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Azules de México - 1ª parte

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Centro histórico

DF | 0 comentarios.

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heraldica
13/02/2008


Azules de México
México DF, Riviera Maya y Yucatán

Del 28 de septiembre al 9 de octubre de 2007

Azul turquesa del mar de Tulum, azul Frida Khalo de su casa de Coyoacán, azul eléctrico del cielo de Izamal, azul cobalto de las aguas de los cenotes... Nunca pensé que existieran tantos matices de un mismo color, pero en México sí. Y si a la estridencia de colores, le añadimos un poquito de tequila y unos buenos tacos de pollo con chile habanero, obtenemos un viaje mágico que nos filtró en las venas, mucha energía y muy buen rollo!. Desde la capital más grande del mundo hasta el punto más inhabitado de la Riviera maya, desde el estrés y tráfico de la avenida Reforma en DF hasta la calma y tranquilidad de la ciudad de Mérida. Un viaje de contrastes y un viaje de descubrimiento. Era nuestro “bautizo” en Latinoamérica y “la pasamos de padre”, como dicen por allí.

Viernes 28 y sábado 29 de septiembre: cruzando el charco y llegada a DF

Teníamos casi 15 horas de viaje por delante. Por 705 euros, ida y vuelta, volamos desde Valencia a Madrid y tres horas más tarde, desde Madrid a la capital mejicana con Iberia. Entre el desfase horario (7 horas menos en Méjico) y la espera en la T4 de Madrid, la aventura duró casi 15 horas pero es el precio que hay que pagar cuando se viaja allende los mares no?. Llegamos a las 6 y media de la mañana del sábado, hora local y con los efectos del “jet lag” cogimos un taxi de los que llaman “autorizados” en el aeropuerto que nos llevó literalmente volando, a mil por hora y por 225 pesos (± 15 euros), hasta el paseo de Reforma, a nuestro hotel: Suites hotel San Marino. Nada más pisar tierra firme ya notamos el intenso tráfico y la nube tóxica que se cierne sobre la capital. Creo que no exageran las fuentes que confirman que Méjico DF es la ciudad más contaminada del mundo.

Este hotel se encuentra en una de las mejores zonas de la capital, cerca del exclusivo barrio de Polanco y al lado de la zona rosa, una zona llena de ambiente con bares y restaurantes. Dicen que este barrio rosa ha perdido la tranquilidad de antaño y que ahora hay mucha inseguridad. Nosotros desde luego, lo que vimos es que el nombre de “zona rosa” se corresponde al barrio gay de la capital mejicana. Coches de policía patrullando también vimos unos cuantos, pero en ningún momento de la estancia en DF sufrimos un percance, ni ningún peligro tal y como nos habían advertido. Incluso cometimos la “osadía” de coger un taxi en plena calle, sin sufrir ningún secuestro Express, pero bueno, tiempo al tiempo, porque Méjico dio mucho de “oui”!!!!

Como decía, nos alojamos en el Hotel San Marino, http://www.sanmarinodf.com  y desde aquí lo recomiendo. Por 55 euros la noche, en régimen de alojamiento para dos personas, las habitaciones son amplias, del tipo suite, con cocina incluida. El desayuno no está incluido en el precio pero por unos 100 pesos mejicanos (±6 euros), se puede tomar un desayuno tipo buffet en el restaurante del hotel.

