Semana santa.
Lo normal era irse a Cuba, como ha hecho casi todo el mundo de mi facultad con motivo de que la carrera llega a su fin. No he ido porque la estafada salía por más de 900€ (creo), porque ya he estado en Cuba y si vuelvo, sería para hacer otro tipo de recorrido, pues hay más lugares aparte de La Habana y Varadero.
Pues bien, nos fuimos 3 amigas a Alemania, cambiando el calor por el frío helador, los daikiris por las cervezas, las playas por... en fin, será mejor que empiece. Para llegar, el viaje fue un poco duro: 1.Bus Pamplona-Barcelona, 2.Tren Barcelona-Gerona. 3.Taxi hasta el aeropuerto CLAVADA!!, 4.Avión hasta supuestamente Düsseldorf. Ryanair es una gran chapuza pues aunque ponga que va a Düsseldorf, en realidad te deja a 100km, en Weeze. Así que nuestro viaje en trenes alemanes finalizó cuando por fín llegamos a casa de nuestro amigo Aitor.
En realidad estábamos a las afueras de un bonito pueblo, Neuss, pero concretamente en una zona industrial que olía mal y casi nadie era alemán. Trapiñamos las cervezas y a dormir en una cama Restform.
Neuss, a las afueras de Düsseldorf, es un pueblo de esos “con encanto”. Las casas están hechas con mimo, hay muchos parques cuidados, tiendas, aparcamientos de bicis... Nos encantaba por fín estar alejadas de casa, y como siempre, los ojos bien abiertos cotilleando todo lo posible, y la cámara a modo guiri japonés. Ya nos dimos cuenta del esfuerzo de los alemanes por decorar sus establecimientos.
En España para poner un bar, basta con una barra, taburetes, un cuarto de baño, a menudo sin papel; pero en Alemania no, todos están cuidadosamente decorados. Tras patear un rato, notaba que el frío me llegaba a los huesos y nos metimos en uno de estos a tomar un Schokolade mit Sahne. Además descubrimos lo que significa H&M, Hennen&Moritz.
En Neuss, un domingo no sabíamos dónde comprar comida y le preguntá a una señora que llevaba bolsas llenas de ídem que dónde podía. Me señaló al final de la calle y nos encontramos con un mercadillo enorme. Nos llevamos entre otras cosas, varios kilos de tomates riquímos y baratos. Los puestos eran de antigüedades en su mayoría, era como si la gente del pueblo se hubiera puesto de acuerdo para exponer sus trasteros. Podías encontrar cámaras fotográficas del año de la polca, vestidos de comunión, joyas varias, discos, etc
Düsseldorf. Tampoco pudimos ver mucho debido al frío. Pero lo que vi estaba bien. Königstrasse, la calle de tiendas de lujo; el museo de arte contemporáneo K21 y sus pintorescos alrededores. Calles preciosas, suelo de piedras, casas con detalles... Tras ir a probar la amarga cerveza de ahí (en un bar donde la hacen), nos metimos en un karaoke y cantar la Bamba. Tras muchas cervezas y alguna canción, vinieron unos polis y nos echaron, porque molestábamos a los vecinos o porque cantábamos mal, o por las 2 cosas a la vez! La fiesta en todos los bares terminó pronto porque el día siguiente era festivo, no le veo el sentido, pero bueno.
Colonia (Köln) Comenzamos con la gran catedral de colonia. Tuvimos la fantástica idea de subir hasta arriba, más de 500 escalones y un mareo que no veas por una estrecha escalera de caracol. A la bajada nos temblaban las piernas, parecíamos un grupo de retrasados o peor. Calle de tiendas; un barullo que te cagas de gente y una tienda de ropa en la que unas chicas disfrazadas de conejo con gafas de sol, probablemente para esconder algo turbio, la liaban a la entrada.
Dentro, cortaban el pelo a unas en medio con un cerco de gente mirando, por supuesto los peinados eran una locura... Museo Ludwig, una muestra de arte contemporáneo mucho mejor que el de Düsseldor. También descubrimos que Mondrian no es sólo cuadraditos. Por la noche, antes de llegar a la calle, vimos muchas tiendas de juguetes sexuales (por fuera, que estaban cerradas, jaja) Y es que aquí se encuentra el prostíbulo más grande del mundo, que se dice poco. Ya en la calle de bares, aunque serían las 9, la gente ya iba bastante tajada.
