PONGAMOS A ANDAR UN VIEJO SUEÑO
Ya tengo por fin el auto QUE SIEMPRE ANHELÉ y de pronto, el mundo está a nuestro alcance. Voy a ir al fin del mundo; como me decían en la casa vallase pa la Patagonia; Pues le voy a hacer caso a mi Mamá.
Un sueño que se inició hace seis años con la consecución de unos fierros oxidados, restos de un Ford 1928 que fueron tomando forma poco a poco y después de noches de añoranzas y desvelos, después de incalculables fines de semana mecaniquiando, después de innumerables madrugadas hablando y hablando, después de días nublados y despejados, después de sueños y pesadillas, de interminables noches de insomnio y suspiros, después de años y años dándoles forma a estos retazos, después de evaluar y decidir, de pensar y pensar... por fin
VOY A HACER EL VIAJE AL FIN DEL MUNDO: VAYASE PA LA PATAGONIA
Seis años dándole a restaurar, no, no, no; a armar, noooooo; a ensamblar mmmmm no se; es que había tan poco, que solo un perturbado se mete en semejante empresa, era sacar de la basura una chatarra extraviada, olvidada e intentar salvarla para luego pensar que hiciera la friolera de 20.000 Kilómetros sin detenerse, subir a donde un modelo del siglo XXI lo pensaría dos veces, recorrer lo que fondillo alguno jamás soñó en semejante incomodidad, es que si me dicen que por que elegí este tiesto, es porque no encontré nada peor.
Marco Polo, Magallanes, Colón, construyeron naves y se transportaron en ellas, llegaron a sitios completamente desconocidos también tuvieron ante sus ojos una tierra recóndita, deseada y acariciada largamente en sus planes; y Yo también quiero hacer lo mismo, guardadas las proporciones. (Ellos no tenían celular). Hoy casi todas las carreteras han sido surcadas, las montañas han sido escaladas, se han recorrido todos los mares, desiertos y selvas...
Entonces, ¿donde está la aventura actualmente? Nosotros creemos que está en el desafío de hacerlo a lomo de un FORD-MULA. Luchar contra las cumbres de los andes, pensar este motor guerreando contra alturas de más de 4.000 metros, ir hasta el fin del mundo, ir en un carromato hasta lugares inaccesibles e in imaginados, son formas diferentes y fascinantes de acercarse al mundo desconocido.
Las montañas más escarpadas, que altaneras sostienen el firmamento, serán alcanzadas; las distancias imposibles serán recorridas, los volcanes más soberbios que le declaran la guerra al cielo serán conquistados; ese desierto que se a resistido a ofrecer un hijo, será fecundado con la semilla de la voluntad; la patagonia será registrada, y cada parte de este armatoste tendrá un objetivo preciso que nos tendrá que llevar y traer. El anonimato parroquial será desterrado.
Mi testamento son recuerdos, risas, un par de lágrimas; un carro viejo, todo mi amor, mi corazón y mi coraje! Pero también tendrá un renglón de aventura, de intrepidez, indudablemente de frescura, pero tendrá un apartado de culpabilidad: Me gasté un tiempo que no tenía; dirá en algún fragmento que derroché una parte de mi cosecha dándome un gusto, sin el que no podría morirme tranquilo.
El final de la restauración es el primer capítulo del Sueño; es el rocín listo, ensillado, cada tuerca ensamblada es un segundo más cerca de la ilusión; Lógicamente falta probarlo esperar que sus partes completamente desconocidas entre si, se vayan hermanando, se “casen”.
El trabajo de la preparación, el esfuerzo y los sueños que preceden a esta gran empresa son parte del equipaje y de la recompensa. |
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