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19diablito72
30/05/2008


Vaya , no es lo mismo volver a volar después de 25 años o quizás más. He quebrado mi record de permanencia en el aire y la experiencia resulta especial. Asombrosa porque sentí la emoción que recuerdo al despedir a mis tíos que se iban de viaje –exiliados- hacia Europa. 

Esta vez yo estuve en el lugar del viajero, que fue el comienzo de una sensación de adrenalina.   Ya en el avión he empezado a sumir las vacaciones que por tanto tiempo había planificado. Ya era hora de saludar a las aeromozas, llamar por celular a mi familia un domingo por la mañana, llamada que nadie contestó.  

Lo complicado es el ascenso del avión , ya que de repente enciende toda su potencia y nos envuelve con su velocidad para llevarnos al cielo. El cielo, maravilloso cielo. Pensaba en todas aquellas generaciones que no pidieron contemplar nuestra angosta faja de tierra desde lo alto o el inmenso mar que no separa del más allá asiático.   Día hermoso en Iquique, caluroso, que simboliza el escape del  cada vez más clima otoñal de abril de Santiago. Ya vamos para Arica, en pocos minutos más llegaremos. Ahí quizás estiremos piernas y debamos comparecer ante la aduana peruana.  

Hermoso y cercano mar es el que contemplé al arribar a Chacalluta. Llevamos los documentos de inmigración aunque recelosos por la pregunta de cuántos dólares traíamos para gastar. Abandonamos la costa chilena en dirección a la sierra peruana viendo desde arriba los caminos serpenteantes que evitamos y del cual ahorramos varias horas de agotador viaje en bus.  

Es hermoso el panorama de Arequipa lleno de casas, un enorme valle aunque es preocupante la gran cantidad de viviendas bordeando el aeropuerto internacional de la ciudad.   Volví tras un año de ausencia para completar la misión autoprometida. Y como fue en la llegada anterior, no pudimos esquivar los altos precios del taxi hacia el centro (s/15) y el hospedaje en el hostal Verona (s/50) , lo cual me hizo reflexionar de “nuevas estrategias” para que no nos cobren más de la cuenta.  

Alojamos la noche del mismo domingo y disfrutamos recorriendo sus numerosos negocios de artesanías (además de farmacias)  y quedamos al “toke para madrugar y llegar al centro del glorioso imperio incaico.   Son las 6:15 del lunes 14 y con dificultad tomamos el camino hacia el terrapuerto, donde conseguimos en s/50 el viaje en clase económica hacia Cusco (buses Flores). El bus de 40 a 50 asientos se llenó de picarescos personajes peruanos: señoras con bolsas plásticas grandes, un señor muy gordo y barbón con una chaqueta blanca y otro con un paquete enorme que demoró como 20 minutos en ajustar en los cobertizos, parejas con sus críos ocupando asientos cercanos y tipos contando sus tragedias a cambio de monedas solidarias. En la segunda estación de recojo de pasajeros en Arequipa el bus estaba repleto, tanto que empezaba a escasear el aire fresco.  Bueno, al menos el calor del fin de la tarde fue bloqueado por las altas montañas que bordean el valle sagrado , en las cercanías de Cusco, con fértiles plantaciones y numerosos árboles , una característica  bastante distinta de una caótica ciudad de Juliaca , sin duda el centro indígena más urbano que he visto, quizás por su población.  

Al arribar a Cusco cansados de 10 horas de viaje, no fallé en estimar que nos estaban esperando vendedores de hostales y habitaciones en la turística ciudad de Cusco. Una joven “conquistó” a mi acompañante y nos llevó a un hotel de dos estrellas en las cercanías del centro de la ciudad y cuto costo por los dos fue de s/30. Era la noche del lunes 14.  

