Tenía reservas para San Andrés pero un mal entendido con las fechas por la agencia me hizo decidir de inmediato por la alternativa de visitar Guayaquil. La buena oferta de una línea aérea me terminó de convencer. Todo se decidió en un par de días, no tenía idea de dónde nos hospedaríamos (viajé con una amiga), pero muchos de los datos los saqué de otros diarios de viajes de esta página.
En realidad no pensaba estar mucho tiempo en la ciudad, el viaje duraría casi 6 días de los cuales pensábamos estar más en la Ruta del Sol que en la ciudad. Aún así me pareció interesante lo que leí en uno de los diarios por aquí respecto a los Dukers, en vista que me interesaba recorrer la ciudad del modo mochilero, usar el transporte público y sentirme como en casa. En un par de días pude contactarlos y el día que llegamos a la ciudad nuestro Dukers (Yayo) estaba ahí, listo para enseñarnos a usar el transporte público (en Metrovías era US$ 0.25 por viaje, y por persona), con buses limpios, ventilados y bastante modernos. Con nuestro equipaje buscamos un hotel con nuestro Dukers quien nos recomendó un par, terminamos en el más nuevo (que resultó ser el más barato) el Hotel 9 de Octubre, situado en la avenida del mismo nombre, es fácil ubicarlo, por habitación doble pagamos US$ 14 la noche, pero no incluye ningún otro servicio.
Aún así estuvo bastante bueno, de todas maneras yo no soy muy exigente en ese aspecto. En seguida salimos a recorrer la ciudad y para nuestra sorpresa, nuestro Dukers había coordinado con los reporteros del diario La Calle para hacer una nota. Resulta que nos hicieron la nota y al día siguiente estábamos en el diario y la gente reconociéndonos en la calle. Ahí estuvieron aconsejándonos, y desdándonos un buen viaje. Ni tengo que decir que la gente de Guayaquil es super simpática, gentil y generosa. Regresando al día de nuestra llegada, aquella misma tarde recorrimos el Parque Seminario (alias Parque de las Iguanas, en donde nos hicieron el reportaje), la Catedral, la Plaza de la Iglesia San Francisco, y por su puesto, el lindo Malecón 2000, aprendimos mucho de la historia de la ciudad (no sabía que había sido devastada dos veces por incendios). Como a las 6 subimos al barco pirata Morgan a hacer un recorrido por el río. Si no me equivoco pagamos 12 dólares c/u por el recorrido de algo de una hora.
El recorrido nos permitió ver toda la costa y reconocer los principales monumentos y establecimientos del malecón. Con el atardecer encima hicimos unas buenas fotos. Terminamos muy cansadas pero contentas, con toda la ayuda de nuestro guía y sus consejos sobre cómo llegar a los lugares que teníamos planeado visitar al día siguiente. Al día siguiente nos despertamos un poco mas tarde de lo previsto, por ahí tomamos un desayuno como a 2.5 dólares que consistió en un café y un sándwich mixto, y con el equipaje encima partimos hacia nuestro siguiente destino: Puerto López (y otra vez este destino lo decidimos gracias a un diario leído por aquí). Tomamos la metrovía cuyo uno de sus últimos terminales queda justo frente al Terminal de Buses. El Terminal muy lindo, moderno, parecía un mall más. Yo había estado allí hacía 5 años, en ruta a Quito, y no quedaba ni la sombra de aquel viejo y desordenado Terminal. Como no ubicamos el directo, compramos el pasaje a 2.50 hasta Jipijapa.
El bus normal, sin lujos ni nada, pero lo importante es la aventura. Llegamos a Jipijapa cuando llovía y ahí conectamos con un bus a Puerto López por 1.50. El viaje total duró un poco más de 4 horas. Llegamos a Puerto López como a las 4 de la tarde, y buscamos hospedaje. Nos decidimos por uno que nos cobraba 12 dólares la noche, con TV y baño propio. Puerto Lopez es un pueblo de pescadores, bastante colorido y divertido, hay muchos hospedajes y ahí la gente vive de la pesca y el turismo ecológico. Esa tarde paseamos por el malecón, nos dimos un baño en el mar del atardecer, comimos un poco de pescado y nos preparamos para el día siguiente, hacia la playa Los Frailes, en el Parque Nacional de Machalilla. Coordinamos con Aníbal, uno de los administradores del hospedaje (Isla de la Plata) para que nos lleve a dicha playa al día siguiente. Para ingresar a la playa se debe pagar 15 dólares como extranjero, pero bien lo vale. Es una playa virgen, creo que la más limpia que haya visto yo en mi vida.
