LA INDIA VISTA POR UN DOMINICANO
El espíritu de todo viaje consiste en experimentar por uno mismo, con nuestros propios sentidos, los colores, olores, sabores, cultura, historia y modo de vida de sus gentes. Llaman la atención principalmente aquellas culturas extrañas y diferentes al entorno donde uno vive, personas que comen cosas diferentes a las nuestras, que visten diferentes, adoran a otros dioses y hasta hacen el amor de forma diferente. Con todo eso en mente, ocho meses antes de iniciado el viaje, comencé a leer guiar de viaje, relatos de viajes, prensa e historia sobre la India.
El viajero que gusta de la aventura pero con el conocimiento de las cosas, tiene el deber de documentarse y saber en que se está metiendo. Por eso sumaron cientos y cientos las páginas leídas por mi antes de aventurarme en este invento de coger para la India por cuenta propia, es decir de mochilero, sin la ayuda de ninguna agencia de viajes.
Durante este tiempo de 8 meses de preparativos, escribí unas 25 veces a la embajada de la India de Madrid sobre el tiempo de duración entre la solicitud y la aprobación y entrega del visado de viaje. Como respuesta, solo obtuve el silencio, con lo que empezaba a preguntarme sobre la calidad organizativa de este país.
Tenía que hacerlo así por la sencilla razón de que en Republica Dominicana no tenemos consulado de India. En este sentido, partimos a Madrid por la sola intención de hacer los trámites de visado para viajar a la India, lo cual tardó aproximadamente una semana. Para los que tengan interés, en la dirección www.indiamembassy.com pueden descargar el formulario de solicitud de visado y los requisitos necesarios para el mismo.
La permanencia de una semana en Madrid, nos sirvió para visitar algunas salas de teatro, cines y museos, que ya conocíamos, pero que dado su constante renovación, siempre presentan al espectador un renovado interés. Una vez obtenidos nuestros visados, y armados de coraje, nos lanzamos a nuestra aventura hacia ese exótico país. La trayectoria de vuelo fue la siguiente; Santo Domingo-Madrid, 8 horas Madrid-Paris, 2 horas Paris-Nueva Delhi, 8 horas Todo eso más las horas de espera, chequep y demás sumarían unas 6 horas, para un total de 24 horas de trajín por lo que la ruta más cómoda es volar de América a Europa, descansar unos días y seguir a oriente por una de las tantas líneas aéreas que llegan a Nueva Delhi.
Tras un vuelo abarrotado de gente, en clase económica, con niños llorando incluido, y un señor hindú sentado detrás nuestro que no paró de hablar durante las 8 horas de vuelo, llegamos a Delhi a esos de las 12 de la noche. Me dirigí de inmediato a los taxis autorizados los cuales dan un servicio prepagado con seguridad e incluso se puede regatear un leve descuento. Vemos como existían varias compañías de taxis cuyos empleados nos hacían señas, llamándonos para ofrecernos sus servicios. Yo para este tipo de cosas acostumbro a enfrentarlos unos a otros hasta que alguien se digna a darme el mejor precio, pero el cansancio no me daba energía para mucho, por lo que opté por coger la primera oferta que fue de unos 350 rupias. He leído los relatos de otros viajeros sobre la primera impresión que produce en uno entrar al país por Nueva Delhi. La mayoría coincide en que es decepcionante y que luego de unos días a uno empieza a gustarle; pero esto es totalmente falso. Llegamos a esta ciudad a media noche, con un calor sofocante, y lo que veo es lo siguiente, tráfico ruidoso, calles sucias y polvorientas, desorden, ruidos, bocinas, caos, gente durmiendo en la calle, no uno ni dos, sinó varios cientos.
Todo este desorden es así todos los dias y todo el tiempo y en todas las ciudades, claro que, las ciudades pequeñas tienen en caos en menor proporción. No había reservado el hotel, pero me registraron sin problema. En el hotel Ajanta de la Calle Arakasham Road, New Delhi, quien se hace llamar a si mismo de tres estrellas, es de mas o menos una estrella. El hotel tiene todos los servicios, restaurante, ciber café; agencia de viajes, reservación de billetes de tren, autobús, taxi, etc. No sé porque pero los hoteles de esta parte del mundo tienen el mal gusto de pedir el pasaporte a los huéspedes y sacarle copia, además dentro de las formalidades te hacen firmar un libro de visitantes indicando nombre, dirección, teléfono además de estampar tu firma, entre otras cosas.
Este hotel lo había yo ubicado por Internet, pero no hice la reservación por el miedo que me provoca dar mi tarjeta de crédito a través de la web. La habitación estaba algo deteriorada y polvorienta pero era amplia y nos permitía movernos con cierta holgura. Al otro día no levantamos y salimos a caminar por los alrededores del hotel, previo al desayuno buffet que por 150 rupias por persona nos atragantamos deprisa, el desayuno consistía en nuevos fritos, huevos revueltos, mantequilla mermelada, pan, fruta y jugo de fruta. Inmediatamente bajamos de la habitación se nos acercó una señora gorda, con una sonrisa de oreja a oreja, dándonos la bienvenida y preguntando que cuales eran nuestros planes, y ofreciéndonos los servicios de excursiones, le dije que estaba cansado, que luego hablaremos, insistió, le digo que no tengo planes, que me gusta no tener planes, insistió, que me de tiempo a desayunar, insistió, no tuve más remedio que dejarle la palabra en la boca, dar la espalda e irme a desayunar. A los 20 segundos de pasear las polvorientas calles de Delhi, se me acerca un limpiabotas, el cual me persiguió y acoso durante una hora y por varios kilómetros, hasta que tuve que hablarle duro, y amenazarlo con llamar a la policía si no me dejaba en paz.
El extranjero no puede caminar por las calles de la India, el acoso de vendedores, motoneteros, bicicleteros, mendigos, taxistas, guías turísticos y otros, es constante y son incansables. Esta situación es por igual en todas las ciudades. Usted puede usar cualquier estrategia y todo será inútil, puede responder con el silencio ante sus numerosas ofertas, puede decir “no gracias” luego, ahora no, vete, no me jodas, piérdete y todo será inútil, la solución ante este problema es tomar un avión, irse de la India y no volver jamás. El asedio y el acoso al viajero es tan grande que finalmente me hizo recortar mi viaje 15 días antes de lo previsto.
