LaTRAVESÍA Día 1: Salida de Bogotá 2:00 p.m., día soleado y con los mejores ánimos de emprender la aventura. Tomamos la ruta de la calle 80 y una vez en las afueras, una parada para almorzar y despedirnos de la ciudad.
Continuamos por la vía a Mosquera en fila india (de dos jajaja) me pegue demasiado a la rueda de mi compañero y no vi la roca que pondría la primera “piedra” en el camino; primer y tempranero pinchazo (justo pegado a la válvula, es complicado repararlo).
8 de enero día festivo y por supuesto en esta población la mayoría del comercio cerrado. Yo me voy en busecito hasta Funza y aunque hay mas comercio, bicicleterias no hay abiertas; regreso y mi compañero Mauricio algo desanimado por el impase. Cae la noche y la opción es ir a Cartagenita donde desafortunadamente solo encontramos un puestito de comidas rápidas sobre la carretera que va a Faca.
Alguien nos recomienda al señor del montallantas que es un duro pa’ esa vaina y le arregla todo lo que necesite un parche, así sea el corazón. Ya el reloj marca las 9.30 de la noche. Plan a seguir: pasar la noche en Faca, a dormir en el gran hotel. Día 2: Salimos muy a las 8 de la mañana con batería recargada y tomamos hacia Zipacon, linda mañana presagio de un día mejor. Algo de subida que nos pone a sudar (sobretodo a mí que salí sin entrenar).
Llegamos a esta población a buscar desayuno, toco la bebida de campeones con pan y salchichón. Nos despedimos de esta población con las indicaciones de nuestra próxima estación en la ruta que es Anolaima, tomamos la desviación por nuestra anhelada primera trocha la cual nos acortaría el camino unos cuantos km. Pasando por una población llamada la Florida. Encontramos unas calles sin pavimentar y la carrilera del tren. ¿Pasara por alli? (por supuesto que ya no).
Ahora la estación se ha convertido en biblioteca y la otra zona en un depósito abandonado, al frente un edificio de la época de los trenes algo descuidada donde esta la botica-droguería del pueblo y un par de tiendas mas. Un poco de agua para hidratar y continuar la trocha para Anolaima. ¡Que camino hemos encontrado! EN PIEDRA... de río… MOJADAS, que cosa más resbalosa. Primera caída -nada grave- algo de lluvia para amenizar, hummm que bueno. Parada obligatoria porque el hambre ya se siente.
Un pollito a la broaster acompañado de algo mas de lluvia en un pequeño puente sobre un riachuelo; que lindo paisaje. Hora de continuar. Un poco mas de subida, a pie de mi parte, la falta de ejercicio hace mella (no mucha todavía). Anolaima, a buscar a la prima de Mauricio pero no aparece así que decidimos seguir y un par de doñas en el camino nos indican la ruta. Descenso carreteable con vía a unas poblaciones intermedias: Corralejas, Reventones (algo de ascenso, mi favorito grrrrr). Mauricio se deleita dejándome a metros de distancia, no les diré cuántos por respeto… a mi por supuesto.
Una parada en Reventones y mas ascenso. Debemos llegar a La Sierra, pero sin meternos a Quipile, “ojo”, nos dice el don: “eso de ahí en adelante es pura bajadita”. Sí como no, pero de allá para acá, otra vez a sufrir. Y seguimos “bajando” ya como que no me gusta el plancito mmmh. El atardecer, bello con paisaje de montañas y un valle de fondo hermoso. Continuamos después de la pequeña hidratación y seguimos buscando la berraca “bajadita”, empieza a caer la noche, y no se ve todavía el pueblo. "¿Cuanto faltara para la Sierra?" me pregunta Mauricio con palabras dicharacheras como para darme animo. Baja la visibilidad, viene un motociclista y a quien nos toca echarle dedo.
Enganchamos las bicis y nos vamos remolcados, esquivando las piedras por instinto. Segunda caída, pero como soy un duro, no toco el piso sino con mis suelas, invicto otra vez. 7 de la noche aprox. Llegamos a la Sierra, aun en Cundinamarca y con un hambrecita de aquellas. ¿Primero comemos o buscamos hospedaje? Primero lo primero: a comer. Mientras voy terminando Mauricio ya va en el postre: una chocolatina Je…, bueno no les digo la marca porque no tenemos patrocinio todavía. Se para delante de la mesa y me empieza a hacer un poco de gestos y lo miro con cara de dejeme terminar.
