Cuando nos propusimos visitar la parte occidental de la isla, no nos imaginábamos los paisajes que íbamos a tener antes nuestros ojos.
Empezamos visitando la Habana Colonial. Andar por la Habana, es como estar en una película de ficción, pero viviendo la pura realidad. En la Habana no puedes dejar de visitar la emblemática Calle Obispo, si empiezas el recorrido desde su comienzo en la Calle Monserrate, lo primero que se yergue allí es el famosísimo Bar “El Floridita” donde el también famosísimo escritor Ernest Heminways era su mas ferviente cliente por la década de los 50, tanto es así, que aun se puede ver su figura erigida en bronce, con su pose mas habitual tomando su acostumbrado Daiquiri, especialidad hoy en día de este mágico lugar.
Siguiendo calle abajo rumbo al mar, encontramos el Hotel Ambos Mundos, después de un recorrido con ese suculento calor de la Habana, lo mas recomendable es entrar y refrescarse allí, pida una limonada bien cargada de hielo y mientras, escuche un sabroso piano que su acostumbrado interprete sacándole música a partir de su teclado. Suba en su elevador antiguo hasta la habitación de Heminways, hoy conservada aun con sus artículos personales, allí le recibirá una magnifica historiadora que le dará todo los datos interesantes que usted no pueda ni imaginarse, y luego suba un piso mas arriba, a una terraza que le acompañara por siempre a donde vaya, yo me hubiera quedo allí, un fresco majestuoso con una vista sin igual a la Catedral de la Habana, antiquísima, creo que fue una de las primeras construcciones erigidas por los españoles que colonizaron la isla, también se puede ver la entrada de la Bahía, el Morro, con su erguido faro, el cual ha trascendido batallas del tiempo.
Una vuelta por la Habana Colonial invita a seguir por su calle Mercaderes, detenerse en la Plaza de San Francisco de Asís y de esa forma ir desempolvando cada una de las épocas que puedes ir descubriendo a tu paso. No puedes olvidar por ultimo llegar hasta la Plaza Vieja, replicas dicen algunos del viejo Madrid, claro, todos venimos de allá y tomarse una rica cerveza hecha en una fabrica improvisada allí mismo y si no sabes llegar, pues pregúntale a cualquiera que pase por tu lado, seguramente te indicaran, porque esa es creo que es lo mas mágico que existe en Cuba, la forma de ser del pueblo cubano.
Después de este sabroso paseo por la Habana Colonial nos fuimos a dar un chapuzón a las bellas y cristalinas aguas de Varadero, por mucho que te cuenten, pues solo creo que hay que vivirlo, llegar a la arena, mirar a la derecha, luego a la izquierda y que se te pierda la vista en los tantos y tan variados tonalidades de azul, es impresionante, como dice Alberto y Talbot en su visita muy reciente acá.
No he estado en otra playa como esta, pero creo que en el Caribe, donde se dice que “en el mar la vida es mas sabrosa, en el mar, se vive lo mejor” jajajja, es un estribillo de una canción, pero es la verdad, no le digo mas, solo mire y descubra por sus propios ojos la inmensidad de esta belleza. Por algo Cristóbal Colon cuando llego a América dijo ….. “maravillosa tierra esta que es la India”….. sin saber que había descubierto la bella isla de Cuba, jajjaja. Es una broma.
Saliendo de Varadero y nos dirigimos a Trinidad justamente en el centro del país, ahí si se retrocede y te crees que viniste justamente en una de las carabelas que trajo la colonización española. En Trinidad si se detuvo el tiempo, todas las calles de esta Villa fundada por los españoles en el 1517 se trasmite antigüedad por sus adoquinadas calles, hechas con esas piedras redondeadas por el paso de cuanto carruaje las atravesó, su escurrimiento fluvial es por el centro, cuando hoy en día es por los extremos de la calle, increíbles las cosas vistas allí, mire las fotos y si quiere de verdad irse a lo que sus antepasados vivieron, pues este es el lugar mas idóneo.
Para terminar nuestro recorrido, nos fuimos a la más occidente zona del país, nos dijeron que lo más esplendoroso de Pinar del Rio es la vegetación, que casi todo en Cuba es verde en sus paisajes, pero los tonos de verde de Pinar, pues solo allí se dan. Salimos en la mañana bien temprano, alquilamos un “carro” y nos trasladamos hacia allí, por el camino nos dormimos y perdimos una parte del paisaje, pero es que la brisa y el olor a hierva recién despierta por el amanecer, nos entro directamente hasta esos misteriosos mecanismos del ser humano y de ahí, nos rendimos como lirones, quizás ya era el cansancio de los días de ajetreó. Cuando despertamos estábamos ya en Viñales, un pueblecito intricando entre las Montañas de la Sierra del Rosario, una gran macizo montañoso, pero que inexplicablemente su cima estaba teñida de verde, ese verde que nos contaron y que allí pudimos constatar.
No deje de visitar cada cueva que le indiquen, “La cueva del Palenque”, “La cueva del indio” con un recorrido en bote un poco aventurero, es una cueva inundada en agua, con muchísimo parajes aun por descubrir, también el mural de la Prehistoria, un bellísimo mural pintado por artistas cubanos oriundos del lugar que le da un toque mágico a tanto color. Mas tarde y por ultimo dirigirse al Motel “La Ermita”” para ver en todo su esplendor el Valle, es un regalo a nuestros ojos.
El maravilloso verde que tengo que volver a mencionar, con el contraste anaranjado y rojo de los Framboyanes, propio de cualquier pintura de Van Gohn, claro Van Gohn no pinto este paisaje porque no estuvo en Cuba y menos en Viñales, pero quizás si hubiera visto lo que vi yo, pues lo hubiera sustituido por sus girasoles. No lo piense, si quiere retroceder en el tiempo, llenarse los ojos de color, pues de un breve viaje a el Occidente de la Isla del Encanto, la mejor época, pues de Noviembre a Marzo, ya que no lo afectara tanto el calor. |
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