El acoso al viajero, el tránsito imprudente, temerario, ruidoso, el olor a orina y a mierda, el sucio, el calor y el polvo hacen de la India el destino más difícil de visitar de todo el planeta. Caminando por las calles observo que los bazares venden todo tipo de mercancías primarias, es decir, frutas, verduras, especias, sedas, sombreros, peines, gafas de sol, galletas, jabón, etc., pero todo cubierto de polvo. Las calles son estrechas, con tumultos de gentes, vacas, monos, perros mierda de perro, y de vacas por donde quiera y frituras, no veo restaurantes ni supermercados en ninguna parte, como comercio accidental solo se ven algunas panaderías y reposterías.
Las frutas y vegetales como el banano, zanahoria, berenjena, apio, tomates, etc., son de tamaño pequeño y aspecto raquíticos, se ve que no se utilizan fertilizantes en la agricultura. Las frutas y víveres de ese tamaño, se acostumbra dar de comer a los cerdos en mi país. Los taxis en la India, son de tamaño pequeño, de marca Tata, de producción India, los pocos vehículos privados que se ven, son en su mayoría Tata.
Cobran por trayecto unas 100 rupias mientras que las motonetas cobran unos 50. Las callejuelas de la ciudad vieja, son un hervidero de gente que viene y vá, son estrechas e intransitables por vehículo alguno, pero siempre hay espacio para las deambunlates reses que riegan su mierda por donde quiera.
Todos se quedan mirándonos sin el menor rubor, los niños tiran piedras a Fifa, mi esposa, ella es rubia, alta y llama mucho la atención por ser tan diferente a como son ellos.
Miro al interior de algunas casas, y veo en la sala dos colchonetas tiradas al piso y una mesita de madera carcomida como ajuar único. En otras exploraciones visuales que hice, siempre ví lo mismo. Nunca vi electrodomésticos de los que usa el mundo moderno, ni nada por el estilo.
La pobreza que veo por todos lados desborda los límites de mi imaginación. Yo por ser de un país pobre, creí haberlo visto todo en materia de pobreza. Pero me quedé corto, porque esto no es pobreza, esta es la más absoluta y desgárrante miseria que jamás haya visto yo en mi vida, y en dimensiones como esta. Me atrevía yo afirmar, que el 99.5% de la población de la India, vive por debajo de la línea de pobreza. Dejando tan solo un 0.5% para pobres, clase media y alta. No se crean esos datos que publican organizaciones como el FMI, Banco Mundial, y las ONG. La mayoría de los informes se emiten falseados para tapar de cruda realidad que se vive en estos países.
En mi segundo día en la ciudad, contrato a través del mismo hotel, los servicios de un taxista para hacer el cititour por los monumentos de la ciudad. Lo llaman full day taxi, que me costó 600 rupias. Fuimos a visitar el Fuerte Rojo, la Puerta de la India, el palacio presidencial, el templo del loto y las mejores visitas que fueron Humayum tomb, Nizamuddin, Autb Minar y la tumba de Safar Jang. Son mausoleos y minaretes de arquitectura y estilo arabe, la mayoría usados en la antigüedad para el entierro de algun Rajah o sus familiares. Estos monumentos son el reflejo de lo pujante y prospera que fue la India hace unos 1000 años atrás.
Situación de la Mujer
Caminando por las calles de las diferentes ciudades que visité observé la proliferación de hombres en relación a las mujeres en una proporción de 9 a 1, es decir, que de cada 10 personas en la calle, 9 son hombres y solo una mujer.
Escasamente se ven mujeres jóvenes por las calles. Las mujeres que se ven por la calle con edades que oscilan de 15 a 35, están acompañadas de sus esposos, de sus padres, hermanos o familiar cercano, siempre con el pelo cubierto.
Esta situación no es más que el reflejo del machismo de la sociedad hindú, tampoco se observan mujeres trabando. En los bazares, hoteles, restaurantes, mercados, frituras, tiendas de vestir o de calzado en los centros comerciales, absolutamente todo, con un margen de 99.99%, el personal es masculino.
En la India, las mujeres no trabajan. Me permito generalizar, puesto que visité la capital y otras 6 ciudades importantes, y siempre constaté la misma situación, es posible que en Mombay, la ciudad más grande del país, y la más occidentalizada donde tienen la industria cinematográfica más prolifera y fértil del mundo, allá si trabajan las mujeres, aunque en pequeña escala. Esta ciudad, por ser un centro industrial y carecer de atractivo turístico e interés histórico, fue excluida de me itinerario desde la etapa de planificación. Aun así ví mujeres trabajando en la industria de la construcción, en labores un tanto simples y pesadas para el sexo débil, específicamente en la construcción de caminos, cargando piedras y herramientas. El taxista que me conducía de Udhaipur a Ranakpur me comentó que los maridos que trabajan construcción se llevan a sus mujeres e hijas para que les ayuden, y también para tenerlas vigiladas.
Luego de agotadas las visitas de Nueva Delhi, ya cansado de tanta mugre y malos olores, compré mi billete de tren hacia Jaipur, llamada la ciudad rosa, por unas 430 rupias por persona, primera clase sin tumultos, en la ventanilla habilitada para turístas en la estación de tren. El trayecto dura unas 4 horas, saliendo a las 7 de la mañana.
La estación de tren de Delhi es como todo el país, gente durmiendo en el piso, usando su equipaje de almohada, seguramente esperando la partida o llegada de su tren. Las estaciones de tren son sucias, desordenadas, llenas de vendedores de agua, refrescos y frituras. Las estaciones tienen una pizarra electrónica con los horarios de salidas y llegadas, se anuncia además por altavoz, sobre la salida o llegada de los trenes en idioma hindú y en ingles.
Una peculiaridad de los indios, sobre todo los camareros y taxistas es el fuerte olor a sudor, de axilas o “grajo” como le decimos en mí país. Afirmo totalmente que el 80% de los Indios tiene un fuerte olor a sudor, que muchas veces principalmente en el caso de los taxistas, se hace insoportable. Fueron muchas las ocasiones en que tuvimos que abrir la ventanilla del auto, para dejar ventilar un poco nuestros pulmones y el ambiente del fuerte grajo de estos individuos.
