Con las ofertas de bajo coste no es muy dificil hacer una escapa a cualquier sitio, bien sea nacional o internacional, bien sera para varias semanas, un fin de semana, o incluso 24 horas.
Total, si somos capaces degastarnos una pasta en una noche con tus amigos, si metemos gastos como cena, copa, convite, etc, etc, etc, pues en ocasiones, por el mismo precio, o incluso menos, nos marchamos a gastarnos el dinero que tan trabajosamente hemos ganado en una escapada turística a cualquier punto del globo terraquea.
Teniendo en cuenta, que la definición de turista engloba pasar noche o mas de 24 horas en una localidad, creo que me puedo incluir en ese grupo, aunque creo que prefiero denorminarme, curioso e inquieto. Y una ciudad, patromonio de la humanidad como Porto, es digna de gente intrigada en lugares curiosos.
Porto, ciudad bañada por la desembocadura del duero, tierra de vinos y azulejos, pero tambien de gente trabajadora y humilde. sus calles son las guardianas de cientos de rincones secretos, algunos bellos, otros curiosos, otros algo inquietantes, pero todos llenos de interes. Es la segunda ciudad en numero de habitantes de Portugal, y aunque algo menos cosmopolita que Lisboa, sus calles encierra algo que no tiene la capital.
Ese aire de decadencia, de años de historia, de gente trabajadora, con sus tradiciones y curiosidades. En algun lado he leido que Oporto, trabaja, y solo hay que dejarse caer por sus barrios, para darse cuenta de ello. Nuestro periplo de un día empezo en el aeropuerto de Madrid, con destino Oporto a mediados de abril, cuando se supone que el mal tiempo, todavía tiene que dar la lata, pero sin embargo, un maravilloso sol nos acompaño todo el viaje. A nuestra llegada a destino, cogimos el metro en direccion al centro, donde a la hora de sacar el billete nos encontramos con la primera difucultada, pese a la raiz común que tiene nuestro idioma, con el portugues. Digo dificultad, por no decir otra cosa, ya que se nos acerco un hombre, que luego descubrimos que trabajaba alli, y nos explico, como buenamente pudo, el funcionamiento del sistema de tarificación y billetaje de la ciudad portuaria.
Una vez en camino, llegamos a nuestra parada, Lapa, donde fuimos a uno de los mejores albergues en los que he estado en mi vida. El Sky Europe, es de reciente apertura, apenas dos meses, y se nota la frescurar de un sitio recien abierto, con la hospitalidad de los portugueses. Las habitacion estaban muy limpias, el personal no era amable, era formidable (llegue afectaco por una dolencia en la garganta, y en dos ocasiones me prepararon un te , incluso con limon, que me cortaron ellos para que me sintiera mejor). tienen un salon muy comodo con una video consola, cadena de musica, televisión con DVD, vamos, cualquier entretenmiento, para aquel que tenga tiempo, pero para nosotros el tiempo contaba, y nos tuvimos que poner en marcha casi de manera inmediata a visitar la ciudad.
Nos bajamos en la parada de la estacion de trenesSao Bento, y desde alli, iniciamos nuestra excursion envueltos por una aire bañado de salitre y humedad, que nos dejo encandilados. Nuestro primer objetivo, fue el mercado de Bolhao, donde uno puede encontrar todo tipo de alimentacion, y ornamentación. entre los ramos de flores, y la olorosa fruta, se encontraban aves vivas, o pescado congelado. Un lugar cargado de ambiente lugareño, donde cada mañana, se encuentran los porteños, para realizar las compar diarias. Recomendable, si o si. Una vez dejado el comercio, nos dedicamos a la degustacion de la bolleria tipica de la ciudad, donde aunque no sea muy conocida, como en casi toda Europa, hacen unos deliciosos postres. Yo me anime a probar cuatro pasteles, por lo que a la hora de la comida no tenía hambre. No se de que me extraño. Hecho esto, nos dispusimos a pasear por el Porto profundo, por su barrio centrico, por un cumulo de calles, pocas ellas, con una fuerte pendiente, con personajes muy curiosos, locales, donde el escandalo se juntaba con el cruce de algunos turistas despistados. no es una zona muy recomendable, por la noche, incluso recomendado por la policia.