Cuando llegamos a las 9, solo éramos nosotras. Nos pasamos casi toda la mañana como amas y señoras de la playa, hasta que decidimos subir al mirador, para tener nuestro refrigerio, pues habíamos llevado nuestras provisiones debido a que nos indicaron que no se vende nada de comer ahí. Después de 20 minutos estábamos en el mirador disfrutando del paisaje y algo de comer. A esos pequeños momentos los llamo yo felicidad. Lo único que veíamos era el mar, la vegetación y la limpia arena. Lo que sí les advierto es que para subir al mirador hay que llevar zapatillas o deportivas, mucho repelente y quizá ropa que les cubra, o los mosquitos los cogerán de banquete como me ocurrió. Ya en la cima, nos decidimos a que no iríamos a Montañita como teníamos pensado en un inicio para el día siguiente, sino hacer un tour a Isla de la Plata como nos recomendó Aníbal. Un poco más allá de las 2 pm él estaba de vuelta con su moderno auto con aire acondicionado para llevarnos de regreso a Puerto López. En verdad hubiésemos deseado quedarnos en esa playa pero había que continuar el viaje.
Como cena comimos el exquisito ceviche de camarones (todavía se me hace agua la boca) por aprox. 3 dólares. Muy bueno, ver la foto J. Fuimos a dormir y al día siguiente estábamos listas para el tour. Un yate nos recogió como a las 10. Éramos un grupo de solo 6 turistas, el guía, el capitán y un ayudante. Con nuestros chalecos salvavidas salimos hacia la isla en un viaje que duraría hora y media. En el camino grande fue nuestra sorpresa de toparnos con una manada de delfines. Nunca había visto tantos delfines en mi vida, el capitán bajó la velocidad y un grupo de delfines iba delante, como dirigiendo la embarcación, el resto seguía la misma dirección por los costados, incluidos delfines bebés. Nos dejaron llegar hasta la proa para tomar fotografías y filmar. Pude verlos tan cerca, fue muy emocionante, estuvimos en eso como por 15 minutos, luego de los cuales ellos cambiaron de dirección y desaparecieron.
Nosotros proseguimos con nuestra ruta hacia la Isla. Al llegar, tomamos un poco de agua, comimos algo ligero y el guía nos llevó a observar un mapa de la isla con la ubicación de las principales especies animales que la habitan, muchas de ellas protegidas, y habitantes comunes de las Islas Galápagos. Por algo a esa isla la llaman “Galápagos chiquita”. El recorrido de la isla fue bastante duro (también lleven tennis). En un momento el calor debe haber llegado a los 45 oC, en la cima. Llevar mucha agua y sombreros o gorros. Una señora de otro grupo se desmayó (pero mis respetos porque era una turista anglosajona ¡de 90 años!!). Pudimos ver especies como las aves fragatas y las piqueras. Las fragatas dejan a sus bebes juntos, como en guarderías mientras ellas se van a cazar, y aunque esos luzcan grandes, el hecho que aún no puedan volar ni conseguir sus alimentos los hace ser técnicamente bebés.
De regreso a la parte baja, tomamos mucha agua, y regresamos al yate. Luego partimos hacia una zona cercana para hacer snorkeling de superficie, pudimos observar especies de peces de colores, ¡maravilloso!. Y luego tuvimos un refrigerio en el bote. Todo incluido en el tour (20 dólares aprox por persona). Estuvimos de regreso al puerto como a las 6 de la tarde. Estábamos muertas, descansamos para salir al día siguiente nuevamente a Guayaquil, en donde pasamos el último día y medio antes de volar a Lima. Visitamos los malls, hicimos algo de compras, comimos muchos camarones J ¡como extraño el combo camarón de KFC!, y visitamos otros lugares en la zona sur (Mall del Sur para hacer compras, y al cual llegamos en la otra alternativa de transporte público que son los buses).
El último día corrimos a la zona de artesanías del malecón a comprar souvenirs, a revisar el email para hacer nuestro check in en línea (ojo: el servicio de Internet es caro y un poco lento, debe costar como 1 dólar la hora). Luego subimos a Las Peñas para las fotos de rigor y desde arriba nos despedimos de esa espléndida ciudad que es Guayaquil. Nos fuimos cansadas pero contentas. Contentas de haber conocido gente tan amable tanto en Guayas como en Manabí, de partir sanas y salvas a nuestro país y de llevarnos el mejor recuerdo del hermano país Ecuador. Me quedo con las ganas de visitar Puerto López otra vez, pues me enteré que entre junio a octubre se desarrolla la observación de ballenas, pues el mar de Ecuador tiene la temperatura adecuada para que la ballena jorobada viaje desde la Antártida para reproducirse en un caso y en otro, para parir a sus bebés.
Debe ser increíble observar a los machos saltar fuera del agua para atraer a las hembras, y ver a las mamás con sus crías, y en general observar a tan hermoso animal en su ambiente natural, tal como pasó con los delfines. Por eso y mucho más…¡volveré! ;-) |
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