Al amanecer del miércoles 16 comienza la aventura tantas veces oída y que al fin podré presenciar con mis propios ojos. Es hora de actualizar mi bitácora de viaje desde el pueblo de Aguascalientes. Ayer martes habíamos dormido en Cusco y recorrimos sus calles y plazas, en una especie de adelanto de lo que podríamos hacer. Es indiscutible la belleza de las calles del casco antiguo de la ciudad, en especial las magníficas calles angostas y largas que circundan la plaza de armas. Es impresionante la vida turística que se vive allí, la industria del turismo y a la artesanía florecen en la antigua capital del imperio incaico. Recorrí con gusto sus angostas y hermosas calles coloniales esperando en los próximos días dilucidar un pocote la historia de tanta catedral en tan bella ciudad. En medio de una grata caminata a pesar de la altura llegué el terminal Santiago, para allí contratar un bus hacia la ciudad de Santa María. Tras un larga tarde de almuerzo y paseo por la ciudad cusqueña , el viaje demostró dio mucho que desear.

De partida el bus prometido no era tal y en vez de una línea “Señor de Huanta” nos llevó un anticuado bus llamado “Valle de Los Incas” que da julepe verlos por sus enormes neumáticos. Además había mucha gente con bultos enormes que no hacía dudar de la capacidad de llevarnos a buen destino. La Paty estaba molesta porque ni siquiera teníamos la seguridad de nuestros equipajes, por lo que exigió la devolución de la plata y la señora a cargo del negocio hizo una promesa de garantizarnos la integridad de nuestras mochilas. La inquietud era explicable, ya que momentos después uno de los encargados de acopiar pasajeros no pudo mantener el orden de un escándalo producido por una supuesta apropiación de bultos y que perfectamente pudo haber llegado a las manos.  Tal caos y la llegada de más y más gente al bus demoró la salida de la máquina en más de media hora. Hasta yo mismo empecé a temer por nuestra seguridad y la integridad de nuestro equipaje. Sin embargo, me serené y preferí para la aventura nos llevaría finalmente a Aguascalientes por el camino alternativo.

La noche en ese bus “Valle de Los Incas”  con las curvas del camino y la fauna de pasajeros presentes, me hizo recordar los viajes en bus por la periferia santiaguina pero con mucho calor, vendedores ambulantes y raperos juveniles miembros de alguna barra brava. Estaba irritado y arrepentido de viajar allí, pero lo hecho ya estaba hecho y quedé tan intranquilo cuidando mi mochila chica amarrada a mis brazos. De repente el desértico fondo del paisaje se va tornando verde y smitropical , donde enormes cúmulos de árboles y ramas tapizaban los picos de las montañase circundantes y cuyo tenue resplandor lunar las hacía convertirse en un bello espectáculo nocturno que me hizo olvidar el mal rato. Al pasar por Ollantaytambo, tras serpentear estrechas y peligrosas curvas, ví un pueblo en mitad de la selva. Quedé pasmado por su arquitectura aunque estaba oscuro a eso de las 12 o 1 de la madrugada.  Queda pendiente una visita a esa ciudad y a sus ruinas.   

Continuamos el viaje -que a esta altura ya era soporífero de lo largo- hacia el pueblo de Santa María. El plano de su pequeña estación la había visto por Google Earth. Efectivamente habían allí varios combis estacionados. Comenzaba aquí un inesperado y algo desagradable traslado por las consecuencias que tendría esta aventura intentando-vanamente- evitar la usurera tarifa de la empresa “Peru Rail” para llegara a las ruinas de Macchu Picchu.   

Al bajarnos con dificultad del vetusto bus de “Valle de Los Incas” vimos disponible un “combi” que cobraba 10 soles, cuando lo usual eran 6 o 7. Tras una intentona fracasada con un vehículo en que se fueron tres jóvenes europeos, tuvimos que esperar otro “combi” que ya estaba sobrecargado de manera impresionante de un pesado baúl que ayudé a cargar, con además tres neumáticos y  4 cajas plásticas llenas de cosas!!! .