Probamos la cerveza de Clonia, la Kölsch. Muy suave, demasiado, entra como si nada. Tras echar unos bailes con germanos y hablar de chorradas (Bien! Parece que me defiendo con el alemán), nos volvimos a casa.
Tras estar unos días en Düseeldorf, nos fuimos a Berlín, donde teníamos albergue (en habitación de 50 camas) reservado. Como el tren era carísimo, alquilamos un coche. Unas 6 horas de viaje tranquilo. Una gozada de autopista y gente como balas, y es que no hay límite de velocidad o eso tengo entendido.
Berlín tiene todo lo que le puedo pedir a una ciudad y más. Calles amplias sin polución, arquitectura alucinante, muchísima actividad cultural, puestos de comida por todos lados por lo que se puede comer barato, muchas zonas verdes asombrosamente grandes y carril bici en todas las calles.
Nuestra curiosidad nos hizo pasarnos los días caminando sin parar, no hay nada que me guste más que andar por lugares en los que nunca he estado. Además caminando llegas a cualquier sitio y si te cansas, ahí tienes el metro que llega con puntualidad alemana. Por cierto, nunca vi un revisor.
Para resumir y no ser pesada diré las cosas más destacables para visitar y luego mis opinioncillas. La famosa puerta de Brandenburgo en donde nos hicimos la típica foto “guiri”; el Memorial Holocaust, el Parlamento (Reichstag). Me llamó la atención la Iglesia Memorial, es una iglesia que fue destruida en gran parte durante la Segunda Guerra Mundial y que la han reconstruido (una parte) en un estilo muy moderno y el contraste queda perfecto.
Aquí los arquitectos deben disfrutar, pues parece que hay camcha abierta para hacer casi cualquier cosa. Y los artistas urbanos también; se respetan los graffitis de calidad, dejándolos en las paredes y no borrándolos como si se tratara de actos bandálicos. Ah, y no olvidemos el muro, la gigante torre de televisión y el reloj mundial (ver en la foto, un curioso diseño que permite dar la hora de cualquier lado).
La oferta en cuanto a museos es increíble. Nosotras pillamos uno temporal sobre Dalí y pude ver obras que no sabía que existían como unas ilustraciones de Alicia en el País de las Maravillas o un trabajo que hizo para Playboy. Y las compras... Libros de todo tipo bien baratos, ropa a montones, sobre todo en el barrio turco (que por cierto, una señora turca me guió hasta ahí agarrada a mi brazo y hablándome de su familia y su vida en alemán con acento turco, muy simpática).
Fuimos a una calle que estaba llena de tiendas de ropa de diseño, un escáparate para los jóvenes diseñadores y es que hablamos de una ciudad que despierta tu lado artístico. Ese que apagas a la vez que enciendes la televisión entre la apatía que produce el estress de la rutina (triste, pero cierto) Y nos fuimos de fiesta. Unos días al White Trash.
Un cusioso bar grandecito con actuaciones en directo y gente pintoresca. Aprovechamos para probar la Berliner Pilsner de la cual podría beberme una piscina tranquilamente... q rica... ceerveeeezaa... Otro día al bar Zapata. La dinámica fue curiosa. Primero la gente está en mesas bebiendo sus jarras, charlando, escuchando la música bastante decente que ponen... De vez en cuando alguno se nos acercaba ante nuestros irresistibles encantos, jeje. Pero llega un momento en el que la gente se taja, las mesas y sillas quedan relegadas a un segundo plano y todo el mundo baila con todo el mundo. De repente me veía bailando rodeada de brasileños.
Hay gente que salía sola, pero eso no es problema, en seguida se integran en el barullo. Mi percepción del tiempo se desfiguró y acabé más bien tarde y con la cabeza en Neptuno, por lo menos, pero fue divertido. Me gustaría pasar una temporada aquí, es una ciudad en la que cualquiera se puede integrar y al volverme a España se me quedó una mosca al rededor de la oreja que me dice que tengo que volver no como turista, sino como una más, de esta GRAN ciudad.
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