Febrero 2008 Hace tiempo que planeaba este viaje, en pocos días visitar las capitales de Perú, Ecuador y Colombia, un viaje que me dejó con los ojos llenos de imágenes imborrables, la baba colgando y también con algunos sinsabores...
Todo comenzó en Cochabamba, partí por la noche recorriendo las 7 horas hacia La Paz, casi inmediatamente partía hacia Desaguadero, sellar pasaporte de salida de Bolivia, entrada al Perú, cambiar moneda y a las 12 del sábado ya estaba partiendo en un bus directo de la empresa Flores rumbo a Lima, 24 horas de viaje por 90 soles, la llegada a Lima fue un alivio, ya que durante el viaje sólo paramos 3 veces en Puno, Arequipa y un lugar cerca de Nazca, y aunque el bus fuera cómodo y el servicio a bordo muy bueno, estirar los pies se sintió como la gloria... Era la primera vez que pisaba Lima, mi primera visión fue el Estadio Nacional (la Terminal del bus está frente al mismo), un taxi y hacia el centro, un amigo VIAJERO me había recomendado el Hostal Roma (en el Jirón Ica 326) que resultó ser económico (22,5 soles la noche), céntrico, seguro y "decente" (como diría mi abuela jeje); una ducha de por medio y Lima me esperaba el primer destino fue la Plaza de Armas, donde se encuentran el Palacio de Gobierno, la Catedral y otras edificaciones coloniales muy lindas, el recorrido prosiguió por el Templo museo de San Francisco y sin saber llegué a la Alameda "Chabuca Granda" un lugar en el que, al menos a mí, me daban ganas de comer todo lo que veía, anticuchos, mazamorra, churros, picarones y otras delicias peruanas acompañados por una deliciosa Inca Kola o una chicha morada (deberíamos poder incluir iconitos, uno babeando se me hace necesario jajaja)
Como llegué a Lima en Domingo, la plaza y la Alameda estaban llenas de gente, familias que salían de paseo y muchos turistas, de una de las aceras de la Plaza tomé un City Tour nocturno llamado el MIRABÚS, que por 5 soles te da un paseo por el centro histórico de Lima, la avenida Abancay, el parque Universitario, el parque de las Aguas, la Plaza San Martín entre otros lugares hasta regresar a la Plaza, el cuerpo ya no daba más y un merecido descanso se imponía. Al día siguiente luego de un desayuno en el centenario bar Cordano, partí para El Callao, de la Plaza San Martín se puede tomar un taxi "viejo" que por 2 soles te lleva hasta la puerta del Fuerte Real Felipe de El Callao, a la que se puede entrar pagando 6 soles para una visita guiada, dentro la fortaleza se ha creado un museo que rinde honores a los héroes peruanos en distintas guerras desde los Incas que se defendían de los españoles hasta las más reciente; también se puede ver cómo funcionaba la fortaleza durante la colonia y desde la parte más alta se divisa el funcionamiento de uno de los puertos más importantes del Pacífico sur.
El recorrido toma unas 3 horas, a la salida volví hacia Lima y sin tiempo que perder tomé un bus que me llevó de la Avenida Tacna hacia Chorrillos. Que bella imagen es la playa en pleno verano, mucha gente en la misma caminé hacia Barrancos y volví hasta llegar a un pequeño mercado de pescado y un muelle desde donde no resistí la tentación de dar un paseo en bote por el mar, al regreso uno de los sinsabores, ya que en la playa trataban de reanimar a un hombre que se había ahogado; se lo llevó una ambulancia, espero que se haya recuperado...
Saliendo de Chorrillos me dirigí a Miraflores, para decirlo de alguna manera: el barrio "Fashion" de Lima un lugar bonito e interesante, en donde se puede aprovechar para hacer compras. El regreso al centro me llevó nuevamente a las orillas del Rimac para comer...aproveché de visitar el Santuario de Santa Rosa de Lima y la Casa de San Martín de Porres (me di cuenta que me interesaba mucho conocer esos lugares, no me había dado cuenta antes) Al día siguiente mi destino era el cerro San Cristóbal, de la Plaza de Armas, se toma un pequeño bus que por 5 soles te lleva hasta la cruz en la cima del Cerro, desde allí se puede ver todo Lima desde El Callao en un extremo, hasta Chorrillos en el otro, las islas San Lorenzo y El Frontón y por detrás el distrito de San Juan de Lurigancho; es impresionante poder divisar desde allí una ciudad que alberga a más de 8 millones de habitantes (la población de toda Bolivia).