Supongo que la adquisición de jabón y desodorante e un lujo para los pobres de este país, aunque afirmo que ellos se bañan, se nota por su piel y su pelo, y que no usan desodorante, que con el fuerte calor que hace en la India todo el año, se suda a chorros, produciendo el efecto del indeseable olor.
Durante el trayecto Delhi-Jaipur, vi un espectáculo que difícilmente pueda borrar de mi mente con el paso de los años. A la orilla de los rieles del ferrocarril se forman incansables e interminables a la vista, unos barrios pobres o chabolas o fabelas como lo llaman en algunos países, casuchas diminutas, levantadas con cualquier tipo de material: en lata, cartón, lonas, fundas plásticas, papel, tela, planchas de zinc, etc. pero el cuento no termina aquí, mirando por los cristales del tren, se ven a la orilla, hileras de personas cagando a la orilla del ferrocarril, ante la mirada curiosa, boca abierta y asombro de turistas, y la mirada indiferente de sus compatriotas indios. Las personas que se ven cagando son todos hombres, aplastados en cuclillas, se les ve como les cuelga su vergüenza mientras defecan o se ve la rumbita de mierda a los que cagan despaldas al ferrocarril. Me imagino que las mujeres hacen sus necesidades fisiológicas a puerta cerrada, en algún envase que luego salen al camino a tirarla de forma disimulada. Ruego al lector no reírse de las cosas que acaban de leer, no es para risa, al contrario debería movernos a una profunda reflexión sobre nuestras vidas las que muchas veces consideramos triste, miserable y juzgamos a dios injusto por el trato que nos da.
El viaje en primera clase incluye desayuno, el cual consta de un emparedado de tomate y queso, huevos y jugo de naranja, nada mal para la calidad de los servicios. El aire acondicionado del tren estuvo a una temperatura agradable, los baños sin papel, algo destartalados pero limpios y al estilo oriental, con la bacineta en el piso, y sin base de agua, para impedir el paso del mal olor. En nueva Delhi abundan los locutorios o centros de llamadas donde usted puede entrar y llamar a cualquier parte del mundo, con solo marcar 00+ código de país, código de ciudad + teléfono. Una llamada de 5 minutos India –República Dominicana cuesta alrededor de 60 rupias, que al cambio de 45 por dólar, sería más o menos de US$1.25 por llamada. Este precio es unas 30 veces menor que en mi país, y unas 10 veces menor que en España.
Los Cyber café son una historia aparte, son abundantes y la velocidad de conexión es aceptable, muchos dan el servicio de grabado de fotos en CD y la mayoría de las computadoras tienen puerto USB para la conexión de cámaras digitales y aparatos de MP3. Lo peculiar de los cyber café es que para utilizarlos te hacen mostrar un documento de identidad, debes llenar un libro indicando nombre, dirección, teléfono, nacionalidad y tu firma con la hora de entrada y salida del servicio. Este control solamente lo observé en Delhi, no así en otras ciudades como Jaipur, Udhaipur o Agra.
La aparente razón es que los terroristas han hecho uso en este país, de los cyber café para promover sus actos y hacer transferencias de fondos sin dejar rastro, eso unido al hecho de la cercanía con países anfitriones de terroristas, como Afganistán y Pakistan, y con tanto musulmanes y barbudos por las calles con cara de Bin Ladem, me parece que justifica la molestia del control mencionado.
Jaipur, la ciudad rosa
Una vez llegamos a la estación de tren de Jaipur, me dirigí a la oficina de información turística ubicada en la misma estación, para buscar la recomendación de algún hotel, información sobre los lugares a visitar excursiones y cualquier otro dato que me fuera útil. Muy amablemente fui recibido y el empleado me recomendó un hotel de unos 200 dólares por día, como le protesté, me recomendó otro de unos 120 dólares, le dije que me presentara una lista o algo así, a mi mente me vino la idea de que este empleado solo le oferta a los viajeros aquellos hoteles que le pagan buena comisión. Al darse cuenta de que yo no era un estúpido, entonces me recomendó un hotel de 30 dólares, me presentó un folletín con la foto del hotel y un mapa con su ubicación en relación a la ciudad y a los lugares de interés. Me llamó un taxi, el cual siempre en estos casos es gratis y lo paga el hotel. Echamos un vistazo al hotel, habitación amplia, limpia, restaurante, Internet, piscina, patio, cabina telefónica, etc, le doy en mi interior unas 2.5 estrellas y acepto registrarme, previo hacer copia de mi pasaporte y toda esa inútil burocracia, ya tengo habitación en Jaipur, la ciudad rosa.
Luego de una soporífera siesta, en la tarde decido dar una vuelta por los famosos bazares de la ciudad, pacto con un motorista el viaje hacia el bazar central por 40 rupias, el chofer se desmonta y me dice que por 200 rupias me da un cititour de 3 horas, que no le digo, insiste, digo que no, insiste y me desmonto y hago señas a otro, entonces me dice okey, okey, okey. El motorista prende la maquinita de hablar y no calla en ningún momento, saca una carta en español y me pide que la lea, la carta se la enviaron unos turistas españoles en agradecimiento a sus buenos servicios, me pide que la lea, pero me niego, pues sucede, que leyendo el relato de otro viajero, le había pasado lo mismo, y el muy idiota contaba emocionado como el pobre taxista había guardado la carta durante tres años hasta haber encontrado alguien que hablara español e ingles y pudiera traducírsela, y el con lagrimas en los ojos de la emoción, contaba lo tierna y sincera que era la amistad de los ciudadanos de la india.
La cosa es que esto es un truco publicitario, el chofer le hace lo mismo a todos y en varios idiomas, el incauto viajero al leer la emotiva carta, se convence de que el motorista es serio, buena gente y simpático, entonces decide adoptarlo durante toda su estadía en la ciudad, sacando el beneficio de sus honorarios por transporte, más la comisión que le dan, hoteles, restaurantes, casas de cambio, tiendas de regalos, el frutero de la esquina y el colmadito que vende botellas de agua fresca y baterías para cámaras fotográficas. A lo largo de mi relato verán como cada saludo o cada sonrisa de un ciudadano hindú, reporta algún beneficio para él.