Ayyyy la vaina era en serio este man se la ha quedado un pedazo de chocolatina en la garganta. Ya cuando veo sus ojitos un poquito brotados me paro y tomo por la espalda para que deje la pendejada. La paisita y su ayudante miran, gritan sin saber que más hacer. La oportuna y especializada “intervención” al diafragma lo pone en “orden”. Que vaina ola, casi me toca seguir la ruta solo. Que tal!!! Vamos hacia nuestro hospedaje a esperar la mañana siguiente.
Día 3: Desayunamos donde la paisa como Dios manda, caldo, huevos, chocolate; así que salimos muy preparados para buscar la esperada “bajadita”, “eso es un poquito de subida al comienzo y luego bajada”, a ver si es cierto, menos mal que era solo un par de kilometricos, ahora sin Don Mauricio, aquí es donde mando yo, fresco manito, vamos a darle suave, me responde. Si si si. Voy adelante. Por el camino nos indican la ruta hacia Cambao pasando por Cajitas, hasta donde llegamos por una destapada, movida y por fin bajadita, promediamos los 34 Km/h, estoy feliz. Llego primero y con algo de ventaja.
Se acaba la trocha, no hay opción, vamos por carretera. Seguimos bajando y cada vez más rápido, una curva en la que voy tan veloz que debo abrirme hasta el carril contrario, creo que mejor le bajamos un poco porque es doble vía y uno nunca sabe, el contador me dice que la velocidad en ese punto fue de 52 km/h. Que alegría: sol, paisaje, una parada para hidratar y tomar un par de foticos, y seguimos bajando, ¿será que hoy si salimos de Cundinamarca? Veremos.
Se siente una oleada de calor después de haber recorrido varios km, señal de que estamos muy próximos a Cambao pasando eso si por encima de San Juan de Rio Seco. Una parada técnica para arreglar los cambios de la bicicleta. Hora de almorzar: terminamos y se me ocurre preguntarle a la señora: ¿Ha llovido por aquí estos días? –No señor es muy raro que eso pase…
Empiezan a caer unas gotas como grandecitas, se suelta un aguacero… Mauricio me mira… “SI VE SI VE, para que se pone a preguntar eso”, nos reímos, “ola no puede ser”. Bueno mejor reposamos. 40 minutos después y ante el asombro de algunos lugareños continuamos la marcha, ya casi pasamos la frontera de departamento. Bienvenidos al Tolima dice la valla, algo de subidita, uno que otro bache en la carretera y el cambio de paisaje, árboles frondosos y de muchos verdes a ambos lados de la carretera recta, muy bien… voy delante muy contento, paro a esperar a Mauricio y de paso otra fotico.
Que bonita recta, por fin viene una curva, oh sorpresa, el comienzo de otra recta, luego otra y otra y otra prolongada recta, ya volteo a mirar y Mauricio esta muy atrás. Unos minutos más tarde se acerca una moto y Mauricio me pasa haciéndole indicaciones al de la moto, quien se acerca y me dice que me agarre de la canasta, “una remolcadita??” Asi que Don Mauricio me hizo trampita, muy bonito, en fin, nos remolcan un tramo hasta llegar a la caseta en medio de la nada, salvadora de viajeros. Un poco de agua. Ya falta poco, creemos, “démole compañero”, dice él, “manito no lo alcanzaba”.
Ya por fin aparece al fondo el cruce donde debemos seguir a Libano, agotados pero ya en Tolima. Son casi las 5 de la tarde y las fuerzas han mermado luego de recorrer 83 kilómetros. Al fin Líbano, mucho movimiento de gente y de comercio, clima agradable. Nos hospedamos en uno de los mejores hoteles, merecidamente por supuesto. Una deliciosa ducha y listos para una vuelta de reconocimiento, picamos algo por ahí. Regresamos al hotel y a dormir.
Día 4: Hay que hablar con el veterinario Luis Guillermo Rubio, quien organiza caminatas ecológicas y nos pone en contacto con la Alcaldía para plantear el proyecto y la próxima ruta con los trineos, más exactamente en la oficina de deportes, donde es bien recibida la noticia y nos ofrecen un lugar para dictar una conferencia. Luego vamos a la emisora. Vamos a empacar nuestras cosas.
Nos ha cogido la tarde para el trayecto a nuestro siguiente destino: Murillo. Eso si hay que almorzar porque y si no nos da la pálida. Arrancamos a las 4 p.m.. Una subida y esta es mas seria, Murillo queda como a 20 km. y esta a 2960 metros sobre el nivel del mar. Empieza a caer la tarde y el espectáculo no puede ser mejor: al frente las montañas semicubiertas de neblina y a nuestra espalda el naranja intenso del sol comenzando a ocultarse, nos miramos maravillados, aunque también preocupados porque aun nos falta recorrido y la carretera es solitaria. Nos encontramos más adelante con unos niños y nos dicen que estamos a mitad de camino.
