Lunes temprano por la mañana salió el bus, 8.45am ya estábamos rumbo a la selva, a Pilcopata, pueblo que es el límite entre la provincia de Madre de Dios y Cusco. A medio día llegamos a Paucartambo, punto donde se termina la sierra, allí se hacen una de las mejores fiestas populares del Perú, la fiesta de la Virgen del Carmen. Se hace una parada de treinta minutos para almorzar. Nosotras llevamos nuestro box lunch, tortilla española a lo Chiqui y néctar de naranja, ni bien terminamos para el bus y a seguir con la ruta. Cuando todo se ponía más verde, mas aromático, más vistoso, de pronto se ve a lo lejos una fila de buses, camiones y volvos, como les dicen a los grandes camiones. Nos dieron la noticia, que había un derrumbe, nos acercamos a éste, era bastante grande, no había tractores ni nada, y estaba desde la noche anterior, así que probablemente íbamos a tener que pernoctar allí. Todas las personas se unieron para solucionar el problema y poder pasar, así fue que poco a poco fueron pasando primeros los volvos y finalmente cuando casi cayo la noche llegaron los tractores, y pudimos pasar.
10 30 de la noche llegamos a Pilcopata acompañados de una lluvia caprichosa, que persistía. En Pilco, teníamos que cambiar de Autobús para llegar a Salvación, con uno más pequeño y más accidentado, arriesgándonos a toparnos con el río y no poder cruzar. Pero ya me latía que no podríamos cruzar, la lluvia estaba furiosa, y mientras más nos adentrábamos en la selva se ponía más fuerte, y la vegetación era mas tupida, y el olor mucho más intenso. Al llegar a Atalaya a la media noche, el río estaba grande, imposible cruzar, así que nos quedamos a pernoctar allí, hasta que amanezca y baje las aguas.
Imposible dormir, la lluvia caía con fuerza sobre el techo de calamina de la habitación. 5am ya estábamos despiertos para cruzar el río, pero aun no se podía porque la lluvia persistía. Dieron las 8am y los Volvos empezaron a cruzar, y luego nosotros, la primera parte pasamos bien, pero el segundo tramo, nos quedamos, tuvimos que bajar y estar bajo la intensa lluvia, mientras otros empujaban el autobús, pero metro a metro se quedaba, hasta que logro seguir de corrido, felizmente ya habíamos cruzado, estábamos más cerca, pero había otro río. El segundo río esperamos como dos horas que el chofer decidiera por donde entrar, pero escogió el peor camino, y nos quedamos atascados y lo peor, ligeramente inclinados, y de pronto nos percatamos que el agua estaba entrando al bus, lo cual no era un buen síntoma. Con las mismas, me fui hacia delante, y vi que había más agua, y les dije a las chicas, salgamos ¡ya! Esto no tiene buena pinta. Chiqui llevaba a Gustavito, y yo la lapi topi y mi cámara, dos tesoros. El río se venía con fuerza, la corriente te quería atrapar y llevar río abajo, se me hizo difícil cruzar, unos caballeros me ayudaron al cruzar. Al pasar el río, el tormento había terminado. Al medio día ya estábamos finalmente en Salvación después de una gran aventura al puro estilo del Perú profundo.
Miércoles 20 de febrero
Noche de Luna llena y eclipse lunar con un cielo infinitamente estrellado, la cual era acompañado de una melodía que sólo podría ser escuchada en el mundo de la selva. Todos nos quedamos admirando aquel cielo, esperando que llegue el eclipse lunar, y pudimos contemplar toda la belleza de la que estábamos rodeados, y lo afortunados que éramos al estar compartiendo aquella obra de la naturaleza.
En el momento del eclipse, se vino de pronto un silencio oscuro en el que los animales dejaron de escucharse, al parecer habían sentido lo que sucedía, y contemplaron con nosotros la paz de la noche.
Jueves 21 de febrero
4 45am, me levanto el despertador del celu (la única función que brindaba en aquel lugar), hora de levantarse para ir a la Cocha. 5 15am salimos de Chaskawasi para la cocha, aún de noche, y lo único que nos iluminaba era la luna llena que aún nos brillaba intensamente. Era un espectáculo aquel, poco a poco fue amaneciendo, vimos los cambios de colores del cielo, que tendían a colores grises. Había intensiones de lluvia.
Pasamos el letrero de Cocha Machuhuasi, ya faltaba poco. Al llegar a verla desde lo alto, nos dimos la sorpresa de los monos, que se encontraban sobre los árboles, deslizándose suavemente, había por doquier, negritos y pequeños. Mientras bajábamos, íbamos divisando más, era wou!!! Qué regalo nos daba la cocha.
Por la noche volvió la lluvia con furia de lo que no había llovido la noche interior, fue la lluvia más intensa que había escuchado en mi vida. El cielo gruñía.
Viernes 22 de febrero
Comenzó el paro en la región Cusco. Mi retorno estaba en indeciso a la ciudad del Cusco. Fui a la radio, el único medio para comunicarse con el mundo. Al parecer saldrían los buses para Pilco a las 7 de la tarde. Fui a darme el último chapuzón en el río Salvación, contemplar y disfrutar del momento con Chiqui y del Manú, era la despedida. Como siempre digo, un hasta pronto.
Sábado 23 de febrero
Sobre mi mosquitero habían un millar de insectos, me levante a las 5 am, decían que salía el bus a las 6am, hubo derrumbe. Yo quería salir del pueblo sí o sí. Sólo salía un autobús, Unancha, pero ya no había espacio, sólo intermedio y decidí tomarlo, 15 solcitos y viajar parada. Salimos al medio día, durante la ruta se pincho la llanta 2 veces, felizmente había conseguido un banquito en el cual viajaba. Casi llegando a Paucartambo, nos dimos con la sorpresa que ahora le toco a la dirección. Así no íbamos a llegar, y yo no llegaría para el 24, mi cumpleaños. A los 20 minutos dijeron que ya estaba arreglado. Siete de la tarde, espalda destrozada, con sueño, con el culin plano y picado por los moscos llegamos a Paucartambo, parada para “almorzar”. Me compre un paquete de galletas, sólo quería llegar a Cusco.
Las 12 la pasé en el bus, a la una de la mañana ya estabamos en Cusco, hicimos 13 horas de viaje. A las dos de la mañana ya estaba lista para salir de fiesta, estaba muy cansada pero mi cara reflejaba alegría de haber pasado días tan hermosos. Dicen, que los lugares más hermosos implica un gran sacrificio llegar, y ya saben que me gustan los retos. Volveré al Manú, pero la próxima vez en temporada seca o en avión.
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