Dentro del vasto territorio mexicano, elegí un lugar para visitar: Yucatán, un estado que tiene un sinnúmero de posibilidades y encantos que no podrás desprenderte con facilidad. Me refiero a esos lugares que visitas y te quedas con la sensación de que te faltó algo, que hay sitios, rincones, recovecos por conocer. En este diario de viaje comparto mi experiencia sobre este espléndido sitio.
La llegada
Una de las grandes ventajas que tienen las aerolíneas de bajo costo, es precisamente la posibilidad que brindan de acceder a ellas, a un precio bastante razonable. Aunque soy de Guanajuato, tomé el vuelo de Toluca, por poco más mil pesos y en menos de dos horas te encuentras en Mérida. En pleno aeropuerto un ciudadano de Mérida de da un buen consejo: “los taxis del aeropuerto tienen un costo excesivo, por tanto, es recomendable caminar hasta el bulevar y tomar un taxi o un colectivo”. En efecto, la recomendación fue oportuna.
La estancia B & B
Mérida ofrece muchas alternativas de hospedaje, simplemente es cuestión de buscar la opción que más se acomode a tus posibilidades. En lo particular me hospedé en un pequeño hotel cerca del centro histórico. Es un concepto nuevo en nuestro país llamado: hoteles bed and breakfast. Si quieres una combinación de un hotel donde sea personalizada la atención, tranquilidad, a un precio bastante aceptable, habitaciones confortables, diseño colonial y en este caso permite la convencía con extranjeros, entonces es una excelente opciòn. En lo personal, recomiendo ampliamente el Hotel Sac Nicte. Se encuentra en la calle 62, entre la 69 y 71, a media cuadra del parque San Juan. http://www.casasacnicte.com/
La comida yucateca, ¡exquisito majar!
Uno de los elementos característicos de Yucatán, sin duda es su comida. El día de mi llegada de inmediato me dirigí a la Plaza Mayor. Por el hambre que teníamos, mi esposa y yo entramos a un restaurante llamado Nicte Há, quizá no sea el mejor, pero sí cumplió su objetivo. Pedí una variedad yucateca y me adentré al mundo de los papadzules, panuchos, cochinita pibil y tamales. Durante mi estancia y en mi punto de vista muy particular, del amplio arte culinario yucateco, me quedo sin duda con: la sopa de lima, el queso relleno, el poc chuc y la cochinita pibil. Una buena opción para conocer la variedad de platillos, son una especie de restaurantes-botaneros, que hay por toda la ciudad; es decir uno pide una cerveza y van sirviendo platillos típicos. Además en casi todos hay números musicales o espectáculos de entretenimiento. Algunos de ellos son: El nuevo Tucho; Lucero del Alba; Eladio´s Bar y los Henequenes.
La ruta Puuc
Un recorrido casi obligado para los visitantes a Yucatán, es sin duda la ruta Puuc. Se trata de al menos 5 zonas arqueológicas que se encuentran a unas dos horas de Mérida. Una buena recomendación es ir a la estación de autobuses que se encuentra en la calle 69 entre 68 y 70. Todos lo días hay un recorrido que sale a las 8:00 am y por 130 pesos conocerás esta ruta. El trayecto inicia en la zona más lejana que es Labná, después Xlapak, Sayil, Kabah para terminar en la impresionante Uxmal. Es pertinente señalar que esta ruta es denominada así por el estilo arquitectónico que los mayas construyeron en esta zona. Sobresalen gran cantidad de columnas en fachadas y arcos mayas.
El recorrido por cada zona es como de media hora aproximadamente, así que se deberá aprovechar al máximo la estadía. En Uxmal, por ser una zona arqueológica de mayores dimensiones, se dan casi dos horas para conocerla. En verdad, es esta zona la cereza del pastel de la ruta. El palacio del gobernador, la pirámide del adivino, el juego de pelota, el cuadrángulo de las monjas, el templo de las palomas, el de la tortugas, en fin Uxmal es sorprendente. El único inconveniente de realizar este recorrido con esta opción, es que hay que tener una buena condición física para alcanzar a caminar por todas la zonas, ya que el tiempo es limitado. Sin embargo se puede optar por un tour con alguna agencia de viajes o bien, realizarla en automóvil. Habrá que recordar también, que los domingos la entrada a las zonas arqueológicas para los ciudadanos mexicanos es gratuita, solamente hay que presentar la credencial IFE.
