Ocurrió en un viaje que hice con mi Sra. hace muchos años a Roma y Sur de Italia. Tuvimos la infeliz ocurrencia de hacerlo en nuestro coche. Quien haya vivido la experiencia de conducir por Roma entenderá que una vez conseguimos llegar al Hotel, ya no nos atrevimos a moverlo, hasta el día en que partimos...
En nuestros intentos de descubrir lugares algo más desconocidos, fuimos a parar a una enorme plaza, como cinco veces un coso taurino. La plaza a aquella hora, como las siete de la tarde, estaba absolutamente desierta, ni una persona, ni un coche, nada. Estaba la plaza adoquinada en toda su extensión, es decir ningún obstáculo. A la plaza accedían algo así como cinco o seis calles.
Estábamos consultando nuestro plano para averiguar nuestra situación, cuando, de pronto y al unísono, aparece por una callejuela una motocicleta vespa y justo por la opuesta un minúsculo vehículo utilitario, avanzan decididos uno en dirección al otro, se detienen ambos, al constatar, que sus direcciones inexorablemente conducen al encuentro.
Se miran retadores los conductores, cual gladiadores en un circo romano, gran acelerón a los motores para intimidar al enemigo y empiezan a avanzar a síncopes, arranco, freno, arranco, freno, hasta llegar a pocos pasos el uno del otro.
Nosotros frotándonos los ojos con incredulidad... mientras, los conductores de aquellas dos pulgas en la inmensa plaza, ajenos a todo, se lanzan la última llamarada y al supuesto grito de “los que van a morir te saludan” se lanzan el uno contra el otro! Mientras sucedía todo esto, no se intercambiaron ni una palabra, pero, en cuanto los dos vehículos quedaron ligeramente abollados, rápidamente se apearon y se dedicaron, acompañado de ampulosas gesticulaciones... toda clase de “lindos adjetivos” salteados con grandes amenazas... todas verbales... sin el menor signo de ataque personal (como sin duda hubiera ocurrido en España)... el caso es, señores que ya no nos frotábamos los ojos... nos tapábamos los oídos!
Salimos a toda prisa del escenario, no fuera a ser, que tuviésemos que declarar a la policía lo sucedido, no hubiésemos sido capaces, ya que ni nosotros nos creíamos lo que acabábamos de presenciar... “como decía Asterix... están locos estos romanos” OTRA DE ROMA Ya en aquellos tiempos se me ocurrían ideas peregrinas.
Bueno, se me metió en la cabeza leer La Vanguardia (periódico de Barcelona). Pregunté en la Recepción del Hotel y me informaron que únicamente en la Estación de Ferrocarril Terminus podría encontrar prensa española. Me indicaron el autobús y ya nos ven, un domingo, a las ocho de la noche recorriendo media Roma, para no encontrar ni La Vanguardia ni nada parecido.
Regresábamos plácidamente, había poco tránsito, aunque algo desconsolados... éramos algo así como 10 o 12 pasajeros en el autobús, cuando de pronto, un minúsculo taxi se atraviesa, causándole al chofer un susto tremendo, pese a lo avezados que están estos conductores.
Coge el chofer su gorra y la tira al suelo al tiempo que suelta... “va fa un cul...” y le digo a mi señora agárrate bien, que ya estamos de nuevo en el baile...
Se lanza tras el taxi, y encima espoleado por el taxista que por la ventana le saca el brazo con un dedo levantado hacia arriba. El taxista en principio divertido... dejaba que el autobús se acercara e igual que en un “rejoneo” cuando estábamos encima, raudo aceleraba, entre la cara de pánico, de los dos pasajeros del taxi, que con cara de turista, conseguíamos ver en el asiento posterior. Nuestro chofer, cada vez más rabioso, ya no respetaba nada, ni contra direcciones, ni por supuesto itinerario, paradas, etc. mientras tanto, todo el pasaje mudo. Suerte teníamos de no caernos del asiento en los terribles bandazos, con que el vehículo sorteaba a los pocos coches que encontraba...
El taxista, que ya no las tenía todas consigo, solo buscaba la manera de zafarse del monstruo que amenazaba comérsele, finalmente, la salvación le vino en un callejón estrechísimo en el que apenas pasaba...
Lanzando chispas por ambos lados se metió como un ratón en su agujero...
Nosotros nos detuvimos... el chofer satisfecho y con una cara sonriente y divertida, recogió la gorra, con unos golpecitos le quitó el polvo y nos dice “qualcuno ha idea di dove siamo?” Alguien tiene idea de dónde estamos? ... |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|