Como cualquier otro viaje, todo nace con un poco de ilusión, otro de esperanza, una cuota de fantasía y unas gotas de optimismo. Esta pócima bebida antes de partir por todo aventurero, debería ser suficiente para nutrirlo de las fuerzas necesarias para calmar su ansiedad… otras veces…no. No basta la predisposición, no es suficiente evacuar mil dudas, realizar miles de cuentas y trazar cientos de mapas… una vez en el lugar, lo imprevisto puede surgir y sacudir desde los cimientos cualquier buen plan.
Es allí, en la adversidad, donde el humano muestra su estirpe, el viajero saca su brújula, y el aventurero se predispone a dormir bajo las estrellas. El lugar no domina, uno es el que lo transforma a su favor. En todo viaje pueden existir contratiempos, de los más suaves a los más trágicos, pero lo que no se debe permitir, es caer en el desencanto a solo dos pasos de haber arribado.
Es imperdonable. No hay lugar feo por naturaleza, sí miradas ciegas que nublan el paisaje. Buzios, Buzios… un espectáculo!
Es posible que los hospedajes no sean de categoría, que la comida no seduzca al paladar, que el mar esté un tanto frío, y que las caminatas sean algo agotadoras… pero lo cierto es que uno está allí, en donde el sol brilla a rabiar, sobre un azul de mar que combina a la perfección con la exuberante vegetación que llega hasta sus orillas, y en donde más de 20 playas distintas no te dan tiempo de disfrutarlas por completo, y que siempre te darán ganas de volver, como revancha, para zambullirte otra vez. Buzios tiene de todo, desde restaurantes coquetos con vista al mar, otros más up para la juventud, y disminutos comedores para bolsillos flacos en pleno centro.
Un buen almuerzo por 6 reales, puede consistir en arroz blanco, ensalada (lechuga y tomate), feijoada (porotos negros) y un par de porciones de pescado frito. Los lugares fashion, y no tanto, rondan los 40 reales por persona. Se puede encontrar pizzas por 10 o 15 reales, refrigerante (gaseosa) por 2 reales. Una alternativa son las panaderías, en donde se vende embutidos (fiambres y quesos), que también hornean pan. Unos buenos emparedados para la playa por pocas monedas y listo, a disfrutar la arena y el mar.
El dinero no es excusa para alterarse, hay que saber en que invertir y en donde. Si las chicas quieren comprarse una malla, hay que esperar que el vendedor ambulante circule por la playa, y esgrimir el arte del regateo. Hay un par de casas de artículos regionales en el centro a precios razonables, en donde hasta se puede conseguir el Cristo a mucho menos de lo que se vende al pie del mismo, en Río. Una alternativa válida para souvenires, es ingresar a los supermercados, y traer (aparte de Garotos) una que otra mercadería (chocolates, galletas, licores. etc) que en nuestro país de origen no hay.
Las excursiones imperdibles son las que van a Cabo Frío (en barco) y la de Río de Janeiro. Marzo en una excelente fecha para viajar, hay poca gente, las playas están casi desiertas, y una en especial, que se llama Playa dos Amores, que solo se llega sorteando un camino algo dificultoso o por canoa; es lo más parecido a la experiencia de tener tu propia playa privada, con arenas suaves y aguas cristalinas en la completa intimidad con tu pareja. Mejor dejo las palabras, y los invito a ver Buzios en fotos. |
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