del mar Caribe y cerca de cabo tiburón en los límites con Panamá, Capurganá ofrece un paisaje marino y terrestre maravilloso, en el mar predominan los acantilados, en las orillas, Playas de material coralino y de gran blancura; pequeños humedales; abanicos aluviales; manglares, dos ríos el río Capurganá y el río Plamparejo y dos quebradas “el Cielo” y “la Carolina”, vierten sus aguas al mar cerca del poblado aumentando su caudal rápida y constantemente con la lluvia debido a su corto recorrido y a la velocidad con que descienden de las montañas que rodean el pueblo, que aunque no son muy altas -no sobrepasan los 1000msnm- son muy pendientes y quebradas. Estas montañas pobladas de una gran variedad de árboles entre ellos la ceiba, el carreto, el níspero, el aceituno, el caracolí, de donde se obtiene la materia prima para la construcción de viviendas y la elaboración de embarcaciones, encierra un espacio natural al cual poco a poco el hombre ha venido ganándole espacio.

En Capurganá se ha localizado la principal industria turística del Darién. Sobresale por ser uno de los sitios de mayor atractivo turístico, es en el único de los corregimientos visitados donde se ha construido aeropuerto pavimentado que es administrado por la Junta de Acción Comunal. Tiene una pista de 800 metros de longitud, plataforma y módulos con servicios, no tiene torre de control y utiliza a cambio un radio H.F., para la comunicación con los aviones, además posee un muelle cómodo y seguro construido en cemento, hierro y gravilla, que posibilita la llegada de las lanchas con pasajeros, comida y carga en general (cerveza, gas, implementos de aseo etc.) desde Turbo y Acandí. También se encuentran los hoteles más importantes y de mayor capacidad, los cuales son controlados por antioqueños, y de los cuales depende gran parte de la población económicamente activa de Capurganá e incide sobre parte de la población de Acandí. Dicho fenómeno turístico en la dos últimas décadas acaparó la atención de la población notándose una disminución en la actividad agrícola que por generaciones se venía llevando a cabo, ocasionando una compra masiva de los productos de la canasta familiar, traídos desde Cartagena por vía marítima. Los productos que tradicionalmente se sembraban eran el arroz, el maíz, el plátano, la yuca, el ñame, el ñampi, la batata, el coco, la papaya, la ahuyama, etc. Sin embargo, la crisis turística generada por la confrontación armada en los últimos 5 años, ha generado el resurgimiento de la actividad agrícola motivando a la población a organizar la producción en mediana escala de recursos de primera necesidad como el plátano y el arroz. A través de los años la dieta de los pobladores de Capurganá ha estado basada en el consumo de mariscos, ya que esta parte del mar caribe es bastante prodigiosa en fauna marina. Las aves de corral y la explotación ganadera no inciden mucho en la forma de vida aunque se consume carne de res y de cerdo traída de Acandí así como pollo, huevos y enlatados los cuales no tiene un peso importante en el consumo diario. En Capurganá la comunicación por teléfono es rápida y ágil, hay varios sitios desde donde se puede llamar a cualquier parte del país, el acueducto llega a la gran mayoría de las casas pero no funciona de una manera adecuada, hay una empresa de energía que suministra luz para Capurganá y Sapzurro de las 6:00pm a las 4:00am. El puesto de salud está bien equipado es una construcción de dos plantas en material y tejas de eternit, permanece abierto para la comunidad durante el día y es atendido por dos enfermeras que viven en el pueblo. La escuela ofrece cursos de primero a sexto, con muy buena infraestructura, además cancha de básquet y de fútbol. No existen motos ni carros el medio de transporte entre el pueblo y sus veredas es el caballo o la mula, para ir a Acandí o a Sapzurro la gente prefiere la lancha, las calles del pueblo están pavimentadas de una forma muy original hace un tiempo un grupo de mujeres consiguió un apoyo estatal para la comprar de cemento y el acarreo del material (piedras) desde una de las playas, y ellas misma se pusieron en la tarea, aunque un poco angostas se prestan para transitar en bestia, bicicleta o a pie.