Con todo lo dicho, mi querido motorista comienza a dar vueltas de más, no me lleva al bazar que le dije y se para frente a una tienda de artesanía, diciéndome que entrara un momento, sin compromiso, a ver unas bellezas de tapices que tienen, a mi se me metió el diablo en la cabeza y le dije hijo de puta, come mierda, te pedí el bazar central, no quiero ir a ninguna maldita tienda para que ganes tu maldita comisión, o me llevas al bazar o llamo la policía, mi mujer se asustó muchísimo y pensó que ese era el último día de mi vida, pero el chofer lo único que hizo fue reírse, pedirme que me calmara y arrancar en bola de humo para el bazar. A lo largo del trayecto quizo volver hablar y le grite que se callará y me lleve al bazar, y así entre sonrisas nerviosas de él y mis gritos, por fin, luego de una hora de gritos, amenazas, guerras de nervios, ganancia de comisión fallida, llegamos al bazar central.
Llegué a la conclusión de que debía calmar los nervios y entender un poquito a esta gente, no debía arruinar mis vacaciones, y en lo adelante iba a sortear la situación, solo diciendo no, no, no, y no, sin salirme de ese monosílabo, pero yo me pregunto, amigo lector, que hacer cuando usted le pide a un taxista llevarlo a un lugar, y el decide llevarlo a una tienda donde por la sola visita le pagan comisión. Qué hacer me pregunto yo.
El bazar de Jaipur en horas de la tarde es un hervidero de gente que viene y va, la gente nos mira, miran a FIfa como a un bicho raro y ¡sorpresa!, por primera vez, vemos un letrero mágico que dice “bar”, por supuesto entramos y el concepto de bar que conocemos no es el mismo, no tiene sillas ni vasos ni hielo, la venta de bebidas es para llevar, solo a hombres, a nosotros nos ofreceros una caja de cerveza para sentarnos, el calor era insoportables, entraban y salian hombres temerosos y asustadizos a comprar licor , como si tuvieran vergüenza de estar haciendo algo impúdico e indecoroso, algunos hombres entraban a tomarse sus tragos a un almacén en la parte trasera del bar, y sentados sobre cajas o recostados de la pared, fumaban y se daban sus petacasos. Todos miraban a Josefina con sorpresa, piel blanca, mujer, vestida de blusa sin manga, y tomando cerveza. A pesar del intenso calor, nunca, pero lo que se dice nunca, en los pocos lugares donde pudimos tomarnos una cerveza, la encontramos fría, solamente fresca, igualmente el agua embotellada. Para los que no lo saben, los dominicanos tenemos por costumbre combatir el calor tomando agua helada y cerveza muy fría, les decimos ceniza al calor grisacio que toma la botella de cerveza cuando esta muy fría, en el punto antes de la congelación, por eso no es raro escuchar a un criollo al llegar a un colmado, pedir una ceniza. Seguimos caminando calle arriba y calle abajo, compramos una pulsa de bolitas, y un protector solar por menos de 2.50 dólares. El bazar está ubicado a lo largo de unas 4 “0” 6 calles perpendiculares y paralelas en la parte baja de unos edificios antiguos, pintados todos de color rosado, con la pintura raída, y sucia.
El bazar se divide por zonas, tiene más o menos un kilómetro de mercancías de hojalata y aluminio, otra zona de tapices, sedas y alfombras, un zona de joyas y accesorios para la mujer, relojería y frutos secos.
Algo que no podía faltar, un sonriente joven hindú que hablaba un perfecto español se nos ofreció para acompañarnos, nos hizo las preguntas de siempre, de donde somos, cuànto tiempo en la india, donde han ido, donde quieren ir, yo seguía caminando y el chico me seguía, y luego de pronunciar la palabra “no” unas 150 veces, pudimos safarnos de el .
Una conversación que me llamó profundamente la atención, la sostuve en un ingles machacado y con fuerte acento de su parte, con el gerente del hotel de la ciudad de Jaipur. El individuo, un tío de unos 35 años, piel oscura, tirando a marrón, gordo, pelo lacio y largo, corbata ahorcándolo, le pregunto que si en la ciudad había un bar, con aire acondicionado donde tomarse unas cervezas frías y alguna chica. Me indicó el bar de un hotel cercano, donde se tomaba cervezas fría, se escuchaba jazz, pero que de la chica me olvidara que eso era prácticamente imposible en toda la India, entablar amistad con una muchacha y llevarla a la cama, eso era misión imposible. Seguimos hablado sobre diversos temas, sobre su vida y mi vida, me dijo por ejemplo que era casado, tenia dos hijos, y que ganaba un salario decente pero que apenas le daba para vivir, de unos 100 dólares al mes. Ese es el salario de un gerente, imaginarse ustedes cuál sería el de un simple obrero o empleado de oficina.
Lo mejor de la conversación fue cuando me pregunto entre una sonrisa de nervios y cara sería, qué cómo era mi vida sexual? qué si lo que se veía en las películas porno que veía por Internet era real. Me dijo por ejemplo, que la mujer India no se deja ver desnuda, que nunca, pero lo que se dice nunca se deja ver desnuda, nunca sostiene sexo oral, ni hace ninguna de esas posiciones que se ven en películas y revistas, y que el sexo se limita en una penetración en la posición tradicional, eso y nada más. yo pensaba por dentro de mi, como es que han podido reproducirse hasta llegar a los 1000 millones de habitantes, más que la población de toda Europa y más que la población completa del continente americano.
Han podido reproducirse hasta esa enorme cantidad de gente, solo formicando como conejos, sin besos ni caricias y sin sexo oral, sin cambios de posición, novias, sin queridas, sin amantes, sin putas. Yo le expliqué como pude, que si, que yo hacía todas esa cosas que se ven en las películas y que eso era normal en América y en Europa, pude ver en su mirada, su rostro y el trago en seco que se dio, que arrastraba una gran frustración por ser indio, vivir en ese país y privarse de uno de los mayores placeres de la vida, por una serie de tradiciones estúpidas cargadas de moral religiosa. Esa noche en Jaipur compré las boletas de tren hacia Udaipur, en la ventanilla para extranjeros, en segunda clase, coche cama compartido, ya que la primera clase estaba completa.
