Travesia por los nevados bosques fueguinos
El frío de la noche se combina con el olor a madera y el rechinar del fuego, lo que sumado al silencio espectral provoca que la magia del lugar, en la madrugada, sea única. Sólo algunos sordos ruidos desconocidos para nosotros, habitantes de la ciudad, nos hacen pensar en “los espíritus del bosque”, heredados de las creencias de los onas, primeros pobladores de la península, que en situaciones como éstas toman vida en anécdotas y sucesos difíciles de desmentir.
Estamos en un auténtico refugio de montaña, en Altos del Valle, a 19 Km de la ciudad de Ushuaia, profundamente inmersos en la Cordillera de los Andes, rodeados de bellezas naturales que invitan a quedarse allí toda la vida.
De a poco la luz comienza a fi ltrarse por las ventanas, y alguien desde abajo nos grita incendios para despertarnos. Es el Gato Curuchet, nuestro anfi trión, personaje mítico de la Isla, que desde hace más de 20 años se dedica a la crianza y entrenamiento de perros de tiro de trineos. Los mates y el calor del fuego de la salamandra terminan de cerrar el ambiente ideal para preparar la expedición que habíamos planeado hacer con David, el Gato, Miguel y Marcelo, dos amigos.
El programa implicaba tres jornadas invernales completas en la montaña con los pernoctes programados en un iglú. Para ello nos internaríamos profundamente en la Sierra de Alvear.
Controlamos todo el equipamiento y las provisiones y comenzamos a estibarlos prolijamente en los trineos que utilizaríamos para la travesía. Armados de forma completamente artesanal por nuestros anfi triones, estos trineos son realizados con madera de Lenga y ensamblados con cuerdas, sin clavos tornillos o remaches, siguiendo diseños originales, lo que terminaba de asignarle el espíritu salvaje a la expedición.
eL eQUIPAmIeNTO: en Tierra del Fuego en invierno, las temperaturas van desde los 0°C hasta los -20°C , normalmente a la noche.
indumentaria:
1ra piel: camiseta y pantalón mid layer.
2da piel: buzo y pantalón de micropolar.
3ra piel: polartec 200.
abrigo: chaleco de duvet.
impermeable: Campera de gore tex 3 capas.
Para campamento: Bolsa de dormir de duvet, de 1 kg. Aislante térmico para el piso Campera de duvet c/capucha, guantes dobles. 2 pares de medias y borceguíes de goretex. Cuello polar y gorro polartec. Gorra para sol, y gafas CB y the north face, con cristales protección 4 antifog.
Siendo las 9:30, el frío se hacía sentir, y apenas la luz solar comenzaba tímidamente a calentar el día en estas latitudes. Comenzamos la expedición, a bordo de 2 trineos de travesía, con comida, material de escalada, y combustible. La idea era internarnos por el Valle de Tierra Mayor hasta el atardecer, donde construiríamos un iglú para pernoctar. Luego adentrarnos en el valle de la Laguna Esmeralda, recorriendo así unos 30 km antes de hacer cumbre en el Cerro Pelado.
Uno a uno, los animales fueron atados al tiro del trineo, en sus correspondientes posiciones según sus habilidades: líder, team dog, wheel dog, etc. El entusiasmo de los animales por la salida era tal que terminaron todos aunados en un solo aullido... Así comenzaba la travesía, una vez montados en los trineos, a la voz de …¡¡¡heeeeeeeekkkkkkkkkkkkaaaaa!!!!, los animales violentamente comenzaron a tirar y en ese momento nos sentimos transportados como en la alfombra de Aladino.
No existe una sensación comparable a internarse profundamente en el entorno salvaje del fi n del mundo manejando un trineo tirado por perros. Mientras los animales se desplazan sólo escuchamos su jadeo, algún aullido que recuerda a los lobos, sus ancestros, el sonido de sus pasos y el agua que cruje helada.
A nuestro alrededor la inmensidad blanca semeja un océano salpicado por olas e interrumpido por los montes oscuros. Realmente, parecíamos transportados a otro mundo… Tras unas 6 horas de recorrido, vadeando algunos arroyos semicongelados y entrando y saliendo de bosques nevados, fuimos dejando el Valle de Tierra Mayor para adentrarnos en el valle de la Laguna Esmeralda, antiguo circo glaciario enmarcado por montañas.
La vista que se presentaba ante nuestros ojos es difícil de describir. A nuestra izquierda, la imponente mole del Cerro Bonete (1.120 msnm), al fondo, el Glaciar Albino, casi enteramente cubierto de nieve fresca; a nuestra derecha el objetivo del día siguiente: El Cerro Pelado con sus tres cumbres escalonadas, (930 msnm) y por último el cerro Domo Blanco (1.200 msnm), este último con su característica cima de hielo.