En general se encuentran tres tipos de construcción en las casas, unas son los pisos y las paredes en cemento y el techo es de zinc, otras son las paredes en madera, pisos de barro, y techo de zinc, y por último las que tienen pisos de barro, paredes de madera y techo de palma.



SAPZURRO

En los límites con Panamá encontramos una bahía poco profunda y de aguas cristalinas que convidan a nadar, rodeada por una cadena montañosa poco elevada, adornada en las orillas por playas de un blanco brillante que refleja el sol, formando un contraste indescriptible entre la selva, el mar y el cielo. En Sapzurro existen las casas de veraneo de gente del interior y aún de extranjeros, pero con la participación de los nativos de una actividad turística de menor escala, en donde participan con la venta de comida y transporte en los botes de su propiedad. Como en Capurganá, la mayoría de los productos de la canasta familiar son traídos de Cartagena, aunque algunas personas siembran plantas comestibles como el plátano, la yuca, el arroz y el coco esto no alcanza a cubrir el total de la población, existen varios pescadores que realizan faenas de pesca durante casi todo el año mar abierto (2 o 3 horas de la orilla), en donde obtienen peces de gran tamaño y variedad como el pargo, el jurel, la macarela, el mero que son destinados para suplir las necesidades hoteleras de Capurganá, el consumo propio y el de la población. En Sapzurro hay luz eléctrica, acueducto pero no alcantarillado, funciona el servicio de teléfono, solo existe la planta física del puesto de salud, una casa de la cultura y una escuela. Las casas en su mayoría son de material y de zinc, en algunas se cocina con gas propano, aunque la leña sigue siendo el combustible mas utilizado. Las calles son pequeñas aceras que recorren todo el pueblo.



CALETA, PEÑALOZA Y SAN MIGUEL

Corresponde a los territorios de la cuenca del río Tolo. Allí están ubicados caseríos como San Miguel, Caleta y Peñaloza a lo largo del río. Las características fisiográficas y geomorfológicas van desde el abanico aluvial del río Acandí, con relieves planos y ligeramente inclinados, pasando por los valles aluviales del mismo Acandí y el Tolo; terrazas aluviales medias en Caleta; hasta las montañas y estribaciones igneometamórficas de la Serranía del Darién, con suelos de montañas de relieves fuertemente quebrados a escarpados y pendientes mayores al 50%.
Los habitantes llegan hasta la cabecera urbana de Acandí, no sólo por los intercambios comerciales, al ser el principal puerto y centro de acopio, sino por cuestiones administrativas, la atención de salud y educación. Adicionalmente la búsqueda del control territorial por el conflicto armado acentuó la sectorización funcional; en varias ocasiones el ejército determinó que los habitantes no podían comprar víveres en dos partes a la vez si no en Acandí, en donde se les debe firmar la factura de compra por parte de los militares. Esto bajo el supuesto de impedir el auxilio a los grupos guerrilleros que ocupan el sector.
La violencia armada ha sacado la mayoría de los pobladores de las veredas y caseríos encontrándose muchas de ellas totalmente deshabitadas, como es el caso de “Acandí Seco”. En “Futurungo” se han ubicado habitantes que han salido de “Tibirre”.

Las condiciones fisiográficas de las tierras de los valles aluviales del Tolo y del Acandí, han permitido el desarrollo de una activa economía basada en la ganadería extensiva., que sigue en expansión, en detrimento de las propias comunidades. La concentración de la tierra en pocas manos y la potrerización han afectado la forma de vida y la economía campesina, ya que no se disponen tierras para la agricultura, y los caseríos a duras penas tienen el área suficiente para ubicar las viviendas. De esta manera los habitantes de San Miguel, Caleta y Peñaloza, vendieron sus pequeñas propiedades a los terratenientes que están en las proximidades, convirtiéndose en jornaleros ocasionales de sus haciendas.