Cuando llegamos era demasiado pronto para ocupar nuestra habitación y la recepcionista muy amable nos invitó a darnos un paseo por la zona hasta que a media mañana pudiésemos ocupar la habitación. Eso hicimos, haciendo caso a su voz melodiosa que decía “porfavorsito” y otras lindezas, nos alejamos del hotel hasta el paseo de Reforma, que cruza la ciudad de cabo a rabo, y entre taxis escarabajos de color verde, llegamos a otra gran avenida, la de “Insurgentes”. En el camino, vimos varios puestos de “jugos curativos” a base de frutas naturales y caímos en la tentación sin remisión. Buenísimos!!!! Con uno de estos batidos se nos pasó el “jet lag” en cosa de segundos. Guayaba, naranjas, plátano piña y miel, una mezcla revitalizadora que nos puso el cuerpo a tono para el resto del día. En la zona rosa, además, descubrimos un mercado de antigüedades, ubicado en la plaza Santo Angel, y dimos una vuelta. Yo empecé a hacer fotos, y un señor muy amable me tocó en el hombro y me dijo textualmente “con agrado disculpe señorita pero no se permiten las fotografías”, pedí perdón y una vez más, agradecí la exquisita educación de la gente. ¡ Cuánto tenemos que aprender en la madre patria!!!! . En realidad, salimos de allí con pena porque una de las mejores fotos del viaje la tenía ante mis ojos: un niño vestido de charro en blanco y negro, como aquél que cantaba, “la de la mochila azul, la de ojitos dormilones, me dejó gran inquietud y bajas calificaciones…” , pero tampoco era cuestión de ponerme terca en sacar la maldita foto, así que dejé a la copia de Pedrito Fernández (ahora me ha venido a la memoria el nombre) y volvimos al hotel a dormir un poco y a pegarnos una buena ducha.

Cuando nos despertamos 3 horas más tarde, nos sentimos realmente mejor, y lo celebramos yendo a comer a la “cantina de los remedios”, un lugar 100% mejicano, con su música mariachi, y su decoración al más puro estilo mex. www.losremedioselangel.com . Se come de vicio. Nosotros pecamos de novatos y pedimos comida para un regimiento, rodeados de fotos de la “doña”, la actriz María Félix que en paz descase, y refranes en las paredes del tipo: “si tiene solución de qué te preocupas, y si no la tiene de qué te preocupas”.Visto así, cuando llegó a la mesa el desfile de platos, dudamos por un momento en salir corriendo de allí, pero no, decidimos “atacar” y por lo menos probar de todo lo que nos sacaban: fajitas de pollo y ternera, quesadillas, el famoso “mole poblano”, carne de pollo con una salsa marrón a base de chocolate y especias y una especie de tacos, también rellenos de carne y verduras. Llegó un momento en que el camarero al ver tanta comida en los platos, nos preguntó si queríamos llevarnos los restos a casa, pero no era cuestión de seguir ruta con los “taper” a cuestas, así que muy a nuestro pesar, nos “rendimos” y después de pegar los últimos tragos de nuestras coronitas, dimos por finalizado nuestro primer banquete mejicano, mientras sonaban los corridos mejicanos de los “Tigres del Norte”.

Al salir, el cielo amenazaba lluvia, y seguimos los consejos de coger un taxi concertado con el hotel. Craso error! Sí que es cierto que cuando ves los anuncios de madres que denuncian los secuestros de sus hijos, dando un teléfono de contacto para recabar información sobre sus paraderos, uno se lo piensa, pero a nosotros el viaje de ida al museo de Frida Khalo en Coyoacán nos salió tres veces más caro con el taxi concertado, que con el de vuelta que cogimos por libre por la calle. Pero bueno, está claro que los famosos “secuestros Express” existen en Méjico y es mejor no tentar al diablo.

Cuando llegamos finalmente a la Casa azul de Frida Khalo y su marido Diego Rivera, la tormenta que caía de cielo era impresionante. Toda la rabia de Moctezuma se cernía sobre nuestras cabezas y aún tuvimos que esperar un rato en la entrada del museo, porque de la tormenta se habían quedado sin luz. http://www.museofridakahlocasaazul.org Si no recuerdo mal, las entradas a todos los museos que visitamos en Méjico nos costaron el mismo precio: 45 pesos por persona (3 euros). Esta casa azul (ver fotos) guarda en su interior una pequeña colección de las obras de Frida y Diego Rivera. La cocina y el comedor permanecen intactos y en la sala principal se observa la colección personal de objetos prehispánicos del pintor muralista Diego Rivera. A mí me gustó el museo pero me parecieron excesivas las medidas de seguridad, cada vez que te acercas un poco a ver un objeto, pita una alarma y al final el recorrido que quisieras tranquilo se convierte en una serenata de pitidos molestos. Es una pena.