Al regreso un paseo por el Barrio Chino, en Lima está un muy bonito portón Chino, después un paseo por el Rimac el barrio más antiguo de Lima que entre otras cosas ostenta la Plaza de Toros, la famosa Alameda (en la que se inspiraba Chabuca Granda), la plaza de la “Perricholi” una plaza construida por un Virrey exclusivamente para su amante y varios edificios con estilo colonial y republicano. Después una visita al museo de la Inquisición, en el que se conservan restos de la presencia de la Santa Inquisición Católica en el Perú. La visita a Lima se terminaba, el siguiente destino era Tumbes un bus cómodo y con buen servicio de la empresa Flores me transportaba en un viaje de 20 horas por 90 soles. Una vez en Tumbes de la Terminal de la empresa caminé una cuadra para llegar a la Terminal de la Empresa CIFA, que por 6 dólares me llevaba directo a Guayaquil en 5 y media horas. Cruzamos el paso fronterizo de Huaquillas donde sellamos pasaportes. Durante todo el camino llovió, me llamó la atención que a lo largo del camino existen muchas plantaciones bananeras.
Ya en Guayaquil y como se había hecho de noche tomamos un taxi de la Terminal hacia el centro (es recomendable tomar taxis de dentro de la Terminal ya que son más seguros), como ya era de noche fui directo a un hotel encontré uno económico, seguro y (repito el término) “decente”, el Hotel Vélez, en la calle Vélez 1021 y Av. Quito a metros del parque Centenario donde por 9.60 dólares la noche tienes una habitación doble. Guayaquil es una ciudad preciosa, suelo catalogar las ciudades por si me gustaría vivir en ella o no; y definitivamente yo a Guayaquil me voy a vivir. Un delicioso jugo de mora con leche sirvió de desayuno y después a recorrer la ciudad, primero la Av. 9 de octubre que atraviesa toda la ciudad, un desvío hacia la Catedral, en donde sobresalen sus vitrales, para luego llegar al Malecón 2000. El Malecón 2000 es un paseo en el que se encuentran varios atractivos de la ciudad, está a orillas del río Guayas, en el mismo se pueden visitar: el Palacio de Cristal, un mercado de artesanías, la Torre Morisca, la Rotonda de Guayaquil, en la que se homenajea el encuentro de los libertadores Bolívar y San Martín, también está el barco pirata Morgan, un centro comercial, un cine, un jardín botánico y otros atractivos. Casualmente el destino hizo que estuviera en Guayaquil el día de San Valentín, quizás por eso me enamoré de esa ciudad; me llamó la atención todo el revuelo que causa esta celebración en este país, todo el mundo caminaba con flores, pasteles, tarjetas, miles de parejas, mil ofertas en los comercios; en Bolivia, no se festeja este día, se festeja en septiembre junto a la llegada de la primavera; en fin luego de recorrer todo el Malecón me dirigí al siguiente destino, el Barrio de Las Peñas, un pintoresco barrio tradicional recientemente restaurado y convertido en el barrio bohemio de la ciudad, casitas pintorescas y una infinidad de cafés, bares y restaurantes y una diversidad de exquisitos y variados aromas, hacen atractivo a este barrio, además de que para llegar al cerro Santa Ana se debe atravesar el mismo.
En la cima del cerro se encuentra un faro antiguo y al frente el templo de Santo Domingo. Luego de visitar el cerro volví al Malecón 2000 para tomar un tour urbano llamado GUAYAQUILVISIÓN que por 5 dólares te da un paseo por toda la ciudad te lleva por las principales edificaciones, hasta el Malecón del Salado al otro extremo de la ciudad para luego volver. Esa noche proseguí el viaje; de la Terminal por 7 dólares, tomé un bus que en 8 horas me llevaría a Quito, la capital del Ecuador, debo manifestar, sin ganas de molestar a nadie, que el servicio de buses en el Ecuador es malo, incluso en las empresas más caras, lo viví en carne propia, pero en fin, al mal tiempo…. Llegando a Quito busqué un hotel, llegué a un Hostal llamado Puerta del Sol un lugar acogedor cercano a la Terminal y al centro histórico, el hostal te cuesta 8.5 dólares la noche y está ubicado en la Av. Guayaquil N2-47 entre Sucre y Bolívar a media cuadra del templo de Santo Domingo y a 2 y media de la Plaza Grande.
Ese fue precisamente el primer destino, en la misma se encuentran el Palacio de Gobierno y la Catedral, además del antiguo edificio del arzobispado. Recorrí el centro y llegué a la Basílica del Voto Nacional un impresionante templo de estilo gótico con unas torres altísimas (un desafío al vértigo y a mi acrofobia) a las cuales se puede acceder pagando 2 dólares y desde las que se puede divisar una buena parte de la ciudad, además el templo luce preciosos vitrales. Una vez que recuperé el aliento, caminé hacia la Alameda, al Parque El Ejido, hasta llegar al mercado artesanal La Mariscal.
