
CÁCERES, LA JOYA DE LA COROÑA ESPAÑOLA
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Al oeste de España, en el medio del triángulo que forman las ciudades peninsulares de Madrid, Lisboa y Sevilla, se encuentra Cáceres, una pequeña ciudad universitaria de poco más de 100.000 habitantes rebosante de historia y cultura. Capìtal de una de las dos provincias que conforman la Comunidad Autónoma de Extremadura, Cáceres fue ciudad romana, visigoda, musulmana y cristiana.
Definir a Cáceres es una tarea difícil, más teniendo en cuenta que estamos acostumbrados a ponerle apellidos a las ciudades turísticas en forma de monumentos -Alhambra de Granada, Torre Eiffel de París, Plaza Roja de Moscú...-. Cáceres no cuenta con ningún monumento emblemático que le haya hecho estar en el olimpo de las urbes más conocidas del mundo, pero quizás ahí reside su belleza, su capacidad de sorprender al viajero que se acerca a esta ciudad extremeña. Traspasar las murallas del siglo XII que nos dejaron los musulmanes es sumergirse en un universo de sensaciones donde el viajero no sabe donde mirar; Por aquí un palacio, más allá una iglesia, a la izquierda un escudo, en lo alto una torre...
El casco antiguo quedó anclado en el tiempo gracias a encontrarse en una de las regiones menos desarrolladas de España, así como por su posición marginal con respecto al resto de la ciudad -lo que le permitió quedar a salvo de la especulación del suelo- y a la perpetuación de la propiedad en manos de los grandes nobles. Todos estos factores han variado mínimamente la fisonomía de un núcleo que aún sorprende a propios y extraños.
Las piedras de granito y pizarra nos cuentan historias de caballeros, andanzas y correrías, amores de damas... Ovandos, Ulloas, Golfines, Becerras, Blázquez. Todos ellos llegaron de tierras norteñas en los albores del medievo y forjaron a base de luchas intestinas el devenir de una ciudad que figura como una de las más fascinantes del Viejo Continente. No en vano, el Consejo de Europa la consideró como el Tercer Conjunto Monumental europeo y la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1986.
La visita puede comenzarse en el Arco de la Estrella, abierto a la peculiar Plaza Mayor, testigo de mercados, ferias, fiestas y torneos. Nada más cruzar bajo esta puerta del siglo XVIII y tras caminar unos metros, llegaremos a la plaza de Santa María, auténtico centro neurálgico de la Ciudad Monumental.
Aquí se encuentran los monumentos más importantes del Cáceres medieval: Iglesia de Santa María, Palacio Episcopal, Palacio de Ovando y Mayoralgo y Casa de Carvajal. Casas fuertes que tornaron en palacios renacentistas tras el desmoche de sus torres ordenado por Isabel II de Castilla como castigo a la indisciplina de esos orgullosos nobles que osaron cuestionar la fuerza de la poderosa reina católica.
Por aquí anduvo cuatro veces la ilustre señora, siempre alojándose en la casa de los Golfines de Abajo, familia con la que tampoco tuvo clemencia. Las dos torres fueron víctimas de sus estrictas leyes. Curiosamente esto propició la reforma de la fachada en un bello estilo plateresco, lo que la hace presumir de ser la más bella de la ciudad. Raro apellido, por cierto, para esta familia de origen francés -la flor de lis luce por doquier- que se ganó una no muy buena fama por estos pagos a base de atracar a los caminantes que iban peregrinando a Guadalupe y robando el ganado a sus vecinos.
Junto a esta mole de más de 10.000 m2 se encuentra la iglesia de San Francisco Javier. Sí, los jesuítas también se pasearon por aquí pero, como bien dirían ellos, tanto esfuerzo no valió para nada. El templo de dos torres gemelas encaladas que hoy se puede ver en Cáceres, junto con el colegio, fueron levantados en más de medio siglo. La razón fue el litigio que mantuvieron con los propietarios de las casas ubicadas en la Plaza de San Jorge -patrón de la ciudad y presente en multitud de lugares- y que obligaron a paralizar la construcción varios años. Pero no nos detengamos mucho y comencemos la ascensión a la parte alta de la ciudad porque allí nos aguardan más sorpresas.
Aquí estuvo el centro de la ciudad musulmana, la Hizn Qazris almohade que conquistó tras muchos esfuerzos Alfonso IX de León el 23 de abril de 1229. Un gran alcázar y una mezquita coronaban un cerro con enorme valor estratégico. Algo que no descubrieron los hijos de Alá. Los romanos ya se sirvieron de él para controlar el paso de viajeros y mercancias por la Vía de la Plata, verdadera espina dorsal del oeste español.
Pero de esos dos edificios antes mencionados hoy no queda casi nada. En el lugar de la mezquita los cristianos levantaron la iglesia de San Mateo a partir del siglo XVI y sobre las ruinas de la fortaleza principal musulmana varios nobles erigieron sus palacios previa la autorización de Isabel la Católica, faltaría menos.
El único resto del alcázar es, sin embargo, la joya de Cáceres. Bajo el patio de la conocida como Casa de las Veletas, vergonzoso de mostrar su belleza, se esconde el Aljibe Árabe, primitiva cisterna en la cual se almacenaba el agua de lluvia, necesaria en épocas de asedio cuando los manantiales exteriores eran inaccesibles.
Una vez en este punto, las posibilidades son infinitas: bajar y sumergirse en la maraña de callejuelas del que fue barrio judío; pasearse por una Calle Ancha que hoy no nos lo parece tanto; disfrutar de los dulces que aún siguen elaborando con primor las monjas clarisas y jerónimas; o aprovechar que los museos son gratuitos para darse un baño de cultura.
Y por la noche las posibilidades son infinitas. Se puede disfrutar de la fantástica iluminación nocturna de la Ciudad Monumental -premiada en Europa-. Por qué no, tomarse unas copas en cualquiera de los bares llenos de encanto ubicados en el entorno de la calle Pizarro, la Plaza Mayor o en el bullicioso barrio de la Madrila, ya en la parte moderna de la ciudad.
Así es Cáceres: un viaje en el tiempo donde el que osa aventurarse en ella experimentará sensaciones que tardará en olvidar. Y el futuro es aún más prometedor: la meta ahora es logar albergar la capitalidad cultural europea en el 2016. Entre todos el sueño se hará realidad.
CÁCERES 2016, CAPITAL EUROPEA DE LA CULTURA. |
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