PEQUEÑAS ANÉCDOTAS DE CAFÉ O DE CÓMO UN VIAJE SE INICIA A PARTIR DE UNA MIRADA
El “Café Ayllu” parece estar tranquilo a todas horas. No hay ni una mesa vacía, el lugar bulle de gente pero pese a ello no hay mucha ruido ni estridencias, ningún sonido es más alto que el que profiere ese tocadiscos viejo cuya aguja rasga el silencio para regalar pedazos de Beethoven o Schumman.
Afuera la plaza de Cuzco se ve animada aunque algo más de lo acostumbrado. Hoy, el “Taytacha Temblores” ha salido a recorrer la ciudad y el ambiente aún esta perfumado de incienso. Detrás de las casonas, al otro lado de la plaza, al otro lado del mundo, un incendio se extiende en todo el horizonte y la luz ensangrentada del sol ilumina apasionadamente estas calles repletas de historia. Corto en dos el “lengua de suegra” que reposa en mi platillo, célebre invento de este café que consiste en una maza dulce y crocante que se come sin empalagos.
Miro mi café de nuevo, como si en el fondo de esa oscuridad líquida pudiera encontrar tranquilidad a la angustia que me roe. De pronto, al otro lado del café, al otro lado de mi mundo, una mujer bebe tranquilamente de su taza. Un hombre la acompaña y sospecho, aunque no lo quiera, que son novios. Ella de vez en cuando me lanza una moneda brillante con la mirada, que yo, mendicante fervoroso, recojo sin pudor.
Bach ahora es una puñalada en las sombras hiriendo el silencio con uno de sus conciertos, sin piedad. Dos japoneses han dejado la mesa a mi lado. Ella y el hombre que la acompaña la toman para tener una mejor vista de la plaza. La veo mejor, guarda en sus gestos esa belleza innata que guarece todo aquello que es imposible de poseer. Los cabellos, aunque oscurecidos por una exposición constante al sol, tiene enredado algún filamento brillante. La piel bronceada, los ojos algo rasgados, una sonrisa delicada y una voz que se dejaba oír sin apuros.
Su “z” española le da un toque interesante. De pronto el tipo que la acompaña me saca del ensueño pidiéndome prestado gentilmente el lapicero que he dejado a un lado de mi cuaderno de notas. Se lo doy y aprovecho el momento para saber más de ti.
Estas mochileando toda Sudamérica, vienes desde Cuba, has estado en Venezuela, seguiste por Colombia. Ya tienes semanas en Perú, seguirás a Bolivia, no pararás hasta Argentina y si los caminos del sueño se siguen ampliando irá hasta Brasil y más allá de sus sueños.
Es dulce, amable y muy inteligente. “Daría cualquier cosa por que me pidieras llevarte el equipaje” me sorprendo diciendo sin pronunciar palabra. Yo no puedo acompañarte en ese viaje. Pero, no me importa quien te lleve de la mano si tengo demasiado espacio en mi vida para ti.
Pero Pablo, un momento, despierta, es café, no alcohol. Un desfile de tazas de café negro que no se detiene, la conversación se abre a mil temas, tu voz fluye en mi anhelo con naturalidad escalofriante. Era momento de que te fueras, yo no podría ir detrás de ti pero imaginarte viajar me hizo pensar en que debería también intentar romper el círculo, ir a algún sitio.
En esos días tenía a un grupo de noruegos (con los que viajaba por el sur del Perú) en Aguas Calientes así que estaría libre por varios días. Pensaba quedarme en Cuzco pero quizás sería bueno aprovechar el tiempo.
Un día más extraviados en los bares y en los cafés desconocidos, perdido en esa babel andina que es esta ciudad, como un fantasma caminando entre las calles serpenteantes de San Blas, buscando espacios sombríos para regresar una noche más a ese hotel oloroso a madera vieja, con un agujero negro reposando sobre la cabeza como una corona de espinas, una risa sombría frente a un espejo inmenso que me devuelve un el reflejo de unos ojos entintados de rojo… no me interesaba, la idea de despertar con un grado de miseria empantanando el alma y sin la ansía de vida necesaria que me permitiera cicatrizar por dentro todo, me parecía pueril.
Tendría que despertar y largarme por allí a vivir un sueño, por más corto que fuera, la vida que fluía en su boca me lo había indicado…
SALIR AL SOL
Luz delicada del sol sobre el corazón del mundo, ideal para espantar tinieblas. Decido irme a MARAS y MORAY, lugares en las que no se necesita más que medio día para ser visitados. El hecho de leer por allí que era un sitio no muy visitado me hacía pensar que podía ser ideal para pensar, relajarme un poco.
