Salimos con mi papá el 20 de marzo rumbo a Perú, en un viaje apretado en tiempo y presupuesto. Llegamos a Lima el mismo 20, para Jueves Santo... toda la ciudad era una fiesta... las calles atestadas de gente con conitos de palma trenzada en la mano, con rosas y crucifijos en el centro, listos para la procesión.
Casi toda la zona alrededor de la Plaza de Armas se transformó en peatonal, ya que se cortaron las calles para los festejos. Visitas obligatorias son las iglesias, conventos y monasterios que ese encuentran en la zona (casi todos de la época colonial, con arquitectura, decoración y arte de la época, en donde se refleja la fusión de las dos culturas). Mirar hacia arriba miesntras se recorren las callejas es un placer: en el paisaje se funden los balcones antiguos de madera tallados (muchos están siendo recuperados), edificios con paredes de cañamazo (caña, barro y yeso), y rejas de hierro fundido.
Un verdadero espectáculo visual. Alejándose unas cuadras de la Plaza de Armas se pueden encontrar pequeños restaurantes típicos (no para turistas) donde la comida lugareña es exquisita y muy barata (se podía comer desde USD 3 muy bien, porciones muy abundantes). Altamente recomendables la causa limeña, el chicharron de pescado o de mariscos, y el rocoto relleno (ojo, que si no está bien cocido pica como el demonio). Al día siguiente visitamos el puerto del Callao, el cual están reconstruyendo y renovando. Lo están dejando precioso.
Dormimos en el Hostal Turistico Eiffel (Jirón Juan Fanning 550, Miraflores- www.hostaleiffel.com -USD 12 cada uno en habitación doble con baño privado), a una cuadra de Larco Mar, una serie de centros comerciales y restaurantes preciosos a la orilla del mar, sobre el acantilado.
El barrio de Miraflores es muy bello, y muy seguro a la hora de manejarse de noche. . Salimos hacia Paracas en bus Cruz del Sur (22/03)... cuatro horas de viaje donde el paisaje no deja de sorprender... se suceden desierto, montaña y cultivos a todo lo largo del camino. Ya en Paracas nos alojamos en el Hotel Ballestas, a la vuelta del malecón. A la orilla del mar se comen pescados y mariscos muy frescos (ojo que las porciones son gigantescas). Al día siguiente tomamos el tour hacia las Islas Ballestas (reserva natura de pájaros y aves), donde en el camino se ve el Candelabro (un geoglifo de 170 mt). Una belleza.
Luego fuimos a la Reserva Natural de Paracas (un gigantesco e imponente desierto, con una costa de acantilados de postal). Al día siguiente (24/03) partimos hacia Nazca, donde sobrevolamos las líneas (impresionante), y a la noche partimos hacia Arequipa. En Nazca contratamos alojamiento para el siguiente destino, pero al llegar no había nadie. Hicimos el reclamo a I-Perú (agencia de turismo gubernamental), qué logró que nos reembolsaran el dinero (eficiente y muy rápido).
El agente que nos estafó se llama Percy Victor Paricotto, de Perú viaje Oglobo (suerte que no contratamos los tours que nos ofrecían). Aprendimos que conviene contratar alojamiento y tours en el lugar, aparte de que hay que pedir comprobantes detallados de lo que se contrata. Fue el único incidente que tuvimos.
La mayor parte de la ciudad de Arequipa (al menos la antigua) está construida en sillar (piedra volcánica blanca), La arquitectura y tallas de toda la ciudad son imponentes. Visitamos el Convento de Santa Catalina (para no desperdiciar), el cual es una mini ciudadela que ocupa una manzana entera, y en donde actualmente aún viven monjas de clausura. Hay muchas iglesias y conventos para visitar. Al otro día tomamos un tour hacia el Valle del Colca (donde se encuentra el cañón más profundo del mundo).
Llegamos a una altura máxima de 4.910 msnm (gracias a que mascamos coca no tuvimos soroche), y a un mirador de cóndores. Un día espectacular, con mini trekking, que finalizó en los baños termales. Hicimos noche en Chivay (un pequeño pueblo muy pintoresco), en donde es recomendable visitar y comer en el mercado. Partimos hacia Puno. Hasta aquí hacia calor, pero en Puno las noche son muy frías, por lo que hay que tener abrigo a mano. Al llegar dejamos las cosas en el Don Tito Inn (Jr. Los Incas 236- dontito_inn@hotmail.com cerca de la estación de tren) y partimos rumbo al Titicaca con Kollasuyo Tours (muy recomendable- kollasuyotours@hotmail.com).
