
A mitad del recorrido
Tigre, Buenos Aires | 0 comentarios.
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TIGRE, LA CIUDAD ANFIBIA
La aventura comienza una mañana otoñal fresca pero soleada y muy agradable en Buenos Aires, capital federal, me han invitado a conocer Tigre y sin saber nada más que estaba en el delta del Paraná salimos rumbo a ella.
Investigando un poco pude saber que se ubicaba en la parte norte de la provincia de Buenos Aires y a sólo 32 Km del centro de la capital federal, que se trataba de una ciudad construida en las múltiples islas que pueblan el delta que se forma en el estuario conjunto de tres ríos: el Uruguay, el Paraná y el Río de la Plata, que se ubica sobre la margen del río Luján y que su nombre proviene de los Yaguares o Yacuaratés , tigres americanos, que vivieron en el delta hasta principio del siglo XX.
Con sólo eso, ropa y zapatos cómodos y cámara fotográfica en ristre iniciamos el día.
La primera parte del viaje, que recomiendo especialmente no se pierdan, la hicimos en el subte, con deliciosas estaciones adornadas con múltiples murales en mayólica, hasta la estación Retiro, allí cambiamos al tren suburbano que por apenas 25 centavos de dólar nos llevó hasta la estación Mitre donde podríamos tomar el tren de la costa, pero al mismo tiempo nos llevó a un viaje al pasado, la estación Retiro, sus patios, plataformas y accesos datan de hace muchos años y tiene el sabor inconfundible del pasado y de la nostalgia del tiempo romántico de los ferrocarriles, después de un agradable recorrido por parte de la provincia de Buenos Aires arribamos a Mitre donde se realiza la conexión con la estación Maipú del tren de la costa; este servicio es de construcción moderna y muy cómodo pero con un acertado diseño que continúa el estilo de los viejos trenes y se integra perfectamente al medio ambiente.
Por fin y después de un viaje que ya había dejado impresiones y sensaciones, llegamos a Tigre, al descender destaca un moderno y atractivo parque de diversiones, que pasamos de largo para abordar apresuradamente, porque salía ya, un “catamarán” (lancha colectiva turística) que nos llevaría a recorrer el delta, mientras tomábamos a bordo un postre y otro delicioso café.
La vida en las islas es realmente anfibia, todo se lleva y trae por agua, existen así lanchas colectivas, lanchas taxis, lanchas basureras, lanchas almacén, lanchas correo, etc.; en lugar de cochera las casas tienen desembarcadero y muchas familias cuentan con su propio transporte. La tierra tiene precios accesibles pero el mantenimiento y las subsistencias son muy caras, tal vez por eso los residentes originales han ido vendiendo sus casas, muchas de las cuales están construidas sobre palafitos, estas están siendo adquiridas por familias que sólo las usan para pasar los fines de semana, es por ello que poco a poco la ciudad va cambiando su aspecto para convertirse en una ciudad turística cada día con más posibilidades de diversión, lo cual, aunque desde lejos no se pueda observar fácilmente, seguramente está acabando con la cultura original de la zona, precio que se paga por la modernidad.
Mención aparte merece el medio ambiente: La ciudad de Tigre está construida sobre las muchas islas que se han formado a través de miles de años, como resultado del acarreo de materiales que hacen los ríos, nos informaron que sólo la sección de islas de Tigre está configurada por mas de 350 ríos y arroyos y ocupa una superficie de 221 Km2. En ese momento sólo pude pensar.... Dios ¡cuánta agua!.......y que hermosa es........
Como un agregado especial diré que para quienes vivimos en lugares donde sólo existen dos tipos de estaciones............. la de lluvias y las del metro.............resulta agradablemente seductor ver los rojos y dorados tonos del otoño, que dan al ambiente una belleza nostálgica y profundamente evocadora y así disfrutamos de un viaje de una hora que, comprobando aquello de la relatividad del tiempo, se convirtió en un suspiro.
Caminar es un placer, lentamente, sin prisas ni preocupaciones pudimos recorrer la zona, especialmente interesante resultó una visita al Puerto de frutos, construcción de 1933 que funcionó como centro de comercio de las frutas, verduras y madera que provenientes de las islas irían a Buenos Aires y que hoy está convertido en mercado de artesanías diversas.
Encontramos también un buen número de restaurantes de diversos tipos que nos tentaban descadarademte para caer en el pecado de la gula, así que antes de iniciar el retorno decidimos degustar en uno de ellos una deliciosa “picada”, es decir una tabla de quesos y fiambres de excelente sabor regada con cerveza artesanal, y en mi caso, con un “Gancia” –coctel dulce embotellado con una base de vino- que tomé entero y sin soda, para admiración de quienes me observaban.
Al regreso, siguiendo la misma ruta, descendimos del tren en una estación intermedia -posibilidad incluida en el precio del boleto- para apreciar y tomar fotos del mar del Plata, la vista lejana de Buenos Aires y la visible costa de Uruguay, respiramos una vez mas el aire puro de la costa y retornamos a la ciudad, sin dejar de disfrutar nuevamente del viaje mientras pensábamos en el mate que nos esperaba al llegar.
La visita resulta encantadora y muy económica, existen otras formas de llegar, en auto o taxi por una moderna autopista e incluso en colectivo (autobús) pero a mi modo de ver, nada reemplaza ese viaje por trenes que es, por si mismo, toda una experiencia.
Existen otros atractivos en Tigre: el Parque de la costa con juegos mecánicosque emocionarán a niños y adolescentes; el casino Trillenium; el Museo Sarmiento; el Museo naval de la nación y el Museo municipal de Bellas Artes que quedan debidamente agendados para una próxima visita.
CASANDRA
Julio de 2008
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