Era sabado. temprano en la mañana me despido de esta magica ciudad quiqueña. Tan magica como el indescriptible show que ofrecen las miles de casas levantadas en la montaña que al encender sus luces en el cerro oscuro recrean la constelación propia de Quito.
El bus a Bogota partió a las 8 frente al parque La Carolina, un amplio espacio verde con un gran palco de hormigón mirando hacia la av. Shyris, supongo que se usará para actos oficiales. Raidamente me recordó el dia anterior cuando, despues de almorzar con Andrea, la guia del tour por el convento franciscano, ví a la orquesta del ejercito ejecutando marchas militares frente a la Plaza Grande, esa que esté frente al palacio de gobierno.
Y para afrontar el viaje que se venía (28 hs a Bogotá) decidí alargar mi ultima noche en la ciudad. Así fue como empezó a las 21:30 en la Plaza de Toros prescenciando la historica primera visita del grupo Megadeth.
La banda que ya estuvo varias veces en Bs As pero a la que jamas ví en vivo sonó potente y ajustada, la puesta fue austera pero el colorado Mustaine se tocó todo e hizo delirar al publico toda vez que ensayaba su precario español ("chicos, mi español no es muy buenno pero We fucking love you!!") o cada vez que tomaba algunas de las banderas arrojadas con el nombre del grupo en ellas.
Es muy curioso ver un show internacional "internacionalmente" y ver cuan similares son los publicos de diferentes latitudes. Todos coreamos, alentamos o aplaudimos en las mismas partes; y todos recibimos con esa emoción de hijos unicos las demagógicas frases de los artistas de turno.
De regreso al pub puegué charla con un irlandes y un ingles que se preparaban para salir de caravana y me sumé al su plan.
Empezamos por un pub cuyo nombre no recuerdo a pleno cuba libre, salsa y reaggeton, luego seguimos en una disco con tequilas y mas latinazos hasta las 3 am para finalmente llevar nuestras almas a un lugar llamado Subway, un after con mucha musica electronica (y latina, claro) al son de mas cubas libres y cerveza Pilsener, la cerveza local como un justo corolario para una noche de rock n´rumba.
Algo que no conté es que en mi mochila llevó una botella de Fernet Branca con destino a Bogotá, pedido de una amiga que espera que mis pasos me lleven por esas tierras, será una aventura en si misma pasar por tantos paises y situaciones sin caer en la tentación de destapar esa bebida tan nuestra.
El bus a Bogotá es llevadopor dos choferes, morochos, bajitos y regordetes. Ambos se parecen tanto que daría la sensación de que son uno, y eso perocupa cuando antes de Cali veo a uno bostezar a mas no poder. Uno e ellos, el que pone en el dvd peliculas de mas de 30 años, tiene una mania con su pelo.
A cada rato, antes de hacer cualquier cosa, extrae del bolsillo trasero un pequeño peine y se prolija su negra cabellera con fuerza.
Sali de Quito ayer a las 8 am, hace 24 horas, ya perd{i la cuenta de los cerros cruzados, los caminos son tan altos y sinuosos que el bus debe ir despacio, muy despacio.
Y a pesar de la esplendorosa naturaleza, pletorica en verdes de todos los tonos posibles, no puedo evitar preguntarme por enesima vez cuando llegaremos a destino. Un viajero italiano de un asiento de junto me dice que quizás arribemos a las 4 de la tarde, hago numeros y en lugar de 28 ahora serían 32 horas, fuck!.
La ultima parada fue antes de Cali, hace 12 hs. El camino de cerro es angosto y no ofrece paradores. Bebo los ultimos tragos de Fiora Vanti una gaseosa con gusta fresa que compre antes de salir de Ecuador y me relajo escuchando grabaciones viejas de programas de Dolina y recordando los momentos vividos en los ultimo siete dias. Parecen mas, pero es solo el comienzo de este viaje.
Nuevamente me despedí de mi nuevo amigo argento en Quito, esta vez con la felicidad de haber puesto mi grano de arena para dejarlo con trabajo y techo seguro. Al ir a comprar mi pasaje de micro descubrí una parrilla argentina falta de empleados a la que en 45 minutos de volanteo llenamos como nunca habia estado, mereciendo una regia parrillada argentina compartida entre paisanos. Esa mañana Federico solo contaba con u$s 5 y su sueño de un futuro panameño se le escurría entre la manos, por suerte la moneda cayó por el otro lado y a la noche volvía a reir.
La libertad puede causar vertigo y hasta temor en aquellos que la buscan sin cuidado. No es mi caso, cada paso que doy alimenta la certeza de que el camino emprendido es el unico posible y de que aún a pesar mío, él mismo se va construyendo minuto a minuto, km a km, transformandose en un devenir que me transforma a mi también con la profunda sensación de que uno solo conocerá su meta cuando llegue a ella, ni un segundo antes, ni uno despues.
Todo lo que somos, lo que hacemos, lo que decimos o callamos queda marcado en algún lugar y aunque creamos dejarlo atrás, el tiempo, como el viento que erosiona los caminos que hoy transito, desgasta nuestras corazas para hacer que eso oculto finalmente vea la luz y cuando eso pase hay que estar listo para lo que sea.
No se trata de grandes respuestas ni verdades reveladas. No persigo la epifania redentora del viajero solitario.
Esperanza. Todo me lleva a ella, encontrándola en la mirada de un campesino que ara la tierra, en un chico de un pueblito perdido que dice que de grande será cientifico o en la mano de otro argentino que ayuda a un compatriota justo en el día en que casi pierde sus fuerzas.
Siete dias lleva este viaje amigos, solo siete dias y queda tanto por aprender... |
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