
Navegación por el Titicaca
Lago Titicaca | 0 comentarios.
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Tras una larga travesía rumbo a la ciudad de Arica, el paso por Tacna y la llegada a Puno, finalmente llega el momento anhelado de adentrarse en las profundidades del lago Titicaca. Son las ocho de la mañana y el embarcadero de Puno se llena de turistas principalmente europeos.
Mi hijo y yo abordamos la nave que nos trasportara en esta aventura de dos días consistente en visita a las islas flotantes de los Uros, Amantani y Taquile, por un costo de 35 soles por persona (unos U$ 12) incluido traslado, guia turístico, alimentación y alojamiento en Amantani, los únicos adicionales son el almuerzo en Taquile, los souvenirs y las cervezas y bebidas compradas en Amantani. La aventura comienza con un viaje de casi dos horas por las tranquilas aguas del Titicaca, avanzando en medio de los totorales, contemplando una flora y fauna fascinante que nuestros nuevos amigos franceses no dejan de fotografiar con sus gigantescos teleobjetivos.
Es casi como sentirse en un programa de Nat Geo. Por fin llegamos a la islas flotantes de los Uros, pueblo que hace casi medio milenio se refugio en las profundidades del lago Titicaca huyendo de las violentas guerras aymaras y del posterior dominio inca. Bastante había leido sobre ellos, en particular de su forma de vivir en islas hechas de totora que flotan sobre las aguas del lago, pero nada de lo leído, escuchado o visto en fotografias puede describir lo alli visto, no creo tampoco poder describirlo, es algo ue sencillamente hay que conocer en persona.
Sus islas no superan los 400 metros cuadrados, estan construidas en base a una serie de capas de totora que sirven de "suelo" y sobre las cuales se edifican las casas del grupo familiar. Los Uros son gente amable y amistosa, no solo nos muestran su artesania con la idea de venderla sino también nos explican la historia y significado de sus dibujos y representaciones. Nos muestran como construyen sus islas, como viven en ellas, como cocinan sobre un material altamente combustible, nos llevan a pasear en sus balsas hechas obviamente de totora mientras los niños de la isla familiar nos cantan canciones en quechua y aymara, e incluso se dan maña de entonar la Marsellesa para los turistas galos que predominan entre los visitantes.
Esta gente mucho me hizo pensar, me costaba creer como alguien podía vivir en esas condiciones tan "precarias", me surgían dudas sobre como enfrentaban los problemas d salud, el trabajo, las comunicaciones, la ausencia de todo aquello que define nuestra modernidad, pero logré comprender que aunue sea dificil digerir y admitir, ellos que tan solo tienen dos cosas: totora y pescado, son más ricos que cualquiera de aquellos que los hemos visitado. Tras el increíble descubrimiento de los Uros nuestro viaje continúa rumbo a la isla de Amantani, pero la experiencia en esta última es tan fascinante y hermosa que la dejaré para un diario especial sobre ella y continuaré con las actividades del segundo día de excursión cuando desde Amantani nos dirigimos a Taquile.
Sobre isla Taquile escuche una serie de "prejuicios" antes de visitarla, en el sentido de que era la más turística de las islas del Titicaca, demasiado modernizada en algunos casos. Lo cierto es que Taquile cuanta con una población pujante que desea y necesita elementos propios de la modernidad para su desarrollo, tales como comunicaciones, materiales de construcción sólidos, servicios básicos, pero a pesar de ello en ningún caso han dejado atrás su ausencia como pueblo originario y siguen mostrando a los visitantes su exquisita forma de vida.
A Taquile se llega a traves de un embarcadero de ensueño, desde donde comienza un sendero ascendente en su mayoría pavimentado en piedra a la tìpica usanza inca, que lleva a la plaza central de la isla y que posteriormente desciende por al lado contrario en la forma de una gigantesca escala. Caminar por ese sendero en las tempranas horas del día es una de la experiencias más hermosas que he tenido, al mirar al frente se ve este sendero de piedras con portales y muros del mismo material que hacen que uno pareciera estar de regreso en el siglo XV cuando los incas dominabn el islote, al mirar a la derecha se ven las pequelas pero hermosas casa de adobe y sus cultivos en terraza, al mirar a la izquierda una magnífica vista del lago con un resplandeciente color turquesa. En la plaza central de Taquile vimos sus centros comunitarios donde se venden los tejidos hechos por sus habitantes.
En este sentido no hay que olvidar que los taquileños han sido declarados por la Unesco como los mejores tejedres del mundo y la verdad hacen honores a dicho titulo, así que si piensan viajar a la zona y quieren adquirir algún gorro, bufanda o chaqueta de alpaca, esperen hasta visitar Taquile, sus confecciones no son baratas pero si de una calidad magnífica. Nuestro guía no explicó acerca de su modelo económico basado en un comunismo agrario, en donde el trabajo es comunitario, pero la retribución económica tiene que ver directamente con el esfuerzo individual. En otras palabras no existe el libre mercado, los precios de venta de todo, tejidos, cerámicas, restaurant, están fijados en forma comunitario, pero cada tejedor o dueño de local se beneficia de sus ventas. Así que como consejo dediquense a disfrutar de la isla y no pierdan el tiempo regateando por una bufanda o buscando donde almorzar, porque en todos lados el valor será el mismo. Hablando de almuerzo, nosotros lo hicimos en una posada con una vista impresionante al lago. Degustamos una trucha a la plancha sencillamente deliciosa, porque la que yo al menos había probado en Puno no fue de mi total agrado, luego de almorzar y reposar acompañado de algunas cervezas cuzqueñas (les recomiendo la blanca porque la negra es un poco hostiante) iniciamo la despedida de Taquile.
Al comenzar el relato de la viita a la isla les comenté que debimos subir un sendero ascendente, bueno como todo lo que sube tiene que bajar, el regreso al bote se hace por el lado contrario de la isla, esta vez no es un sendero descendente, sino una gigantesca escalera de cerca de 540 peldaños que gracias a Dios tomamos en bajada, pero aún así es un todo un desafío. Dejamos Taquile con un día brillante, regresamos a Puno todos pensativos, meditando sobre la vida de los Uros, los tejidos de Taquile y la vida en Amanatani, por no por eso dejamos de disfrutar las dos horas de navegación tomando el sol sobre el techo del lanchón.
En resumen, sin lugar a dudas la isla del Sol (en el lado boliviano del lago) es una de las atracciones más conocidas del Titicaca y sin lugar a dudas debe ser visitada y disfrutada, pero de igual forma nadie puede decir que conoció de verdad el lago Titicaca sino se conocen las fascinantes islas del lado peruano. |
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