El chofer de esta liebre, autodenominado “Harty” y quien usaba un pequeño bigote, nos conversó amablemente para finalmente convercernos de ir con él hasta Santa Teresa (en realidad no había alternativa). Lo malo, más bien pésimo es que esperamos yo, Paty, esta familia de locos llenos de cosas, más otros 6 lugareños durante hora y media para poder “completar” el combi con 14 pasajeros. El sueño me venció por momentos y tras la insistencia de los aburridos pasajeros por partir -además de molestos por la alta tarifa de 10 soles por el traslado-, nuestro amigo chofer se dignó a partir para llevarnos por este camino alternativo hacia Machu Picchu. Debo admitir que la belleza salvaje del lugar es impresionante cuando amanece, tomando en cuenta que el camino serpentea las laderas de las montañas.  Tras dos horas de viaje en que el vehículo se repletó con vecinos y escolares de la zona, llegamos a Santa Teresa, pueblo de convencionales casas de  diferentes y vivos colores a un costado del río Urubamba. Tras bajarnos, apareció de inmediato un taxista que en medio del un reducido gentío nos ofreció por 3 soles c/u llegar hasta la Hidroeléctrica.

El flacucho taxista también enganchó a un par de gringos que también iban en el móvil, por lo que nos fuimos cuatro, además del chofer que ponía música ochentera en su auto y un muchacho que no tenía nada que ver con el auto, y que después supimos porqué estaba allí. Claro, había hurgado en nuestras mochilas , desapareciendo mi colonia Ammen, un cargador de pilas, un collar y varios lápices. 

El camino a la Hidro es de tierra y de deficiente calidad, dura como media hora en medio de un espectacular paisaje de altas montañas y un hermoso salto de agua de decenas de metros de alto. Antes de llegar a la estación Hidroeléctrica, un guardia nos pidió el registro de nombre y cedula de identidad. Cuando vio que éramos chilenos me preguntó cúal era mi equipo y yo por supuesto dije que era de la Unión Española. (dale rojo!!!)   Al bajarnos , tanto nosotros como nuestros acompañantes norteamericanos conversamos un momento si era conveniente tomar o no el tren que salía 8 dólares. Yo decidí que camináramos estimulados por un desinformado chofer , que dijo que eran sólo dos horas de caminata, decisión que fue errada porque caminamos más de 3 horas y media bajo un intenso calor. Sin embargo, la belleza del lugar aledaño a la vía férrea es espectacular y alcanzamos a ver mariposas de distintos colores, insectos de gran belleza y arbustos de grandes dimensiones.

Lamentablemente el camino era demasiado largo  y si a eso se le suman las mochilas cargadas a la espalda, el resultado es un tremendo cansancio físico. Los pocos caminantes que se veían a eso de las 7 de la mañana nos sobrepasaban e incluso  el tren de las 8:40 nos adelantó y pasó dos veces sin sus vagones. Realmente fue aplastante el cansancio. Mi acompañamte estaba mañosa y decidió buscar rápidamente un hostal donde alojarnos. Tuvimos que caminar más y nos topamos con un hostal (Ollantay) cerca de la Plaza de Armas, cobraban s/60 en un principio pero la Paty logró bajarla a s/40. hay que reconocer que la cama era bastante buena y el baño igual.  

Tuve que aceptar la realidad y pagar el tren hacia Ollantaytambo  (US$31) y comprar el ticket el ticket del bus de 6 dólares para llegar a Machu Picchu. Para salir no trasquilado de Aguascalientes hay que regatear para los “barrios más altos” del pueblo donde vive la comunidad peruana local.

Tras dormir gratamente este jueves 17 fue el gran día, el día por mucho tiempo en mis expectativas , tiempo que soñé con llegara  esta sagrada y mítica ciudad perdida en medio de la selva.   Es tiempo para rebobinar lo visto en ese lugar, sin duda destaco que a las 8 AM (9 AM de Chile) estaba en la cumbre del Wayna Picchu muy cansado pero conmocionado viendo el cielo, sintiéndome cerca de los dioses y escuchando “La Poderosa Muerte” de Los Jaivas. Fue una caminata increíble de 7 horas , donde tanto yo como la  Paty  quedamos “hecho tiras” al decidir volver a pie desde lo alto del cerro hacia Aguascalientes. Apenas tuvimos fuerzas para contemplar esta ciudad, un espectáculo maravilloso para arquitectos y arqueólogos .