En las vitrinas aún pueden leerse las cartas de amor que Frida escribía a su amado Diego, y admirar los vestidos, joyas y pertenencias personales de la pintora de una sola ceja. En una de las habitaciones se lee “recámara de María felix, Frida Khalo y Diego Rivera”. Sí, no hay misterio, no formaron un trío pero casi. La actriz Mejicana era amiga de la pareja y pasaba largas temporadas en la casa. Diego Rivera siempre estuvo enamorado de ella, de la “Doña”, con pleno conocimiento y aceptación de Frida, aunque ella tampoco se quedó a dos velas: la casa tuvo otro ilustre huésped, León Trotsky quien se convirtió en el amante de Frida antes de ser asesinado con un pica hielos en el año 1940, por el comunista español Ramón Mercader: www.elmundo.es/suplementos/magazine/2007/396/1177695863.html. Entre cuadros y reliquias, también pudimos ver los corsés tremendos que tuvo que soportar la Khalo, durante su corta vida de 47 años. No tuvo una vida fácil la pobre mujer: a los 16 años un accidente la “partió en dos” y su cuerpo sufrió de por vida las secuelas del fatal accidente. Con la columna partida, y gran parte de sus huesos malheridos, tuvo que sufrir sus dolores postrada en la cama. Tremenda vida, y gran alivio, cuando después de recorrer las habitaciones de la casa azul, se accede finalmente al patio frondoso y lleno de vegetación que se encuentra en el centro de la finca.

Había dejado de llover cuando salimos, y respiramos profundamente, dejando atrás un museo que nos dejó un sabor agridulce. Muy cerca del museo, también en Coyoacán, nos encontramos con la plaza y el mercado de Hidalgo. No dejan sacar fotos y es una pena, porque el espectáculo de ver a la gente comiendo y bebiendo en las taquerías, entre altares dedicados a la Virgen de Guadalupe, es para fotografiarlo, no una sino varias veces. También tuvimos la oportunidad de ver a una multitud de gente rodeando a una chica con un traje rosa indescriptible. Al principio pensamos que era una boda, pero después de esperar en el interior de la iglesia para ver al novio, pasó un tiempo y el novio no llegaba. No entendíamos nada, porque en vez de uno, aparecieron varios chicos trajeados, que seguían a la chica de rosa. Un matrimonio multitudinario? Poligamia permitida y bendecida por la Iglesia mejicana? No entendíamos nada, menos mal que al cabo de un rato, ya entendimos el por qué del vestido rosa indescriptible. Era una puesta de largo, una confirmación ante los ojos de Dios!, Menos mal! Vaya susto!

Entre los corsés de Frida Khalo, las carnicerías con el manto de la Virgen de Guadalupe y la Barbie de puesta de largo, nuestras mentes quejosas aún con el “Jet lag” empezaban a ver alucinaciones. Teníamos que tomarnos unas cervecitas, y así lo hicimos, en una cantina muy animada, llamada “La bipolar”. Se me ocurrió pedir una cerveza con un color bastante especial y casi me cuesta la vida. Se llama “la mato con cerveza” y se compone de cerveza aderezada con sal y salsa picante de tabasco! Una bomba de relojería que casi me come las entrañas!!. Ya era lo último que me faltaba en ese primer día en Méjico. Más sorpresas no! Imploré! Y con los ojos centelleantes pedí una “Coronita” de litro que me ayudó a pasar el trago….¡ Vaya susto y qué risas nos echamos al mismo tiempo!!

De vuelta al hotel, en un taxi que cogimos por libre “jugándonos la vida”, aún seguíamos riéndonos de todas las aventuras de nuestro primer día en el país, mientras el regusto a Tabasco de la cerveza asesina, seguía recordándonos que todo aquello no había hecho más que empezar. ¡¡¡¡Qué miedo más rico!!!!


