En marzo estuvimos con mi novia, Magui, en Buzios, Brasil. Arribamos cerca de las 10 de la noche, luego de un vuelo de Buenos Aires a Río de Janeiro y un viaje en ómnibus muy largo para los 200 km que separan a esta ciudad de Río. El hecho de llegar de noche, no nos dejó una buena impresión. Tanto la entrada de Buzios como las primeras playas que recorrimos hasta llegar a nuestra posada, eran bastante oscuras y alejadas, con poco o nulo alumbrado publico, dándonos una cierta sensación de inseguridad. Luego nos enteramos que el 70% de las posadas y el movimiento del lugar, están en Joao Fernandes. Allí estaba ubicada nuestra posada: “Villa Mercedes”. Esta posada es 100% recomendable. Se encuentra en un lugar privilegiado arriba de un morro, con una hermosa vista del lugar, el mar y loa ciudad. La gente que la atiende es muy agradable y servicial, y tanto las habitaciones como los servicios fueron diez puntos. Esto es muy importante tener en cuenta a la hora de elegir el alojamiento, ya que nos encontramos con algunos argentinos que se quejaban de las malas condiciones en las que se encontraban sus posadas. Quizás vale la pena pagar unos reales más privilegiando la ubicación y la comodidad brindada. A la mañana siguiente, dado que amanece muy temprano nos despertamos a las 7 de la mañana. Lo ideal es madrugar, ya que el sol cae alrededor de las 6 de la tarde, y de otra manera el día se hace corto.
El día era espectacular. Partimos hacia la playa más cercana, Joao Fernandes. El mar en Buzios es increíble, distinto en cada una de las playas. En Joao Fernandes, el agua es verdosa y cálida y el mar es calmo. La playa es un poco chica, y en seguida se llena de gente. Recomendación: visitar esta playa bien temprano por la mañana. Cerca del mediodía hay demasiada gente y prácticamente no hay lugar para estar. Luego de almorzar, decidimos ir a caminar y recorrer las playas del centro de la ciudad, Azeda, Ossos y Armacao. Estas playas son lindas, pero no para bañarse, ya que se encuentran repletas de barquitos de pescadores, que generan una postal hermosa, pero a la hora de nadar incomodan. Todo el camino de la costanera hasta el centro es espectacular, lleno de restaurantes y barcitos. Es bueno hacer el recorrido hacia el centro de dia y caminando para empezar a conocer las múltiples callecitas y recovecos de Buzios, ya que de noche y con tantos morros uno pierde un poco el sentido de la ubicación.
El centro de Buzios lo componen dos calles paralelas, Rua Das Pedras, que es la más cara, y Rua Turibe de Farias. La primera, es una calle típicamente turística, preparada para extranjeros, con restaurantes de primer nivel, y negocios muy caros. En la calle paralela, hay opciones más baratas, pero no por eso de menor calidad. Recomendamos comer en Mineiro, Lorenzo y Restaurante de David: por 70 reales, se pueden comer exquisitos pescados para dos personas. El segundo día, lunes, fue espectacular, empezando por el clima que nos estaba acompañando: mucho sol y calor. Ese día hicimos la imperdible excursión a Arraial do Cabo cuyo costo es de 75 reales por persona. A las 9:30 de la mañana nos pasaron a buscar por la posada y, luego de parar en algunas posadas más, el ómnibus se dirigió hacia la ciudad de Cabo Frío, a unos 30 km de Buzios. Pasando esta ciudad se encuentra Arraial Do Cabo, que es un pueblito cuyos alrededores cuentan con unas playas increíbles. Una vez en el puerto, nos subimos a un barco, que nos llevó a dos playas. En la primera playa el barco ancló a unos 50 metros de la costa, dándonos la opción de llegar a la costa en bote, o pudiéndonos tirar del barco y nadar hasta la playa. Realmente no tenía nada que envidiarle al mar del Caribe. El agua es tan transparente que uno puede verse hasta los dedos del pie; la arena blanca y fina, como talco. Ese lugar es un paraíso. La segunda playa es una reserva ecológica, por lo que tuvimos que ir hasta la costa en botes. Allí hay un arrecife en el cual hicimos snorkel (los alquilaban en el barco por 10 reales) y vimos mucha cantidad de peces, aunque nos quedamos con ganas de ver alguna “tartaruga”. Antes de retornar a Buzios hicimos un paso por un restaurant de comida por kilo. Estos restaurantes son muy comunes allá, pero la verdad es que no valen la pena. La comida no es nada buena. Por ultimo, pasamos por la tan promocionada y esperada Rua das Bikinis, que resultó ser un lugar totalmente olvidable. Al otro día, y aprovechando la opción que nos daba la posada de llevarnos diariamente a alguna de las playas de Buzios, fuimos a Ferradura. Otra opción excelente que hay es tomarse unas camionetas que pasan todo el tiempo una tras otra por Buzios, y que por 2 reales te llevan hasta donde quieras. Este no es un detalle menor, considerando que salvo Joao Fernandes, el resto de las playas lindas de Buzios están lo suficientemente alejadas como para no poder llegar caminando. Siguiendo con la playa de Ferradura, esta es una pequeña bahía, el mar es tranquilo, porque se encuentra resguardada del mar abierto y el agua es de las más oscuras, aunque siempre bastante caliente. La playa es bastante extensa, en forma de herradura. En este lugar hay dos o tres barcitos sobre la playa, en los cuales te ofrecen mesa, sillas y sombrillas durante todo el día a cambio de que consumas allí. Aquí hicimos kayak, barato y muy divertido (10 reales por media hora). La próxima playa que conocimos fue Tartaruga. Esta es una playa muy linda, no muy grande, con un mar muy calmo, casi como una pileta y agua muy caliente, la más caliente de todo Buzios. Es bueno optar por esta playa en un día nublado, ya que el agua tan excesivamente caliente no alcanza para refrescar. El viernes, decidimos ir a la playa más alejada de todas, Geribá. Es la playa más distinta a todas las otras que veníamos conociendo: es amplia, con mucho viento, el mar muy azul, muchas olas y agua fría. Se encuentra repleto de surfers. Esta es sin duda la playa que más nos gustó. El último día nos despertamos bien temprano para aprovechar el día, hicimos el check out y nos fuimos a la playa. Como el transfer nos pasaba a buscar a las 4 de la tarde podíamos disfrutar de toda la mañana en la playa. Fuimos a Joao Fernandes con otras personas que se alojaban en la posada, que nos recomendaron que alquilásemos unos snorkel y patas de rana, puesto que cerca de la playa había un arrecife lleno de peces. Esta experiencia fue sin dudas impresionante: los peces comían de nuestras manos y nos seguían de a decenas. Por suerte habíamos comprado una cámara acuática descartable, así que pudimos inmortalizar ese momento. Fue el broche de oro para un viaje inolvidable. Buzios es sin dudas un lugar para conocer. La belleza de la naturaleza, el mar, la vegetación y los animales exóticos, lo pintoresco de la arquitectura, las postales de los barquitos típicos al atardecer, hacen de Buzios un lugar extremadamente romántico. |
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