Los dos ultimos dias me sentia ya fatigado y decidí volver a España. Adelanté mi marcha y me despedi de Monsieur Jael Roy y sus dos agradabilisimos muchachos. La casa habia sido mi hogar durante aquel tiempo. Desde la ventana que daba al jardin, la ultima madrugada, contemple el vuelo de las alondras entre las palmeras y la llegada paulatina del alba grisacea y rosada. Deseaba volver algun dia, mas adelante, a aquel lugar dichoso. Y me dije a mi mismo que lo haria. Prefiero siempre retornar que despedirme para siempre. En el tren de vuelta a Tanger, via Casablanca, conversé con diversa gente que, como yo, viajaba a algun lugar de aquel pais: una bellisima saharaui envuelta en velos de seda amarillenta, de aspecto discreto y distinguido (sin duda era una mujer rica), unos jovenes alegres que acudian al festival de Jazz y que me invitaron a seguirles o un matrimonio con hijos pequeños que iban a convivir con los suegros de ella, en Rabat ( la esposa tenia uno de los rostros mas perfectos fisicamente que jamas habia visto en mi vida). Al llegar a Tanger al atardecer me dirigí a un viejo hotel de la Medina, que me agradaba mucho por su atmosfera decadente y su proximidad al Petit Zoco, y de alli, al dia siguiente, al barco para Algeciras. Mientras miraba la estela que el barco dejaba en las aguas del Mediterraneo en su camino a mi pais pensé que, si podia, pasaria mis ultimos años en alguna ciudad de Marruecos, tal vez Ouarzazat o Essaouira, tal vez Marrakech, o la misma Tanger,¿porque no?. Son pensamientos que siempre nos asaltan cuando nos hemos sentido felices en algun sitio. Dice la antigua leyenda que sobre Fés gobiernan siete espiritus de antiguos santos que retienen a los viajeros que experimentan el deseo de no abandonar el pais. Creo que, sin estar necesarioamente en Féz, a mi me estaban reteniendo.
Y ahora para todos aquellos que quieran ver algunos riads y sus bellezas.
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Saludos y no dejen de visitar Marrakech algun dia. |
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