Lástima que el 75% de los turistas eran gringos  chinos, japoneses, franceses , europeos,  escaseando el turista latinoamericano y en especial el turista nacional del Perú. Es triste ello  porque refuerza esta imagen de “maravilla del mundo” se haya marketeado  de tal manera que se ha vuelto un lugar caro y muy extranjerizado. Bueno, llegan las 21,20 y emprendemos viaje desde Aguascalientes hacia Ollantaytambo.

Al parecer el pasaje “económico” de 31 dólares se notó por lo oscuro del paisaje y la escasa presencia de pasajeros en un solo vagón donde estábamos nosotros y grupo de franceses. El viaje duró poco más de una hora y al bajar a nuestro destino ví con preocupación la casi nula presencia de personas en la estación de trenes de Ollantaytambo.

El frío era evidente incluso visible en medio de la oscuridad y se incustaba en medio de mi short. Apenas divisamos hostal u hospedría tocamos la puerta , esto a pesar de la devastadora soledad que se sentía en el Ollantaytambo anochecido. Tuvimos suerte y una niña indígena me abrió la puerta , se trataba del hostal “Pumamarka” en el cual nos fuimos a dormir de inmediato en una pieza de madera en un segundo piso con bonitos y con cómodas camas de bonitas sábanas y chales artesanales. Dormí con placer por el sueño acumulado.

Al día siguiente, el 18 de abril, empezó nuestra visita al lugar donde más de huele y percibe el mundo incaico hasta nuestros días. Las calles tienen la estructura parecida  a Cusco pero no hay luminarias el tiempo está detenido en sus angostas calles y canales que son sólo para peatones. Su plaza si bien es pequeña, es indiscutiblemente el lugar de reunión social del pueblo, donde podemos ver indígenas esperando los buses desde Cusco para ofrecer peras y otras frutas  a los viajeros, gringos dándose vueltas por el lugar, policías de tránsito y seguridad, mucho niño jugando ala pelota, vendedores de llamadas de telefonía celular, artesanos, etc. Si Bien habían locales para extranjeros-léase extranjeros sajones que hablan inglés o francés-  el publo continúa con su marca original y sus construcciones siguen respetando el patrón colonial arquitectónico, lo que la hace muy atractiva y agradable de contemplar.

Ollantaytambo representa el centro de operaciones de la visita a otros lugares turísticos del valle del Vilcanota, partiendo por las portentosas ruinas de Ollantaytambo ubicadas en forma aledaña al pueblo hasta una visita a la ciudad de Urubamba o a otros pueblos del valle sagrado. Debo confesar que en Ollantaytambo fue mucho más cómodo que la ultraturística ciudad de Aguascalientes. Fueron tres días muy agradables que fueron agregando conocimientos sobre la portentosa arquitectura inca, en especial cómo distribuían la valiosa aguapara sus cultivos en sus numerosos terrazas instaladas en los cerros. Al tercer día nos cambiamos al hostal Kusycoyllor, que si bien era barato (s/20 una habitación sin ventana ) el agua caliente no fue considerada en la tarifa y la “gerenta” del lugar no fue del agrado de nosotros por su forma de hablar apatronada. Afortunadamente no tuvimos problemas con ella y pudimos disfrutar nuestro último día en Ollantaytambo con un rico y barato “menú” o almuerzo, que incluso me hizo recordar con nostalgia los caldos de mi madre cuando era pequeño.

Al abandonar Ollantaytambo nos fuimos por el circuito de un rápido taxi –diría bastante eficiente en velocidad- contemplamos la majestuosidad de las montañas que protegen el valle del Vilcanota y pueblos que se encuentran allí como Maras, Chinchero y Moray que no alcanzamos a visitar por razones logísticas. A la hora y media finalmente arribamos a la plaza de Santa Clara, decididos esta vez a hacer una profunda revisión de los lugares atractivos del Cusco. 