Celestún: el paraíso rosado
Para llegar, si no se cuenta con automóvil, lo más práctico es ir a la Terminal de autobuses noreste situada en la calle 50 por 67, muy cerca del mercado Lucas de Gálvez. A 96 kilómetros se encuentra esta reserva natural. Habrá que llegar al muelle para tomar una lancha y hacer el recorrido. En el muelle hay buena organización e instalaciones. Las lanchas son de 6 a 8 personas, de tal suerte que las mismas personas te recomiendan unirse con otros paseantes para completar un grupo y así aminorar los costos. Tuvimos la fortuna de contar con una pareja provenientes del D.F. y una señora con su hija y nieto que vive en San Antonio, Texas.
El recorrido en lancha es por toda la ría de Celestún, pasamos por todo un panorama cubierto por manglares. A la vista nos sorprenden unos 6 flamencos volando y al adentrarnos un poco más, pudimos observar una colonia de de unos 50. El lanchero nos indica que se iremos en busca de una colonia aún más grande, al cabo de unos 30 minutos de viaje, llegamos a una zona donde una vasta cantidad de flamencos rosados nos deslumbraba. No encuentro palabras para describir tan hermoso cuadro, simplemente diré que fue extraordinario. Con la ayuda de unos binoculares puedes observar con detalle sus movimientos, cómo emprenden el vuelo, el cortejo, su alimentación. Extasiados por el panorama que nos brindaron las aves, seguimos nuestro camino hacia la isla de los pájaros.
Se pueden observar una gran cantidad de aves: gallaretas, patos, pelícanos, martines, garzas. Nuestro guía nos mostró una boa enroscada sobre la rama de un mangle. El recorrido también incluyó la visita a hacia unos ojos de agua incrustados en el manglar. Incluso se permite nadar, cosa que evidentemente no desaprovechamos. En el ojo de agua fuimos testigos de dos cosas asombrosas: vimos un nido con tres polluelos de un ave endémica de la región, se trata de la “garza tigrada”; por otro lado vimos la acción de caza de un martín pescador enano. Impresionante ver la forma que en fracciones de segundos, divisa su presa, vuela, se zambulle y la pesca. Desafortunadamente el recorrido termina, pero la travesía no. Después del viaje en lancha nos dirigimos a la playa. Habrá qué recordar que es un punto fronterizo donde termina el golfo de México e inicia el caribe, por tanto la playa tiene una mezcla de colores entre verdes y azules turquesa. Si bien no existe una gran infraestructura turística en el lugar, se cuenta con los servicios básicos. El restaurante más conocido es “La Palapa”, pero no el único. Al preguntar a un lugareño por el mejor lugar para comer, me sorprende su respuesta: “todos son buenos, porque cocina la gente del pueblo.
La única diferencia es que unos son más bonitos que otros”. Así que casi al azar, mi esposa y yo escogimos uno llamado restaurante Ávila. El platillo elegido fue una mariscada yucateca preparada con achiote, simplemente ¡delicioso! Es importante señalar que el regreso puede ser por la misma terminal de autobuses o bien en el transporte colectivo. La ventaja del colectivo es que es mucho más rápido que el autobús, e incluso más económico. El último transporte a Mérida es a las 8:00 de la noche para que tomen sus previsiones.
Chichén Itzá bajo los tres números 7
Esta zona arqueológica es la más asediada por los turistas, a raíz del día 7 del mes 7 del 2007, se convirtió en una de las nuevas maravillas del mundo y eso le ha traído visitantes de todo el mundo. Para llegar a esta zona se toma el autobús en la Terminal de autobuses de ADO de primera clase. En un lapso de hora y media aproximadamente, se llega a la zona. En primera instancia sorprende la gran cantidad de turistas extranjeros que arriban ahí. Es deseable contratar a un guía de turistas para que expliquen la zona, sin embargo me parece que el costo es alto, (pero justo).