Domingo 30: Teotihuacan y Basílica de Guadalupe

Desde el mismo hotel, reservamos una excursión a las pirámides de Teotihuacan. Por 300 pesos (aprox 20 euros) en todos los hoteles tienen a disposición, un catálogo de excursiones para hacer en el día, a diferentes puntos no muy lejanos de la capital. Entre estos puntos de interés a no perderse están las famosísimas Pirámides de Teotihuacan.

Después de un desayuno “de padre” y de ver que nuestra habitación estaba siendo atendida por Lupita, nos fuimos con el guía que vino a buscarnos, rumbo a uno de los conjuntos arqueológicos más increíbles del mundo. Las pirámides de Teotihuacan. http://es.wikipedia.org/wiki/Teotihuacan. Todo el mundo habla de las famosas ruinas mayas de Chichen-Itzá, pero éstas de Teotihuacan reciben una mayor afluencia de turistas. La ciudad llegó a tener 20 km2 de amplitud, y aunque ahora se ha quedado en la décima parte, sus pirámides del Sol y la Luna son su mayor atractivo. (ver fotos).

En la entrada nos regalaron unos sombreros de paja que nos vinieron de miedo, porque la temperatura rondaba los 30 grados (no quiero ni imaginarme la “torrá” que hará en agosto). Con sus 62 metros de altura, y los escalones que hay que subir a pelo, la pirámide del sol impone, y mucho!. Primero, cruzando la llamada calzada de los muertos, llegamos a la pirámide de la luna, más pequeña de tamaño y más accesible. La subimos y llegamos a la cima con la lengua fuera y sin respiración. Eso sí, mereció la pena (aunque al día siguiente las terribles agujetas me dejaran coja para todo el día). Luego, una vez “entrenados”, la segunda prueba de fuego era subir hasta la cima de la gran pirámide del sol, y allí me rendí. Daniel, valiente él, tuvo los arrestos de subirla, mientras yo me quedaba viendo un espectáculo único: un montón de gente vestida con trajes de tribus indias, bailando y brindando ofrendas a los dioses. Yo no podía creer lo que estaba viendo, me quedé boquiabierta alucinando con las danzas y los “tocados” de algunos de los participantes. Era como estar en medio de una película de vaqueros, con el Jefe Lobo y el gran Manitú. Colorido, polvo, música y olor a incienso. Fue realmente un momento inolvidable al que tuvimos la suerte de asistir, ya que según parece, este tipo de actos sólo se hace dos veces al año, coincidiendo con el equinoccio y el solsticio de verano. A las dos de la tarde, salimos puntualmente, tal y como habíamos quedado con el guía, con el sonido de las danzas tribales aún repercutiendo en nuestros oídos. Muy pronto, quizás demasiado pronto, pasamos de la tranquilidad de Teotihuacan a los atascos de coches, a la gente accidentada en los arcenes de la carretera y a ver poblados de cientos de casas y chabolas que han ido “comiendo” literalmente los montes que delimitan la periferia de la capital. Pobreza, miseria y mucha, demasiada gente viviendo en condiciones infrahumanas. No es fácil asimilar, que haya gente que tenga que vivir así. Tuve una sensación muy similar cuando pasamos en tren por los barrios marginales de Nueva Delhi.

A tanta miseria acumulada teníamos que dar una explicación, o por lo menos, saber cómo la soportaban. Y el guía nos la propició. Nos llevó a ver la Basílica de Guadalupe. El templo sagrado de los mejicanos, donde guardan y adoran a su Virgen morenita. La antigua basílica, hoy en día es un templo enorme de piedra rojiza, apuntalado por los 4 costados. Su inclinación se explica por la ubicación de la capital mejicana en un terreno pantanoso. Según parece, en tiempos de los primeros pobladores, el distrito federal era otra Venecia, una gran laguna, navegable a través de canales. Hoy en día poco queda de esos canales y de esa Venecia americana, pero sí que queda un terreno muy poco estable, sobre el que muchos edificios importantes como la basílica de Guadalupe o la Catedral están en verdadero peligro de hundimiento. La ley de la gravedad no perdona y según nos comenta el guía, los mismos técnicos que están tratando de “salvar” la torre de Pisa en Italia, están trabajando en el caso de la Basílica de Guadalupe.

