Durante el vuelo de Dallas a San Francisco, conocí a una interesante dama californiana con la cual coincidimos que una visita al Napa Valley, la región de los vinos no dejaba de ser un tour con caravana de autocares, y que subiendo hacia el norte encontraría lugares más originales y tranquilos donde visitar alguna bodega y degustar vinos a precios normales sin tener una horda de turistas empujando por entrar en el bar.
Esta vez nos iríamos por la autopista Pacific North 1, dirección Bodega Bay, Mendocino, Fort Brags y el Parque Nacional Redwood. Al bajar pasaríamos por Sausalito, San Ráfael, dirección Berkerly la ciudad universitaria y así continuaríamos hasta San Diego Bay. Restos de una niebla trasnochada nos acompañaron durante el trayecto a través de un paisaje agreste, con colinas y ensenadas, campos verdes, rocas y playas desiertas en esta época del año pero bastante concurridas en el verano por sus paisajes, sus aguas, la oferta gastronomica de pescados y mariscos, la practica del wind surf y tambien la visita que hacen las ballenas cuando están cansadas. Bodega Bay suena a español como muchos lugares en California pero fue además asentamiento de ciudadanos rusos en siglos pasados y tuvo su momento de gloria en el cine con la película de Hitchkock “Los pájaros malos”. Hoy es un lugar ideal para sentarse a contemplar el baile rap de algún pelicano freak y el vuelo de uno que otro pájaro bueno despistado que espera la visita de Copola para hacer un remake del film anterior.
Mientras observábamos el paisaje y la soledad que nos rodeaba en aquellos parajes me sentí feliz de no estar aquí en la época estival donde miles de vehículos caravana, campers, motocicletas se desplazan por esta carretera donde no se puede circular a más de 60 klm de impaciencia.
En el stereo sonaba la música de Jason Mraz, Duffy, Death cab 4 & Cuttie y uno que otro número de las Supremes y Ray Charles.
Una pausa para el café y de pronto estábamos en Mendocino un pueblo con cara de monja y habitos de fraile situado a orillas del Pacifico formado por casas pequeñas y bien cuidadas, jardines con tajinastes celestes que añaden al entorno un decoro de tarjeta postal. No hay ruidos que provengan de radio escuchas intoxicados, tampoco se escucha o ve ningún ente subnormal con la window open y el TV a todo volumen.
Nadie toca el claxon para saludar al amigo y está mal visto hacer ruidos extras con los móviles (algo que aprender?) y los Mac Donalds son cosa de negros (con todos mis respetos para los morenos) porque en el pueblo son todos blancos y los turistas no llevan mochilas ni bolsas made in China sino una elegante Samsonite...
Caminando por sus calles pequeñas y silenciosas, recién lavadas planchadas y almidonadas, además de poco transitadas aquel día, divisé en una ventana a un señor con pinta de escritor, vestido de azul oscuro, fumando pipa y cubierto con una gorra de marinero; me pareció ver el primo de Neruda o el nieto de Hermann Melville. Levanté la mano para saludarlo y salio a la puerta y me dijo ¡No pictures in this town!
Los 3 estábamos de acuerdo que este pueblo sería el lugar ideal para descansar, meditar, blanquear dinero, morirse sin curiosidad, hacerse cura o escribir poesías, pero entonces ocurrió nuestra desgracia socio económica; nos faltaba un juego de maletas 5 estrellas y decidimos continuar.
Asi llegamos a Fort Bragg que nos acogió con una sonrisa de abuelita generosa y nos ofreció un excelente y amplio motel para pasar la noche. La cena fue acompañada con deliciosos Chardonays que se repetirían durante toda nuestra estancia y para lo cual nunca faltaban sugerencias de marcas, gustos, preferencias, años y cosechas. Bueno en el auto en vez de una rueda de repuesto llevamos siempre un blanco y un tinto, vasos y canapés..
Una carretera con mil curvas cubierta por un bosque frondoso lleno de ciguollas nos llevaría a Legget un mini pueblo donde nos sentamos a tomar breakfast. Una pausa y la visita al árbol más fotografiado en la historia americana. Quizás alguno lo quisiera como árbol de navidad, por su tronco puede pasar un coche y su altura se pierde entre las nubes. Sin duda que es un lugar ideal para caminar, quedarse en un camping con indios cheyen, descubrir ríos con pirañas, conocer al hermano chico de Indiana Jones, la zona de baños con cocodrilos o practicar actividades al aire libre como la lucha con los mosquitos, pero lo nuestro era otra historia y decidimos continuar hacia Humbold Bay. Mas árboles nos esperaban a ambos lados de la carretera y luego de algunas millas verdes, coincidimos en que la naturaleza estaba algo repetida y decidimos volver.
