Desde que comenzé a planificar este viaje el objetivo central siempre apuntó a este lugar la Isla del Sol en el Titicaca boliviano. Los demás lugares visitados se veían como lugares de paso obligado, como suerte de estaciones intermedias en un viaje en ferrocarril. Sin embargo en el transcurso de la travesía descubrí la belleza luminosa de Arica, la exquisita gastronomía de Puno, la sorprendente vida de los Uros, la invaluable tranquilidad de Amantani y la cosmopolita vida en Copacabana.
Estos verdaderos hallazgos eran tan fascinantes de por si que me provocaban cierto temor en el sentido de que la Isla del Sol no cumpliera mis expectativas y tal vez hubiera planificado mal el objetivo final de mi viaje. Conseguir tickets para visitar las Isla del Sol es la cosa más sencilla de hacer en Copacabana porque sencillamente los venden en todos los puestos y almacenes de la ciudad que sirven como agencias de viajes improvisadas. El costo del ticket es de 25 bolivianos (menos de 4 U$) y considera la ida y vuelta por un día a la isla, visitando los dos puertos de la misma, claro que después supimos que habían una serie de excepciones, asi que en sus cuentas reserven unos 20 bolivianos más para visitar los sitios arqueológicos.
Lo lamentable es que ya es imposible tomar lanchas colectivas que visiten la Isla de la Luna, la única forma de hacerlo es contratando una lancha particular que cobran 500 bolivianos (U$ 72) desde Copacabana o 250 bolivianos (U$ 36) desde el puerto norte de la Isla del Sol. En nuestras travesías por el Titicaca peruano un lanchero de Puno me dijo que llegando a Copacabana iba a notar la diferencia entre la calidad de embarcaciones y servicios a uno y otro lado de la línea fronteriza, y sus palabras resultaron absolutamente ciertas. Al embarcadero nos tuvimos que presentar a las 8:15 de la mañana despues de un desayuno en uno de los puestos de la plaza de la ciudad porque los locales en su mayoría abrían tipo nueve. En Puno las lanchas transportaban a no más de 20 pasajeros, además del patrón de lancha yel guía turístico, acá en Bolivia habían tan solo dos lanchones disponibles para trasladar a poco menos de un centenar de pasajeros, obviamente olvidemonos del guia turístico. Luego de cargar o más bien sobrecargar los lanchones, iniciamos el viaje. De inmediato volví a encontrar diferencias entre el Titicaca peruano y boliviano, pero estas no implicaban que uno fuera mejor que el otro.
A la salida de Puno las naves se abrian camino en medio de los totorales lo que le daba al aire una sensación un tanto selvática, en tanto a poco salir de Copacabana las naves bolivianas cruzaron una serie de arrecifes rocosos, pasando incluso a pocos metros de algunos de ellos, eso mimo provocaba una sensación más oceánica. Después de dos horas de navegación comenzamos a bordear la isla del Sol que poco a poco aperecía a nuestro babor (costado izquierdo), en tanto a estribor divisabamos la silueta de la isla de la Luna que continuaría virgen para nosotros. El verdor de ambas islas era bastante llamativo, los mismos las edificaciones a medio monte en la isla solar, otro elemento llamativo era la ausencia casi completa de playas, al menos en el lado oriental, ya que la costa terminaba en filosas barrancas.
Finalmente arrivamos al puerto norte de la isla, establecido en una de las pocas playas de la isla, en este puerto se ubica la comunidad indígena Challapampa. La navegación nos despertó el apetito asi que entre todos los turistas vacíamos en pocos minutos un pequeño puesto de hamburguesas instalado junto al muelle. Luego de ello uno de los comuneros nos reunío junto al patrón de la lancha y nos explicó las reglas del juego: eran las 10:30 de la mañana, la lancha zarparía del puerto norte a las 13:30 rumbo al puerto sur y se marcharía de este a las 15:30 rumbo a Copacabana, era responsabilidad de cada cual encontrarse a la hora señalada en el puerto respectivo. Asi que las opciones eran visitar el laberinto de Chikana en el puerto norte y regresar al lanchón para visitar luego el puerto sur donde se encuentra la escala y fuente del inca, o luego de visitar Chikana iniciar un caminata de 3 horas atravezando la isla para alcanzar la lancha en el siguiente puerto.
