En mi tercer día en La Habana visité EL CAPITOLIO (1.929)que es el antiguo "Parlamento", no se utiliza desde los tiempos de Batista, pero está bastante cuidado y su hemiciclo tiene mucho sabor antiguo. El salón de Los Pasos Perdidos que debe su nombre a los largos paseos que daban los senadores pensando ó comentantdo sus sesiones, tiene en el centro la estatua de la Libertad y a sus pies en el suelo, un gran diamante (copia) que marca el kilómetro cero. En la visita se me ocurrió entrar en una pequeña cafetería dentro del Capitolio, me senté en su terracita y pasé un buen rato contemplando el latir de la ciudad, los cocotaxis, los camellos (autobuses impensables donde lo menos que te puede pasar si subes es que bajes con algo menos de peso).
Detrás del Capitolio, está la fábrica de tabaco Partagás. Merece la pena una visita guiada para ver desde la llegada de las hojas de tabaco, el tratamiento que les dan y por último las "torcedoras" ó elaboradoras del Puro a mano. Están en pupitres como en un colegio, bastante silenciosas y al frente hay un púlpito donde un hombre les lee el periódico Gramma y algún libro, por capítulos, para que no hablen ni se despisten de su taréa. Abajo al fondo de la tienda de Habanos, hay una sala VIP donde tienen una especie de guardería de Cigarros de gente importante, en nichos con su nombre (J. NIckolson, Spielberg) y con su temperatura adecuada. Por un obsequio al guía de la fábrica, nos la mostró, incluso me invitó a fumar un Habano sentada en unos lujosos sillones de cuero. Al salir de la fábrica, me asaltaron los vendedores de puros.
La verdad es que les pedí ver la mercancía y me llevaron a verla a su casa. ¡Qué casa!.Una vez dentro les pregunté si habían comido y me dijeron que solo comían una vez al día (al atardecer). Les propuse que ellos ponían la casa y yo la comida para todos juntos. Les encantó la propuesta y se ofrecieron a llevarme a alguna tienda donde podría comprar comida a buen precio, pero antes me advirtieron que tramáramos una historia por si la policía nos abordaba. Menos mal que se les ocurrió esto ya que que a los cinco minutos nos paró la policía, nos separó a unos de otros y allí mismo en la calle, nos acribillaron a preguntas. Como coincidían las versiones, nos dejaron ir (no sin antes avisarnos a nosotras que si nos molestaban se lo dijeramos a cualquier policía y les darían su merecido).
Me dió pena y verguenza ajena, que su propia policía considere a todos los cubanos "delincuentes mientras no se demuestre lo contrario". Volvimos a la casa con comida para 12 ó 14 personas, pero la verdad es que aparecieron muchos hermanitos, primitos y abuelas. Compatimos lo que había, cantamos, bailamos y comprobé en vivo y en directo que a los cubanos les faltan muchas cosas básicas, pero que basicamente tienen alegría, cariño para repartir y esperanza. ¡Mucha esperanza!. Caminando unos pocos metros, está el barrio Chino, que tiene mucho de barrio y poco de chino.
Entrando por la calle que está de frente al Capitolio está El Floridita, cuna del Daikiri, y cama donde dormía sus moñas Hernest Heminway. La estatua en bronce del famoso escritor está acodada en la barra, en la posición que él adoptaba siempre (yo soy de Navarra y aquí tambien se le tiene en mucha estima pues su libro Fiesta, describe como ninguno Los Sanfermines de Pamplona). Siguiendo del Floridita, en dirección contraria al Capitolio, llegas a la plaza de la Catedral. Colonial y bonita por fuera, aunque por dentro es poquita cosa. Curiosamente guardan como una reliquia la silla donde se sentó el Papa Juan Pabo II en su visita a La Habana.
La Plaza de la Catedral es para sentarte a comer ó tomar un refresco en el restaurante El Patio, gozar de música e vivo, respirar y mirar lo que acontece a tu alrededor. ¡Pura Habana! Cuando empezó a atardecer fuimos al famoso Malecón. Feo, pero vivo. Cientos de personas reunidas con una botella de ron, una maracas, una guitarra, o simplemente un casette, bailan, charlan, cantan y disfrutan más que los jóvenes españoles con 100 euros y la mejor discoteca. El Malecón es gratis y es para todos... a disfrutar. A las 8 cogimos un taxi y fuimos al otro lado de la bahía, a la fortaleza desde la que el Ché y El Comandante, dirigieron el golpe a Batista y la Revolución.