De regreso un paseo nocturno por el centro y allí me pasó el segundo sinsabor fuerte ya que a una cuadra de la Plaza se me acercó un muchacho que presumo estaba drogado y que con un cuchillo en mano se llevó mi dinero, afortunadamente no se llevó otras cosas sólo el efectivo, moría si se llevaba mi cámara con las fotos del viaje… primera vez en “trentaytantos” años que me sucede algo así y tiene que ser tan lejos de mi casa…
Otra vez dije al mal tiempo, buena cara… y para quitarme ese sinsabor al día siguiente tomé el trole con rumbo a La Ofelia zona desde la que tomaría un bus hacia La Mitad del Mundo. La Mitad del Mundo es una pequeña ciudad creada por el gobierno ecuatoriano a una hora del centro de Quito, para ingresar se debe pagar 2 dólares; en la misma se encuentra un monumento instalado justo sobre la Línea del Ecuador, lo que te da la posibilidad de pararte al mismo tiempo en los dos hemisferios de la tierra, la pequeña ciudad tiene una placita en la que todo el tiempo existen atractivos espectáculos para el visitante. Al salir de La Mitad del Mundo tomé un bus que me llevó directamente al cerro El Panecillo, un cerro en el centro de Quito donde se encuentra la Virgen del Panecillo una escultura metálica inmensa. Desde el Panecillo se puede observar gran parte de la ciudad de Quito y de su complicada topografía.
Más tarde y antes que anocheciera volví al hotel para un descanso. Me llamó la atención que en el Ecuador no manejen una moneda propia, aunque tienen monedas propias selladas que no llevan ningún nombre y que equivalen a los dólares. Un dato para los VIAJEROS en todo Ecuador casi en ninguna parte te reciben billetes de 100 dólares, algo que me pareció ilógico ya que reciben todos los otros cortes de la divisa estadounidense.
A la mañana siguiente dejé Quito con una sensación acre y me dirigí hacia Tulcán; otra vez un bus malo, que recogía y dejaba pasajeros como micro urbano, esta vez el viaje me costó 4,5 dólares y duró 5 horas, el paisaje era distinto al que vi en la parte sur de Ecuador, cerros, lagunas, lugares muy lindos. Llegando a Tulcán tomé un taxi que por 2 dólares me dejó en Rumichaca la frontera con Colombia; sello de pasaporte en ambos lados y de allí tomé un trufi (vagoneta, combi, trafic, minibús o como quieran llamarlo) hacia Ipiales el pasaje cuesta 1400 pesos colombianos y te deja en la Terminal de buses, allí tomé un bus de la Empresa Fronteras que por 84 mil pesos (unos 46 dólares) me llevaría a Bogotá en 18 horas. Acá podía tomar otra opción ir a Cali en un bus y de allí tomar otro a Bogotá allí podía haber ahorrado unos 20 mil pesos pero la ansiedad, el cansancio y la amabilidad hasta excesiva del vendedor me hicieron tomar esa opción…
El viaje inició bien en 2 horas estábamos en la ciudad de Pasto donde nos detuvimos a cenar, 20 minutos después reanudamos la marcha, llovía; de repente un fuerte ruido y algunas maniobras extrañas del bus alarmaron a los pasajeros, honestamente pensé que se reventó una llanta, cuando el bus se detuvo me enteré que el bus había chocado, un automóvil quedó al lado del bus atravesado en la calle y como 50 metros más adelante un taxi destrozado, pues sí, el pavimento mojado hizo que el conductor de nuestro bus no pudiese evitar chocar y encimarse al taxi y chocar al otro vehículo, afortunadamente no hubo heridos, el conductor del bus estaba acongojadísimo (que tipo, gracias a su pericia no pasó nada peor, aún me arrepiento no haberle agradecido y dado ánimo) mientras el relevo tranquilizaba a los pasajeros diciéndonos que ya venía otro bus para hacer el trasbordo; como en todas partes no faltaban los curiosos y lo que me extrañó fue que la policía tardó mucho tiempo en llegar, acá, en Bolivia, la policía llega casi inmediatamente, no por eficiencia sino porque puede sacar una “comisión” jejeje.
Poco más de una hora después llegó un bus de la Empresa Bolivariana al cual subimos para continuar el viaje. Cuando amaneció y desperté me encontré con que ya habíamos pasado Cali y que lo que pasaba por la ventana era una visión del paraíso, todo lo que se veía en el camino era bellísimo, pasamos por varios pueblos, pasamos por Armenia, me encantó el pueblo, lo mismo que Ibagué. Finalmente 20 horas después de partir de Ipiales y con el retraso en Pasto, llegamos a Bogotá. Tomé un taxi, eso sí, es recomendable tomar los taxis de la Terminal ya que según me dijeron es muy peligroso tomar un taxi común.