En ese lugar mágico nos sentíamos actores de un libro de Jack London (1), rodeados completamente por montañas, dentro de la inmensidad blanca y helada. Con esa sensación buscábamos establecer el campamento y armar el típico iglú esquimal, donde pasaríamos la noche.
Para ello, Marcelo y Miguel se pusieron a trabajar rápidamente con sus palas y piquetas. Primero realizaron un pozo en la superficie para lo que sería el piso. Con el hielo extraído se modelaban bloques de nieve apisonada que iban formando las paredes, y los disponían formando un círculo que poco a poco se convertía en espiral hacia arriba, como si estuvieran “pelando una naranja”, pero al revés.
Una vez armada la estructura en forma de domo, se impermeabilizó a mano con nieve y agua, dejando una pequeña abertura lateral para ventilación, aparte de la puerta, lo más pequeña posible para mantener el calor interior dado por el cuerpo humano y eventualmente un calentador encendido a modo de estufa. Aunque parezca mentira, se genera fácilmente un ambiente cálido. Llevábamos cueros, pieles de zorro y bolsas de dormir de duvet con aislantes térmicos para protegernos del suelo helado.
Siendo las 18:30 el día se iba cerrando, y un cielo increíblemente salpicado de estrellas como nunca ví en mi vida se abría sobre nosotros, coronando una noche perfecta, gélida, surrealista tras el aullido de los Huskies que de a ratos y de a uno se unían todos formando un coro típico de películas de terror. El cuadro se terminaba de armar con un fuego que calentaba una olla negra, colgada de un trípode cazador, conteniendo un guiso montañés que nos devolvía el alma al cuerpo.
L OS PerrOS Los Perros de trineo son un medio antiquísimo de locomoción por zonas nevadas o heladas, usados tanto por los nativos de las estepas siberianas como por los esquimales en Alaska y el Ártico.
Dos de las razas de perros más utilizadas, los Huskies Siberianos, originarios del Norte de Asia, y los Huskies Alaskanos, originarios de la América Boreal son utilizados para recorrer las extensiones heladas de Tierra del Fuego en época invernal. Los alaskanos, utilizados antiguamente por los indios deme y los inuits (más conocidos como esquimales), son perros estilizados, fuertes, resistentes, y, por sobre todo muy obedientes, preferibles sobre los siberianos, que como contrapartida son mucho más vistosos, aunque tercos y peleadores. Los animales son sometidos a un proceso de entrenamiento desde el nacimiento, buscando obediencia, capacidad de trabajo y falta de agresividad, tanto con sus congéneres como con los humanos.
Para ello, cuando la madre esta a punto de parir se la aísla para que se encuentre tranquila en caniles especialmente acondicionados, lejos del ruido y cualquier otra perturbación. Una vez terminado el parto los cachorros quedan en los mismos caniles para reforzar su instinto gregario. Tiempo después se los pone en contacto con los humanos para que se acostumbren al trato con ellos. Luego de un lapso que depende de cada animal, los cachorros son incorporados a un tiro de perros para que aprendan a tirar del trineo y las voces de mando. Allí se defi ne su futura posición dentro del equipo: los más rápidos, inteligentes y obedientes serán los líderes, y su función es mostrar al resto del equipo el camino, según las órdenes del musher o conductor de trineo. Los más fuertes y tenaces irán inmediatamente por delante del trineo, y son los encargados de realizar el mayor esfuerzo físico, son los Wheel dogs. Así, sin castigos físicos ni exigencias desmedidas, cada animal encuentra su lugar en el equipo de tiro.
Típicamente, un trineo lleva atados entre 6 y 12 perros, pero pueden armarse equipos de 24 o más perros si es necesario. Un trineo lleva normalmente un bolsín donde se acomodan los elementos de seguridad necesarios, tales como botiquín y radio, y donde eventualmente puede incorporarse como pasajero un perro si tiene algún problema. el musher viaja agarrado de un manillar de popa, y acompaña al trineo caminando y empujando en las subidas o pasos difíciles, o subido a los patines en su defecto. Los acompañantes viajan cómodamente sentados.
