En primer lugar, pido a todos los lectores (si los hubo) disculpas por el tremendo tiempo que transcurrió sin poner nada, pero como se dice en estos casos, por asuntos ajenos a mi voluntad no pude seguir, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Continuamos con mi viaje a Cuba.
Si deseas ver la Habana de verdad debes contemplar sobre las 7:00 ó 7:30 la salida del sol desde el Malecón, algunos dirán que para madrugar ya está el día a día, pero es memorable iniciar el día con la salida del sol recorriendo el Malecón (se me pone el vello de punta cuando lo imagino) desde la altura del Hotel Nacional hasta la Habana Vieja.
Cuando llegas a la Habana Vieja es preciso recorrer sus calles, ir a los bares donde estuvo el gran Ernest Hemingway, pasear, hablar con la gente, fotografiarse. A veces si eres una persona sensible no lo pasas bien. Lo cuento: todas las mañanas en el hotel me hacía un bocadillo de tortilla, de lomo, etc. y cuando llegaba media mañana me sentaba en un banco para comérmelo, pues créanme, ningún día me lo pude comer, se te sentaba algun ancianito o ancianita y te preguntaba sobre el bocata, por supuesto, que se lo daba junto a los dólares que llevara.
Qué pena... Bueno, cambiando de tercio, al tercer día se me acerca un listillo, que si te ofrezco esta chica, que mira que buena está, que tanto es,blablablabla, a lo que le contesto, por qué no se lo dices a ese policía que tienes ahí detrás, creo que todavía sigue corriendo el chulo en cuestión, dicen que le vieron pasar por Santiago a una velocidad...
Otro día se me acercó ótro joven para meterme un rollo, que si para comer, que para tomar algo, blablabla. Yo le contesto: oye, quieres enseñarme algo, pues vamos a ver un hospital porque me interesa conocer la sanidad cubana, nos acercamos a uno que está cerca del Vedado (no recuerdo el nombre) y descubrí mucha voluntad pero pocos medios. Otra decepción..., después pagué a mi acompañante con una invitación y un regalo para sus hijos, como no podía ser de otra manera.
Y después de visitar todos los sitios de todas las guías, decidí ir a ver el cañonazo de las 7, 8, o de las 9, qué más da, en el castillo del morro. Para morro el que tienen los que cobran entrada por esta chorrada, todos los turistas allí como tontos para una simple interpretación de actores. Lo único que me gustó del cañonazo es que conocí a un tipo que fue mi taxista y además de buena persona me invitó a tomar ron con su mujer e hijos, desde entonces le llamaba a él.
En ese momento decidí cambiar radicalmente mi viaje y me fui al Valle de Viñales en viazul. Le dije a mi amigo el taxista, si haces el favor, mañana a las 8:30 te espero a la puerta del Capri. "Allí estareeé amigo José". Eran las 8:40 y mi colega taxista no había llegado, cuando lo hice le propuse recompensarle con algún dólar extra si llegábamos a tiempo de coger el autobús de las 9:00. Y luego me arrepentí, porque empezamos a adelantar por la izquierda, por la derecha, curvas a tope (dios, qué miedo), y me decía "No se preocupe, amigo José, que llegamos bien".
La verdad que llegar llegamos, acojonados, pero llegamos. Me estaba esperando el amigo de una amiga mía (vamos que después fue su marido, que todo hay que decirlo) porque aprovechábamos el viaje y pasábamos a ver a su familia. Viñales es E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R, es el valle más hermoso que he visto en mi vida y casi me lo pierdo. Dios, que lugar tan hermoso, el color de la tierra del habano es maravilloso, qué colores tiene la naturaleza, y a pesar de lo que llovía. Viñales siempre estará en mi mente. Hicimos el recorrido hasta la cueva del Indio andando, merecía la pena porque a lo largo del camino había numerosas puestos de frutas que íbamos comprando y comiendo.
Cuando llevábamos andados tres kilómetros le dije a mi colega: "Oye,me apetece un café", "Pero si no hay ningún bar" "Por favor, a un tío como yo que llevo peleando unos pocos días con los habaneros, ahora mismo llamo en esta casa". En efecto, les propuse a los dueños de la casa un café pagándolo claro pero la hermosa hospitalidad guajira se negó a cobrar nada, por lo que en agradecimiento a ella les dejé regalos que siempre se agradecen.
Esto es imposible en otro lugar que en Cuba, tengo que reconocerlo. Por fin, tras mucho caminar llegamos a la Cueva del Indio, una belleza la verdad. AL volver quisimos venir en un autocar con turistas holandeses, pagando el viaje oiga, pero los holandeses siempre tan hospitalarios ellos... A la vuelta, yo no hablaba, después de la paliza de andar pero parece ser que mi acompañante estuvo tratando con uno para que nos vendieran auténticos habanos, y me ves allí en una casa abandonada cerrando la operación, era hasta emocionante.
Dios, que cosa más rica es un habano auténtico, que placer fumar un habano lento lento. Nos alojamos en el pueblo, que la verdad tenía poca vida, las primeras casas donde fuimos no aceptaban a gente cubana, hasta que alguien prefirió arriesgarse y llevarse un dinero extra. La familia que nos atendió era estupenda, pero se produjo un malentendido por diferencias en entender el castellano. La dueña, en presencia de su marido, me dijo que deseaba para desayunar y yo dije que un bollo suizo (en cuba el bollo es el coño) y noté que todos me miraban un poco raros. Hasta que mi amiguete soltó una carcajada y me lo explicó, a lo que rápidamente me disculpé.
Por la mañana, ya más prudentes, alquilamos unas bicis y fuimos a ver el mural de la Prehistoria, algo hermoso, como se puede hacer algo tan bonito y con tanto trabajo en unas rocas. Algún día más estuvimos por allí y cogimos el autobús para ir a visitar a la familia de Orlando, que así se llamaba el socio de aventuras. -continuará- |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|