Allí visitamos las islas de los Uros (hechas de totoras) y luego Taquille, donde almorzamos. Ambas experiencias encantadoras, con una guía local excelente (Marita), que fue explicando mitos, leyendas, ritos y costumbres de cada lugar. Tomamos un bus turístico y llegamos a Cusco. La ciudad impresiona per se... aparte de quedar maravillada por los muros incas, sobre los cuales los españoles asentaron sus construcciones. La ciudad es bellísima, aunque agotadora, ya que es todo en subida y bajada, con escaleras que parecen interminables. Debe visitarse la iglesia en el barrio de San Blas.
Las tallas en madera te dejan boquiabierto. Al día siguiente fuimos a las ruinas de Pisaq (nos acompaño Felipe, un guía excelente) y al mercado (hay cosas muy linda, y baratas si se regatea). Luego fuimos a Ollantaytambo, donde hay un yacimiento arqueológico muy interesante, con silos en la montaña y zonas de baños. En Cusco es un deber pasar por el restaurant Two Nations (Waynapata 410- twonations@hotmail.com). Propiedad de un australiano y una peruana, es cálido, acogedor y la comida es más que excelente. Demora un poco, pero es porque cocinan todo en el momento. No pidan hamburguesas!! Hacen una comida típica que es para chuparse los dedos. Altamente recomendable el souffle de rocoto relleno. En esta ciudad hay un millón de cosas para ver.
Es buena idea tomar el tranvía que hace el citytour (para ubicarse... aparte uno puede bajarse en cualquier punto del recorrido y subirse al bus siguiente, con sólo un boleto). Las ruinas de Saqsaywaman y Qenco están muy cerca, y ambas son maravillosas (las primeras pertenecieron a un fuerte, las segundas fueron un centro religioso y astronómico). Fuimos hasta Ollantaytambo en bus, nos tomamos el tren y fuimos a Aguas Calientes, donde conseguimos alojamiento por USD 5 por cada uno. Encastrado en el medio de la montaña, es un desafío para las piernas (ya que todo es subida a 30º). Los baños termales son una delicia, y el mercado tiene de todo. Al día siguiente partimos a primera hora hacia Machu Picchu. Llegamos cuando aún la niebla cubría todo, pero rápidamente despejó y tocó un día perfecto.
La ciudadela es indescriptible en su extensión, perfección y belleza. Temprano partimos a subir a Wayna Picchu (la nariz del inca) ya que tiene cupo para 400 personas, y sólo se puede entrar hasta las 13 hs. El trayecto es exigente, pero realmente vale la pena. Arriba hay construcciones, y la vista es imponente. No se debe olvidar de llevar sombrero, agua y buen calzado. El recorrido total nos insumió unas 5 horas. Volvimos en tren e hicimos noche en Ollantaytambo. Paramos en un hostel hermoso, una casa antigua (Hospedaje Las Portadas- Calle Principal S/N- tel 20.4008).
La atención brindada por su dueña fue impresionante, con la calidez de la gente sencilla, haciéndonos sentir como en casa (a la noche nos preparó té medicinal para cada uno, con plantas de su propio jardín). En este hostal nos hubiera gustado quedarnos un par de días, pero el tiempo apremiaba. De regreso a Cusco pasamos por las ruinas de Maras-Moray (no tan publicitadas, no entiendo por qué). Son una serie de construcciones circulares concéntricas de enormes proporciones que se usaban como terrazas de experimentación botánica.
El pueblo de Maras es bello y pintoresco, con una iglesia colonial admirable. Ya en Cusco terminamos de recorrer iglesias y conventos que deslumbran por la riqueza de sus tallas y altares. No se puede dejar de visitar el templo y convento de la Merced. Allí hay guías que ofrecen sus servicios, y vale la pena contratarlos. En Cusco tomamos un vuelo hacia Lima, donde pasamos nuestro último día visitando el Fuerte San Felipe (impresionante) en el Callao. Luego de ello, de retorno a Argentina.
Un viaje mágico, movilizante, impresionante. El que tenga oportunidad no debe desaprovecharla. . |
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