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Laponia Noruega | Suecia  

Paseo por NoruegaA (II) Svartissenn

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Laponia, Noruega Suecia

Interior de un Ferry Noruego

rv17 | 0 comentarios.

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maraton
05/06/2008


PASEO POR NORUEGA 2005 ( II )  
GLACIAR SVARTISSEN, ALSTEN Y TORGHATTEN / OSTERSUND Y CATARATAS DE TANNFORSEN (SUECIA)
 

(11 de Junio de 2005) En Svolvaer (Lofoten) embarcamos en el Ferry que nos trasladó desde las islas al Continente y que nos dejó en Skutyik, nos costó 591 KN. Fue una preciosa travesía de unas dos horas. Ya entrando en el Fiordo de Sagfjorden en ocasiones, el Buque tiene que maniobrar para adentrarse en estos estrechos brazos de mar, así la proximidad a tierra pone al descubierto  las aisladas pequeñas granjas o casitas de pescadores con sus embarcaderos y permite hacerte una idea de lo dura que debe de ser la vida en los inacabables inviernos de estas latitudes.   Decidimos quedarnos a dormir en un Camping en las cercanías de Hamaroy situado al lado de un aserradero movido por la corriente del río. El camping a pesar de estar cerrado por fuera de temporada, tenia las puertas abiertas y había varias caravanas y AC instaladas y nosotros hicimos lo propio. Al rato, un Noruego que dijo actuar en nombre del Propietario se acercó desde su Caravana y nos cobró un precio bastante alto (unos 20 E), teniendo en cuenta que no había agua caliente ni servicios, no quise discutir el precio pero resulto evidente que sí lo hizo un Italiano que aparcó a nuestro lado.

Preferí olvidarme del asunto. El aserradero (fuera de uso) estaba limpio y en perfectas condiciones de mantenimiento con las diversas sierras circulares de distinto calibre cuidadosamente alineadas en una estantería. Unas espectaculares montañas con los picos nevados que encuadraban el fondo del Camping nos introducían en el tipo de paisaje que a partir de aquí encontraríamos a cada recodo de la carretera. El río bajaba con un fuerte caudal lo que daba cuenta de que las lluvias pasadas habían sido generales.  

Pronto nos adentramos en la vía principal de Noruega, la E6 hasta Fauske, Tiene un tráfico intermitente, pero los camiones son temibles... jamás alteran su trayectoria y en más de una ocasión tuvimos que refugiarnos en el arcén. Y en Noruega no es como en Suecia y Finlandia que los arcenes se usan y están acondicionados para facilitar los adelantamientos, aquí son bastante defectuosos.   En cualquier caso, los sobresaltos se ven compensados por la maravillosa vista de las cascadas y conjuntos rocosos que continuamente van apareciendo. 

Antes de llegar a Bodo nos desviamos para alcanzar la carretera “Catalogada Turística” por las Autoridades Noruegas la famosa Rv17 entre Storwik y Stokkvagen. Si hasta aquí ha sido un continuo admirar atrayentes fenómenos naturales... a partir de  Storwik es ya una borrachera de belleza.   Voy a centrarme en una de estas maravillas para no cansarles. Después de unos inacabables túneles, nos detuvimos al atardecer, en un pequeño Parking casi completo con Autocaravanas, y gracias a los carteles fijados en los cristales de una diminuta Oficina de Turismo allí instalada y ya cerrada, descubrimos que estábamos encima y en las cercanías de una pequeña población llamada Holland y también informaba del horario de salida de un trasbordador para pasajeros. Pensé averiguar mas tarde el destino de este barco.  

De pronto nos llamó la atención unos reflejos al fondo en la lejanía y en unas montañas en las que al llegar no habíamos reparado, tal vez pensamos que eran unos picos nevados como otros tantos aquí. Pero es que ahora, al bajar el sol y aclararse el ambiente estaban adquiriendo unos brillantes tonos entre azul-verdoso y blanco parecidos a... ¿Pero podría ser realmente hielo?... Nerviosos buscamos los prismáticos y como dos chiquillos nos los quitábamos de las manos el uno al otro... si señores... ¡veíamos por vez primera una montaña de hielo!  Fue una emoción sólo comparable, imagino, a descubrir el mar por  gente de tierra adentro... 