Como en el caso de San Miguel donde las pocas personas que lo habitan trabajan ocasionalmente en la hacienda de los builes; además del jornaleo, otra actividad económica es la siembra agrícola en lotes en préstamo, en donde las utilidades y el producto se divide al partir, es decir, por partes iguales. Sus casas construidas en tablas y algunos techos de zinc y otros de palma, en su mayoría deshabitadas, construidas a lado y lado de la carretera, presentan un aspecto desolador y un poco tenebroso..., aunque con toda confianza nos dieron vía libre en la Alcaldía. La alimentación de estas personas está basada en la recolección de plátano que tienen sembrado en parcelas alquiladas o en las cuales trabajan en compañía. Esto solo les alcanza para el sustento diario ya que muy pocas veces logran vender una buena cantidad en Acandí, no consumen pescado, la carne y el queso que en una época fueron muy abundantes escasean por períodos de tiempos bastante considerables. La construcción de la casa es bastante sencilla, con espacios reducidos para los dormitorios en donde se acomodan varias camas, por lo general la cocina está dentro de la casa en la parte de atrás y se cocina con leña. Los servicios públicos, o no están o son subutilizados por ejemplo las mujeres van al río a lavar la ropa y los “chócoros” o sea la loza. No poseen luz eléctrica, ni alcantarillado solo unas cuantas letrinas repartidas en las pocas casas que conforman el caserío. No existe la comunicación telefónica, aunque está favorecido por estar ubicado al lado de un proyecto de carretera que pretendía unir Unguía con Acandí y que nunca fue terminado, no poseen un sistema de transporte terrestre que agilice la movilización hacia Acandí. La escuela bien construida en cemento y tejas de eternit esta subutilizada, tampoco existe puesto de salud.

La mayoría de habitantes de Caleta vendieron las tierras a los paisas, quedando de su propiedad las de mayor pendiente, y según ellos, las más cansadas, donde cultivan maíz, arroz el principal producto, plátano, ñame, frutales y plantas medicinales, además las mujeres trabajan las artesanías. Actualmente poseen una granja comunitaria donde cultivan el plátano pero por las dificultades económicas no consiguen para fertilizar la tierra y regar los cultivos con pesticidas así que el último embarque se los devolvieron por estar infectado de sigatoca negra. Actualmente esta aumentando la siembra de NONI un producto que hace solo unos años era rastrojo y se le consideraba venenoso, ahora las personas lo ven como una solución económica en el futuro, porque para ellos el valor del NONI no es el terapéutico ni el medicinal sino el económico, ya que según don Andrés un señor de Caleta, este producto se siembra fácil, se pega del suelo fácil, “pare” o sea da frutos a los 8 meses y sigue “estable” brindando frutos, el dice “que no es como el arroz que una cosecha cansa la tierra y hay que dejarla descansar y buscar otro sitio donde sembrar”. También hay un pequeño ganadero dentro de los habitantes que surte de leche y queso la población, regularmente pescan en el río Tolo y en Playona, y consumen carne de res y de cerdo traída de Acandí, poseen gallinas así que el consumo hace parte de su dieta. La totalidad de las casas están construidas con madera y zinc formando solo una calle con casas a lado y lado del camino que conduce para Playona. No hay luz eléctrica, no tiene acueducto, al igual que en San Miguel las mujeres llevan su ropa y sus chócoros al río, también van allí para bañarse hombres y mujeres. No hay pozos sépticos ni alcantarillado, tampoco existe línea telefónica y la vía de comunicación es solo transitable a pie, o en bestia. Cuando el río Tolo se crece, Caleta queda incomunicado con Acandí a no ser de que la gente se tire a nadar al río para poderlo cruzar lo cual resulta bastante peligroso. La escuela está dotada con pupitres y tableros, es bastante grande y construida en cemento y eternit, el puesto de salud está dotado con mesas, cama, televisor y vhs, pero ningún implemento médico ni de salud.
Peñaloza es un caso excepcional puesto que la propiedad de la tierra es comunal, todos pueden sembrar en partes del lote y cada uno es dueño de su casa. El lote lo cultivan en forma asociada, es decir, siembran varios cultivos como yuca, plátano arracacha, piña, coco, arroz maíz, fríjol. Cada casa posee una huerta donde siembran plantas medicinales, árboles frutales, hortalizas y cría de gallinas. Similar a lo que ocurre en San Miguel aquí también hubo una época que ellos llaman de bonanza de queso, leche y carne debido a las grandes fincas ganaderas, que ahora debido al conflicto han reducido el número de ganado. Algunos pobladores cortan madera en la Serranía del Darién, trabajan en un grupo asociado y parten las ganancias. Las mujeres se dedican a la panadería, la modistería, el cuidado de niños, cuidado de los animales, la huerta y los oficios domésticos. Los oficios de los hombres son la agricultura, corte de madera, un carpintero y labradores de botes. Los jóvenes salen a jornalear cuando no hay cosecha. En el caserío de Peñaloza hay viviendas abandonadas, como reflejo de la situación de conflicto que se vive. Las casas algunas en cemento y zinc otras en madera y zinc están ubicadas a un lado de la carretera que pretendía unir a Acandí y a Unguía, pero al doble de camino de San miguel viniendo desde Acandí. El acceso es aun más difícil por estar mas retirado, solo se hace a pie o en bestia, no tienen luz eléctrica, acueducto ni alcantarillado.