Hacia el Cerro Pelado
La mañana nos recibió radiante. La baja temperatura había dejado sus huellas en la escarcha con floraciones de hielo casi como hojas talladas por el fantasma omnipotente de la naturaleza. Estábamos en el valle de la Laguna Esmeralda, y era el turno del trekking con raquetas, una ascensión para tratar de alcanzar la cumbre del Cerro Pelado. Debíamos comenzar la marcha bordeando el Río Esmeralda hasta una fuerte subida (promedio 35º) que nos dejaría en unas dos horas aproximadamente en la primera cumbre (764 msnm) de las 3 que posee el Cerro Pelado.
Allí comienza un verdadero trekking de altura donde las cumbres circundantes quedan a nivel de la vista, hasta que alcanzamos el punto más alto. Partimos como a las 9 de la mañana, con las primeras luces del alba. Si bien las distancias a recorrer cada jornada eran cortas, se debe tener en cuenta la duración del día, que en otoño en estas latitudes es de aproximadamente 7 horas.
Además, queríamos disfrutar del ambiente sin prisas La noche anterior se había presentado fría y despejada, y el termómetro de mínima había acusado –15º C. Ahora, el sol asomaba y calentaba el ambiente. Íbamos perfectamente equipados, los guías conocían el lugar y el sol iluminaba la nieve hasta hacernos pestañear si nos sacábamos las gafas. Todo parecía estar a nuestro favor.
Estábamos de un ánimo excelente. Rápidamente dejamos atrás nuestro campamento y los perros, algunos de los cuales nos saludaban con un aullido; y nos internamos en un pequeño bosque que se encuentra cargado de nieve que eventualmente terminaba sobre nuestras cabezas, gracias al viento o a alguna mala maniobra de nuestros bastones. La pendiente era suave, y avanzábamos considerablemente.
Al principio ascendimos sin más contratiempos que alguna mata negra cubierta de nieve que nos hacía enterrar hasta arriba de la rodilla, a pesar de las raquetas. A medida que la pendiente se iba haciendo más importante, construíamos escalones para ir subiendo: enfrentados a la pendiente y ligeramente hacia abajo las puntas de los pies, con una pequeña patada dejando oscilar la pierna. Llegando a los contrafuertes del Cerro Pelado, dejamos atrás el valle de la Laguna Esmeralda, muy cerca de la primera cumbre, buscando una canaleta que nos permitiera ascender. Desde la izquierda oeste del cerro Bonete, y rodeados por un cordón de ciclo glaciario, el cordón Toribio, enfrente en plano divisamos el glaciar Albino, junto con una laguna asociada al mismo que es el Ojo del Albino, donde hay témpanos. Un poco a la derecha, observamos la cumbre ‘muela de caballo’ y más a la derecha y un poco más alto, vemos el cerro Domo Blanco, con su característico hongo de hielo eterno. Si nos dábamos vuelta y hacia atrás, (al sur) podíamos divisar a lo lejos el Valle de Tierra Mayor, y en el fondo, el más alto, el Monte Olivia, uno de los íconos de Ushuaia.
Olivia es una deformación del termino Öliwaia”, que en yamana quiere decir ‘punta de arpón”, por la forma que tiene.. Más allá, el valle que entra al Parque Nacional es el Valle de Carvajal. La subida se hace pesada hasta que llegamos a un paredón de roca negra que debemos rodear para encontrarnos con una placa de viento. Estas se forman, como indica su nombre, por efecto del viento al compactar la nieve, y son muy peligrosas pues conforman una capa fina y resbaladiza, asentada sobre nieve más blanda. La tanteamos con nuestros piolets y decidimos calzarnos los grampones. Como por arte de magia, la cumbre del Cerro Pelado, plana y cubierta de nieve refulgente nos da la bienvenida. Parece que la tenemos al lado, sin embargo, una buena subida nos separa de ese objetivo, uno de los más bonitos que pueden lograrse en Tierra del Fuego.
A lo lejos, hacia el sur, las islas chilenas Navarino y Hoste enmarcan el azul del Canal Beagle. Buscamos alejarnos de la línea de cornisas y a exactamente 3 horas de nuestra partida hacemos cumbre sin contratiempos. La nieve en este tramo de la travesía se encuentra poco soplada por efecto de los vientos, presentando una dureza muy débil, lo que nos permite avanzar solo con las raquetas que al quebrar esta delgada capa, nos afi rma perfectamente al piso. Quedamos pasmados ante aquella belleza formada por montañas, valles y mar.
