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..."pero, ¿que ha pasado, que te ha dicho?!, insistí...."Queria acostarse conmigo", respondió Pierre..."¿Como?", dije..."Lo que oyes"...Solté una carcajada diciendo:"no me lo puedo creer"...Pasamos de nuevo paseando delante del garito, pero por la acera de enfrente.Esta vez en el mismo habia cuatro soldados. "Vamos", me dijo Pierre mirando hacia aquel lugar. "No, yo no; te espero aqui", le respondí.El francés se acercó a los cuatro soldados y charló con ellos. Los dos que habian llegado mas tarde se separaron de los otros y se acercaron mas a Pierre. A los pocos segundos este me llamó y, cuando llegué hasta ello, me dijo: "¿Cual de estos dos te gusta mas?"..."?Que?"..."Que cual te gusta mas"..."Pero..."... "Que si, hombre, que si"...Juro que no terminaba de creer que aquello estuviese sucediendo. Los miré y señalando a uno de ellos dije:"este, este es el que mas me gusta"...Pierre habló con el muchacho, que era apuesto, y que nos pidió 300 dirhams, pero el francés le dijo que no le pagariamos mas de 150 dirhams a cada uno. Por mi parte, aunque sea repetitivo, dire que no salia de mi asombro.Quedamos para el dia siguiente con los dos jovenes, cuando hubiesen terminado con el servicio, y en efecto yo mismo le llamé la siguiente tarde, al que me habian asignado, y nos vimos en la villa.
Dos dias mas tarde José me invitó a comer con Pierre y René, pero esta vez en un lugar llamado "Le Jardin du Madame Chantal"..."Asistiran otras personas tambien; ponte guapo", me indicó.
Es muy frecuente en Marrakech (en realidad en todo Marruecos) que tras una puerta o portalón de aspecto mas bien anodino, situado por lo comun en un callejon discreto o semioscuro, se abran bellisimas mansiones y jardines interiores de diseños admirables (ese es el secreto del Riad y, segun dicen tambien, una forma tradicional de eludir la envidia). Cuando llegamos a la casa de Madame Chantal la puerta de entrada, siguiendo la vieja tradicion, no revelaba lo que ibamos a encontrar dentro. Cuando la puerta se abrió accedimos a un recinto en forma de patio rectangular abierto al cielo y repleto de vegetacion donde los jazmines y rosales impregnaban la atmosfera de una mezcla aromatica tan deliciosa como subyugante. Un estanque y una fuente situados en el centro del espacio lo dividia simetricamente dejando a ambos lados dos porches cubiertos de madreselvas. Mas al fondo, cerca ya de la casa, una enorme mesa rodeada de sillones de mimbre cubierta con un toldo. Un hombre maduro,de unos 50 años, se acercó para saludarnos en seguida. Tras la carcasa de sus gestos amanerados y algo aparatosos nos mostraba que era un anfitrion amabilisimo e incluso encantador..."¿Quien es?", pregunté con disimulo a José. Este me sonrió con ironia y dijo: "es Madame Chantal, querido amigo".
(Continuará) |
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