De vuelta en Cusco, tuvimos tres días para contemplar el circuito turístico de la ex sede incaica. Visitamos el Coricancha, un grupo de baile andino , revisamos el museo de Santa Catalina y estuvimos en las ruinas de Pisac, Tambomachay, Pukapukara y Sacsaywaman.

Entre Pisac y Sacsaywaman hay un camino en el sur de Cusco, lugar- según los antecedentes que leí de un texto comprado cerca del puente Grau de Arequipa- escenario de batallas y acciones que fueron fundamentales en el crecimiento y afianzamiento del poder inca en la región.  

Primeramente llegamos en bus (2/s) a Pisac tras 30 minutos de viaje en medio de bellos parajes agrícolas rodeados de altos cerros. Sin embargo, el espectáculo es mayúsculo al contemplar bajando desde un cerro el valle donde se encuentra Pisac , pueblo también de gran tradición turística.   Si Cusco es una ciudad turística, Pisac es una versión más cautivante porque las huellas de la civilización inca está en sus escarpados cerros y en todas partes, en sus casa , en su gente, en su comercio. Las calles son estrechas, las casas tienen su perfil colonial intacto y tiene un mercado artesanal de los más grandes que he visto en la región. Da para un largo recorrido. Sin embargo estábamos allí para conocer las ruinas de la antigua ciudad y tal como lo fue Machu Picchu, también se trató de un esfuerzo bastante fuerte porque desde los más de 3 mil metros de altura del pueblo hay que subir además varias centenas de metros para encontrar los restos incaicos de Pisac.   Al igual que en Machu Picchu, para llegar a Pisac se deben sortear muchos escalones, y uno cree que cuando apenas llega uno a la cima del primer cerro ve terrazas y listo. Sin embargo, uno ve flechas que van hacia una ladera vecina y lo seguimos. De repente encontramos restos de puertas o pasadizos, lo que me motivó a seguir explorando con renovados bríos a pesar del cansancio y el calor. Bueno, se supone que hacía calor, pero sorpresivamente aparecieron nubes en el cielo y comenzó a llover con un aire frio andino que caló en mi cuerpo pues apenas estaba con un short, una polera y un delgado chaleco . De repente aparece en nuestro camino una señora peruana de Ayacucho con dos niñas, una pareja de londinenses. Todos juntos subimos y subimos escaleras y nos refugiamos en un tambo tratando de evitar la lluvia con frío. Estaba quizás por casualidad o esperaba servir de guía, un joven nos avisa que hay muchas ruinas por contemplar. Bueno, era estimulante pero el frío viento y los chubascos me empujaban volver lo antes posible al pueblo. No cabía otra alternativa, había que seguir. 

Sin duda los incas tenían un inteligente concepto estratégico al controlar el valle sagrado construyendo fuertes y pequeñas fortalezas en la altura para dominar la zona.  A medida que nos desplazábamos por las alturas de las colinas de Pisac aparecían más y más ruinas. Llegué a contabilizar cuatro cuidadelas unidas por caminos. Una de ellas tenía un espectacular sistema de riego que servía para las innumerables terrazas que uno puede contemplar en los cerros que rodean Pisac. Además Pisac es una zona donde probablemente está lleno de tumbas familiares, pues lo incas acostumbraban a momificar a sus muertos y dejarles ofrendas en cuevas o lugares de difícil acceso cada cierto tiempo. Valió la pena conocerlo, pero es recomendable estar preparado para subir cerros en altura.   
Tras bajar de regreso a Pisac, regresó el sol y el calor y nos dispusimos a aprovechar nuestro ticket turístico, pasando por Tambomachay, Pukapukara y Sacsaywaman. Esperamos un buen rato el bus y para mi mala suerte éste resultó ser pequeño y lleno de pasajeros, una situación que ya me tenía algo irritado. En fin, con cansancio y mal genio nos bajamos en Tambomachay, un lugar donde predominan las construcciones de piedra con motivos religiosos. El lugar es bonito, lleno de vendedores de artesanías, pero el frío y la premura por volver a Cusco me hizo bajarle la atención, pues mi otro gran objetivo era llegar al gran templo de Sacsaywaman. Continuamos nuestra caminata en las vecinas ruinas de Pukapukara, que está a un costado de la carretera. Las construcciones estaban en lo alto de una colina, un estratégico paso hacia Pisac. Sacamos fotos y seguimos camino a Sacsaywaman,creyendo que el camino iba a ser corto. 