El norte de California se merece un capitulo aparte de navegación oceánica, con carta y compás, mochila, buen calzado y días extras si se quiere conocer el sur. Bajamos por la Autopista 101 hacia el Valle de Sonoma tambien conocido por sus campos y viñedos, además de la ciudad de Sonoma que resultó ser el lugar que la dama del avión me había recomendado y con justa razón. Pequeña, limpia, cómoda, con poca gente y una plaza hermosa como la de mi pueblo invitaban a buscar sombra bajo sus árboles frondosos y bien cuidados por “mexican gardeners” . Allí degustamos vinos con total tranquilidad y tuvimos un lunch de una calidad excepcional.
Sausalito es un pueblo pequeño y acogedor a pocos minutos en auto de S. Francisco, una pequeña bahía sembrada de yates y home boats donde pasar el week end, de sus colinas cuelgan elegantes casas de madera y de vez en cuando las nubes se quedan en el patio de visita y le da una tonalidad de pueblo montañés. Su nombre deriva de los sausales que en su tiempo predominaban en este lugar.. Berkerly esta a pocos kilómetros y la visitamos por curiosidad sin olvidar que la amiga profesora es una enciclopedia universal. Un lugar agradable por cierto donde disfrutamos de un paseo estudiantil, una comida orgánica, un café orgánico con tiendas para orgánicos donde se venden toda clase vitaminas y pastillas para vivir eternamente sin arrugas ni colesterol. Tambien chilean appels y uno que otro vino Gato Black and White!
Poco a poco nos acercábamos a las ciudades con nombre de santos, iglesias y plazas, orígenes de conquistadores mexicanos y españoles como la ciudad de Santa Cruz, una antigua novia que acostumbraba a vestirse con falditas de colores, sandalias, trenzas, collares de la India, pulseras de Nepal, bolsitas en bandolera, música jazz a la hora del lunch y humos verdes con burbujas para los viajes siderales sin tickets ni avión. Poco había cambiado en este pequeño lugar donde predomina una gran comunidad lesbiana, muchas de ellas con tatuajes hasta en las orejas, una ex alcaldesa socialista y feminista y un ambiente easy and cool. Volvía a visitarla después de de haberla conocido brevemente cuando andaba indocumentado y despeinado y si no me quedé ilegal en aquel entonces fue porque mi karma estaba confuso en Afganistán.
Sigue siendo un lugar maravilloso, de pequeñas dimensiones, y su malecón es visitado cada mañana por lobos marinos fumadores de grass, que de pura felicidad saltan sobre las barcas pequeñas que algún despistado dejó el dia anterior amarrada en la bahía. En actos de acrobacia y malabarismo las hunden con sonrisa infantil, nos contaba un marinero de forma anecdótica y a la vez trágica; a el le habían hundido la barca del papá y la que le regaló a su hijo cuando cumplió 50 años y aprendió a nadar.
Una cena con tequilas varios fue el reencuentro con este lugar que me trajo saudades que el tiempo no podía borrar. Monterrey es mas pequeña que Sta Cruz, queda en la costa y tambien ofrece una atmósfera relajada y primaveral, destaca la influencia hispánica en algunos de sus edificios y el Acuario es una de sus atracciones principales con fama internacional. Ofrece diversas actividades como la practica del buceo y del snorkeling y sigue siendo popular el paseo en barca por la bahía para observar el paso de las ballenas azules, las grises van muy apuradas camino a Baja California y pasan de los turistas y sus cámaras haciendo click and click.
El malecón es una atracción turística que siempre congrega curiosos, mamás con carritos, amantes del mar y tambien comparadores de algún souvenir kitsh. Nos dedicamos a recorrer la ciudad a pie, a disfrutar del paisaje y tambien la visita de algún local con delikatessen y un buen aperitivo.
Carmel podría ser la Miss Carmela de Monterrey Bay, una damita blonde para enamorarse y vivir como un príncipe encantado en estado de felicidad total, está situada a pocos kilómetros de la ciudad de las ballenas, es mas pequeña pero mas delicada y se creó como un centro balneario que luego se fue transformando en un lugar de bohemios burgueses al observar las casas y los coches que aparcan a su alrededor.