La entrada cuesta 98 pesos y un guía cobra 400 pesos. Existen tres opciones para el recorrido: irse por la libre y sin guía; segundo, contratar un guía incluso reunir un grupo para que no sea tan caro; y tercera, irse por la libre y acercarse de vez en vez a algún grupo con guía y echarse de “gorra” las explicaciones. (Está mal decirlo pero yo tomé esta opción). Es importante señalar que son mínimos los espacios donde la gente puede subir a las pirámides o basamentos. Hay una especie de leyenda que dice: en una ocasión se subió una señora extranjera de avanzada edad a la pirámide de Kukulkán y que resbaló y murió ahí mismo la turista. A partir de esa fecha prohibieron que la gente suba a la pirámide. (Por un lado es correcto, ya que evita el deterioro de las pirámides). Un aspecto que no me pareció, es que el museo de sitio estaba cerrado. Al preguntar la razón, nadie me supo decir, ni hablar así son las cosas.
Desde mi punto de vista muy particular señalaré que para mí, es mucho más interesante la zona arqueológica de Uxmal. Si bien no soy un experto, me parece que el arte constructivo maya se refleja con mayor nitidez en Uxmal, aún cuando en Chichén Itzá ocurra el fenómeno de la serpiente de Kukulkán el día del equinoccio. Por otro lado, una opción más para los turistas, es que en los sitios de Uxmal y Chichén Itzá a las 7:00 pm hay el espectáculo de luz y sonido. He de aclarar que no me quedé a ninguno, pues mi intuición me dice que va dirigido al espectador gringo. No niego que debe ser interesante y espectacular, pero al menos a mí no me atrapa la idea. Para el regreso, en la tienda de la zona arqueológica de Chichén Itzá se compra el boleto del autobús. Ya de regreso en Mérida, el recorrido continúa ese día con una comida primero en lo Henequenes (Sólo por un rato) y después volvimos al Nuevo Tucho, que tanto a mí como a mi esposa nos gustó más. Terminamos en el teatro José Peón Contreras en un concierto del Festival de la Trova Yucateca.
Cenotes de Cuzamá por el equino-tren
Una belleza natural que no podría faltar en unas vacaciones por Yucatán, es conocer sus cenotes. Después de obtener información y por recomendación previa de amigos, escogimos los cenotes de Cuzamá. En la Terminal de autobuses del Noreste se toma el autobús, o bien se puede tomar en el mismo sitio un colectivo. En aproximadamente una hora y media se llega al pueblo. Por 20 pesos por persona, un chamaco en un triciclo te lleva al sitio donde comienza el recorrido hacia los cenotes. Según mis cálculos el triciclo realiza un viaje de unos tres kilómetros. Después llega la parte interesante, porque se paga 200 pesos para llevarte hasta los cenotes, el transporte es un carrito llamado “truck” jalado por un caballo a través de una vía como de tren, que en mis adentros llamé el “equino-tren”. Se visitan tres cenotes y se estipula media hora de estancia en cada lugar. El primero al que se llega se llama Chelentúm. Afortunadamente somos los primeros en llegar. Se baja por una escalera de madera y se arriba a una plataforma, de ahí con un clavado (que sacaría un cero en las olimpiadas) se sumerge a la exquisita agua turquesa del cenote. Hay peces, estalactitas, rayos de luz. Una experiencia única. Al terminar nuestra primera media hora nos dirigimos, por sugerencia de nuestro guía, hasta el último cenote, para dejar al final el intermedio.
Hay que bajar por una escalera totalmente vertical a través de un boquete angosto. Se llega nuevamente a una plataforma y no hay más remedio que zambullirse. Regresamos al cenote número dos. Lo curioso es que en el regreso y como solamente es una vía, hay un momento en que se cruzan los equino-trenes, así que el acuerdo entre ellos, es que los que vengan de regreso son los que salen del camino para ceder el paso. En nuestro último cenote nuevamente otra chapuzón, el agua tiene una buena visibilidad y los rayos de luz que entran al cenote le da una misterio interesante. Como bien decimos nosotros: “se nos acabó el veinte” y vamos de regreso al truck. En la terminal del recorrido de los cenotes nos espera nuestro triciclista que nos lleva de regreso al pueblo y ahí tomamos el colectivo de regreso a Mérida. Estando en la ciudad volvemos al centro histórico para seguir degustando la comida yucateca. Nuestro día continúa con la visita al Palacio de Gobierno donde sobresalen los espléndidos murales del pintor Fernando Castro Pacheco, en especial me encantó el que se encuentra en la parte central sobre las escaleras, no recuerdo el título pero es algo sobre “creación del hombre de maíz”; referida al libro sagrado de los Mayas: el Popol Vuh. Termina nuestro recorrido con la visita la Museo de la Ciudad.