El sol desapareció en medio de las altas colinas y el frío ya me hacía ponerme de mal genio. Más encima, se nos aparecieron una niña y un niño cantándonos a cambio de una propina. El caso del niño - de 5 años o menos quizás- fue extremo puesto que insistentemente durante 10 minutos o su equivalente a un kilómetro de camino en tono nos pidió cantadito "propina; propina; propinaaa". 

A cientos de metros de llegar a Sacsaywaman el camino estaba cubierto de granizo, un espectaculo bello a pesar del frío. Ante tales circunstancias, y viendo que la hora de cierre de los museos era inminente decidimos volver a Cusco prometiendo juntar las mejores fuerzas para arribar a la vecina fortaleza o templo de Sacsaywaman, lugar soñado cuando leí de los incas y ese impresionante templo en una enciclopedia ilustrada cuando tenía 11 años.    

ULTIMA PARTE................ Creo que después de escrito un relato largo como este parece que sería bien en decir que este magnifico templo de Sacsaywaman fue construido hacia 1490 para ceremonias religiosas. Sin embargo, el gran  tamaño de las gigantescas y pesadas piedras que la protegen impresionó tanto a los españoles, que creyeron que se trataba de una fortaleza militar, tomando en cuenta que desde sus alturas se domina todo el valle del Cusco. Hay ruinas por todas partes y al parecer queda mucho que excavar en lugares del templo que ocupa actualmente una colina. También llama la atención que hay guías peruanos que ofrecen servicios de recorrido a caballo por lugares donde hay otras ruinas que no están en el circuito turístico oficial. 

De regreso a Cusco, recorrimos nuevamente el barrio cercano al templo del Coricancha , recinto sagrado de los incas donde estaban los dioses y sus tesoros y la morada del sapainca. Sobre sus ruinas fue establecida la magnífica iglesia de Santo Domingo, cuya entrada sale 10 soles. Además hay otro museo ubicado en el subterráneo de los prados de este recinto, que destaca la rica historia artística cusqueña de los últimos años. Vale la pena visitarlo a pesar de que se ha “ultraturistizado”.

Sin duda a esta altura me siento satisfecho de haber cumplido este largo anhelo de conocer el centro del mundo incaico. Y lo que se viene es intentar ver el lago Titicaca por el lado boliviano, por lo que fuimos a cotizar el tren hacia Puno desde Cusco. El resultado de la consulta a la sede de Perú Rail fue abrumante, el viaje de 10 horas sale 143 dólares por persona o sea entre 65 y 70 mil pesos chilenos!!!.  Es que “nica” nos vamos por un precio tan exagerado. Compramos dos pasajes en bus hacia Puno, que por el hecho de comprarlo con diez horas de anticipación no nos significó beneficio alguno y sólo nos salvó de perder los boletos el hecho de llegar temprano al terrapuerto.

Tras comer una delicioso pollo con papas fritas, decidimos irnos caminando por Cusco recorriendo tranquilamente la ciudad, para después acortar la caminata con un taxi en la Avenida Avelino Cáceres . Recuerdo que ese día Cienciano jugaba su última chance en esta Copa Libertadores y ví muchos cusqueños mirando más cabizbajos y resignados la derrota 1 a 3 ante Nacional en Montevideo. Llegamos casi 2 horas antes de comenzar el viaje (22 horas) y nos dimos cuenta con mucha suerte que Puno estaría con paro cívico por 24 horas y que los últimos viajes de buses partirían a las 9 de la noche. Algo preocupados preguntamos a la encargada del local de venta de pasajes y nos trasladó a un bus que se iba a las 21 horas. Fue una suerte y adelantamos el camino en una noche con luna, pero terriblemente fría. En medio de la carretera había un cartel de un camino hacia una cuidad que me dejó pensando  y pensando………. el tropical Puerto Maldonado.