Mientras tomábamos una extraña bebida caliente de la que los guías no nos confi aron su fórmula, pero sabía a café y wisky, la euforia se iba aplacando, al momento que violentas ráfagas de viento blanco nos recordaban exactamente donde estábamos parados. Por momentos, nos veíamos obligados a agacharnos rodilla a tierra para no ser tumbados. En breve emprendimos el regreso, dado que no podíamos quedarnos quietos mucho tiempo, por el peligro de hipotermia.
eL PAISAJe: en Tierra del Fuego la cordillera de los Andes, a diferencia del resto de América, corre en su último tramo en sentido Oeste/este, debido a la fuerza tectónica de la Placa de Scotia que la “tuerce” hacia el este, de la misma manera que lo hace con la península antártica. el paisaje actual esta modelado por el antiguo pasaje glaciar. Las montañas de la zona tienen distintos orígenes, algunas, como el Cerro Alvear, se deben a erupciones volcánicas submarinas. La gran mayoría son producto de la sedimentación marina y posterior elevación.
La Cordillera de los Andes se termina de formar hace 40 millones de años debido al empuje tectónico de las placas oceánicas que elevan la cordillera fueguina. Posteriormente, los glaciares completaron el modelado 20.000 años atrás. La zona donde transcurre esta aventura es un inmenso valle glaciar enmarcado por cordones montañosos: al sur el cordón Sorondo y al norte el Cordón Alvear. en el medio el Valle de Tierra mayor, uno de los lugares por donde pasaban los 5 grandes glaciares fueguinos (los otros cuatro son Canal Beagle, Lago Khami o Fagnano, Bahía Inútil-Bahía San Sebastián y estrecho de magallanes). Parados en Altos del Valle vemos el cerro Bonete a la izq (O) y el Pelado a la derecha. entre ellos el valle de la Laguna esmeralda. Altos se encuentra a 19 Km de Ushuaia, justamente en este valle de Tierra mayor.
Aunque el día se presentaba con un sol increíble, en invierno y al sur del paralelo 54, la temperatura es de –6 º C. La bajada es igual de importante que la subida. Se debe ir clavando el talón haciendo escalones en la pendiente, y con las piernas flexionadas para evitar una caida y cuidar las rodillas. Siguiendo nuestras huellas hasta alcanzar nuevamente el fondo del valle por el que corre el río Esmeralda que nace de la laguna homónima, nos entreteníamos mirando los cristales de nieve que recubren la vegetación y escuchando los sonidos del invierno.
Increíblemente las aguas que corren bajo la capa de hielo son la música de fondo para un sinfín de notas. Quien lo haya vivido sabe de qué hablo: sonidos límpidos que parecen salidos de algún instrumento divino.
Ya en el valle, y caminando más relajados rumbo al campamento, pasábamos por algunos arroyos congelados, cubiertos por escarcha de superficie. Los cristales que se forman son de 5 cm de tamaño promedio. De pronto, una ráfaga de viento se arremolina sobre la laguna y levanta miles de diminutos cristales que brillan a la luz del sol conformando un espectáculo único. Nos sentimos privilegiados por vivir estas experiencias.
A esta altura son ya las 3 de la tarde y todavía tenemos un tramo de bosque hasta alcanzar el campamento, con nuestro iglú y los perros. Llegando al campamento, los animales se muestran tranquilos, y nos miran como invitándonos a descansar, cosa que hacemos de inmediato. Mientras las reservas de chocolate se esfuman rápidamente, afuera las sombras se alargan hasta que el sol se despide y la temperatura baja bruscamente. Esta vez es David el que cocina, haciendo uso de toda su sabiduría como cheff. El fuego nace y crece, como desafi ando a la noche negra y helada, y sentados a su alrededor llega el momento de las historias, rito que se trasmite desde los hombres primitivos. Al otro día, emprendemos el regreso con los trineos por un camino alternativo.
Hasta ese momento todo era perfecto. “El Valle”, no nos había defraudado. Mientras volvíamos acariciando el infinito manto blanco bajo nuestros pies, lentamente el cansancio se apoderaba nuevamente de nosotros, y tras la promesa de volver, nos despedimos de una de las zonas más vírgenes del planeta, en el mismísimo fin del mundo.
Romina Dotti.-
[1] Jack London: (John Griffi th London)
fue un escritor estadounidense que nació
en 1876. Viajó a Alaska y de regreso comenzó
a escribir los relatos de sus viajes.
Publicó “el hijo del lobo” y luego escribió
más de medio centenar de obras, entre ellas
“La llamada de la selva” y “Colmillo blanco”.
Jack London se suicidó a los 40 años.
[2] piolet: es el pico o bastón de alpinista,
utilizado en la progresión sobre hielo y
nieve para asegurarse, picar en el hielo,
clavar tornillos de hielo y autodetenerse en
caso de caída o deslizamiento. Se ata a la
muñeca del alpinista mediante una agarradera.
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