Antes de cambiarme de instituto ya sabía que todos los años al que iba, hacían un intercambio los alumnos de francés con una ciudad de la bretaña francesa, así que cuando las profesoras nos informaron del viaje, ya sabía cual sería mi respuesta: SÍ!! Los alumnos franceses eran de la ciudad de Morlaix. Unas semanas antes de que ellos vinieran a Ourense, nuestras profesoras nos entregaron las fichas de nuestros “correspondant”. La mía parecía muy maja, se llamaba Elodie y tenía mi edad. Y como en la ficha aparecía el Messenger ya había hablado con ella antes de que viniera.
El día 16 de diciembre de 2007 llegaron. Todos los españoles que hacíamos el intercambio estábamos impacientes enfrente de la puerta de nuestro instituto esperando ver el autobús de aquellos que estarían una semana en nuestras casas. Por fin llegaron, empezaron a bajar del bus y empezaron a buscarnos. Pronto estábamos todos emparejados y nos los llevamos para casa. Pasaron toda la semana son nosotros. Por las mañanas se iban con sus profesores a ver Galicia y cuando llegaban por la tarde, los llevábamos al centro comercial de Ourense para que compraran ropa, ya que la que se vende en Francia es bastante más cara. Cuando se fueron seguimos hablando con ellos por Messenger hasta el día que nos tocó a nosotros.
Nuestro fantástico viaje empezó el día 25 de marzo de 2008. Un grupo bastante grande de españoles subíamos en un autobús dirección FRANCIA! Pasamos todo el día metidos en el autobús, solo parábamos para comer o descansar. Por fin, por la noche, llegamos a Nantes, ciudad donde teníamos el hotel en el que íbamos a dormir esa primera noche.
Nos levantamos muy cansados puesto que casi no dormimos de la emoción de ya estar de excursión y habíamos estado toda la noche cambiándonos de habitación con nuestros compañeros. Fuimos a comprar algo a un supermercado del pueblo y volvimos a montar en el autobús hacia el Mont Saint-Michel. Nos tocó un día bastante malo, pues llovió muchísimo y nos mojamos bastante. Pero las vistas de la abadía merecieron la pena, y mucho. El Mont Saint-Michel es, como ya he dicho, una abadía que se encuentra en una especie de pequeña montaña. Lo mágico de este lugar es que cuando sube la marea la abadía queda totalmente rodeada de agua y parece estar en una isla. Sin embargo, cuando la marea está baja, el mar no se avista ni desde lo más alto de la edificación. Es muy difícil encontrar la marea alta, y para nosotros no iba a ser diferente. Subimos a ver sus vistas y su interior, es un lugar maravilloso, muy oscuro, pero precioso a su vez. Comimos protegiéndonos de la lluvia en unos bancos dentro de la muralla y cuando llegó la hora volvimos a subir al autobús.
La próxima parada era Dinan, una bonita ciudad de la que no pudimos apreciar toda su belleza por culpa de la lluvia, aunque lo más importante lo logramos ver.
Al acabar, ya nos pusimos en marcha hacia Morlaix, pueblo de nuestros “correspondant”. Al llegar, todos nos estaban esperando, Elodie estaba con sus padres y con su hermano, y nada más baje del autobús me ayudó con las maletas y las metió en su coche. Me despedí de mis compañeros y me subí al coche con aquella familia aun desconocida para mí. Me iban preguntando cosas en francés que yo intentaba comprender, aunque algunas las decían demasiado rápido o con vocabulario que yo no comprendía. Su casa era muy bonita, tenía 2 pisos y un jardín que rodeaba la casa.
Tenían un perro y nada más entrar, me mandaron sacarme los zapatos. Las escaleras y el piso de arriba estaba con moqueta y estaba decorado muy colorido. Mi correspondant me llevó hasta su habitación, la cual estaba llena de fotos de actores y chicos muy guapos por todas partes. Me cambié de ropa, pues la traía empapada y bajé al salón con ellos. Justo esa noche, había partido Francia-Inglaterra, y la tensión que había en aquella casa era extraña para mí. Cenamos y nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente nos despertamos temprano y cojimos el autobús escolar que nos llevaría hasta su instituto. Tuve clase durante 2 horas y luego, yo y mis compañeros españoles nos fuimos a ver la Bretaña con las profesoras. El primer sitio donde paramos fue la ciudad de Ploumanac’h, no se si esta todo el año así, o llegamos nosotros justo en el momento oportuno, pues hay un mercado justo al lado del río. Allí había de todo, desde comida hasta ropa, pasando por libros a 1 y 2 euros. Estuvimos dando un paseo por sus calles y volvimos para el autobús. Lo siguiente que vimos fue la Côte de Granit Rose (la costa del granito rosa), el realmente maravillosa, es preciosa!, además de que tuvimos mucha suerte y nos tocó un día radiante de sol. Primero comimos en una playa donde la arena era muy fina, y después empezamos a caminar por todo el borde viendo las extrañas formas de las piedras.