Cae por completo la noche y al llegar a un par de fincas, unas señoras que salen al camino nos recomiendan esperar la camioneta de Oscar o la chiva de Cesar que es lo ultimo que sube al pueblo, al poco rato se oye el ruido de un motor que no logramos identificar muy bien, es César, se detiene y muy amablemente después de contarle nuestro destino nos ayuda a subir las bicis a su camión y nos ponemos en marcha. Durante el trayecto nos cuenta un par de historias sobre los esporádicos ladrones que aparecen en el camino y de cómo don “no me acuerdo” los enfrenta y finalmente no se vuelven a ver.
Nos habla orgulloso de su pueblo y de su alcalde. Nos muestra su casa casi a la entrada del pueblo y nos lleva a la plaza central, hasta la puerta de Casa Murillo, una Fundación para la conservación del medio ambiente que también es hogar de paso para los campesinos y viajeros como nosotros que se quedan una noche y siguen su camino. Nos recibe Rafa, de quien ya nos hablaron en Libano “esta es su casa” nos dice, mientras nos brinda un café para calentarnos un poco y antes de terminarlo ya nos ofrecen una deliciosa sopa. Se asombra de nuestra travesía y se muestra interesado en intercambiar experiencias.
Es un hombre alto que no demuestra su verdadera edad, como esos personajes que parecen eternos, de barba no muy larga y una mirada profunda. Luego nos presenta a algunos de sus compañeros, John, Jorge. Arriba se oye música, buena música y creo que no pude disimular mi sonrisa cuando oí las primeras notas de Palmieri y “Vámonos pa’l monte”, donde menos pensaba encontrármelo.
Ya nos muestran nuestra habitación: 5 camarotes y las cobijas de los tigres. La construcción es en madera pintada de vivos colores el techo es un sol (literalmente), es un circulo en madera al centro donde esta el bombillo y de este circulo se desprenden rayos morados hasta el extremo de la habitación. En el cuarto contiguo se oye más fuerte la música y voces femeninas. Rafa toca la puerta y aparece una joven mujer menuda; es Evelyn quien nos da la bienvenida con una calida sonrisa y una invitación a la fiesta privada, allí esta Rocío y Jorge, con su grabadora, unos casetes y velas cubiertas con caperuzas de colores de papel celofán. Pues a bailar, es un gran salón para los 6 personajes que ahora estamos ahí.
Un vinito dulce ofrece la mano de Rafa. Un rato más tarde Jorge sale y detrás Rocío va a buscarlo. Así que Evelyn, Rafa, Mauricio y yo nos ponemos a hablar. Evelyn decide cambiar la música y suena Pink Floyd, la banda sonora de the Wall. Hablamos acerca de la película y aparezco como el mas afiebrado, mientras Rafa no la ha visto completa, Evelyn la ha visto 4 veces, Mauricio 6 y yo 13. Un vino más y ahora canta Fito, rememoramos a Sui generis. El vino se acaba y es hora de irse a la cama.
Día 5: Empieza demasiado temprano para mi, un retorcijón de estómago y carrerota para el baño, aun no son las 2 de mañana, va a ser una noche muy larga. Al cabo de media hora, otra carrera. Al amanecer del domingo, la gente esta alborotada con el partido del Once, menos yo. Cuando oigo el alboroto de los penales decido ponerme en pié e ir con ellos. Después del consabido resultado alguien nota mi cara de desvelo y pregunta: “¿y eso que le paso?” Ahí les cuento y muy prontos me preparan un agua de yerbas, duermo un par de horas y me despierta Mauricio con un plato de sopa que recibo muy bien.
El desaliento es grande y vuelvo a dormir. Ya en la noche mi compañero de aventura me pregunta si estoy con alientos de seguir y por supuesto recibe mi negativa. Paso mejor noche y a la mañana siguiente salgo muy temprano a ver el nevado pero me quedo con las ganas porque la neblina lo ha cubierto demasiado pronto. Hace mucho frío y el cielo esta totalmente cerrado. Rafa nos da las indicaciones de una cascada próxima y me animo a hacer el recorrido. Arrancamos Mauricio, Perro (un hermoso pastor alemán) y yo. Aunque es muy cerca de la casa, esta maravilla de paisaje no esta muy a la vista.