El tren partió puntual a las 9 de la noche en un lento trayecto de 11 horas que nos pasamos tumbados en las tambaleantes literas del tren. Estimo que un tren de occidente, a una velocidad moderada y sin tantas paradas y tan prolongas, hubiese realizado el mismo trayecto en solo 4 horas.
Las cabinas del tren, son para 6 personas, en fila de tres de arriba hacia abajo, con una colcha plástica, un cubrecamas, una almohaditas y una sabana mal lavada y todavía con olor a detergente.
Tomadas las precauciones de lugar con nuestras mochilas, equipaje y documentos, pasamos una noche aceptable, donde pudimos dormitar unas cuantas horas, interrumpidas por el parloteo de algunos pasajeros indecentes que subieron a media madrugada, riendo y hablando a toda voz, los cuales se pusieron guapitos y pararon la chembita cuando les pedí amablemente que cayasen porque estabamos durmiendo.
Udaipur
Estas ciudad fue el lugar mas agradable que pude visitar en toda la india, pero sin escaparnos del asedio de vendedores, el consabido olor a mierda y orina y el trajín de reses y perros de medio del acalorado tránsito de la ciudad.
El encanto de esta pequeño ciudad, radicada al lado del lago Pichola, que la hace romántica, dándole un aire veneciano, porque es bordeado por hoteles, edificios de viviendas, restaurantes, cyber cafés, y otros negocios que se disputan la vista al largo. Es de especial atractivo el Lake Palace Hotel, en medio del lago, todo pintado de blanco, que dá la impresión de estar flotando en lago. La fotografía de este hotel es comercialmente muy vendida por las agencias de viajes como promoción de la India, después del taj mahal es la foto mas difundida de toda la India. Se puede visitar el hotel a tomarse una taza de té o chocolate, pero se llevarán una decepción porque el hotel no es la gran cosa en su interior, solo es elegante la vista exterior, y siempre de lejos, porque al acerarse uno en el botecito, se va viendo la mugre de sus paredes y el mal gusto de su decorado. Luego de una estresante regateo, pudimos al fin, llegar a un acuerdo con los manejadores de las lanchas para dar un paseo por el lago de media hora a un precio de 300 rupias. El paseo en sí no es la gran aventura, y las vista obtenidas son las mismas que consiguen con solo caminar por la orilla este del lago.
Si en su trayecto deciden visitar Udaipur, les recomiendo el hotel Gonder View. El precio de la habitación es de 30 dólares, habitaciones amplías, muy bien decoradas, el hotel tiene cabina telefónica, acepta tarjetas de crédito y es atendido por la propia familia propietaria del hotel. Tiene un barato servicio de cocina, la cual es servida en la propia habitación, el servicio es lento, nada higiénico y el cocinero no habla nada de inglés, por lo que si ustedes tienen tiempo de sobra, paciencia, un estomago fuerte y soporta el picante excesivo, seguramente no tendrán ningún problema.
Inmediatamente llegué a este hotel, como a todos, fui abordado por algún empleado ofreciéndome los servicios “baratos por confiables” de algún amigo para llevarme a un tour por la ciudad y sus alrededores.
Al lado del hotel en que estábamos hospedados queda el restaurant Unbray, con una bella terraza con vista al lago y al lado este de la ciudad que es precisamente el lado mas atractivo, para llegar al restaurante a pesar de quedarnos al lado, había que hacer un laberinto de calles y callejones; recuerdo que le pregunté a un chico de 13 años la forma de llegar al restaurante, y el me indicó doblar a la derecha y luego a la izquierda, le di las gracias, le sonreí y le dí la espalda, pues entonces el niño me siguió y me dijo que son 10 rupias por la información, mi reacción fue reír para no llorar, pues el chiquillo me siguió hasta la puerta del restaurante exigiendo su 10 rupias. Me sentí bastante incomodo por esa situación, porque si hubiese sido un niño pobre de mi país hubiera dado la información gratis, con un muchas gracias hubiese sido suficiente. La cosa es que no le di nada a ver si aprende un poco de urbanismo.
En los restaurantes de Udaipur, también pude tomarme algunas cervezas siempre calientes, y una tardanza de unos 20 minutos, entre la orden y la entrega de la cerveza, me dio la impresión de que el alcohol, lo tiene en un lugar lejano y oscuro, donde sus dioses no se dieran cuenta y puedan castigarlos, y como siempre, a mi esposa no querían servirle la cerveza, yo les decía que era es para dos personas, y necesitamos dos vasos. El restaurante Umbray es caro en relación a los demás, el servicio para dos personas ronda las 600 rupias.
En el hotel teníamos vista a lago desde la habitación, yo me quedaba largas horas contemplando las serenas pero turbias aguas del lago Pichola, el trajín de las lavadoras y las bonitas Gats o escalinatas que bajan hasta el lago. Observé a un señor sin camisa, con un especie de faldas enrolladas en las piernas haciendo el papel de pantalones, muy usada esta vestimenta por la gente de esta región específica cuyo nombre no se. Observé a este individuo como sentado todas las tardes, frente al lago y esparcía pedacitos de pan a los peces del lago. Caminando por la ciudad, se ve lo de siempre, aunque con menos aglomeración que en las grandes ciudades, cyber café, tiendas de recuerdos, casas de cambios, artesanía, gente llamándome para que entre a ver sus mercancías. Camindado se llega inevitablemente al citi Palace, el alma de la ciudad, un enorme palacio de un antiguo Maharaja, convertido en parte de un hotel y parte en museo, cuya visita se hace obligatoria, pagando 250 Rupias los extranjeros y 10 indios.
En el palacio hay algunas pinturas y piezas de interés, lo mejor de ver son las paredes y techo de algunas habitaciones finamente decoradas con anzuelos al estilo de los países árabes. Pero si por alguna razón, se pierden su vista, no se mortifiquen, que no han dejado ver nada interesante.