Debido a las condiciones económicas y a la violencia, muchos de los habitantes del sector emigraron a Medellín, buscaron alternativas económicas en la actividad turística de Capurganá, a donde se han desplazado algunas familias de este sector, o se fueron a vivir en el área urbana de Acandí. La comunidad de Caleta en menos de dos años pasó de 262 habitantes a 151 pobladores, que se calcula existían para el año pasado.

SAN FRANCISCO

Más cerca de la desembocadura del río Atrato el paisaje marino sufre una transformación debido a la cantidad de agua dulce y sedimentos que arroja este. Las playas no tan blancas, pero extensas y pobladas de vegetación le recuerdan a uno estar en uno de los sitios de mayor biodiversidad del mundo, el río Siego de donde se toma el agua para el acueducto desemboca cerca del poblado. San Francisco es un pueblo tranquilo con pocas casas habitadas ya que la gran mayoría son cabañas de personas del interior principalmente paisas que visitan el pueblo durante las temporadas. La forma más común de construir las casas es de madera y zinc, aunque algunas tiene paredes de cemento y otras el techo de palma. Tienen un buen acueducto, pero no tienen alcantarillado ni luz eléctrica, algunas casas cuentan con poso sépticos. El pueblo presenta una buena distribución urbanística con manzanas bien definidas y calles sin pavimentar. La agricultura es a pequeña escala, pero variada; es para el autoconsumo y la venta de algunos excedentes, que son llevados desde San Francisco a Turbo, con productos como maíz, ñame, yuca, arroz, plátano, frutales, y en algunos casos caña, para la producción de panela para el consumo local; además existen las huertas asociadas a la producción de frutales. Al puerto de San Francisco que es directamente la playa, se lleva madera de Tibirre, La Joaquina y Santa Cruz de Chugandí, la zona de mayor explotación en la serranía de Tripogadí. En todos estos casos la comercialización se hace en Turbo, y luego llevadas a los mercados de Cartagena y Medellín. La compra y concentración de tierras en este sector para dedicarlas a pastos determinó la desaparición del caserío de Villa Claret, fundado en los años sesenta. El turismo de este sector no tiene la importancia del subsector norte, pero avanza mediante el llamado turismo ecológico, con hosterías y zonas de camping en la bahía de Triganá, “la Aldea del Arte”, San Francisco, y la Reserva Integral de Sasardí, por iniciativa de personas del interior del país. La actividad pesquera es reducida y concentrada en unos pocos pescadores de San Francisco, donde aún hay pesca artesanal. Otro producto de extracción marina, reciente y a la que se han dedicado algunas familias, fundamentalmente en Triganá y San Francisco es la recolección de un alga marina, que luego de ser secada es vendida a los intermediarios que arriman en sus embarcaciones; esta alga es utilizada en la producción de champú y al parecer es llevada a Medellín, por un Químico que se ha establecido allí. A San Francisco llegan familias de las veredas Coquital, La Joaquina y Chugandí, a vender y/o intercambiar cerdos, gallinas, ovejas africanas y arroz por pescado o desecho de los productos de los barcos pesqueros. A la inversa habitantes de San Francisco o cacharreros, van a aquellas veredas por los productos, dejando a cambio las llamadas "remesas", mercaderías o ropa. La comunicación de este sector es prioritariamente la vía marítima, que permite su comunicación con Turbo, mediante embarcaciones con motor fuera de borda para pasajeros y pequeñas embarcaciones para la carga; en unos casos los propietarios de las embarcaciones residen en los pueblos costeros, como en el caso de San Francisco y Triganá. La escuela no funciona normalmente a pesar de contar con un buen espacio físico, el puesto de salud esta recién construido, con buena dotación para atender la población no cuneta, con una enfermera sino con una señora que es la promotora de salud. San francisco cuenta con dos líneas de teléfono.

