Tal como habia dicho, despues de relajarme en las ferricas aguas termales de Baños, quise conocer esa otra meca del placer anti oficina que alguien me nombró al paso. Solo sabía el nombre, o casi. Jambelí sonaba a piedra preciosa, a mujer sensual de caderas insinuantes, a un postre despues del cual solo queda decir "estoy satisfecho" y eso era lo que quería.
Para llegar tuve que tomar un bus en Baños a las 23 hs para llegar a las 6 a Guayaquil y hacer la primer combinación. El bus no era precisamente comodo, poco espacio entre asientos y ni hablar de reclinación. Como iba medio vacío me fui al fondo y tome los ultimos 3 asientos para usar de pequeña cama, bad idea, el chofer manejaba por el sinuoso camino de sierra como un oligofrénico y yo no dejaba de rebotar en los asientos y de estar al borde de terminar en el piso.
Tuve que cambiarme y buscar un lugar mejor.
Cuando llegué a Guayaquil me dije, bueno señor que mejor que ir a desayunar al famoso malecón y ahi partí con mis mochilas a cuestas esperando hallar un Doonkin Donnuts, un Starbucks o al menos un Mc Café, al fin y al cabo era viernes. Y se hicieron las 7, las 8 y no solo no había en el malecón mas que lugares de almuerzo y cena sino que parece que en esa ciudad nadie sale a desayunar por ahí! Guayaquil centro es una ciudad de alta actividad comercial, mucho edificio, mucho banco creo que aún no estaba listo para entrar en una ciudad así, asi que atiné a tomarme un batido de frutas dar una vuelta y chau picho.
La siguiente posta era Machala, una ciudad del sur de Ecuador que resultó mas importante de lo que esperaba, mucha joven revolucionada por que esa noche tocaba en el estadio local el grupo Aventura, un cuarteto de gordos latinos que roban desde Miami con baladas tropicales. Yo que había salido de la sierra abrigado la noche anterior acusé rapidamente los 37° que habian ahí. Alguien me dijo que recien estaban saliendo del "invierno" y no me dió curiosidad saber como es el verano.
Pregunté por Jambelí, me dijeron que vaya al puerto y pregunte ahi. Toma ese bus que te lleva y como ya estoy acostumbrado a que no esperen me colgué del estribo.
A Jambelí se llega así, tomando ese bus de 0,18 ctvs y luego hay que tomar un bote colectivo que navega unos 30 min. en aguas del pacifico a un costo de u$s 2.40 ida y vuelta abierta para cuando uno quiera volver.
Se trata de una pequeña islita del pacífico con 150 hab., humilde y sin complejos turisticos ni gran infraestructura, solo un puñado de pobladores que tienen aqlgunos puestos donde ofrecen comidas con frutos de mar y algunas hosterias casi a la vera del mar. Sus playas son de arena fina, el agua que llega a su costa es calida y transparente aunque con un leve tinte verdoso.
Las casas de los habitantes son tan bajas que si uno se acuesta en la playa boca arriba puede girar su cabeza de derecha a izquierda obteniendo una visión de casi 180° perfectos de cielo, igual si se hace desde el mar hacia atrás, cielo y mas cielo, pareciera dar la sensación de que uno esta acostado dentro de esas burbujas de paisajes en miniatura. Al llegar al final de una corta calle principal me intercepta Willy, tiene un puesto de jugos batidos y coctails, me ofrece hospedaje y a mi que no me gusta que aprarezca gente a resolver mis problemas lo dejo hacer. Me da una habitacion con vista al mar, a 20 mts del mar!! y con una sola tecla predia la luz, el ventilador y la tv!
Despues de bañarme un rato en el oceano cual niño que nunca vio el mar me quedé leyendo un libro de Saramago que compre en Quito para ver el ocaso. El atardecer muy suavemente se fue tornando de un color naranja mientras el sol tomaba forma de galleta hundiendose lentamente en el cual si fuera una gran taza de té teñida por esa tarde perfecta.
Por la noche, las pocas luces del lugar se van apagando como velas que se consumen al son de musica salsahasta dejar que solo se oiga el sonido del verdadero amo del lugar, el oceano que rompiendo sus olas a metros de mi habitación recuerda su omniprescencia ecelctica en la noche oscura.
No hay actividad nocturna en Jambeli despues de cierta hora mas que ver y oir el susurro cronico del mar hasta que el sueño venza al viajero y se entregue a los brazos de morfeo.
Por la mañana solo tuve que bajar los escalones que me separaban de la playa para desayunar en el puesto de willy que me preparó un batido de leche con piñas, mangos o papayas escogidas por mi. el resto de la tarde fue mas sol y mas playa en ese pequeño paraiso oculto muy frecuentado por el turismo interno pero al que pocos extranjeros arriban. |
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