Tras una fuerte algarabia, decidimos sortear una calle para acabar llegando a la catedral o Se, con un silencioso interior, donde se juntan diversos estilos arquitectonicos. La catedral esta en un promontorio, pero de una curiosa posicion desde la estación de trenes, ya que parece aislada del mundo. Las vistas con las que nos pudimos consolar, tras subir un pequeña , pero costosa escalinata, fueron maravillosas. El rio Duero, se nos mostro en mas poderosos explendor, y las bodegas, en la otra orilla del río, nos saludaban, invitandonos a tomar uno de sus preciados caldos. Tras atisvar los restos de la muralla Fernandina, que en su momento cubrio la ciudad, tomamos un funicular, que une la parte alta, del Se, con la Ribera del rio. el coste es el mismo de un billete de metro, y la lentitud del aparato, hace que disfrutemos de nuestro primer encuentro con el que seguramente sea el simbolo de la ciudad.
El puente de hierro de dos alturas que une las orillas del duero al mas puro estilo Eiffel, y con una fortaleza digana de admirar. Fue un gustazo fotografiar los diferentes puntos del puente desde las diversas posiciones que se nos ofrecieron al cabo del día, y de la noche. De hecho, uno de los mejores momentos, fue cuando nos sentamos en una terraza, justo debajo del puente, bueno casi debajo, donde la relajacion, y la buena compañia, se hicieron poderosos en nuestro organismo. Amen del bajo coste de las consumiciones. Tras cruzar al otro lado del puente, y admirar la belleza de la zona, lo alto de la colina donde esta enclavado la ciudad, lo complejo de sus calles, el descuido en algunos de sus edifcios, decidimos no tomar una copita de Porto, no se si acertadamente (pero es que uno es abstemio, que le vamos a hacer), y volvimos al barrio de la ribera para dar un dulce paseo a la orilla del rio. Nos dejamos llevar por la gente del lugar, la vida de la zona, los restaurantes de la ribera, y los puestos de recuerdos para turistas.
Nuestro objetivo final, fue el edificio de la bolsa, donde un austero exterior, da lugar a lo que parecen a un esbelto interior. nosotros, no se si mas bien por cansancio, o por tardanza, decidimos volver al albegue, para darnos una duchar, y descansar un poco para poder disfrutar de la bella ciudad de noche.
Retomada nuestra actividad, y otra vez en el metro, volvimos al río, para admirar las bellas vistas que nos deparaba la noche. Es una ciudad con encanto, es una ciudad viva, es una ciudad que hay que conocer. Tras esto, nos dejamos llevar por el olor de las sardinas asadas, y el caldo verde (las tripas nos eran nuestro fuerte), y aunque fueras considerados, como unos turistas mas, nos embarcamos en una copiosa cena, a la orilla del duero, con el majestuoso puente a nuestro lado, haciendonos más pequeños a nosotros. Fue curioso, ya que para acceder al barrio de la ribera, desde el Se, sin coger el funicular, tuvimos que bajar una empinada escalinata, sumida en el más absoluto y poderoso silencio, donde los gatos fueron nuestros unicos acompañantes. Se nota que no era un lugar muy recomendable, a esas horas, pero nos embarcamos en esa pequeña aventura de apenas diez minutos, donde toda la vida que nos cruzamos fueron una docena de gatos, agolpados en un punto de la escalinata.
El color de las paredes era el de la tristeza, y la pobreza y la marginación, era el nombre de las casas por las que pasabamos. Aún así descubrimos el auténtico oporto, una ciudad llena de vida, con ganas de vivirla y disfrutarla. donde la autencidad estra tras la puerta de cada uno de los hogares, y el sabor a hogareño, se respira a cada paso que dabamos (el de orina tambien se olia muy de vez en cuando). Nos llevamos el recuerdo de sus gentes, y el bullicio de sus calles, y como broche final, el Porto gano la liga portuguesa esa noche, por lo que el ambiente de las calles, era un hervidero de bocinas, y clamores, hacia un equipo invatible en las ultimas temporadas.
Para terminar, decir que Porto es una de esas ciudades que no te deja indiferente, o te gusta, o no te gusta. A mi me recordo un porto al Quartiere spagnoli de napoles, pero enamorado de la ciudad italiana, ahora puedo decir, que me enarmoré de la ciudad portuguesa. |
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