Traté con un taxista para visitar el templo de Ranakpur y el fuerte de Battfalghar por el precio de 1200 rupias que por nada del mundo me quisieron rebajar ninguno de los 8 o 10 conductores con los que hablé. El trayecto es de un día completo, de 8 de la mañana a 6 de la tarde. La primera visitas es la del fuerte, el cual queda a una 2 horas y media de la ciudad, este fuerte cuyas enormes murallas le recuerda a uno, la arquitectura de la gran muralla de china, por su idéntica perspectiva, cosa que se repitió en varias de las ciudades que visitamos, ya que todas estaban amuralladas con el mismo diseño de la famosa Muralla China, mudo testigo del pasado bélico de este país.
Volviendo al tema del fuerte, este tiene un laberinto en su interior, de calles empinadas que suben y bajan bajo un fuerte sol, varios templos en su interior, en la puente de acceso hay un guardia con una gran ametralladora rodeado de sacos de arena. Al parecer la India, tiene el temor de que sus principales templos y lugares históricos sean victimas de terrorismo, pues se sabe que hace unos meses antes de mi visita, el bondadoso de Ozama Bin Ladem, atacó con bombas algunas de las estacioness de ferrocarriles mas concurridas de la India.
Por eso el frenesí desatado recientemente en la seguridad y en el chequeo para el acceso a los lugares históricos.
Dentro del fuerte noté la presencia de un caserío donde vive gente humilde de la India, seguramente empleados del mismo. Sacando fotos por aquí y por allá, se me acercó una mujer de uno 30 años, con un cubo de agua en la cabeza y me pidió dinero, metí mi manos en mis bolsillos y le di todo lo que encontré, una moneda de dos rupias, ella se lo encontró poco dinero y comenzó a echarme pestes en su dialecto, yo le dije que me la devolviera con la intención de cambiársela por un billete de mas tamaño. Inmediatamente me la entregó me la puse en mi bolsillo y le dije adiós. Lo perdió todo por estar de perra conmigo. Cuando protestó le dije que una limosna es un regalo, no es una deuda ni una obligación que tengo con ella, y que cualquier cantidad que le diera estaba bien, y merecía que me diera por lo menos las gracias.
Seguimos caminando al templo budista de Ranakpur y a eso de las 11 am. ya nuestro chofer, un muchacho joven, de unos 25 años, empezó a oler sudor por sus axilas. Olor característico de la mayoría de los indios con los que tuve algun trato o acercamiento. Hubo ocasiones en la que teníamos que bajar las ventanillas para poder respirar y tomar un descanso del desagradable olor a grajo. Durante el camino al templo, por carreteras en mal estado, se veía mujeres trabajando cargando piedras para la construcción de caminos o alguna represa o puente. Solo en este menester vi trabajar a la mujer india, con algunas excepciones de aerolíneas y aeropuertos. Se ven por los caminos polvorientos, presesiones religiosas, cantando, montados en algunos espíritus, con frenesí, hombres golpeándose la espalda con cadenas, mujeres gritando frenéticamente.
Observé a la orilla de las carreteras de montañas, avisos de tener cuidado en el tigre. Es bien sabido que este animal, llamado el tigre de bengala, es el animal más fuerte y peligroso de la tierra, después claro del león, rey de la selva.
Recuerdo haber visto un documental del discovery channel en el que un tigre, con todo el miedo que le tiene al agua, se tiró al mar nadó por debajo del agua, acechó a un pescador que pescaba sentado en un bote, saltó, lo agarró por el cuello, lo ahogó y se lo llevó hasta la orilla de la playa y se lo comió; por eso es que en mi país, se les llama “tigueres” no tigre a una cierta categoría de personas, casi siempre hombres y cuya características principales es la que sigue: Enamorado, solteron, viste a la moda, no trabaja, fuma, bebe a diario, es simpático, un poco ladrón pero no delincuente, pide prestado y no paga, enamora la mujer ajena, miente todo el tiempo, le buscan trabajo le rehuye, le hace la corte a los políticos de todos los partidos, y le es fanáticamente fiel al que mejor le pague, en fin, eso que ustedes llamarían un truhán, una rata, por esto lados los llamamos a “tiguere”. Así pues, endrogado del mal olor del taxista, llegamos al templo de Raknapur. Un hermoso templo, algo manchoso por fuera debido a la falta de cuidados y esa característica que toma el mármol, de mancharse con el paso del tiempo de una especie de moho verde. Como siempre, hay que quitarse los zapatos, y subir unas escalinatas ardientes de las 2 de la tarde, puestas así por el sol tropical de la India. En su interior, decorado con estatuas de Buda, figuras femeninas danzantes, ningunas repetidas ni en la misma posición, incluso con el rostro diferente, figuras de elefantes, dioses y diosas de cuatro brazos. Figuras que cuelgan del techo y numerosas salas de oración, siempre con la figura de Buda sentado.
Lo mejor de este templo es que no está abarrotado de personas, los turistas llegan en un número aceptable, los indios llegan a orar en pequeños grupos, y el calor en su interior casi ni se siente. A mi mujer no la dejaron entrar con la blusa sin manga para lo cual nos indicaron alquilar una mantilla para que se cubriera los hombros. Es sorprendente como en estos países, aprovechan su moral religiosa para tratar de hacer negocios por cualquier medio posible. Pues la mantilla se alquiló a un precio de 20 rupias, más o menos, sería ese el precio si hubiésemos comprado una en la ciudad. Así que ya están prevenidos queridos lectores, en estos lados del mundo, no hombros al aire, no pantalones cortos, no barrigas al aire, e ir entrenando las plantas de los pies para caminar por el ardiente piso de losetas de los templos de orientes. Cerca del templo nos llegaron a comer a un restaurante, mas bien una rancheta de pésimo diseño y pintura descascarada, donde el taxista come gratis y recibe una jugosa comisión.
En este lugar sin embargo, a diferencia de los demás, la comida era de autoservicio o “Buffet”, me disculpan por usar ese extranjerismo, puesto que no me gusta contaminar el idioma español. La comida estuvo bien, sin picante, no muy bien presentada pero higiénica, bebida en vasos plásticos desechables y sorpresa, tenían hielo y el precio del almuerzo es caro, para lo que hemos visto hasta ahora, 300 rupias por persona.
