Por nuestro corresponsal en India, Johny Caso
Disfrutando de la Indian Railways llegue a Agra, solar del famoso mausoleo conocido como Taj Mahal. Tras pillar un rickshaw (osea un pobre hombre en triciclo que hace de taxista), me acomodé en una guesthouse (habitación doble, baño puta madre, hot water 24 hours por 5 euros), desde cuyo roof-top restaurant se divisaba la tremenda fábrica.
Tras disfrutar del ambiente y departir amigablemente con los colegas de destino (hippies, travelers y algún que otro niñato en su gap year), me dispuse a madrugar de lo lindo para tener fotos de la ocasión.
Levantarse a las 5,30 para estar de los primeros a la entrada (6 am), solo puede significar una cosa: que ese día el Sol no va a salir como debiera, que me voy a quedar tieso hasta las 7,30 esperando que la mole que tengo delante se ponga naranjita (que no se pone, claro), y que al final lo mando todo al carajo (el proyecto fotográfico) y me acerco al evento.
La cosa es bastante más impresionante de lo que parece en foto. No solo todo el edificio es de mármol blanco, además de la plataforma sobre la que se asienta, sino que todas las decoraciones, versículos del Corán, ... están engarzadas de forma magistral (no pintadas) sobre el mismo mármol. No se puede meter ni la uña entre los distintos materiales. Por supuesto estamos hablando de jaspe, onix, alguna piedra preciosa según el color deseado...
El rojo se consigue con coral (rojo?). Hay cientos de kilos de coral rojo finamente trabajado por toda la superficie del Taj. La historieta es de todos conocida. Shan Jahan, el mismo de la mezquita de Delhi, se quedó con el pelo blanco en una noche cuando su segunda esposa palmó. Aquel mismo año comenzó la construcción de su mausoleo. Contrató a más de 20.000 currantes durante al menos 25 años para el tema.
Contrató a los mejores artistas de Europa y todo el mundo conocido (hablamos del siglo XVII). El mármol se lo agenció en Rajastan, a tiro de piedra vamos (unos 2.000 km). Valorar el coste es sencillamente imposible. El estado mo(n)gol heredado de su padre el gran Akbar se tambaleó, por lo que su hijo no tuvo mas remedio que deponerlo recién terminada la obra y encarcelarlo de por vida en el fuerte de Agra, a tan solo 2 km del Taj. Allí pudo Shan observar a diario el Taj durante los 8 años que continuó con vida.
Para los seguidores de la prensa rosa, comentar que la señora (Mumtaz) Mahal, no era una jovencita en lo mejor de su vida, diestra en el Kama Sutra ni mucho menos, sino una venerable matrona que finó sus días en su decimocuarto parto (sí, 14). Nadie sabe que fue de las docenas de esposas y las más de cien concubinas (incontables vástagos, todos legales eso sí), que tenía Shan. Parece que nunca hubiesen existido.
Al final como deferencia, Jahan fue enterrado junto a Mumtaz bajo la enorme cúpula del Taj... El mausoleo, muy cerrado con arabescos muy trabajados en el mármol, deja pasar poco aire fresco, y huele ciertamente a pies... |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|