Tras abandonar el valle sagrado de Cusco se llega a un altiplano plano y extenso. Es impresionante los cambios extremos de temperaturas. Como ya lo conté , en la noche el frío es tremendo y se colaba por las pequeñas rendijas de nuestro bus hasta nuestros huesos no tapados. Todavía no se veían barricadas o cortes de caminos, por lo que pudimos atravesar una dormida Juliaca y de ahí continuar hasta llegar a Puno a las 5 de la mañana. Llegamos con mucho sueño a Puno , esperando la posibilidad de poder tomar un transporte hacia Bolivia, pero todo fue inútil. Finalmente nos fuimos al hostal don Tito, que nos cobró 40 soles la noche. Tras dormir salimos a la calle contemplando la casi total paralización de actividades comerciales en la ciudad, producto de una protesta cívica contra la autoridad y por la grave crisis económica que atraviesa la región. No teníamos siquiera un lugar donde comer pero finalmente logramos encontrar un restaurante.  Recorriendo su plaza volvimos tuvimos la suerte de contemplar un desfile de escolares peruanos ataviados con hermosos trajes  y banderas grandes. Fue un hermoso espectáculo que es amenizado por orquestas de fascinante música altiplánica, más alegre y movida que la que se escucha en Cusco. Al día siguiente abandonamos Puno y nos dirigimos a Bolivia.

La frontera es un buen lugar para hacer cambios de divisas, donde de cada diez viajeros uno o dos llegan a ser sudamericanos y el resto europeos y asiáticos. Al llegar a  Copacabana , no tuvimos grandes problemas en conseguir hospedaje, pero esta vez me llegue a sorprender de lo barato que era comparado con lo que se ofrece en Chile. Por 60 bolivianos diarios alojamos en un hotel nuevo que tenía cable , una cama de dos plazas, agua caliente y con vista al lago.

De lujo!. Pudimos después de tomar un baño visitar la Iglesia de Copacabana con detalle y me gustó la política de los párrocos de combinar el arte pictórico de la iglesia con motivos indígenas , lo que la hace muy atractiva. A diferencia de las numerosas iglesias en Cusco, donde la mayoría de los motivos son pinturas de ángeles y santos blancos que fueron elaboradas por pintores mestizos.
Lejos lo más atractivo de estos lugares son la costa y las islas del imponente lago Titicaca. Por 40 bolivianos nos fuimos en catamarán hacia la Isla del Sol, donde se encuentran importantes ruinas de la cultura incaica. Demora el trayecto de ida 2 horas y es recomendable llevar algún libro, dormirse o simplemente conversar con los gringos a bordo. La isla tiene dos atracadores y en uno de ellos –el de más lejos- desembarcamos. El pueblo de la isla es hermoso,  donde casi todas las casas son de adobe y tiene estrechas calles. Teníamos como 4 horas para recorrer la zona que es muy hermosa, con un sendero que lo puedes recorrer en 5 horas de caminata  en medio de un estrecho sendero y contemplando cualquier puerco a nuestro alrededor. (bastante grandes jejeje).
Nota aparte fue la prueba que hice al trotar en la playa cristalina de la isla para después darme una zambullida en la fría agua bajo un abrasante sol altiplánico.

Apenas pude trotar unas vueltas en medio del techo de Sudamérica!. La foto dice más. Al regreso ya teníamos la sensación de que un viaje recorrido merecía un trago y fuimos tras el largo regreso a la calle 6 de octubre en un local que atendían argentinos. Es entretenido y barato, hay sudamericanos y otros extranjeros para conocer, el problema que hay hostales que son muy rígidos con el horario y con la falta de luminarias en Copacabana, como que da un poco de susto  de andar en la calle a eso de las 11 o 12 de la noche.
Comienza la operación regreso a Arequipa. Tomamos bus hacia Puno y de ahí directo de inmediato hacia la ciudad blanca. Un pequeño comentario merece Juliaca, ciudad que topamos a mediodía con una bullante actividad comercial y caos de tránsito. 