Autobús cama Udupur-Agra
A un precio de 180 rupias por persona, en una de las cientos de agencias turísticas que proliferan por la ciudad, pudimos adquirir los boletos. El autobús programado con salida a las 5:00 PM, salió con un retraso de media hora. La estación de autobús no es mas que una estación de gasolina polvorienta, sucia, de piso enlodado y fétidos baños, con orines y excremento por todo el piso y paredes. Mientras esperábamos conocimos una familia Indu, correspondiente a papá y mamá de unos 50 años, y dos hijas, una de 20 y otra de 12, que hablaban un perfecto ingles con un fuerte acento londinense.
Las jóvenes de inmediato me lo abordaron con una lluvia de preguntas sobre mi mujer y yo, qué como nos conocimos, como era nuestro matrimonio, si arreglado o por amor, sobre mis país, mi trabajo, mis padres, si me gusto la india, su comida, etc. El tema principal de conversación se centró en lo del matrimonio arreglado. Les expliqué, que en América y en Europa no existen los matrimonios arreglados, que las parejas se conocen y se enamoran, que los padres no intervienen en decidir con quien se casa su hija, que las muchachas solían tener varios novios antes de decidir con quien casarse.
Ellas se quedaron con la boca abierta y los ojos brotados hacia fuera, los padres con los pelos erizados, la mas pequeña preguntaba con insistencia que cuantos novios tenían las muchachas antes de casarse, a lo cual contesté que desde uno hasta N... cualquier cantidad era aceptable, siempre que se llevara el asunto con algo de discreción. Abordamos el retardado autobús a eso de 6.00 p.m., no despedimos de los nuevos amigos que tomaban otro, y nos acomodamos como pudimos. La experiencia del viaje en el autobús cama era totalmente nueva para nosotros, sentíamos curiosidad por ver como era la cosa, y la vivir de la experiencia.
El autobús consta de unas 24 camillas, una de dos persona y otra de una sola, con dos niveles de literas, un colchón mugriento, almohadas curtidas con piojos y ácaros, un portavasos, una malla para colocar objetos, puertas de vidrio corredizas con un tinte oscuro que da cierta privacidad. El autobús no tiene aire acondicionado, ni baño, el chofer se pasó las 14 horas que dura el trayecto tocando bocina, hablando en voz alta, haciendo paradas en cada minúsculo pueblo o paraje que encuentra y dando saltos por las polvorientas carretera del país, casi siempre en mal estado y repleta de hoyos.
Ambos nos tomamos un fuerte somnífero para tratar de dormir en medio del aquel caos, cerramos con seguro la puertecilla de vidrio y amarramos la mochilas con muestro documentos, en ningún momento nos sentimos amenazados, pero nunca está demás tomar todas las precauciones necesarias. A eso de las 12 de la noche, el bus hizo una parada para cenar e ir al baño, en un lugar que si a darle estrellas fuéramos, yo diría que 3 estrellas por debajo de cero, es decir, menos tres. Comida picante, baños sucios, ruidos, humo, grasa, gente vociferando, pisos resbaloso. Insistí con el empleado que nos sirviera de comer algo no picante, él muy amable salió del mostrador y habló con el cocinero para que nos cocine algo no picante, tardó unos 20 minutos y al fin llegó una comida vegetariana acompañada con el pan chapati, típico de la India.
A eso de las 8 de la mañana llegamos a la ciudad de Agra, con el cuerpo molido de dar saltos durante 14 horas en un mugroso y mal oliente autobús. Lo que vimos al entrar a la ciudad fue lo de siempre: calles abarrotadas de gentes y animales, mugre, polvo, etc.. Al bajar del autobús una joven que venia en otra litera, muy linda ella, se nos acercó y amablemente nos ofreció llevarnos en el auto de su madre que pasaría a recogerla, y nos ofreció llevarnos al hotel de un tío de ella, el cual finalmente rechazamos por la mugre y el deterioro.
El mismo taxista nos llevo al hotel Agra en las afuera de las cuidad, feo, pintado de blanco, sin caja de seguridad, el personal habla un mal ingles, el mas caro de todos lo que habíamos visitado hasta ahora y a la vez el peor. Una vez instalado nos metimos en la ducha a quitarnos el polvo de camino, que no era poco debido al color negro de la espuma que caía de mi cuerpo.
Al medio día fuimos al restauran del hotel, un amplio salón que según se ve, fue en el pasado usado para banquetes, estaba solitario donde salieron dos soñolientos camareros a darnos un pésimo servicio, pues el camarero, que entendía unas 6 o 7 palabras en ingles, tenia un gran bigote y una barba de dos días sin rasurar, con restos de comida en el bigote, la camisa sucia y un fuerte y desagradable olor a sudor. Después de barajar unas cuantas opciones de almuerzo, decirle en cuatro idiomas y algunas señas con las manos, que por favor no nos sirviera comida picante, aproximadamente una hora y cuarto de espera, nos llegó la comida mas picante que haya probado en todo mi existencia, pasamos unos mementos de encolerizada rabia, el camarero se llevó la comida, supuestamente para hacerla de nuevo, pero volvió a los dos minutos con la misma igual de picante. Pagamos la cuenta sin tocar nada, y salimos a la calle a comprar agua, frutas y galletas.
Esa tarde conocimos a un motonetero muy simpático, que sin ánimo de estafarnos nos llevó a conocer la ciudad. Realmente en la ciudad de Agra no hay nada que ver, fuera del Taj Mahal, visitamos algunas mezquitas, mercados, una villa Folklórica, un palacio, un monumento, todos sucios, feos y polvorientos, cuyo nombre no vale la pena recordar aquí. Por lo que les recomiendo a mis lectores que visiten a Agra desde Delhi en una visita de un día, sin necesidad de dormir, visitar solamente el gran Taj Mahal y regresar en la tarde a nueva Delhi. En la noche tuvimos una cena decente de unos 20 dólares, comimos un buen pedazo de carne al estilo occidente en el hotel Taj Mahal View, un hotel de 5 estrellas, que por estos lados vienen a ser 4.
