
Las estrellas de La Ciénga
Uno de los grandes tesoros que ofrece el lugar a sus visitantes... | 0 comentarios.
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Texto y fotografías: Germán Briceño
Pocos han tenido la dicha de conocer este alucinante y placentero lugar; pero, quienes si lo han logrado, son muy elocuentes al expresar su emoción por haberse bañado en las tibias y cristalinas aguas de un espléndido y selecto tesoro caribeño llamado: La Ciénaga.
A escasas 3 horas de viaje por tierra, partiendo desde la capital venezolana, vía autopista, hacia la ciudad de Maracay y siguiendo luego la sinuosa ruta de montaña que cruza parte del primer Parque Nacional de ese país (Henri Pittier), vía Ocumare de La Costa, se logra llegar a La Ciénaga, un mágico lugar, en el cual confluyen las montañas, la selva, los manglares y un espejo cristalino que da forma a una laguna coralina impresionante.
No es la primera vez que la visitamos, pero cada vez que repetimos la experiencia nos cautiva aún más. En esta oportunidad, nuestras mochilas también incluyeron cámaras de video, con la clara intención de documentar su hechizante naturaleza.
El primer día, fuimos sorprendidos por una fuerte lluvia, la cual -aunque parezca paradójico-, disfrutamos al máximo navegando entre los manglares, a bordo de los insumergibles kayaks “sit on top” que en el sitio, ofrece la posada Eco Lodge a sus huéspedes. Tan sólo con el uso de los equipos básicos para buceo (chapaletas, máscara y snorkel), logramos divisar sin mucho esfuerzo peces loros, ángeles, globos, trompetas, morenas, tortugas y estrellas de mar, entre otras especies marinas; además de muchos tipos de corales y esponjas que abundan en estas cálidas aguas cuyos matices se degradan, desde un azul intenso, hasta un pulcro y cristalino turquesa.
Pasadas las cinco de la tarde, nos regresamos a La Boca (zona de embarque en Ocumare de la Costa) y de ahí a escasos minutos, ya estábamos disfrutando de la piscina y el relajante jacuzzi en la Posada de La Costa Eco-Lodge, la cual, se ubica estratégicamente, justo al frente del malecón de esa región costera, dónde aprovechamos para conversar sobre la grata experiencia del día y también de las diversas oportunidades que ofrece La Ciénaga, para el deleite de quienes la visitan.
Al día siguiente, luego de un sabroso desayuno acompañado por un excelente y espumoso café con leche servido junto a los frondosos jardines de la posada, todo fue contrastante: el cielo se presentó despejado junto a un radiante sol, el mar estaba pulcro, aunque algo más agitado, por lo que tocó cabalgar olas a bordo del poderoso peñero de Robert, un conocido pescador de la zona, quien ofrece también, servicios de traslado a La Ciénaga.
La actividad fluyó a favor de nuestros objetivos, logramos obtener excelentes tomas y nos topamos con un buen número de especies marinas, entre ellas con las llamativas estrellas de mar, las cuales se prestaron a nuestra sesión de fotos y videos. En este punto de la aventura que le relatamos, queremos hacer un paréntesis para evidenciar una situación poco grata que suele ocurrir, en algunos casos por desconocimiento y en otros por acciones totalmente arbitrarias de las personas que se topan con estas indefensas criaturas marinas: ocurre que las mismas, no pueden permanecer fuera del agua por mucho tiempo, ya que se llenan de aire y esto les impide volver a hundirse para seguir vivas, cuando las retornan al mar en el mejor de los casos- es por ello, que les hacemos un llamado a quienes tengan la dicha de lograr verlas o manipularlas, para que eviten sacarlas del agua.
En atención a esta situación, Carlos González, habitante de La Ciénaga, quien también labora para la posada Eco-Lodge, efectuó una oportuna charla conservacionista sobre las estrellas de mar y su manipulación, a un grupo de curiosos niños que estaban presentes en el lugar donde fueron halladas por nuestro equipo.
Luego de esta importante acción en pro del equilibrio ecológico, seguimos explorando los alrededores, ahora en compañía de este experimentado guía local, quien amablemente se ofreció para llevarnos a bordo de un pequeño bote inflable a conocer un lugar muy particular que se oculta tras unos manglares, donde el barro negro es el principal atractivo. Según comentó González, el sitio ha sido visitado por estudiosos de universidades nacionales y extranjeras, quienes han dicho que probablemente en ese lugar haya existido un pasado estrechamente relacionado con actividad volcánica…
Para nosotros, “El Barro” como lo bautizó él, representó un llamado muy especial, que evocó nuestra niñez y nos invitó a disfrutar de un instante lúdico, en el cual nos cubrirnos con ese “repugnante lodo”, del cual, quizás muchos de Uds. luego de ver las gráficas que ilustran esta nota, deliren tras ver en él y en nuestra actitud infantil, una suerte de fuente de la juventud o algo por el estilo que se relacione con esta especie de “lodoterapia”, la cual, advertimos, es algo maloliente y difícil de quitar luego de secarse sobre la piel. Hay que recurrir a la terapia abrasiva de la arena; algo así como una sesión exfoliante (recomendamos hacerla en el sector “La Piscina”, con la arena que está en el fondo marino del citado lugar).
Ya cercana la hora de retornar, efectuamos varias fotografías extras y luego, nos sentamos plácidamente en la Cabaña-Posada que forma parte de la infraestructura alterna que ofrece Eco-Lodge en La Ciénaga, a esperar la llegada de nuestro amigo Robert y su peñero, con el que regresaríamos a La Boca y posteriormente a la posada principal en el pueblo de Ocumare, para luego, retornar a Caracas, cargados de la buena energía que regala ese lugar a sus visitantes. |
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