Sin duda es por sus habitantes es una inmensa urbe indígena, pero con grandes carencias de infraestructura, pero lo que abate más es que no se haya podido conservar el patrimonio arquitectónico de Juliaca, pasando a ser una ciudad muy desordenada en comparación con otras ciudades como Cusco, Urubamba, Pisac o Puno.  Al llegar de regreso a Arequipa y como medida de precaución, nos esforzamos en encontrar el hostal más barato posible, aunque para llegar a precios convenientes hay que ser bueno para regatear precios constantemente. Al preguntarle a un taxista de lugares ,

Patricia nos llevó por calle Cruz Verde (a dos o tres cuadras de la Plaza de Armas ) de hostales cuyo precio por parejas bordean los 20 a 30 soles diarios (con agua caliente). Finalmente fuimos a dar con un hotel en la esquina de Cruz Verde con Bolognesi que recomiendo que se llama el “Sillar Negro” cuyo joven dueño, Manfred, es una persona muy amable y hospitalaria. Estuve allí alrededor de 4 a 5 días,  permaneciendo hasta el regreso a Chile, aprovechando de conocer los recovecos de sus tiendas de artesanía, de la cual me encanta la platería. También conocí en el alto barrio norte la piscina olímpica de Cayma y en la avenida Independencia el gimnasio techado, donde vi cómo el equipo de básquetbol femenino de Arequipa se coronaba ante su público campeón de los XI Juegos Trasandinos tras vencer 44/40 en dramática final a la argentina Salta. Lo único que lamento fue no poder visitar el valle del Colca, que está a 150 kms al norte de Arequipa.

Como conclusión final nde esta larga crónica , fue un viaje espectacular, aunque hay que tener ganas y fuerzas para las aventuras, no es como en una playa y tirarse a dormir.  Al llegar a Arequipa estaba tan estimulado por la gente cusqueña y las huellas de su civilización que me devoré un libro sobre ellos en sólo tres días. En fin, un hermoso recuerdo que ojalá se repita, aunque hay mucho Perú y Sudamérica por conocer………
FIN ..................  
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Ultimos comentarios:

dorisgonza dijo:

Me gusto tu diario por la forma amena de contarlo y los dato que aportas, las fotos estan lindisimas¡¡¡ Espero la continuacion. Saludos

domingo, 1 de junio de 2008, a las 21.43

patrikrodriguez dijo:

Maravilloso relato y linda fotos nos has regalado, te felicito. Abrazos colombianos.

viernes, 6 de junio de 2008, a las 09.03

panadeiro dijo:

Muy linda esperiencia de viaje con mucha adrenalina viajera espero que continue tu historia saludos suerte

sábado, 7 de junio de 2008, a las 12.58

laparoja dijo:

Ahora no puedo seguir ojeando su diario lo veo SUPER,10 horas en bus a Machu P.que rica esta vivencia y conocer la gente de esta forma.Luego regreso...

sábado, 7 de junio de 2008, a las 13.04

FREEMIND dijo:

Muy buen diario amigo. Relatas muy ligero y claro, Un abrazo,

sábado, 7 de junio de 2008, a las 14.51

Gigi76 dijo:

espero pronto cumplir mi sueño en estar ahi, una consulta cuanto te costo el tour de coricancha, museo, pisac, pukapukara, sacsay ? si puedes me mandas un email x fiss!! quiero costos

martes, 10 de junio de 2008, a las 07.04

natysol82 dijo:

Exelemte diario, me gusto mucho al igual que las fotos, la idea es andar el año que viene x ahi, espero que tus datos me sirvan. saludos desde Argentina

martes, 17 de junio de 2008, a las 12.48

danzarperu dijo:

Oye tu diario está muy bueno, pero realmente me averguenza todas las penurias que tienen que pasar los turistas que no quieren ir por peru rail, realmente te pido disculpas a tí y a tu amiga, por todas las cosas que soportaron, si alguna vez regresan a perú contáctame para recomendarte unas cosas. atte Daniel.

viernes, 20 de junio de 2008, a las 11.07

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