Ya devuelta en la cabaña nos preparamos para merendar algo tarde ya, pero como digo acá no hay apuro alguno…… más tarde llegó gente, se conocen muchos desde la infancia, de toda la vida, allí veranea mucha gente intelectual y conocida, así que una como hormiguita escuchaba todo lo que decían, facscinada…..
La cena siempre fuera, ya que la frase de cabecera era no lavar platos, ni mucho menos perder tiempo cocinando, se comía fuera, no era muy caro, y todo muy rico por cierto. Mucho más tarde la primera salida nocturna, a recorrer todos los puestos de artesanía locales y de temporada, las diferentes músicas que se escuchaba en vivo se mezclaban unas con otras, por la poca distancia, ya que no había aclarado antes, es todo muy pequeño, ya que nació como pueblo de pescadores, ubicado sobre la R9, a 277 km de Montevideo.
La noche termina tarde con la mucha actividad nocturna, ya que hay variedad de “bolichitos” para conocer, charlar y beber alguna cosa, y sobre todo probar la caña con diferentes gustos, sobre todo con butiá fruto de los palmares que abundan en la zona. Al otro día, no queda otra que desayunar temprano, y digo bien, muy temprano, ya que casi ni dormimos, para partir de nuevo a la playa, esta vez nos esperaba alguna aventura ya que nos teníamos todo un día por delante.
Más o menos 1 km era la distancia del “rancho” (como llaman en este pueblo a las cabañas, ya sean de último lujo), a la playa. Cruzando el arroyo se puede apreciar cubierto de arena el Cerro Buena Vista, un accidente geográfico, por cierto muy acertado su nombre. Todo una hazaña era llagar a la cima, no es muy alto por suerte, pero el caminar sobre las dunas, y hundirse casi hasta las rodillas, lo hace ver como el Aconcagua.
Uno llega cansado a la cima, pero la buena vista lo espera a uno, de ahí se puede ver a los lejos al sur Cabo Polonio, y al este Aguas Dulces, otros pueblitos de pescados, que en verano se tornan muy comerciales y algo caros para veranear.
En esa época no tenía cámara digital, por lo que tomé muy pocas fotos, ya que había que invertir en rollos, y son caros, además ya llevábamos una semana de vacaciones en otro departamento de mi país, Canelones. Contábamos con la plata más o menos justa, pero no podíamos despreciar la invitación que les hicieron sus amigos.
Bueno luego de apreciar toda aquella naturaleza en 360º, de playas, océano, y verde a lo lejos, partimos hacia un mirador de cetáceos, pero obvio no era época por lo que solo vimos la inmensidad del océano azul. Ya sobre la playa más firme, íbamos de paseo con un niño, encontramos la playa más tranquila para baños, la Ensenada, allí había barcas para pescar, y entre ellas te podías dar el más rico baño, luego de caminar un buen rato al rayo del sol.
Tomar sol, darse baños de mar, caminar, juntar caracoles, mirar aves, charlar, comer, esas eran las preocupaciones que teníamos……. Volviendo a la casa, quisimos cocinar algo rico y aunque no nos dejaron mucho, algo improvisamos nosotras y algo compraron ellos. Por la tarde una siesta bajo la sombra de las anacahuitas, árboles de hojas pequeñas pero de abundante sombra.
Hay que respetar los horarios del sol, ya que está muy fuerte y yo soy muy blanca a pesar del protector constante, ese día me sentí mal a la vuelta de la larga caminata de horas, algo así como insolación, como dicen todos hay que colocarse un vaso con agua sobre la cabeza y si hace burbujas se trata de eso, me hicieron la prueba, creo no recuerdo mucho no hizo, pero mi mareo era mucho, y mi cuerpo algo de color tomate.
Así que volvimos a la vida sacrificada de tomar baños de sol y mar, pero como a las 17 hs, nos quedamos hasta el atardecer, ya que acostumbramos a hacer eso, tomar mate, y charlar, y una vez caído el sol, se aplaude en saludo al astro rey. La hora rinde más en verano ya que el gobierno hace algo productivo y adelanta una hora……..y por lo menos yo dejo mi reloj y celular, fuera de mi alcance ya que no importa a que hora se hagan la cosas, uno está totalmente libre de horarios y apuros. |
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