Qué buena idea ha sido para mí, ponerme a escribir estos relatos pasados tres años. Esforzándome a recordar y revivir el detalle de aquellas emociones, que pasado este tiempo, reposadas en la memoria, se ven ahora enriquecidas con los contrastes aportados por nuestros otros viajes.   Sentados en unas mesas de Picnic del Parking bellamente adornadas con flores, pero con nuestra mirada fija al frente, nos olvidamos de cenar, mientras la inacabable puesta de sol sé alargada en el tiempo...  y entonces... descubrimos otros dos glaciares! Uno a cada lado del principal... bueno, esto ya era demasiado. En realidad todos ellos forman parte de uno solo, del que nosotros veíamos varios pedazos.  

Efectivamente estábamos ante el Glaciar Svartissen, una de cuyas lenguas acabábamos de atravesar por los citados túneles de varios tramos, el mayor de los cuales era de más de 7 kilómetros. En media penumbra decidí aventurarme a bajar andando los 2 o 3 kilómetros que nos separaban del embarcadero de Holland. Llegué a tiempo para fotografiar la última llegada del pequeño pero potente trasbordador. Con gozo me enteré que su destino era el pié del Glaciar, si bien distante unos 30 minutos de paseo hasta el hielo, allí encontraríamos un pequeño Hotel en el punto en que las aguas del deshielo del Glaciar, después de depositarse en un precioso lago, se incorporaban definitivamente en el mar.  

Todo esto lo comprobamos a la mañana siguiente y emocionados nos fuimos acercando al coloso. A unos 20 metros y a pesar de que unas cuerdas advertían del peligro de acercarse más allá (no olvidemos que esta gran masa de hielo está en imperceptible movimiento) los escasos visitantes invariablemente  se adentraban y escalaban  estos resbaladizos témpanos, sin calzado apropiado ni otras medidas de seguridad. Nosotros escalamos por el lateral de tierra hasta alcanzar una altura en que con facilidad podías pisar el hielo un par de metros, sólo para quitarnos el gusanillo.  

Aquí no tuvimos sobresalto alguno, pero en uno que visitamos unos días mas tarde, el Briksdal, en el momento de encontrarme sobre el hielo para tomar una fotografía el monstruo despertó y un escalofriante y hondo “rugir” surgió de sus entrañas al desplazarse y entrechocar las masas de hielo y me llegó a los pies y al oído... de un enorme salto, para mis escasas fuerzas, recuperé tierra firme y otro tanto hicieron despavoridos los otros visitantes, cuya distancia a tierra se lo permitió.   Recordé la sensación de un ligero terremoto que experimenté en Costa Rica, pero allí solo fue el movimiento de la tierra sin acompañamiento sonoro, y aquí ocurrió al revés... el ronco estruendo fue muy superior al escasamente perceptible movimiento del hielo.    

Imaginan encontrarse en la base de una masa de hielo de 1.200 metros de altura, que amenaza con echársete encima... se te hiela la sangre, y nunca mejor dicho!   Se sorprenderán ustedes de que no hubiésemos previsto visitar el imponente glaciar de Svartissen, no es así, lo que ocurre es que pensábamos hacerlo desde el Sur acercándonos desde la población de Svartisdalen, el acceso desde Holland no lo habíamos visto en ninguna parte, incluso Holland no venía en nuestros mapas. Por esto nuestra sorpresa en el Parking.  