Explicadas las condiciones uno de los comuneros que ofició como guía nos llevó hasta el museo de la comunidad, claro que para entrar a él y visitar las siguintes ruinas era necesario comprar un ticket por un costo de 10 bolivianos (1,5 dolar). El museo es más bien una pequeña pieza donde se encuentran algunas vasijas, figuras de piedra y osamentas encontradas en su mayoría por Jacques Cousteau en el fondo del lago. Luego de visitar el museo iniciamos la caminata rumbo al templo del sol y el laberinto de Chikana. Acá el viaje comenzó a hacerse cada vez más fascinante. El camino se alza ondulante, pavimentado en piedra, pero de cierta forma más agreste que los senderos de las demás islas, eso a su vez le daba un aspecto más inhóspito, más virgen y te hacía sentir más que un visitante un explorador. Mientras avanzabamos, cada cierto rato a la derecha del camino varios metros bajo nosotros se podían apreciar hermosas playas de un agua color turquesa tan transparente que podía distinguirse cada piedra y figura en el fondo del lago, era como contemplar una postal de las Bahamas pero a 3800 mts. de altura.
Tras casi una hora de caminata llegamos a una plataforma rocosa con vista a ambos costados de la isla, aqui nos encontramos primero con la mesa de sacrificios, una mesa de piedra a mitad del camino y la roca sagrada, una saliente rocosa en la que los tiwanakotas e incas creían ver la forma de un Puma (la verdad es que despues de mirar las fotografias finalmente encontre el rostro felino). Ese lugar ya era de por si increible, estabamos frente a Titicaca, la piedra del Puma, el lugar que daba nombre al lago y en donde los antiguos reaizaban sus sacrificios rituales, pero luego nuestro guía nos llevó a un lugar al menos para mi mucho más sorprendente: el laberinto de Chinkana. Chinkana es un laberinto construido en roca que aparentemente estuvo destinado a los iniciados en el sacerdocio a Inti, y es un laberinto en todo el sentido de la palabra, con corredores que llevan de un lugar a otro y varios niveles de construcción, de hecho es bastante dificil encontrar la ruta hacia las terrazas exteriores.
Su punto central es un manantial en medio de la roca desde donde brota agua dulce, considerada sagrada por los antiguos, un lugar increiblemente mágico y solemne. Nos detuvimos durante un buen rato allí cada cual sumergido en sus meditaciones. Mi hijo recorría los pasillos seguramente imaginándose ser un guerrero antiguo, yo en tanto pensaba en la inmenzidad del lugar, en lo hermoso y lujoso que debió haber sido en su época, porque aún cientos de años después continúa siendo un lugar majestuoso. Terminada la visita a Chinkana nuestro autoimpuesto guia turístico nos señaló que debiamos cancelarle 5 bolivianos cada uno porque lo cobrado en el museo no incluía los servicios, la verdad es que el pago se lo merecía por los datos entregados pero lo ideal es pactar estas cosas al comienzo y no enterarse cuando los hechos están consumados. Hechos los pagos había que tomar una desición: regresar al puerto norte, lo que nos tomaría al menos una hora, o atravezar la isla y encontrar las lanchas en el puerto sur.
Mi idea era hacer lo segundo, pero mi hijo se encontraba ya bastante cansado por la travesía del día y los días anteriores asi que optamos por regresar a Challapampa. En el camino, a pesar de recorrer los mismos lugares todo parecía diferente porque el color y la textura del lago pareciaera cambiar a medida que el sol va cambiando de posición en lo alto. Tomamos la lancha en el pueto norte y nos dirigimos a Saxamani, el puerto sur. Este lugar es definitivamente paradisíaco, alli se encuentra un pequeño embarcadero rodeado por el verde delos árboles que crecen en las salientes de los cerros. Descender allí me hizo recordar mis años de niño cuando veía en tv la isla de la Fantasía.
