He repetido tantas veces las mismas frases que, antes de hablar del Líbano, aviso de que tengo mi discurso muy bien aprendido y sólo entonces puedo empezar a explicarme. Por qué elegir vivir allí?: quedan pocas ciudades cosmopolitas en el Mediterráneo; Trieste, Alejandría, Salónica, Estambul, perdidas al despertar de los pueblos, nos quedaba al menos Beirut, con sus cristianos de Oriente, sus 18 confesiones oficiales, sus trabajadores baratos sirios y egipcios, sus refugiados iraquíes, y hasta sus empleadas domésticas srilankesas, más o menos indiferentes unos hacia otros, pero viviendo juntos.
Luego, digo siempre que España es un nombre fenicio que significa tierra de conejos y que allí me siento más yo mismo, que hay algo en su modo de vivir extremo, intenso, vital, espontáneamente mediterráneo, que conecta conmigo en lo más profundo. ¿Será que tienes origen fenicio? -me dijo mi amigo Jad hace unos pocos días, haciéndome reir-. Jad, Jadour en realidad, como muchos libaneses, contrae su nombre para hacerlo más occidental.
En la ex Suiza de Oriente Medio, en el Paris del Este, ser de "Occidente" supone, ipso facto, un plus de respeto que deriva, no de un vil servilismo, sino de un interés y curiosidad innatas; aman la novedad, veneran la educación, creen aún, a diferencia, de nuestro discurrir post-moderno, en la idea de progreso y levantan impresionantes torres de apartamentos, marinas y centros comerciales, para polemizar después sobre si éstas respetan o no la perspectiva del Beirut de antaño.
Emprenden, actúan, -todo tienen una solución en Beirut- renacen de sus cenizas una y otra vez y emigran; Brasil, Canada, EE.UU., Africa occidental, Australia: la diáspora libanesa: el éxito.
Un país de contrastes, sin matrimonio civil ni divorcio (en Israel tampoco), pero con un vive y deja vivir- compromiso de mínimos, sí, pero compromiso- y unas discotecas gays sin igual que atraen a todos los habibis del Golfo pérsico.
Una nación que sueña, -helem- que sufre, que tiene organizaciones caritativas, las damas de Nuestra Señora de Haissa, que aún organizan tómbolas donde el sorteo del premio tiene lugar " suite à un dejeuner châmpetre "( tras una comida campestre) y donde lo más parecido a la labor asistencial propia de un Estado social, tiene nombre de partido religioso, Hezbollah.
De otra parte Israel, la única democracia de Oriente Medio, para usar la nomenclatura al uso. Recuerdo las tres horas que pasé en su frontera en Eilat, aquellos chicos y chicas de 18 años recientes que cumplían sus servicio militar, (tres años para ellos, dos para ellas), sus enormes metralletas, la sonrisa de sus labios al tiempo que pasaban por mi equipaje, con metódica parsimonía, un algodón impregnado para detectar explosivo .
Sí , me encanta Líbano, el único lugar de la tierra donde se puede esquiar por la mañana y bañarte en la playa por la tarde, les decía ingenuamente, y ellos me miraban suspicaces. - Ya, los cristianos....- respondían-. -No, nadie me dio paquete ni recado alguno, -retomaba yo- y ya nervioso: - por qué tantas preguntas? - Porque nos gusta hablar con gente agradable como tú, nice people like you.¿ Afirmacion mordaz o no?.
Las horas de espera. La mujer, hija de padre palestino y madre española, que intentaba por última vez, tras haber sido rechazada previamente en los otros dos puestos fronterizos de Israel con el reino hachemí, regresar a Cisjordania. El reencuentro imposible con su marido e hijos. (Había salido meses antes a visitar a su familia en Canarias y le denegaban el retorno, su caso atascado en los tribunales israelies, quiso agotar toda esperanza...). El sol de justicia. Su desmayo ( por haber tenido la regla durante el Ramadán no había podido ayunar y recuperaba esos días ahora), el hermano que la consolaba e insistía en que comiera o al menos bebiera algo.
La extrañeza al ver que los mismo oficiales que sin atisbo de duda le denegarían el retorno, eran los primeros en ofrecerle un vaso de agua*. El modo en que lo rechazó, con determinación y orgullo . Ignorar si sigue esperando aún....
La Israel que conocí, los problemas de toda democracia; discriminación de askenazis a sefardíes y falashas, el terror cotidiano, la ultra-derecha religiosa, una desigualdad creciente en la que era una de las sociedades más igualitarias del mundo, el miedo, la necesidad de escapar de él, el abuso de las drogas de diseño, la arrogancia que nos hace peores por rendirnos a prejuicios y afirmaciones que empiezan por: -esto no es Europa, ni ellos europeos, son árabes y éste, el lenguaje que entienden y respetan...
Noviembre, Tel Aviv, la lluvia, los escaparates que me recordaban a Hungría o Polonia, el castellano que allí tanto se escuchaba, los judíos argentinos, la mano de obra latina y tailandesa que remplazó a la palestina tras las últimas entifadas. La noche,la huída hacia adelante, el salto al vacío en bares y locales tan increíblemente parecidos a los de Beirut. ¿Odiamos especialmente a quienes más nos recuerdan a nosotros mismos? Tel Aviv y Beirut distan 200 km.
* Un amigo italiano me explicó después que hacían esto para evitar el escándalo de que se les murieran los detenidos por deshidratación (algo ya ocurrido anteriormente...)
En Líbano los taxis no tienen taxímetros, en Israel sí, pero al montar en uno en Tel-Aviv, tuve que escuchar la siguiente desfachatez: si tanto quieres que use el taxímetro no vengas a Israel, quédate en tu casa. Ni más ni menos! |
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