Pedí que me llevaran al centro y llegué a un Hostal llamado Sue un lugar acogedor y económico (20 mil pesos noche unos 11 dólares) ubicado en la carrera 3ª y calle 14, en el barrio de La Candelaria. Desde que pisé suelo colombiano confirmé una teoría que manejaba hace tiempo, los colombianos son las personas más amables de Latinoamérica y las mujeres colombianas las más bellas. Una vez instalado partí hacia la plaza Bolívar, en la que reencuentra el palacio de Gobierno y la Catedral. Unas vueltas por el centro y llegué al Museo Botero, y ahí morí…† Yo fui con la idea de ver obras de Fernando Botero únicamente, pero me llevé el sorpresón cuando vi obras de Picasso, Dalí, Degas, Miró, Chagall, Renoir entre otros y además para ver esta magnífica colección no se paga entrada. Una vez que salí del asombro y un par de horas después visité la Casa de la Moneda (considero sin ánimo de hacer comparaciones odiosas, que la de Potosí es más atractiva) y después a comer y me topé con un manjar colombiano, las obleas con arequipe, me parecieron “una verraquera” como dicen allá, deliciosas, y empanadas de carne y pollo y pan de yuca, acompañados por una Postobom bien fría, ya se me hizo agua la boca…
El día siguiente lo destiné a recorrer más de la bellísima Bogotá, otra ciudad en la que me encantaría vivir, y si se complementa con una bella colombiana y de yapa arepas y obleas…muero feliz…jejeje Visité también la Quinta de Bolívar una casa que fue obsequiada al libertador y en la que vivió por un tiempo, la misma conserva algunos enseres del primer presidente de mi país y de Manuelita Sáenz, la libertadora del libertador. El siguiente destino fue le cerro Monserrate, a cuyas faldas se encuentra Bogotá, se puede subir en funicular o en teleférico, el día que fui el teleférico esta en mantenimiento así que subí en funicular. En la cima uno se encuentra el templo de Monserrate que tiene como particularidad celebrar misas grabadas que se reproducen todo el día jejeje.
Desde el cerro se puede ver toda Bogotá una impresionante “selva de cemento” donde viven cerca de 7 millones de colombianos, lo interesante es que del otro lado del cerro se extiende una extensa selva llena de vegetación. Algo que me llamó la atención es que la ciudad está organizada en calles y carreras, las calles llevan un número y las carreras números ordinales es así que tenemos las calles 5 ó 80 y las carreras 5ª ó 12ª, las carreras son paralelas al cerro Monserrate y las calles perpendiculares y la numeración empieza a las faldas del mismo cerro.
Después de unos días en Bogotá me dirigí a Cali mi destino inicial y a la vez el final ya que decidí ir a Bogotá durante el viaje, 8 horas de viaje en un bus de la empresa Magdalena y por 35 mil pesos estaba en Cali, no sé si fue por un mal viaje o por el cansancio o porque no había espacio en los hoteles; la ciudad me dio una primera mala impresión, llegué a un hotel no muy bueno pero a estas alturas cualquiera estaba bien.
La primera parada fue la plaza de Caicedo, la principal de la ciudad, el convento de San Francisco, la torre Mudéjar y casi por accidente llegué al Zoológico, que por cierto es muy bonito y cuidado. Unas obleas a la salida del zoo y mi ánimo cambió. Visité la Loma de la Cruz un interesante mercado artesanal, el paseo Bolívar y otras zonas de Cali y mi impresión cambió…
El viaje ya terminaba y tocaba el regreso por razones de tiempo y distancia (jejeje) el regreso lo hice en avión, partí de Cali e hice escalas de; 5 horas en Bogotá, 3 en Lima, 6 en La Paz pero al fin llegué a mi casa…
En ese trayecto perdí una bolsa en la que traía recuerdos y para remate en alguno de los aeropuertos abrieron mi mochila de viaje y se robaron algunas cosas… Al final y como me repito ahora, esos pequeños sinsabores no quitarán todo lo saboreado en este viaje….
Me quedo con lo impresionante que es Lima, el romance nacido con Guayaquil y Bogotá, la amabilidad de los colombianos, las delicias gastronómicas de Perú y Colombia, los ojos bizcos por tanta belleza femenina en Colombia y Ecuador (sin desmerecer a las peruanas) y la alegría que de todas formas te da regresar a tu tierra…. |
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