Voy a seguir con el relato. No voy a detallarles los muchos trayectos de corta duración en Ferry a los que estas obligado en esta ruta (casi todos de unos 20 minutos) sólo les mencionaré uno más largo (1 hora), el que se toma en Jektvik y acaba en Kilboghamn, justo al desembarcar te encuentras un poste estilo oeste americano en el que te informan que por allí pasa el círculo polar ártico y no es totalmente cierto, puesto que en realidad éste punto lo cruzamos durante la navegación. El del camino ascendente lo atravesamos en Napapiri (Finlandia) cerca de Rovaniemi donde han montado un centro Comercial para los Turistas. A pesar de la pequeña inexactitud, prefiero éste Noruego que dá la sensación de más auténtico con un simple poste que con buena voluntad se podría atribuir a unos expedicionarios científicos sin la fanfarria de Papás Noëles y Tiendas de Souvenirs... de todos modos confieso que no pude sustraerme a la característica foto de Napapiri con la raya blanca...  

Seguimos por la 17 hasta cerca de Hellesvika después de navegar en otro Ferry entre Nesma y Levang y según consta en las anotaciones de mi Esposa, también atravesamos un larguísimo puente de peaje. Se trata del Helgeland Bro y cruza el Leirfjord (cuando su terminación en 1991 era el tercer puente colgante más largo del mundo con 425 metros en suspensión de los 1.065 en total) Aquí una bella Noruega nos obsequió sin ningún recato y ayudada por el viento con una espléndida vista de sus posaderas cuando se agachaba para atender a un animalito que llevaba en una gran jaula... si, esto me preguntaba yo, que hacía una muchacha en medio del puente y con una jaula...  

En la isla de Alsten, primero nos detuvimos en un Camping, pero mientras estaba en la Recepción un enorme estruendo hizo temblar la pequeña casita de madera, resultaba que estábamos en la cabecera de una pista de aterrizaje, salí disparado a pesar de que el hombre intentaba retenerme asegurándome que solo aterrizaban unos pocos aviones al día. Así nos vimos en éste segundo Camping, éramos los únicos residentes en un gran campo de cuidadísima hierba, al fondo entre una hilera de árboles una inmaculada casa blanca y una granja roja de madera, al rato se acercó a cobrarnos un hombre desde otra granja que estaba situada en la cima de un montículo cercano rodeado de vacas y que resultó ser el Propietario del Camping.  

Muy amablemente nos contó que había sido marinero y había recorrido “mucho” mundo según su expresión, también nos informó que la casa blanca había sido la morada de un Obispo muy querido y respetado en aquélla zona y actualmente era un Museo.  

A la mañana siguiente, mientras mi señora seguía durmiendo, salí en busca de unas montañas cuya vista, en diversos mapas venían recomendadas, aproximadamente a un kilómetro aparecieron en toda su grandiosidad las “siete hermanas” siete picos sucesivos en unas montañas aisladas al norte del camping y que parece que su mejor aspecto es la vista desde el este navegando por el fiordo (especialmente cuando están cubiertas de nieve).  

Seguimos hasta el extremo sur de la isla y después de echar un vistazo a una pequeña Iglesia que tenía la rara particularidad de estar construida en piedra, nos detuvimos en un inmenso cementerio que nos llamó la atención, dada la poca población de la isla de Alsten.  

Se trata en realidad de dos cementerios uno al lado del otro, en el primero hay enterrados prisioneros rusos muertos en campos alemanes de Noruega. En el otro están las víctimas del hundimiento del Carguero Noruego “Rigel” 3.828 T (en la Segunda Guerra Mundial en manos Alemanas) Se dirigía desde Noruega a Alemania y lo hundió la aviación aliada procedente del Portaviones Británico “HMS Implacable” el 27 de Noviembre de 1944, Iba cargado con 2.248 prisioneros de guerra rusos, además de algunos alemanes, servios, checos y noruegos.