Por decreto de ley están prohibidas las luces de neón, los letreros, los vendedores ambulantes, los gritones compulsivos, las calles no tienen números, el correo se recibe en el Post Office, no hay Mac Donalds ni Burgers Prince y tampoco black people aunque esto ya no es por decreto de ley, sino por una ley de la vida como se podrán imaginar…
Al comienzo me llamó la atención encontrar galerías de arte en un lugar tan pequeño y luego descubrí que habían muchas y por cierto todas muy elegantes. A sus playas se llega caminando desde el centro y son extensas superficies de fina arena blanca que invitan a un baño Sheraton style. Las calles están flanqueadas por árboles y decoradas con pequeños locales para comer y tiendas de vestir “casual” que es como no vestir con mal gusto.
Mi amiga se preguntaba si en un pueblo tan chic, de tanto arte, tan limpio e inmaculado, divino, casi celestial, existiría algún lugar normal para comer que no fuera en el cielo junto a San Pedro and friends. A punto de regresar al coche con hambre atrasada en busca de otro pueblo menos celestial, encontramos un pequeño restaurante japonés y en el mini jardín me sentí iluminado como en Kyoto Mon Amour. Olvidaba mencionar que durante un tiempo el “bueno” de Clint Estwood fue Gobernador en Carmel, pero el “feo” lo niega y el “malo” dice que nunca fue verdad..
Nos fuimos de este lugar sagrado y nos dirigimos por la autopista 1 llamada Big Sur, en dirección a Lucia, Gorda (también llamada La Picnica) Cambria, San Luis Obispo Rey.. No era una gran distancia llegar a este último lugar pero la carretera es sinuosa, tiene mil curvas y se conduce a un máximo de 40 millas por hora. ¡Para cortarse las venas! diría mi amiga Re de la escala musical. La carretera es de una belleza admirable y se la conoce como la ruta de los mil sueños y de las dos mil pesadillas para el que tenga que conducir.
A mitad de camino y en lo alto de una colina, se encuentra el Castillo de un tal Hearst, una monstruosidad turística que construyó este personaje en los años 20 y 40, compuesto de 165 habitaciones, fuentes artificiales, jardines, piscinas en estilo griego y árabe, estatuas, capillas y monasterio incluido. La amiga española que es una turista algo obsesiva que quiere verlo todo incluso lo kitsh y banal, comenzó a balbucear ¡Castillo yes, Castillo no! Y como solo escuchó silencios tibetanos se dio cuenta que esa historia no estaba en el programa...
Entre curvas y mas curvas llegamos a Cambria, un lugar encantador, situado a orillas de la costa pero rodeado de una rica vegetación y del cual nada sabíamos pero que desde el primer momento conquistó nuestro interés. Allí nos quedamos algunos días y tuvimos nuestros momentos mágicos cenando en el mejor Restaurante in town con vista al Océano donde vimos pasar una ballena gris apurada y compungida en su viaje migratorio que emprenden cada año y les supone recorrer mas de 15.000 kilómetros hasta que regresan a las costas de Alaska.
Admiré en silencio su espíritu viajero, su “talante” de trotamundos, su naturaleza mágica y cautivadora , su porte de reina de los mares, su valor intrépido de amazona bohemia, amante de los riesgos, capaz de enfrentar cualquier peligro, navegante de mares desconocidos, de gente desconocida. En solidaridad con ella y con mi otro yo, pedí otra botella de vino sin poder evitar como excusa que uno de nosotros se quedaría sin poder beber y evitar ser encadenado y condenado a 10 años de pena y dolor en el famoso corredor, donde nadie corre por cierto sino que esperan encadenados el non happy end. Por el Big Sur encontramos unos terrenos inmensos que se perdían en nuestra visión, campos cultivados de fresas, alcachofas, manzanas y otros productos donde solo se veían jornaleros pequeños y morenos hablando en español, ningún Marlboro man rubio, ninguna Sally rubia y tampoco ningún black man que le gustase la jardinería. Tan particular es esta América que construye muros y alambradas para que nadie pise su gran vergel.