Perro está feliz, salta, corre delante de nosotros y busca palos para jugar. A medida que la caminata se interna en la montaña, el ruido se acentúa. Por fin la vemos, es genial!!! Una foto, otra y una más. Ninguno dice nada, solo nos deleitamos viéndola. De pronto Perro se lanza al agua y eso hace que nos despabilemos, está jugando con algo, que resulta ser una gran rama. Ha pasado cerca de una hora, es tiempo de regresar.
Me siento mejor de ánimo pero aún débil. Como algo ligero y cae la noche, casi todos salen y finalmente me quedo cuidando la casa. Hace mucho frío. Llega Mauricio y me pregunta si creo que podamos partir a la mañana siguiente, no tengo muchas fuerzas la verdad pero ya estamos cerca y es la última etapa. Entonces dejamos maletas y bicicletas preparadas, listos los despertadores. Despierto como a las tres de mañana y creo que es la ansiedad de terminar la travesía que empezamos.
Día 6: Aún está oscuro pero es hora de levantarse y prepararse para la fría etapa que cruza el parque de los nevados. Cuando salimos, presenciamos una madrugada radiante y totalmente azul, que mejor comienzo para este último día de travesía!! Como nos habían dicho, el bus estaba en el pueblo antes de las 6 de la mañana.
Cuando empezamos el recorrido, veo que las sugerencias de no irnos en bicicleta por esa ruta fue la mejor recomendación. Una trocha bien difícil para carro grande. Que paisaje más bello, diferentes vistas del nevado que resaltaba en medio de ese azul infinito. Por momentos me vence el sueño de la alterada noche.
Algunas personas se quedan y se va desocupando el bus, llevamos dos horas de recorrido. Atravesamos un paraje tan majestuoso que el conductor para, porque a pesar de recorrer esa ruta con frecuencia, nos dice que verlo así no es corriente. Estamos ahora a 4.005 metros de altura. Casi todos nos bajamos y hacemos el recorrido visual, es realmente emocionante ver varios nacimientos de agua, una cascada que se esconde bajo la tierra y que unos metros más adelante se lanza con fuerza sobre el valle a seguir su largo camino.
Sólo hay una cosa que nos entristece y preocupa: ya han empezado a tirar basuras allí, muy cerca de la cascada. Por supuesto, hice un par de fotos de eso, alguien debe ponerle freno lo más pronto posible. Nos ponemos nuevamente en marcha y en cada curva el paisaje nos sorprende, el sol nos sigue acompañando y aparecen en cantidades que nunca había visto, los frailejones, bellísimos.
También algunas flores de vivos morados y rojos entre plantas de hojas amarillas. Me llama la atención un aviso a un lado de la carretera: “Alto del Nieto, por favor no se mate aquí”, enseguida se siente un fuerte olor a azufre y otro letrero “Quebrada La Hedionda”. Tres horas y media de recorrido, estamos a la salida del parque, punto donde nos quedamos para emprender la etapa hacia nuestro destino: Manizales.
Entre las montañas se divisa al fondo la ciudad. Empieza a subir algo de neblina y nosotros empezamos a bajar. Hacemos una parada para cambiarnos y dejarnos la ropa menos sucia para la llegada. Se empieza a nublar más hasta que llueve y paramos en una finca donde nos tomamos un rico chocolate con queso y don Juan nos muestra cinco conejos que brincan por doquier y un sitio para acampar, cercano a una fuente de aguas termales. Cuando escampa, reanudamos la marcha y unos metros después viene una fuerte lluvia. Ya no hay donde escampar, así que no hay mas remedio que seguir.
Bajamos y bajamos, curva a derecha, otra vez derecha y luego izquierda, downhill como lo quería. La adrenalina me recorre todo el cuerpo y ya no veo a Mauricio. Por fin escampa y luego de encontrar la pavimentada hemos entrado a Manizales, ya casi. Sólo nos queda llegar a la alcaldía. La ciudad esta muy tibia, nosotros cansados pero dispuestos a gastar nuestros últimos alientos. Tomamos la avenida Santander, esquivando carros y buses, ya estamos en la plaza de Bolívar, apenas Mauricio cruza la entrada, el vigilante cierra la reja. Espero afuera con las bicicletas a que todo culmine bien. Me quedo mirando la iluminación y en medio, la majestuosidad de la Catedral. Finalmente la cara de alegría y el abrazo, Misión Cumplida. Lo LOGRAMOS...!! |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|