Todas son redonditas y las olas hacen que el paisaje sea una maravilla de ver. Caminamos 5Km., pero mereció mucho la pena. Nos volvimos a Morlaix. Yo con mi familia cada vez me entendía mejor, ellos usaban palabras más fáciles y mi oído se iba acostumbrado al francés. Es una experiencia muy bonita. Al día siguiente, lo primero que fuimos a visitar fue la catedral de Quimper y el casco viejo de la misma. Es una villa pequeña pero muy cuca también. Después fuimos a comer a Concarneau, esta ciudad si que me gustó mucho.
Es un pueblito totalmente rodeado por una muralla, allí se conoce como “ville close” (villa cerrada) y es precioso. Estuvimos un buen rato allí dentro, pues además hay un montón de tiendas donde puedes comprar productos típicos de la Bretaña como licor, cerveza, galletas de mantequilla (realmente deliciosas) y otras cosas a muy buen precio. Seguimos nuestro recorrido por Locronan, pueblo que tiene una iglesia muy bonita y muy antigua. Después de este gran día nos fuimos para casa. Esa noche los franceses habían organizado una cena en un local que estaba muy bien, pues además de restaurante era bolera y karaoke y nos lo pasamos como enanos.
Después fuimos a bailar a una discoteca donde la música era muy distinta a la que escuchamos en España. Por fin llegó el fin de semana, el cual lo pasaríamos con la familia y no veríamos a nuestros compañeros españoles, lo que significaba solo hablar en francés. Mi familia se portó muy bien conmigo, el sábado me llevaron de compras a Brest, es la ciudad más cercana a Morlaix donde tienes centros comerciales y cosas divertidas que hacer. Allí nos encontramos con una amiga de mi correspondant que iba con su española también, así que ella y yo nos pegamos ya a hablar español, realmente yo lo echaba de menos.
Estuvimos viendo tiendas de ropa, pero pronto nos dimos de cuenta de lo cara que era allí la ropa. El domingo los padres me llevaron a ver la costa y el pueblo de Morlaix, realmente eran unas personas muy amables. Me estuvieron enseñando el viaducto, el ayuntamiento, la casa de la reina Anne y las playas de la zona. Con esto todo, se había terminado ya el fin de semana y volvió el lunes.
Salimos hacia Presqu’île de Crozon, un sitio con playas que está justo al lado del mar, hay partes que están muy altas y es precioso, hace muchísimo viento y frío, pero las vistas son fantásticas. Mis amigas y yo lo pasamos genial sacando cientos de fotos. Volvimos a casa. Esa sería nuestra última noche con la familia. Por la noche ya me despedí del hermano pequeño, pues a la mañana siguiente ya no lo vería. Nos fuimos a acostar pronto pero estuvimos hablando un buen rato antes de dormir, hablábamos en español y francés todo mezclado, es lo mejor de hacer un intercambio, que aprendes a expresarte en otro idioma y agudizas mucho el oído.
A la mañana siguiente me despedí del padre durante el desayuno, pues ya se iba a trabajar, le di las gracias por todo lo que me había explicado sobre la Bretaña y él también me las dio por haber sido tan amable con ellos. La madre fue la que nos llevo a donde estaba el autobús, nos dejó allí, se despidió de mí y se fue también a trabajar. Elodie se quedó allí hasta que nos fuimos, como los demás franceses. Hicimos las últimas fotos con ellos y nos montamos en el autobús. Se veían lágrimas por todas partes, pero de repente nos dimos de cuenta… nos íbamos a Pariss!!! Pero esa… ya es otra historia.
Seguiré dentro de unos días con lo mejor del viaje, que fue Normandia y Paris.
Espero que os haya gustado mi relato y os aconsejo a visitar la Bretaña, pues es una zona de Francia que realmente vale la pena. |
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