Para llegar a Maras y Moray, hay que tomar el bus que va desde Cusco a Urubamba (ojo: por la vía que va a Chincheros). El paradero se encuentra en la primera cuadra de la avenida GRAU, cerca al puente, a tres cuadras del CORICANCHA. Las coasters salen cada 5 a 10 minutos y el pasaje cuesta 3.50 soles para un viaje de 1 hora y 30 minutos. Trata de sentarte en la ventanilla para que tengas un gran panorama y aparte para no ir con todos los bultos en la cara ya que los buses suelen ir atestados de gente.
MARAS
Al pasar Chinchero se debe avisar al cobrador del bus “BAJA EN EL RAMAL DE MARAS” (km. 50 de la carretera CUSCO – URUMBAMBA) . En ese lugar siempre se encuentran unos colectivos que por 1 SOL te llevan hasta el pueblo de Maras (a 4 km o 10 minutos), pequeño villorio, con una iglesia colonial que vivió prósperamente durante la Colonia debido a la explotación de sal: esto se puede nortar en las lápidas de piedra que adornan las fachadas de varias de las casas en la calle Jerusalén.
También se pueden ver blasones y otras figuras de la parafernalia a la que era adicta la nobleza de entonces.
Hay que visitar alguna de sus muchas chicherías. ¿Cómo se reconocen? En muchas casas se pueden ver colgadas unas ramas de maderas en la que ondean plásticos rojos avisando que allí se puede obtener chicha. Era tentadora la oferta pero había que continuar. En el colectivo tuve la oportunidad de conocer a Ariel y a Paola, una pareja de argentinos muy gentiles con quienes pasé un gran día.
Hay 2 opciones para llegar a LAS SALINERAS. Una es contratar en el mismo RAMAL DE MARAS uno de esos “Colectivos” que por 15 a 20 soles pueden estar a tu disposición y esperarte en la entrada de LAS SALINERAS para luego llevarte hasta el pueblo de MARAS.
Otra es hacer lo que hicimos nosotros que es buscar el camino de herradura que sale directamente desde MARAS hasta LAS SALINERAS, donde puedes arribar después de 5 kilómetros o 50 minutos de caminata en medio de un paisaje de fantasía.
Es necesario pedir que te indiquen la dirección constantemente puesto que no hay señalización alguna. La senda va asida a las faldas de unos cerros en cuyas superficies se nota el color blanquecino de la sal lo cual es un buen aviso de que estás yendo por el sitio indicado. No es necesario ir hacia la parte baja donde una hermosa quebrada se abre ni subir demasiado por los caminos de las partes altas del cerro, el sendero, que, digamos, está al medio, es el indicado.
De pronto LAS SALINERAS aparecen sorpresivamente y el estupor es inevitable. Escalones blanquísimos contrastando contra las verdes faldas de los cerros que la rodean y al fondo el mítico río Urubamba serpentea en uno de los más hermosos valles del Perú. Llegamos hasta la entrada y pagamos el ticket (5 soles). El lugar cuenta con todos los servicios y “afortunadamente” no es muy concurrida por turistas por lo que se puede pasear sin apuro y sin estar huyendo a cada nada.
En los cerros cercanos que bajan hacia el valle del Urubamba los antiguos habitantes de esta zona transformaron una vez más la naturaleza: aguas calientes y saladas fueron conducidas hasta miles de pozos donde la luz del sol evapora el agua dejando algunas capas de sal. Estas “salinas” siguen siendo trabajadas por una cooperativa de 260 trabajadores de los poblados cercanos. Hoy, hay 5,740 pozos cada una de las cuales provee 150 kilos de sal no refinada por mes. Los visitantes pueden explorar el sitio a través de estrechos caminos que se abren paso entre los pozos o participar en las faenas de recolección del mineral ya que ahora hay un programa de turismo comunitario que permite al visitante pasar un gran día con la gente del lugar.
En la tienda conocí a una chica cuya familia tiene algunos pozos en las salineras y me recomendó llegar por allí en la temporada seca (Junio – Agosto) debido a que es la época en que empiezan a recolectar toda la sal mientras que en la época de lluvias (Diciembre – Marzo) solo se dedican a refinarlas y a venderla. Me explicó sobre las diferentes clases de sal y sus usos.
El INC (Instituto Nacional de Cultura) puso en uno de los cerros adyacentes un puesto de control para cobrar la entrada pero los pobladores, a quienes pertenecen estas salineras desde tiempos antiguos, no le permitieron al Estado cobrar por visitar sus tierras por lo que es la misma comunidad ha formado una empresa cooperativa MARASAL S.A. Recomendación: ir en semana santa, hay un ritual de pago a la Pachamama y limpia de canales que se celebra a lo grande y todos son invitados.
Se puede regresar al pueblo de MARAS desandando el mismo camino que se tomó para llegar a LAS SALINERAS y para de allí seguir rumbo a la fascinante andenería de MORAY. Paola y Ariel no estaban muy a gusto con la idea de volver a caminar, esta vez en una pendiente algo pronunciada, por lo que nos animamos a pedirle una jalada a un camionero que estaba por cargar sacos de sal y que iba a irse a YUCAY a dejar la mercadería.