A las 9 de la noche es El Cañonazo. Unos soldados de época hacen una salida de cuartel, en perfecta formación, y llegan al borde de las murallas donde disparan un cañonazo que rememora el que se hacía hace cientos de años para avisar a la población de que se cerraban las puertas de la ciudad hasta la mañana siguiente. De la ciudadela, tomamos otro taxi para ir al Tropicana, famoso cabaret al aire libre donde el espectáculo de música y danza es casi obligatorio de ver cuando viajas a La Habana.
Del cabaret a la cama directas y agotadas. Amanece otro soleado día y decidimos ir a los mercaditos (Junto a la iglesia de San Ignacio frente al puerto, otro en la plaza de la Catedral, y otro en el malecón cerca del Hotel Cohiba). Compramos anillos y cruces hechas de asta de res, collares de pipas de sandía, pulseras hechas con cables eléctricos viejos, lienzos al óleo repetidos cientos de veces, y poca cosa más. Llegado el medio día fuimos a comer a La Guarida que es una paladar (restaurante particular para un máximo de 11 personas) donde se filmó la película Fresa y Chocolate.
Dios mío es realmente una guarida, se cae a pedazos como toda La Habana, pero comimos bien y no demasiado caro. Por la tarde visitamos la casa de José Martí y nos dedicamos a pasear La Habana Vieja. Cada calle, cada plaza y cada rincón te cuenta una historia de Señores, de Exclavos negros, de magníficas mansiones, de danzas y de música que se oye en cada bar y en cada esquina. Nuestro último día en la Habana lo dedicamos a ver El Vedado ó Habana moderna. La plaza de la revolución, el edificio característico con la imagen del Ché hecha de hierro forjado ensu fachada, la embajada de USA tapada por más de 100 banderas cubanas para evitar que se lean los letreros luminosos que dicen cosas no adecuadas para los cubanos. La universidad, los parques y las casas de la gente "rica", la quinta avenida (curiosamente tiene nombre de una avenida norteamericana), la estatua de Jose Martí y la de John Lennon,y un ir y venir de cohes viejos que solo los cubanos son capaces de hacer andar.
Me voy de La Habana diciendo que volveré a buscar mi corazón ya que lo dejo aquí para que palpite con la gente cubana. Me voy... habanero, mevoy. Pero antes os recomendaré a todos que visiteis la Habana cuanto antes. Antes de que entre el capital y la convierta en otra ciudad cualquiera. La Habana fué LA PERLA DEL CARIBE, Y LO SIGUE SIENDO.!!! RECOMENDACIONES: Llevar euros ya que son méjor pagados que el dolar. Cambiear siempre el dinero en la CACA (caja de cambios) ó te timaran.
En Cuba hay dos monedas diferentes: el peso cubano (solo para ellos) y el peso convertible para el turista. Si cambias en la calle es posible que te den pesos cubanos y valen 40 veces menos. Sus pesos suelen tener la imagen del Che. Con los taxis y cocotaxi pactar el precio. Tener en cuenta que carecen de muchas cosas y podeis tener la amabilidad de llevar artículos de aseo, mecheros, relojes que no useis, camisetas, biseras, tampax y algún analgésico como aspirina o similar. No olvides llevar revistas del corazón, pero ojo que no haya desnudos pues casi todo se considera pornografía y no está permitida.Las bicicletas que hacen servicio de taxi-bici son solo para cubanos. Si vas a comer a una paladar pacta el precio.
En los mercaditos debes regatear. En la calle venden unos bocadillos de carne de cerdo que ellos comen muy a gusto, pero que no sabes los dias que esa carne lleva en el carrito. No necesitas pagar una excursión guiada, La Habana se pasea facil y lentamente y cada cubano es un guía auténtico. Lleva protector solar y bebe solo agua embotellada. Pero no temas nada, estas vigilado y cuidado en todo momento.
DISFRUTA LA HABANA Y GOZA COMO SOLO EN LA HABANA SABEN HACERLO. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|