En uno de los flancos del muelle se encuentra uno de los lugares para mí más sognificativos del viaje, una de las razones que a mi me llevó a Titicaca, la Escala y Fuente del Inca. Una escalera de piedra de unos 60 mts. a cuyo costado corre un manantial. Al llegar a lo alto se descubre que el manantial fluye desde una loza de piedra con tres orificios por donde escurre abundantemente esta agua cristalina que con mi hijo no nos cansamos de beber.
Lo único lamentable es que alguno de los estúpidos de siempre hizo un grafiti sobre la loza de piedra ue ojala pronto borren. Saxamani es un lugar hermoso, me imaginaba lo que sentía la nobleza Inca al pasear por aquellos lugares, para aumentar la magia mientras estabamos en lo alto de la escalera vimos aparecer en el lago un enorme barco de totora navegado a la usanza antigua, aparentemente es uno de lo fabricados por Thor Heyerdal para sus expediciones y ue actualmente se usa como atracción turística. Al cabo de una hora en el lugar comenzaron a llegar nuestros compañeros de expedición que se aventuraron a cruzar la isla, a tiempo justo para tomar los lanchones de salida. Si cuando salimos de Copacabana las naves estaban sobrecargadas, de regreso esto llegó a los límites de lo sostenible.
El patrón de la lancha y su suerte de contramaestre-ayudante hechaban y hechaban gente en la cubierta, el techo, los costados, pidiéndonos a cada instante que hicieramos espacio para más personas. La lancha zarpó lentamente rumbo al sur e hizo su final parada los pies del Palacio de Pilkokaina, una pequeña construcción incaica en una saliente rocosa a cuyos pies se alza un improvisado embarcadero. El "contramaestre" nos dijo que este podíamos visitar el lugar por 20 minutos, inmediatamente todos nos pusimos de pie, pero mientras haciamos eso agregó que para visitarlo debíamos cancelar 5 bolivianos. Inmediatamente el inmenzo y multicultural grupo turístico se sentó y casi al unísono pedimos que la lancha continuara su rumbo a Copacabana.
No es que no nos interesara conocer el palacio inca, tampoco que 5 bolivianos fuera mucho de dinero, de hecho es menos de 1 dolar, pero ya a esas aluras a todos les molestaba un poco esto de tener que estar pagando impuestos y derechos de visita a cada instante. Creo que a Bolivia le falta aprender muchísimo de la experiencia peruana en cuanto a su desarrollo turístico, tienen un gigantesco diamante entre las manos al que no le sacan el total provecho. Estoy absolutamente de acuerdo en que los pueblos originarios se beneficien de las visitas hechas a sus tesoros naturales y arqueológicos, pero creo que es mejor estructurar sus cobros de otra manera, tal vez incluyendo todos los costos en los tickets de visita, tal como lo hacen en Puno.
De igual forma es necesario invertir en la calidad de las embarcaciones y por sobre todo capacitar en el idioma inglés a los patrones de lancha y a los guias, ya que las traducciones de las explicaciones e instrucciones a quienes no hablaban español las debíamos hacer nosotros mismos. Si algún boliviano lee esto ojala pueda hacer algo para cambiar dichas situaciones. Lo importante es que al hacer el resumen de la visita a la Isla del Sol, me quedó con imágenes impresionantes, lo cálido y amable de su gente, algunas magníficas piezas de artesania que solo allí encontré, la hermosura de las playas escóndidas en su flanco norte, la mejestuosidad del Chinkana, y por sobre todo la postal inolvidable que es el puerto sur, un lugar al que definitivamente más allá de la altura, las horas de viaje y otros, dan ganas de volver.
Ojalá todos quienes lean esto tengan la oportunidad de beber de las aguas de la fuente del Inca y como yo se siente en lo alto de la escalera de Saxamani contemplando el paisaje mientras el sol en lo alto transforma al Titicaca en un gigantesco espejo azul. De esta forma terminó mi viaje en el lugar donde precisamente quería que culminara, lo que sigue es el largo regreso a casa a más de 2.500 kilómetros de distancia, pero sintiendo que conocí en parte el Titicaca, una de las maravillas naturales de nuestro planeta, y que este quizo compartirme algunos de sus secretos. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|