Nos ofrecimos a ayudarle a cargar el cargamento a cambio de que nos sacará hasta la carretera que va desde el desvío hasta MARAS. El señor aceptó no sin incredulidad. Una vez llegados al punto acordado bajamos y le agradecimos al chofer su gentileza cuando de pronto pasó raudamente un carro de la policía. Levantamos el dedo pulgar. Se abrió una puerta. El oficial nos ahorró la caminata hasta el pueblo y así en 7 minutos estuvimos de nuevo allí. Ahora a buscar un transporte que nos llevara hasta MORAY.
MORAY
Los “colectivos” que salen desde el “ramal” sólo llegan hasta la plaza de MARAS. Van a MORAY haciendo un servicio particular o por alguna razón importante. Intentamos encontrar de nuevo alguien que nos jale pero nadie salía por lo que decidimos negociar el precio con un taxista. Eduardo nos propuso 30 soles, al final acordamos 25.
Nos llevaba hasta las mismas andenerías y nos esperaba por una hora para traernos de vuelta hasta la plaza de MARAS. Otro modo de llegar es caminar para empalmar ambos pueblos unidos por una pista afirmada de 9 kilómetros que se abre en medio de paisajes cuya belleza apenas es concebible. Algunos jóvenes del pueblo se prestan pare guiar a la gente a cambio de un pago.
Pagamos la entrada (10 soles, estudiantes 5). Yo no podía más de la emoción debido a que las andenerías de MORAY es un sitio que siempre soñé con conocer y ahora estaba a minutos de verlo. En una pequeña explanada se estaciona el carro. Bajas, caminas un poco y de súbito la tierra se viene abajo y ante tus ojos, aparece, sorpresiva como un navajazo, la imagen de los andenes circulares. 150 metros de profundidad y belleza.
Un paisaje único cuyo particular diseño, adaptada a las pendientes naturales de los cerros no hace sino más que confirmar la sapiencia del hombre andino: haciendo las cosas en perfecta armonía con la naturaleza. MORAY fue un laboratorio. Un centro donde se experimentaba con distintos cultivos, de ese modo se sabía sus reacciones a diferentes altitudes y climas. Las graduaciones de sol, sombra y la elevación entra las terrazas crean dramáticas diferencias de temperatura: se sabe que entre el primer y último nivel se pueden notar diferencias de temperatura que varían en 15º C. Lamentablemente, el sistema ya no funciona completamente puesto que las aguas se desviaron hacia MARAS.
Regresamos a MARAS. Desde aquí se debe tomar de nuevo un “colectivo” que te lleve hasta el “Ramal” por 1 SOL para allí tomar tu bus de regreso a Cuzco. Aunque lo recomendable es tomar los buses que vienen de Cuzco y van hacia Urubamba y en este pueblo tomar uno vacío ya que si lo tomas en el “Ramal” es posible que estén repletos. Afortunadamente ese día había feria en Urubamba (días miércoles y viernes) así que el mismo Eduardo nos llevó hasta Urubamba (2 soles) a una velocidad que ya quisiera Meteoro tener. Urubamba es el “centro neurálgico” del “Valle sagrado”.
A medio camino entre una cadena de pueblos conocidos del lugar, emerge como un sitio ideal para ser el centro de operaciones desde donde salir a explorar los muchos interesantes lugares que se guarecen en este sitio. Hay muchos cafés y restaurantes y mucha vida en sus calles. En uno de los bares del pueblo Ariel, Paola y yo nos tomamos unas cervezas para celebrar la amistad y gastar las últimas horas de la tarde. Recordando lo que habíamos visto y acordando encontrarnos en Argentina, el próximo año, si es que estoy por allí.
Urubamba tiene un buen Terminal de buses donde compré un ticket (3.50 soles) que me llevo de regreso a Cuzco. De nuevo, con cierta ebriedad, con cierta ingravidez en el andar, pero feliz, extrañamente feliz. Respondiendo saludos, sonriendo si alguien me sonreía. Hasta que llegué caminando a la plaza, al otro lado, las ventanas del “Café Ayllu”, que siempre estará allí, en el Portal de Carnes, en la esquina con Tucuman, y que siempre me tendrá en una de sus mesas, con ese café, con ese papel en blanco, esperando tu hora , sin compañía, imperecedera en tu belleza, con el movimiento sutil de tus manos desgranando la alegría, esperando el momento ideal en que las piedras crujan para inventar tu nombre como un fuego sagrado, esperando tu palabra, porque, no, “no puede cansarse de esperar aquel que no se cansa de mirarte”, siempre, un poco más allá. Gracias por empujarme a devorar los caminos. |
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