Salí de Montevideo cuando todavía la primavera no daba aún atisbos de calor, incluso el vuelo estuvo demorado en Carrasco por la intensa niebla del amanecer, haciendo escala en Puerto Alegre, tocamos tierra. 4 horas después en el aeropuerto Galeâo , el abrasador calor carioca fue el primero en recibirnos , desde allí una camioneta de la agencia, nos llevo a mí y a otros visitantes dos horas por una autopista, pasando por Niteroi, hacia uno de los lugares más paradisíacos que conocí, Buzios.
Me hospedé en una posada que se llama “pousada da Ferradura”, a dos calles de unas de las playas más lindas del lugar que lleva ese nombre por su forma tan particular, lo primero que hice fue dejar mi equipaje e inmediatamente salí para recorrer la pequeña ciudad.
Di un corto paseo por los alrededores, las callejuelas del vecindario eran de tierra, las casas estaban prolijamente pintadas de colores vivos y casi todos los techos eran de tejas, rodeadas de hermosos y exuberantes jardines, desistí de alejarme mucho más, estaba muy cansado, la noche anterior en Montevideo no había dormido casi nada así que me fui a la habitación para recobrar energías.
A la mañana siguiente tuve el placer de tomar uno de esos desayunos brasileños que tienen todos los colores, mermeladas de sandia, de guinda, de mamâo (que comí por primera vez), jugo de naranja, junto con café , leche y tostadas, mientras disfrutaba de la vista hacia el jardín colmado de flores de las cuales solo pude reconocer dos, el Ibico y la Santa Rita, pasaban rápidamente por las paredes graciosas largartijas de un color verde limón con rayitas marrones, las cuales me harían compañía en los desayunos durante toda mi estadía, las había por doquier, y a nadie parecía molestarles, por lo tanto menos a mí ya que era yo el que estaba en su casa.
Caminando hacia el centro de la ciudad pasé por una laguna donde dos garzas enormes blancas se acicalaban una a la otra, una escena tan impresionante que al pasar los días descubrí que era tan común que los pobladores ni se inmutaban, a mí sin embargo me impresionaron mucho.
La calle principal se llama Rua das Pedras, el canto de los pájaros que tienen su hogar en la copa de los árboles de esta calle me hizo pensar que tenía un techo te trinos sobre mi cabeza, Rua das Pedras está flanqueada por ambos lados de muchos comercios, pubs, tiendas ó lojas, restaurantes, cafés, uno muy típico del lugar se llama Briggita’s, no es muy barato pero vale la pena la vista que tiene ; en las esquinas exponen los diferentes frutos del mar con una gama impresionante entre los cuales se cuentan langostas y camarones de todos los tamaños, para mi lo más lindo de Rua das Pedras es que podés ir viendo el mar que se asoma cada tanto al caminante por las galerías que dan a la playa do Canto.
Si te dejás llevar por éstas galerías podrás ver esculturas de tamaño real de una escultora local llamada Cristina Motta, están por todos lados, personas y animales tan naturales en sus posiciones que parecen tener vida, gatos caminando por dinteles y perros atentos a sus amos, un niñito subiendo por la columna de un farol, entre otros, incluso está representada la primer promotora de este balneario, sentada en su valija mirando el mar se encuentra la belleza francesa B. Bardot, en una calle que lleva su nombre, Orla Bardot, especia de rambla frente a la playa da Armacâo, donde ví unos grandes pájaros negros de los cuales pregunte el nombre y una señoras me respondieron en un portugués cerrado que me sonó a algo así :”Urubus”, comían cangrejitos en la arena.
Inmediatamente después y subiendo una pequeña pendiente está para mi la playa más linda de Buzios, Azeda y Azedinha , blancas arenas, puestos de venta de ensalada de fruta y artesanías, a un vendedor que llevaba colgados de su espalda muchos cocos, le compré uno porque nunca había probado, dio un corte limpio abriendo un pequeño orificio con su machete e increíblemente a pesar de que por fuera la cáscara estaba caliente dentro el líquido se mantenía frío, la Bosa Nova sonando bajita , y cuando entre al agua ,tibia y transparente, fue mayúscula mi sorpresa de poder ver caballitos de mar y pececitos de colores nadando casi a mi lado , todo rodeado de exuberante vegetación y algunos veleros pasando no muy lejos de la orilla, me sentí en el paraíso, perdí la noción del tiempo bajo la sombra lo que parecía una palmera Butia.
Ahí me quedé hasta casi llegada la noche, después regresé a la Posada con la promesa de regresar al día siguiente. Por las tardes en Buzios fumigan para contrarrestar el mosquito trasmisor del Dengue, me llamo la atención porque los camiones van con alto parlante informando que es lo que se está haciendo con aquella humareda blanca.
Al día siguiente alquilé un “Bugre”, para recorrer más de este lugar fue así como conocí las otras playas, una más linda que la otra, Joâo Fernández, Praia Brava, Do Forno, Tartaruga con sus sillas blancas, y Geribá que es lo más parecido a las playas uruguayas por su extensión que hay, y que para acceder a ella se pasa por unos muros todos grafiteados donde a Gardel se puede ver, fue la única playa que me atreví a nadar en la noche.
Un caso aparte es Olho de Boi una playa naturista que se accede subiendo un morro, que tiene en su base una piedra con una inscripción que reza:”praia naturista”, y cuya bajada es bastante accidentada, por supuesto las amigas lagartijas se cruzaban por el irregular sendero, a pesar de no ser cómodo entrar, van muchas personas y la playa realmente vale la pena, eso si no se puede llevar cámaras, el lugar es sumamente pacífico y tiene una parte de roca maciza con lindísimas grutas.
Buzios ofrece una estadía de no creer, la geografía en la cual se encuentra, el azul océano Atlántico entrando entre los verdes morros forma grutas y playas hermosísimas, y la cercanía con Río de Janeiro es por demás atrayente, los lugareños son sumamente amables, y viven una vida sencilla, con mucha alegría, se respira tranquilidad y muy buena onda, la flora y la fauna son algo maravilloso y exótico, se puede ver casi a cada rato especies de aves de hermosos colores y toda clase de reptiles tropicales, la vegetación es espesa, incluso algunos lugares se vuelven infranqueables.
Viajero si vas por Buzios mandále un beso enorme de mi parte porque me quedé prendado de su belleza, y espero poder algún día volver a nadar con esos pececitos de colores en las transparentes aguas de Azeda y Azedinha.
Un abrazo a todos los viajeros. Gerardo desde el Uruguay. |
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