Santa Barbara nos esperaba con sonrisas de novia enamorada, aromas de rosas y claveles, jacarandas con vestidos nuevos, temperatura mediterránea y paisajes de incomparable belleza. Yo siempre la quise conocer y escuché de su belleza en Ibiza donde alguien la describió con poca imaginación o falto de interés diría hoy después de pasar unos días en compañía de su hospitalidad.
Santa Mónica es la hermana mayor de la novia enamorada, tiene a Los Angeles como pretendiente incondicional y se la considera como una de las ciudades mas agradables del estado de California y meritos no le faltan por cierto, ciudad balneario con kilómetros de playa donde se puede pasear a cualquier hora del dia, pistas aparte para los mountain bike, senderos ceda el paso para las abuelitas, mercados de frutas y legumbres en el down town donde esta prohibido fumar y llevar la bicicleta y mucho espacio para pensar en las deudas que se acumulan en las 20 tarjetas Visa Card.
Un paraíso para quienes busquen tiendas e infinidad de locales para comer y beber, las cafeterías son excelentes puntos de reunión para tomarse un delicioso café, leer el periódico, o sentarse horas con el ordenador portátil contando historias de nunca acabar. La práctica del jogging es el deporte por excelencia y el Ipod Appel el compañero musical de todas ellas, bellas, de juventud eterna, mujeres delgadas, bio-dinámicas, atléticas, esbeltas, rubias, todas barbies, todas en forma, todas jóvenes, todas orgánicas, no fumadoras, vegetarianas, meditadoras, lectoras, individualistas, feministas y alguna que otra aspirante a modelo o súper star.
Caminando ( algo cansado al final) se llega a Venice Beach, la idea romántica de crear una Venecia americana a comienzos del siglo pasado y que se ha transformado en el barrio mas pintoresco que alguien se pueda imaginar. Aquí se dan cita todos los freakies, rayados, colgados, despistados, asustados, hippies que nunca mueren, enamorados del sol y no de la bella luna, ecuatorianos vendiendo plátanos made in China, rokeros sin rock and roll, coreanos haciendo tatuajes al revés, indios de mentira, estrellas de Bollywood, negros que quieren ser blancos, enanos con zapatos altos para ser mas pequeños, alcohólicos anónimos con cartilla de buena salud, levantadores de pesa mostrando músculos y poca masa cerebral y también los acólitos del Big Brother disfrazados de azul, con alicates, clavos y martillos, controlando a los marcianos que se resisten a la integración y a la globalización.
En fin, que es el lugar ideal para sentarse a tomar una cerveza, escuchar música en vivo y observar el zoológico humano que pasa por la vereda sin olvidarse de lo que somos, creemos o pretendemos ser.
Con las imágenes de Venice people nos fuimos a conocer Long Beach. Yo les había contado a mis amigas que aquí se encontraba el lujoso transatlántico Queen Mary convertido en hotel y como todos teníamos una vena marinera nos fuimos en aquella dirección.
Long Beach no nos defraudó y por el contrario resultó ser un lugar donde pudimos disfrutar de un paseo dominical, conocer sus boulevards, respirar el aire marino del puerto y admirar las magnificas vistas panorámicas del Queen Mary y uno que otro crucero que en aquel momento visitaba la bahía.
Nos acercamos al famoso barco y admiramos su belleza sin subir a bordo para evitar el corto circuito que me producía seguir a toda la gente por pasillos, cabinas y salas de non estar. Mis amigas eran libres de elegir pero tampoco hubo un gran interés y nos fuimos a San Pedro a la hora del lunch. Olvidaba contarles que hace algunas semanas estuvo por estos mares donde vivo otro transatlántico de la familia Queen en su último viaje de despedida. Lo acaba de comprar uno de los jeques del emirato de Dubai, dicen que pronto compraran un océano nuevo, un capitán robot en el Japón y volverá a navegar al lado de los camellos..
San Pedro es lugar pequeño, tranquilo y sin embargo es uno de los puertos mas activos después de Singapoore y Hong Kong me contaba el tío de Popeye mientras observábamos el movimiento de barcos que entraban y salían en procesión. Por ser fin de semana todos los locales para comer estaban llenos de mexicanos y había que hacer colas para poder entrar. Además estos locales son animados con rancheras, mariachis, bailes, gritos, algarabía, niños por todas partes, tíos, tías, primas, nietos, abuelos, amigo de los abuelos, perros gatos y ratones clonados.
