Llegamos con dos horas de retrazo a la ciudad de Puno, para variar por problema del transporte, esta vez, se acabo la gasolina del autobús.
A las siete de la tarde empezó la víspera de la Fiesta de la Candelaria, la cual es celebrada en el parque Pino. Comenzaron las danzas, sin mucho color pero mucho ritmo y alegría. Enseguida siguieron los fuegos artificiales, el castillo y más danzas. Muchas de las comparsas escogieron su cuadra y empezaron con los tragos Nosotras para el hotel, pues la temperatura bajaba y el cansancio se hacia más intenso.
Hotel Arequipa, es donde nos hospedamos, a 40 soles la habitación doble, con agua caliente, camas calentitas y confortables. El domingo, tuvimos la intención de levantarnos temprano, pero no la hicimos, después de un viaje en autobús que nos maltrato el cuerpo, necesitábamos reponer fuerzas. Finalmente nos levantamos a las diez de la mañana, y ya se podían escuchar las bandas por las calles de la ciudad, los cuales venían del estadio, donde se realizaba el concurso. Me levante y con las mismas fui asomarme a la ventana del hotel, las calles ya estaban vestidas de color y música. Un baño rápido, y salimos para deleitarnos de la energía y alegría de la fiesta, variedades de danzas y vestimentas, un sol radiante que hacían que brillen más, y las fotografías salgan más hermosas.
No hay edad de límite, desde niños hasta adultos comparten de esta fiesta, es la fiesta de todos. Los mejores danzantes considerados para mi, los caballeros de blanco, la danza de los caporales irradian una energía, alegría, elasticidad, y un extraordinario desenvolvimiento que a todos los deja boqui abiertos. De pronto, entro a la plaza la mamita Candelaria, toda hermosa ella, protectora de todos, devota de muchos, y fotografiada por todos.
Lunes, el día central de la fiesta, Puno vota la casa por la ventana del fiestón que será. Comenzó con un buen sol, y toda la ciudad estaba arreglada con altillos para las personas, dicen que los alquilaban a ochenta soles. Que abuso, muy caro para mi gusto, así que yo escogí un espacio al pie de éstos, y lo mejor es que no pagué ni un sol, y tu ve una ubicación de lujo, justo a unos metros de los jueces, por ello los danzantes se esmeraban mucho más y pasaban y pasaban sin cesar, un millar de colores, de saltos, de aplausos, y de cervezas se deslizaban a mi alrededor.
En la plaza se encuentran a la mitad del camino, el cual comienza en el estadio y termina en el cementerio, hay danzas por doquier, 60 grupos que entran al concurso, durante todo el recorrido hay jueces que los evalúan, ya que este día toman el 60% del puntaje, y el día anterior un 40%. Los danzantes las mayoría de las veces alquilan sus trajes, y éstos pesan entre 15 kilos a más.
Yo estaba de completa espectadora, fotografiando sin cansarme, y compartiendo con las personas de los altillos, entre chelitas y conversas, cuando de pronto empezaron a venir los danzantes de la Morenada. Entre ellos había el que llevaba la comparsa, un caballero bastante guapo y de buen porte se acercaba a las chicas y las sacaba a bailar, todo un galán. De pronto, me pierdo entre los colores, y lo único que veo es la mano extendida del caballero, sacándome a bailar, y le digo, ¡no!, y me dice, si vamos a bailar. Acepte, fueron 4 o 5 pasos donde todos sacaban fotos, la fiesta vino a mi, y bailamos entre todos los danzantes. Me dice gracias, sigue su camino, y yo vuelvo a “sitio”.
Después del roche, diré del baile, recupere mi batería de la cámara, y seguí entreteniéndome con las fotos. De un momento a otro, el cielo se nublo, vino el viento y con el la lluvia, me quede un momento más, hasta que decidí despedirme de la fiesta. Dicen que la mamita esta molesta por haber cobrado tan caro los altillos. Fui por algo caliente e ir por mis cosas, antes de mi retorno a Cusco. Gracias Mamita Candelaría |
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