Hola!!!
Mi nombre es Abraham Guzmán, estoy participando en la aventura de intentar lograr el viaje fotográfico mas largo nunca antes intentado, de tal manera que hemos salido de la ciudad de Nogales, Sonora, México, mis amigos, José Jiménez, Fotógrafo profesional, Ulises Lavenaint, Estudió Letras y ahora es escritor y un servidor, L.A.E., estamos intentando llegar a la Tierra de fuego en un vehículo 4 X 4 propiedad de José, Actualmente estamos en Panamá.
Hemos embarcado el auto para que lo hagan llegar a Cartagena, nosotros tendremos que tomar un avión para recoger el auto allá, nuestro tiempo estimado para tal recorrido deben ser seis meses, también hemos creado una página, en la cual escribimos notas, diario de viaje y subimos fotos muy especiales.
En la agencia Eurocavsa de Guadalajara el servicio fue atento. Los técnicos resultaron ser personas de primer nivel. Con gran disponibilidad ofrecieron sus conocimientos para despejar cualquier duda. Incluso se comprometieron para asesorarnos, a través del correo electrónico, en caso de eventuales desperfectos o fallas mecánicas.
Como dato curioso debo comentar que la mayor parte del personal está compuesto por mujeres. Bellas amazonas moviéndose entre hombres, al mando de procesos comúnmente dirigidos por ellos mismos. Antes de tomar de nuevo el camino fue necesario conseguir un adaptador universal de corriente. Resulta que en Sudamérica las conexiones son distintas... Ojala pudiéramos también conseguir un adaptador universal para las diferentes idiosincrasias con las cuales toparemos.
Todavía en Jalisco, mientras enfilamos hacia Colima, se divisa el letrero de Atotonilco, eso me recuerda aquella canción que mi mamá solía cantar: “No te andes por las ramas uyuyuyuyuy…” A diferencia de las carreteras libres por las cuales hemos transitado, esta parece un tablero de damas chinas alargado.
Colima es una pequeña capital custodiada por dos volcanes. Aquí nos aguardaba una agradable sorpresa. Llegamos a casa de Rosa Delia Cortés, antigua compañera del CETis 128 de Nogales, Sonora. Cenamos, conversamos y la época de preparatoria tomo por asalto momentáneamente a la memoria. Por cierto, en un lapso de infinita torpeza, olvidamos tomarnos una fotografía con ella… olvido a todas luces imperdonable. Dormimos ahí mismo cómodamente, todavía recordando.
Por la mañana Rosa se ofreció a mostrarnos algunos detalles característicos de la ciudad. El centro, pequeña ciudadela conservadora y apacible, ofrece rostros sombreados de mañana bella a quienes dejan en casa los ojos del turista. Como ustedes probablemente saben, nuestro compañero Abraham no se vacuno contra la fiebre amarilla antes de salir. En cada ciudad donde parábamos intentamos conseguir la vacuna sin éxito. Afortunadamente Colima no sabe fallar: en el centro de salud local dimos por fin con la dichosa inyección. Además nos vacunaron contra el tétano y obtuvimos un tratamiento preventivo antipaludismo de manera gratuita. Saludos al doctor Herson Villanueva, al departamento de epidemiología, a Rosa, a la ciudad completa. Colima, un buen lugar para vivir.
Caminos de Michoacán
Hemos pasado varios retenes militares sin mayor problema. La brisa costera barre el camino serpenteado por plataneros en ambos lados. Encontramos al paso pueblos detenidos, incluso sin señal de teléfono celular. Se diría que estamos desconectados del mundo, casi casi de la vida tal como la entendemos hoy día en occidente.
Bajamos a una hermosa playa virgen y el auto estuvo a punto de quedar atascado. Por suerte logramos salir del atolladero con un bono extra: excelentes fotografías más tomas de video. ¡Por Dios! Treinta y dos grados. El invierno definitivamente se extravío cuando se dirigía a estas tierras. La carretera para llegar a Lázaro Cárdenas es larga y sinuosa, como la canción de los Beatles. Son vías solitarias en donde sorpresivamente aparecen niños en bicicleta. Supongo que viven allá abajo, con una existencia paralela a la velocidad del asfalto sobre sus cabezas.
Campamento en Playa Azul, Michoacán
Cenamos unas mojarritas asadas con salsa bandera, arroz, papas fritas, a un precio realmente increíble. ¿Quién dijo yo? Por la mañana somos testigos de un espectáculo sin precedentes para nosotros: un sol coloradito descansa sobre el mar. Como una manzana que podríamos coger únicamente con alzar la mano y calentar con ella el corazón. El nuestro, el de la niña que ayer hacía su tarea en la cocina de la modesta cenaduría, el de los hombres y las mujeres trabajadoras de las playas mexicanas.
Emprendemos de nuevo el camino. El río Balsas, justo en el límite entre Michoacán y Guerrero, provoca la siguiente pregunta ¿Sería concebible mandar un poco de agua para el norte? Ixtapa-Zihuatanejo. La visita de doctor no permite comprobar lo merecido o inmerecido del prestigio de ambos puertos. Doblamos para Acapulco por la costa grande de Guerrero. Comemos en un restaurantito de las orillas. Salpicón: carne de res con salsa, huevo cocinado en el hervor de la propia salsa, arroz, frijolitos negros, tortillas hechas a mano, sabores de nuestro México.
La gente se muestra agradablemente sorprendida. Algunos nunca habían escuchado hablar de Nogales, Sonora. A partir de ahora lo recordarán con cariño para siempre. Acapulco. Playa y tráfico. Poco del glamour adquirido en los años sesenta gracias al cine. Buscamos un lugar para pernoctar. Pronto estaremos en contacto con ustedes. |
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