Fallecieron 1.833 y he comprobado en los anales marítimos que es la vigésima peor tragedia en el mar. Cuantos errores y desgracias provocan las guerras... mi esposa se sintió muy emocionada mientras comentábamos alguna de aquéllas lápidas vista la juventud de aquellos muchachos que encontraron la muerte y reposo en aquél desolado e inhóspito paisaje, tan lejos de sus hogares rusos.   No recordamos bien el motivo por el que decidimos no tomar los siguientes  Ferry de la 17 y regresar abandonando por un trecho esta ruta, el caso es que nos dirigimos de nuevo por el puente a Mosjoen y retomar la E6. En Vasself nos desviamos por la 76 y nos encontramos en una de las peores carreteras que hemos sufrido en este viaje, pasamos una zona granítica espeluznante por estrecha y con curvas continuas y además con varios claustrofóbicos túneles... en uno de más de 7 kilómetros, después de cruzarnos con apuros con un par de camiones que por lo estrecho y bajo de techo, tenían que circular por el centro del túnel, vimos que se acercaba una multitud de luces parpadeantes y nos temimos que nos hubiésemos metido en un túnel en obras y que nuevas dificultades se avecinaran... y así fue, en realidad era un enorme camión de una cantera y que al llegar a nuestra altura, tuvo que bajarse el ayudante del chofer para palmo a palmo y prácticamente rozándonos conseguir pasar. 

Finalmente retomamos la 17, pero sólo por un pequeño trecho ya que seguimos por la 76 con dirección a la montaña Torghatten en Bronnoy, el motivo de nuestro desvío. Allí después de una pequeña ascensión nos encontramos con un fenómeno extraordinario de la naturaleza. En el mismo centro de esta montaña de 258 metros de altura hay un enorme agujero natural a modo de ventana que la atraviesa. Tiene esta colosal abertura 260 metros de largo con un ancho de 35 m. y una altura de 20 m. Se ha acondicionado una senda para ascender hasta él que continúa en su interior con puentes y escaleras de madera para salvar algunos desniveles y desprendimientos de la bóveda.

Al llegar al extremo sobre el mar, hay abajo en un descenso de unos 170 metros una granja y más allá unas islas e islotes que en gran cantidad están desperdigados al alcance de la vista en un escenario inesperado y  espectacular.   Este agujero, dicen que tiene forma de sombrero y como todo aquí se lo achacan a los Trolls. Dice la leyenda que Hestmannen el Troll “malo” perseguía a la bella Troll Lekamoya y la lanzó una flecha, viéndolo el Rey Troll Somna tiró su sombrero para interceptarla con tan mala fortuna que el sombrero perforó la montaña. No se aclara que pasó con la flecha...

Lo que si es cierto es que parece que ésta curiosa montaña tiene mala suerte... un avión comercial se estrelló en 1988 en ella y perecieron sus 36 ocupantes.  

Verán, habíamos pactado encontrarnos en el Aeropuerto de Trondheim con un matrimonio amigo que llegarían en avión y desde allí nos acompañarían en el resto del viaje. Como que, a causa del mal tiempo y el frío, habíamos llegado a ésta latitud antes de tiempo, decidimos adentrarnos en Suecia por la E14 y visitar la zona de Are y Ostersund.  

Así el día del solsticio de verano nos encontrábamos en Ostersund y celebraban en un gran prado, una gran fiesta a la que después de abonar la entrada nos incorporamos. El tiempo era soleado y la temperatura placentera, en una tarima una orquestina y un cantante de música folclórica de la región nos animó durante un rato el paseo, pero pronto guardaron los “trastos” y se marcharon... como es habitual aquí, no se vendían bebidas alcohólicas en el recinto y el ambiente era tranquilo y familiar, tal vez excesivamente serio para una celebración festiva.  

Algunos habitantes de la ciudad se habían engalanado con trajes típicos y todo consistía en pasear por entre los árboles, tirar pelotas en una caseta y comer en el Restaurante o dar cuenta del picnic que llevaban casi todos preparado. Aparte de esto, la principal atracción consistía en aguardar en fila para que los niños por turno pudieran tocar algunos animales... vacas, ovejas y cabras de un cercado. Realmente y con todo el respeto por sus costumbres... un verdadero tostón.  