Regresamos a Santa Monica y al día siguiente acompañamos a despedir a la amiga profesora que volaba en otra dirección. Me quedé con la dama que antes fumaba tabaco negro y ahora le molesta hasta el humo del tango cambalache, la misma que insistía en conocer L.A. Como estábamos en el aeropuerto, accedí en un beau geste de amistad y la llevé al down town de esta ciudad que no tiene plaza ni tampoco corazón, pero si muchos edificios grises y calles desamparadas. Cuando me habló de Bolywood, la casa de Tom Cruzado, Brad Piss, Jhon Banderas y no se quien mas, me entró un ataque capilar y luego de rezar unos mantras de serenidad, seguimos camino hacia el sur sin haber satisfecho su obsesión.
Por la tarde llegábamos al bello San Diego que con más de un millón de habitantes es la tercera ciudad más grande de California. Una vez más estábamos sin reserva de hotel y tuvimos la suerte de entrar por la calle principal que nos llevó directo al barrio más pintoresco e interesante llamado Gaslamp donde comenzamos a buscar un lugar para dormir. Tuvimos la suerte de encontrar uno situado en el “mero” centro donde dejamos el auto y nos fuimos a descubrir la ciudad a pie.
Son las 7 de la tarde y si me permiten, haré una pequeña pausa para beber un vasito de vino y regreso luego para contarles el final. ¡Voila! Aquí estoy, les contaba del barrio que vamos a descubrir, bueno muy de cerca del hotel había un StarBuck Café del cual seré su asiduo parroquiano everyday. Me ofrecen variedades de café, tartas, dulces, música suave, sofás mullidos para leer el periódico local que mi amiga insiste en que hay que pagar. Yo le digo que es una atención de la casa para los cafeteros de verdad y ella sigue sin entender...
San Diego aparte de ser hermosa, bien cuidada, es una ciudad que goza de un clima primaveral, tiene buenas playas, no hay prisas, amplias avenidas recorren el down town, la visitan gente de todo el mundo, es famoso como centro de convenciones, tiene una economía estable y en ascensión, popular como centro de vacaciones para familias con niños, con el no menos famoso Sea World y la orca Shamu que es tan famosa como Amy Winehouse, junto a su hermana pequeña Namu y la prima baby Shamu.
Otra atracción es el zoológico con mas de 4000 variedad de animales por no hablar de su barrio bohemio de Gaslamp que durante la fiebre del oro se convirtió en un centro de salones nocturnos, rubias y coloridas damiselas bailando can can, burdeles con jovencitas que fuman y tratan de Tu, marineros de allende los mares, salas de juego, juegos con salas y damas, masajes con opio y mucho rock & roll.
En este barrio que aun conserva el glamour de ayer, se encuentra una gran cantidad de cafés, tiendas, restaurantes, bares, clubes nocturnos, guitarristas que salen a tocar fuera cuando hace mucho calor, cantantes solitarios a la puerta de una pequeña boutique, las notas melancólicas de un saxo alto cargadas de blues black en algún rincón, risas que entran y salen de cualquier local llenos de diversión, un ambiente que recuerdan las noches de Bourbon street en New Orleáns dijo Jhon Lee Hooker con una voz cargada de emoción.
A pocos minutos del centro comercial, donde se yerguen grandes edificios y rascacielos, Gaslamp ofrece una mezcla de construcciones modernas, casas victorianas y antiguas edificaciones del siglo 19 que quedaron como recuerdo de sus old days. En un Bar conocí a un señor de grandes bigotes que desconsoladamente me contaba que en este barrio no tocaban mariachis y que el se iba todos los fines de semana a su pueblo a escuchar música de verdad. Me dejó su tarjeta de presentación; Rápido Gonzáles. Luego de muchos ¡andeles! y enchiladas con la memoria me pareció un nombre casi familiar. Coronado, La Joya, Ocean Beach, Parque Balboa, Acuarios, Museos, paseos en barco, conciertos de música, son uno de los muchos atractivos que ofrece esta bella ciudad sin embargo yo me quedo con una visita al Embarcadero, una zona peatonal que ofrece unas vistas esplendidas de la ciudad. Lugar ideal para salir a pasear con el alma y el espíritu tomados de la mano, una fantasía difícil de olvidar para los que hemos navegado en los mares de la lokura.