Taj Mahal La entrada cuesta 750 rupias para extranjeros y 20 rupias para los Indios, son unos 15 dólares por persona, e incluye unas medias para cubrir los zapatos, para no tener uno que quitarse los zapatos a la entrada de los lugares sagrados y una botella de agua para cada persona. El Taj Mahal que ha sido tan extensamente explotado por las agencias de viaje, a mi parecer, después de la Torre Eiffel, el lugar mas fotografiado del mundo, no voy a entrar aquí en historia, ni en datos arquitectónicos y de ingeniería del lugar, mi descripción se basa en mi experiencia, lo que sentí en aquel lugar.
Este mausoleo es tan extraordinariamente bello, perfecto y majestuoso, que cualquier cosa que yo diga, le quedará pequeña. Cualquier fotografía que ustedes vean, es insignificante, y no dirá nada ente aquel maravilloso espectáculo. Hasta el día de hoy 8 de octubre de 2006, para mi, con tal de ver esto, estar aquí frente a esto, valió la pena haber vivido, el haber soportado 22 horas de vuelo, la comida picante, el grajo de los taxistas y camareros, la insistencias de los vendedores, el asedio de mendigos, amarguras, rencores, problemas, mujeres ingratas, infieles y traidoras, olvidé a los políticos corruptos de mi país, los cuales el 100 % son corruptos, con diferentes niveles de voracidad, me olvidé de mis 44 años de sin sabores, ese domingo a las 7:15 de la mañana al entrar al jardín frontal que antecede el gran ,mausoleo. Los jardines, las puertas de entradas, norte, este y oeste son en sí cada una un palacio, luego en el centro ese enorme mausoleo de mármol construido en el año 1199, es hoy una de las 7 maravillas del mundo y dentro de las 7, es la numero uno.
Con esta visita, ya completo la sietes maravillas, Paris, Venecia, Las Pirámides de Egipto, El gran cañón de Colorado, La torre de Pizza, La torre Eiffel, La gran Muralla, etc., en mi humilde opinión, el esplendor de todos esos lugares juntos es menor al Taj Mahal. Luego del Taj Mahal, acordamos con nuestro mal oliente taxista, la visita de Fatehpur Sikri, a hora y media de Agra por calles polvorientas y en mal estado. Se trata de una ciudadela construida por un maharajá en el siglo 16, cuya visita vale la pena.
Es un complejo de palacios, templos hinduistas, lagos artificiales, en las afueras tienen una bella mezquita de acceso gratuito. A la llegada tuve que entrarle a empujones a los guías turísticos que se te lanzan encima, se atraviesan por delante y no te dejan caminar. Recuerdo un joven de unos 20 años que insistía demasiado, tuve que gritarle y empujarle para quitármelo de encima y se puso bravito porque alegadamente un templo no es lugar para gritar y empujar, le contesté que un templo no era el lugar para molestar a los demás. Recuerdo que nuestro grajoso taxista antes de llegar al templo se detuvo cuando unos jóvenes le hicieron seña de pare, hablaron algo con él y luego nos dijo que eran guías turísticos, y que para entrar a Fatehpur debía tomar uno, evidentemente me creyó un tonto, le grité que es fuera al diablo y siguiera su camino.
En estos países subdesarrollada deben tener en cuenta que su taxistas será siempre su peor enemigo. Al atardecer volvimos abordar al motonetero que conocimos el día anterior, querría llevarnos a unas tiendas, me dijo que por solo llevarnos aun sin comprar, le darían a él una propina de 100 rupías, que le hicieramos el favor de ir aunque no comprásemos nada.
La cosa es que visitamos unas 4 tiendas de regalos, revolotiamos alfombras, estatuas, cuadros, ceniceros, etc., no compramos nada y nuestro motonetero feliz de la vida. Al otro día partimos hacia Delhi, con la intención de volar a España, para lo cual debía hacer algunos trámites, pues cansado de la mala comida y el asedio, decidimos partír con 15 días de anticipación a la fecha prevista. En Air France no quisieron cambiar mi fecha de vuelo, y tuve que comprar dos pasajes, por unos 1000 dólares hacia Madrid el dia 11 de octubre de 2006, 15 días antes, pero feliz de dejar todo aquello en una sola pieza.
Una vez en Madrid, habíamos decididos ir a visitar algunos pueblos y ciudades que no conociamos, pero, se vengó de mi el destino, o el pueblo hindú, y se me declaró la peor diarrea de toda mi miserable existencia, pues la inmunda comida Hindú me pegó un parasito estomacal hasta ahora desconocido por la ciencia, lo cual hizo que me pasara una semana en mi habitación del hotel de Madrid, con fuertes dolores de estomago y una diarrea imparable, gracias a las atenciones de mi esposa Josefina, y al joven medico costarricense que me atendió de urgencia, pude recuperarme hasta tener fuerzas suficientes para tomar un avión a Santo Domingo.
Para no cansarlos con mis problemas de salud, y hacer algún aporte de utilidad para los que aun quieran visitar la India, a continuación les presento los precios que pagué por los diferentes servicios cubiertos durante mi estadía en la India:
Tasa de cambio en octubre del 2006: Rupias-dólar 46.00
-Hotel Ajanta New Delhi de 2 estrellas, 1800 RS
-Comida normal para dos personas, 200 RS
-Comida elegante para dos personas, 600 RS
-Taxi una vía, 100 -Tuk Tuk o mototaxi, 50 RS
-Botella de agua fresca, 10
-Llamada de 5 minutos a Santo Domingo, 80
-Una hora de Internet, 20 RS
-Lavado de ropa, 10 por pieza
-Taxi día completo en Jaipar, 1000 RS
-Mototaxi con City tour, 400
-Autobus cama, sin aire, Udaipur
-Agra, 300 c/u
-Buffet templo Ranakpar, 200 c/u
-Hotel Grant de Agra de una estrella, 2200 RS
En fin, estimados lectores, les agradezco su paciencia, ante mi amargada forma de ver la India. 25 de diciembre de 2006
Jose Olivier
Tel: 809-223-8190
jolivier40@yahoo.com |
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