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Mientras nos servian un aperitivo fuimos presentados al resto de comensales: una mujer italiana, dueña de otro restaurante que acababa de abrir sus puertas al publico, un apuesto frances maduro dueño de negocios ionmobiliarios, con su joven amante marroquí y una amiga que le servia de tapàdera, un tenor italiano jubilado, extremadamente simpatico, varios alemanes y algunos otros que no recuerdo o no merecieron tanto mi atencion.La comida fue agradable y distendida, excelente en contenidos culiniarios, y muy amena. La voz nostalgica (para los viejos franceses) de Luis Mariano nos acompañó durante toda la velada. Madame Chantal pareció encapricharse conmigo, con lo cual me colmaba de atenciones (mi aspecto debió resultarle masculino y atrayente: pelo muy corto, barba de 15 dias, y un atuendo moderno y relativamente informal). La verdad es que resultó un individuo encantador. Despues de varias horas de conversaciones y bromas nos despedimos y nos fuimos. René me llevó a su casa y alli me presentó a un joven que nos estaba esperando a los dos.
Al dia siguiente decidí volver solo a la parte norte de la Medina. Visité de nuevo los zocos, de un modo mas rapido, la Madrasa de Benn Youssuf y el Museo Municipal, viejo palacio restaurado en cuyo inmenso patio colgaba una lampara metalica del tamaño de una habitacion, tan descomunales eran sus dimensiones. Mas tarde me desplacé un gran trecho para conocer la mansion del Pachá Glaoui, a muchas manzanas de alli. Era el unico lugar que no habia sido aun restaurado. Sus patios, fuentes, artesonados y salones conservaban todavia la viaja patina del tiempo pasado, sin limpieazas ni pulimentos. Sus famosas orgias aun resuenan en la memoria de los lugareños. El Pachá Glaoui era procolonialista y complacia todos los gustos de sus amigos los militares y gobernadores franceses.
(continuará) |
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