¡Roma es una ruina!, en el buen sentido de la palabra. Doblas una esquina y te encontras con cuatro columnas medio caídas, doblas otra esquina y ves un montón de pedazos de frisos y piedras de mármol. No podía parar de mirar, de sentir, las personas me resultaban familiares, el idioma amigable.
Las calles empinadas, zigzagueantes, estrechas, pequeños pasajes, daba la sensación como que todo fue hecho donde pudieron, y debe haber sido así, cabe recordar que Roma fue fundada según la tradición en el año 753 antes de Cristo, vieja ¿no?, los edificios no son muy altos, a lo sumo 5 pisos, no se que estilo será la arquitectura, pero ya me resultaba fascinante. Lo primero que vimos, ya que estaba cerca del hotel, es la Iglesia Santa Maria Maggiore, Basílica dedicada a la Virgen María, está dentro de la Plaza del Esquilino, con sus escalinatas llenas de gente al reparo del sol, entramos y ya pude ver algo diferente a las iglesias de Buenos Aires, no tenia bancos para sentarse, ¿será para que la gente circule? No lo se. Un techo trabajado, dorado a la hoja, muchas reliquias católicas y datos históricos, como que en esta iglesia dio su primera misa como sacerdote, San Ignacio de Loyola.
Continuamos camino por Vía Cavour y llegamos a San Pietro in Vincoli, con una fachada austera, por dentro me iba a sorprender ya que contiene la estatua que desde hacia años quería ver, el Moisés. Al verlo después de haber escuchado y leído de el, me corrió un frío por todo el cuerpo, no de gusto se dice que Miguel Ángel al terminarlo, le arrojó el martillo y le dijo: ¡Parla! (habla), es realmente maravilloso, se me piantó el primer lagrimón.
El cansancio estaba presente, pero sabíamos que Roma daba para seguir. Llegamos a la Vía de los Foros Imperiales, llamada así porque alberga los antiguos Foros de Augusto, Cesar, Nerva, Trajano y por supuesto el Foro Romano Imperial. Gran sorpresa la mía, caundo Eduardo me dice que me de vuelta y pude ver el Coliseo, estábamos a varias cuadras de el, pero era majestuoso, no podía creer donde estaba. Seguimos el recorrido hasta llegar a la famosa Piazza Navona, de forma semicircular, siguiendo el trazado de un antiguo circo Romano, hermosa, indescriptible, con sus bellas fontanas, la del Moro, la de Neptuno y la famosa Fontana Dei Quattro Fiumi, o la fuente de los cuatro ríos de Bernini, estaban restaurándola así que pudimos observarla muy poco, igual pudimos ver su majestuosidad y perfección. Luego de regocijarnos en la piazza escuchando a un señor que tocaba el violín, continuamos camino buscando la iglesia San Luigi dei Francese que posee unas pinturas de Caravaggio sobre la vida de San Mateo, geniales.
Proseguimos la caminata, de pronto empezamos a escuchar el ruido del agua, íbamos hacia la Fontana di Trevi. ¿Que puedo decir de esa maravilla de la escultura?, ¿Quien puede imaginarse una fuente saliendo de la fachada de un palacio?, es algo increíble y poderoso. Es verdad que la cantidad de gente opaca un poco la belleza de la misma, pero igual tiene su encanto. Nos sacamos las fotos de rigor. Dicen que para volver a Roma hay que tirar una moneda en la fuente y no fui menos. Por lo demás, las calles son tan hermosas, con esas paredes sucias, más que sucias ( “ La patina del tempo” ), el trazado irregular que permite ver desde una esquina sendos monumentos, ruinas que aparecen de la nada como si se abrieran ventanas en el tiempo…..
Nos encontramos con la Via Dei Condoti, una de las mas famosas de Italia, muy antigua, les diría del comienzo del imperio Romano, y el habito de reunirse en sus cafés no a variado desde aquellas épocas .Es muy señorial, de pronto se escucha a lo lejos un sonido familiar, un grupo de artistas callejeros esta tocando Libertango de Piazzolla, nos dio placer escucharlos. En la Vía se encuentra el Café Greco que data de 1760, estaba cerrado por ser domingo, quedará para otra visita a Roma.
La calle parece peatonal, todo el mundo camina por ella, en sus vidrieras podemos ver los nombres de Armani, Versace, Valentino, con un vestido rojo de ensueño, como de ensueño era también el precio, 4500 euros, quedará para otra…vida. La calle termina en Piazza Spagna, una de las mas famosas de Roma, al pie de la escalinata está la Fontana Della Barcaccia donde un gentío se sienta a su alrededor a contemplarla y beber su cristalina y fresca agua, llenamos nuestras botellitas para poder seguir camino, 135 peldaños te llevan hasta la Iglesia Trinitá dei Monti y de allí una vista espectacular del atardecer en Roma, donde vimos por primera vez la cúpula de San Pedro, emocionante. Y así terminamos nuestro primer día en Roma, de nuestro primer día del viaje en el tiempo y en la historia. |
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