En sus muelles se encuentra atracado como museo un antiguo velero, un clipper que traía emigrantes a Nueva Zelanda y donde conocí a una bella damita que se ruborizó cuando le tome la mano y le dije ¿Sabias que en este lugar las gaviotas caminan descalzas? Que mi felicidad se debe a tu sonrisa de caramelo? Que cuando la noche me envuelva en tus silencios te escribiré poemas de amor? Que convertido en un naufrago del tiempo volveré a este lugar cada otoño preguntando por ti a los sauces llorones? Le dije, (quizás fue mi otro yo) -- Quisiera ser Shakespeare honey baby para decirte algo bello, whisper something nice in your ears, pero no tengo en este momento sentido del tiempo y no se si todo esto is real or is fake-- Todos los encuentros son mágicos y las despedidas, retazos de sentimientos, caricias, emociones y vibraciones que uno lleva amarradas al corazón.
La dulce damita me miraba con 5 sonrisas de caramelos y 20 colores rosados en la piel, en su carita se reflejaba una tímida sorpresa, una confusión de corazones solitarios, mientras se alejaba lentamente con sus pasos de pequeña bailarina hacia el Convention Center donde la esperaba su papá y yo me iba a Tijuana en busca de mi destino a beber unos tequilas con tacos picantes para olvidar los efluvios del amour universal.
Nos sorprendió que no hubiera ningún tipo de control al pasar la frontera y entramos como Zapata por su casa. Era la tercera vez que visitaba este país y aunque este fuera solo un paso fronterizo, siempre me alegraba pisar México, charlar con su gente, caminar por sus calles y anchas avenidas, sentarme en sus zócalos, beber la cervecita del lugar, escuchar de vez en cuando sus mariachis, mezclarme con sus ¡andele no mas!, observar el paso del tiempo cargado de bultos, ruidos, ajetreos de subsistencia, buses con humo en las narices y muchas iglesias cuando hace mucho calor.
Caminando por la avenida Revolución llegamos a la calle Los Insurgentes y terminamos en la calle de Los Valientes, la principal, donde había una revolución de farmacias por todas partes. Con algo de curiosidad me asomé a una de ellas y vi carteles en ingles que ofrecían toda clase de medicamentos sin receta como Viagras verdes para subir la moral, píldoras de cilantro y tomate para ser joven y hermosa en un abrir y cerrar de años, un shampoo pacificador para cabellos rebeldes y antisociales, jarabes de aceite con plomo contra la flojera y el stress, lenguas secas de tortuga para no perder la virginidad, cremas para curar esquizofrenias, insomnios y pataletas varias al precio de uno y la oferta mayor para gordos y gorditas; una mascara con un candado que se abre solo en caso de extrema necesidad.
Salí de la farmacia y al pasar frente a otra vi casi lo mismo y digo casi lo mismo porque noté que ya no veía bien, de pronto las letras se difuminaban y perdía la visión, estuve a punto de caer. Mi amiga inquieta me preguntó si me sucedía algo serio. Le contesté que nada grave, solo eran los síntomas del amour.
Al regresar nos esperaba una larga fila de coches que casi no avanzaba. La frontera americana estaba blindada con perros, cactus, gorilas, iguanas venenosas, detectores de verdades y mentiras, la CIA, el FBI y los hombres de azul otra vez, protegidos con guantes negros e ideas negras para explorar el interior de una rueda o descubrir algún mexicano pequeño oculto en el tubo de escape de un camión. Analizar alguna papaya terrorista, una mosca con TNT, o unos tacos y enchiladas envenenadas para diezmar a la población.
Y la pregunta folclórica en el control de pasaportes, de un ciudadano de Migraciones “americano” made in Tenoxticlan llamado Frank Pérez Hernandez ¿Cuál fue el motivo de su visita a México? -- Comprar algas marinas para el mareo— le dije sin alzar la voz. P.D. ¿El próximo viaje? Bueno, espero/amos visitar Chile en diciembre y estaré feliz de conocer a muchos de ustedes, escuchar sus historias, compartir modestamente las mías, y quizás mi amiga española encuentre algún chileno con vocación de pastor, un apóstol de la bondad y la comprensión que le guste visitar la casa de Bat Man y Tomsin Cruz en L.P. City y se enamore de verdad. Yo sigo prefiriendo la compañía femenina en cualquier lugar del planeta, aunque los compadritos digan lo contrario y los amigos fraternales de toda la vida digan lo mismo que ayer. |
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