CONCLUSIÓN

Si el Nuevo Mundo inspiró los más enardecidos sueños, mitos y utopías, el Darién en particular, fue uno de los escenarios propicios para darle rienda suelta a ellos. Ya fuera producto de fugaces acciones o febriles planes y proyectos planteados o iniciados, más nunca culminados o, simplemente, jamás ejecutados. Sin embargo, y a pesar de los fracasos, esa constante histórica de ser un punto privilegiado del mundo, un escenario geoestratégico, se ha mantenido vigente, no muere, se renueva en cada momento histórico, y con ello su valor mítico; y esto pasa por la manera en que las sociedades dominantes interpretan y le asignan a cada lugar una posición fundamental o periférica en la construcción de las diferentes Imágenes del mundo.
El poblamiento planificado como respuesta a propósitos comerciales y de gobierno, tuvo sus primeras tentativas en una fase de casi cien años, iniciada en 1510, con fundaciones efímeras españolas que alcanzaron con Santa María de la Antigua del Darién, la primera ciudad y primer Episcopado continental, el ejemplo más significativo; y, por último, los planes de desarrollo de la segunda mitad del siglo XX del gobierno colombiano, por iniciativa propia o con el apoyo de organismos extranjeros. Queda claro en el análisis que son proyectos de papel, con ideas preconcebidas, propósitos mesiánicos y fundamentalistas, sobre una geografía idealizada, aespacial y atemporal, donde las realidades ambientales, sociales y culturales se soslayaron o, en su defecto, un impedimento que era necesario eliminar. En todos ellos se observaron elementos comunes: el control de las vías naturales de comunicación o apertura de rutas inéditas, entre ellas la más fundamental, una vía interoceánica; la posibilidad de acceder desde allí a los principales mercados del mundo; la consideración de controlar una de las áreas más estratégicas del mundo; el temor a que otras potencias se apropien de este territorio, sus riquezas y las comunicaciones; la fundamentación en un discurso de desarrollo comercial y/o industrial, progreso o civilización; el acceso y explotación a gran escala de las riquezas naturales que el Darién poseía; y el desplazamiento de la población nativa o la negación de la existencia de ésta.

La pérdida de fe en la razón y la tecnología, el fin de la utopía urbana y por ende el anuncio de las amenazas de catástrofes ecológicas, le devolvieron al Darién su razón utópica: la naturaleza virgen, que guardaba celosamente sus secretos, con riquezas inimaginadas. El concepto ambientalista y ecologista simple, hacen de este territorio intocado y virgen, una naturaleza sacralizada; la globalización planetaria en términos ambientales, esto es, la sostenibilidad del ecosistema global, pone de nuevo al Darién en el centro de la nueva cartografía, como una de las 17 áreas más críticas para la conservación en el mundo; pero, contradictoriamente, la biodiversidad y la biotecnología, lo vuelven al plano secular, en términos de rentabilidad económica y productividad, debido a su riqueza. Sin embargo, contrapuesto a los poderes que construían los grandes escenarios políticos y económicos, haciendo del Darién una de sus grandes posibilidades, estaba y está la otra realidad, en una actividad constante. En casi todos los casos anteriores el Darién pierde su condición real, se niega la existencia de procesos propios a su interior; pues no se ha reconocido lo construido por las sociedades que hicieron de este territorio su hábitat, escenificando unos procesos sociales y culturales con notables efectos en términos de la apropiación de los recursos y la transformación del paisaje, desde mucho antes del proceso conquistador español hasta nuestros días.

Calificación

4,01 de 5
  •  

4,01 puntos (1 votos)

publicado el 8/jun/2003, 03.35
leído 52986 veces

Imprimir     Enviar a un amigo
Compartir en:    

Capítulo actual 1 de 1
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

Capítulos de este diario