En la Oficina de Turismo de Ostersund, dónde nos informaron de ésta Fiesta, también nos recomendaron que visitáramos una gran cascada cercana a Jarpen y como nos la encontraríamos en el camino de regreso, lo dejamos para entonces. Desgraciadamente el Teleférico de Are estaba en fase de reparación y ello no nos permitió subir a ésta renombrada estación de Esquí y contemplar el bello contorno desde las alturas.   Después de descansar un par de días y aprovecharlo para pasar unas horas en un centro termal de Ostersund dimos una vuelta por los alrededores y visitamos unas capillas recomendadas por las guías y que resultaron estar emplazadas en cuidados campos de hierba y conjuntos florales. En una de ellas estaba cercana la hora del oficio religioso y en una mesa situada a la entrada habían dispuesto un modesto refrigerio con manzanas, pan y vasitos con jarabe de frutas. Nos pareció un detalle encantador.  

Finalmente decidimos regresar a Noruega, pero por la 336, carretera que a su inicio y por un desvío llegamos a la gran catarata de Tannforsen que es una de las mayores de Suecia con una caída de 38 metros y que unidos a los 60 metros de ancho, deslizan en verano, un impresionante caudal de unos 400 metros cúbicos por segundo. Aparte de estas cifras en sí alucinantes, la belleza del lugar es fascinante. Se llega desde el parking a través del bosque y poco a poco el rumor del agua se hace ensordecedor.

Un zigzagueante sendero desciende por un lado de la catarata y contemplarla desde abajo es realmente atemorizante al tiempo que el arco iris le da un halo de belleza sobrenatural... la catarata descarga sobre un lago y en unos pocos metros aquéllas violentas aguas se convierten en superficies acuáticas apacibles y tranquilas ideales para deportes náuticos.  

Retornamos a la 336 que se ha convertido en una solitaria carretera cuajada de bellos rincones si bien, no tan espectaculares como en Noruega al faltarles el fondo montañoso. Los últimos 30 Km antes de la frontera, la carretera pierde su asfalto y el paso de Suecia a Noruega es imperceptible sin control de ninguna clase. Ideal para los Noruegos que se desplazan a Suecia para comprar bebidas alcohólicas, ya que Suecia tiene los impuestos en estas bebidas algo mas bajos.   Ya en Noruega la carretera recupera el asfalto y vuelven los espectaculares paisajes panorámicos.  

En Levanger descansamos unos días en un  Camping propiedad de una amable familia. Sin embargo, de nuevo la lluvia nos confinó en aquél barrizal durante dos días. La Dueña nos aseguró que aquél año tan lluvioso era totalmente anormal y que de otro modo ya se habrían reunido en  España con sus padres que viven retirados en Alicante.  Sin querer ofenderla, pienso que no sería tan mala idea.  

Andando y a corta distancia del Camping, había una torre de observación de las aves del lago que por aquellas fechas cumplía los 25 años de su inauguración e iban a celebrarlo con una fiesta. Desde ella, conseguí avistar a unos cisnes negros preciosos además de multitud de otras pequeñas aves. También encaminado por la Dueña del Camping y esta vez en bicicleta me aventuré en dos excursiones, una por los montes cercanos con bellas vistas a las solitarias granjas y otra por la orilla del lago, para ésta conseguí arrancar la compañía de mi esposa. Disfrutamos de un delicioso paseo si bien y no entiendo la razón, nuestra presencia parecía no ser del agrado de las gentes del lugar, que pasaban con sus coches por nuestro lado en aquellos caminos de tierra, a unas velocidades peligrosas para nuestra integridad... además la Dueña del Camping nos había advertido que al término del camino y cuando se convierte en senda peatonal... que no siguiéramos... le pregunté si es que había peligro de encontrarnos con algún Troll y una enigmática sonrisa se dibujó en su rostro...                        
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Ultimos comentarios:

FREEMIND dijo:

Sin duda el escribir después de un tiempo de nuestras aventuras nos hace volver a vivir el viaje, y a asimilar cosas que en el momento quizá no le dimos importancia y luego te das cuenta de lo buenas que son. Felicidades por tu diario, las fotos muy guapas. Un abrazo,.

sábado, 7 de junio de 2008, a las 16.30

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