Dzibilchaltún: tres en uno
Es la zona arqueológica más cerca de la ciudad de Mérida, aproximadamente a 13 kilómetros. Es más fácil llegar que aprender a pronunciar Dzi-bil-chal-túm, se encuentra en el camino hacia Progreso. Digamos que es una visita con “triple play“, ya que es zona arqueológica, tiene museo de sitio y tiene un extraordinario cenote. El museo de sitio es muy interesante y te deja un concepto claro de la zona arqueológica en cuestión y de la historia regional. Después de salir del museo, se puede apreciar una típica casa maya, luego a través de un camino que los mayas llamaban sacbé se llega al Templo de las 7 muñecas. Es el edificio que identifica a esta zona, ya que en cada equinoccio el sol se proyecta a través del templo. Del lado opuesto a ésta construcción, se llega a otro conjunto donde sobresale una capilla colonial, más que resaltar “choca” con las demás construcciones mayas. A un lado de este conjunto se encuentra el cenote llamado Xlacah. Sumergirse en él es una notable recompensa. Este cenote es abierto, a diferencia de los que conocimos en Cuzamá donde están parcialmente apresados por un techo como si fuera una cueva. Hay variedad de peces y en el centro del cenote: lirio, lo que le da un aspecto muy interesante. Termina nuestra visita a Dzibilchaltún.
De regreso a Mérida nuestro recorrido continúa por el conocido Paseo Montejo, de una belleza especial por las casas que alberga de estilos diversos, aunque sobresalen las afrancesadas. Acompañan a esta avenida grandiosos árboles y una glorieta con un monumento a la bandera. Quizá la nota no muy agradable es que esta Avenida marca la diferencia entre los sectores sociales de Mérida. Los ricos se encuentran en la parte norte de la ciudad a partir de donde inicia el Paseo Montejo y los menos favorecidos al sur de la ciudad. Nuestro siguiente destino fue el Museo de Antropología e Historia, al que vale la pena asistir por el edificio mismo y el acervo que contiene. La comida la hicimos en el restaurante “Lucero del Alba” que se encuentra muy cerca del Paseo Montejo, entre la 56 y 47 con unas cervezas se puede disfrutar de la gastronomía yucateca en abundancia. De camino por el Paseo Montejo disfrutamos de un exquisito postre: una champola, que es nieve con leche. El recorrido termina nuevamente el centro histórico, esta vez en la restaurada fachada de la Casa Montejo, en la que sobresalen dos soldados españoles que tienen bajo sus pies, cabezas de guerreros mayas vencidos. A mi parecer es una fachada como monumento a la ignominia.
La misma ciudad de Mérida fue construida sobre la ciudad maya Tho´ y la catedral más antigua de América -que es la de San Ildefonso- fue edificada con la piedra de la antigua ciudad maya. Terminamos nuestro recorrido, en una especie de peña que se encuentra en la esquina de la Plaza Grande con la catedral, donde el trovador nos ofreció un buen repertorio de música yucateca.
Todo lo que inicia debe de acabar
Después de siete días y de una estancia formidable en Mérida llega el final. Nos vamos satisfechos pero con esa impresión que señalé al principio, de que nos faltó más por conocer. Es evidente que una semana no es suficiente, podría mencionar algunos lugares que no conocimos: Ek Balam, Progreso, Valladolid, Haciendas, Izamal o Loltún. Sin embargo, eso mismo alienta para que en otra oportunidad regresemos a este bellísimo estado de Yucatán. Hasta la próxima. |
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