A primeras horas de la tarde de un domingo, los jardines y el recinto que rodea este lugar sagrado estaba “hasta la bandera” de gente. Familias enteras paseando y haciéndose fotos junto a unas cascadas de agua, donde según parece se apareció la virgen. Allí en ese punto, han levantado un monumento a la virgen, rodeada de peregrinos indígenas que a mí personalmente me pareció un poco “kirch” , pero ¡¡¡válgame el Santísimo, que con las cosas de la Iglesia no se juega!!!. También, justo al lado de la “Basílica inclinada”, se encuentra la nueva basílica, un edificio de enormes dimensiones, presidido por una enorme figura en oro, que representa al Papa Juan Pablo II. Es el nuevo templo, de estética “años 70”, por el que sigue habiendo fieles que llegan de rodillas al altar. Una imagen por cierto que me dejó trastocada, porque yo pensaba que esto ya no se veía (o mejor dicho, no se debería ver).

Otra imagen que se nos quedó grabada fue el “momento bandera”. El altar de la nueva basílica está presidido por una enorme bandera mejicana, con el emblema nacional del águila real, luchando contra una serpiente sobre un nopal en el centro de un lago. Pero no basta con ver la mega bandera desde lejos, porque detrás del altar, es donde se encuentra la gran sorpresa: han colocado un pasillo mecánico como en los aeropuertos, para que la gente pase por delante de la bandera y la imagen de la Virgen de Guadalupe. El tramo es pequeño, pero lo suficientemente impactante como para recordar eso de Dios, Patria y Rey! No comment!

Así nos quedamos muditos, al salir de allí. Demasiadas emociones en tan corto espacio de tiempo!. Y eso que aún tuvimos derecho al remate final: en la gran explanada que se encuentra justo frente al nuevo templo, vimos a un grupo numeroso cantando “aleluyahs”, mientras varias parejas de adolescentes, casi niños, llevaban a sus bebés, envueltos en mantas, a los velatorios exteriores para prender velas y rogar por ellos. Una vez más, nos sobrecogió ver a madres tan jóvenes y tanto fervor religioso concentrado. Tanta espiritualidad ambiental tenía que tener su contrapunto y a “fé cierta” que lo encontramos. En la explanada también, vimos como vendían nichos a crédito y en cómodos plazos. No todo iba a ser celestial…

Una vez de vuelta ya al hotel, a eso de las 5 de la tarde, pensamos que nos iban a llevar a ver la Plaza de las 3 culturas, como en principio estaba previsto en la excursión. Pero el guía con un arte pasmoso, se hizo el “longuis” y viendo que estábamos bastante agotados nos llevó al hotel directamente. Nos quedamos alucinados y bastante perplejos, y al preguntarle el por qué, nos dijo que sin problemas, que si realmente queríamos ir nos llevaba. La verdad es que estábamos agotados pero nos hubiese gustado elegir si queríamos ir o no!!!. En fin, el día fue completo, y tampoco era cuestión de enfadarnos con el guía que no podía ya ni con las tabas….

Después de dormir un par de horas, salimos a cenar por la zona rosa, cercana al hotel, y entre los garitos que suelen estar siempre animados, elegimos uno, “la boca del lobo” donde en ese momento cantaba un grupo de rock en vivo y en directo. Muy bueno, el grupo, muy buenas las cervezas nacionales, y bastante “comible” la cena que vino después en uno de los locales de la cadena “Sanborns”, una cadena de restaurantes mejicana, propiedad del que dicen es el hombre más rico del mundo: Carlos Slim. Sería un poco como el Vips español, donde se puede comer y desayunar muy bien, con zumos naturales buenísimos, y al mismo tiempo comprar prensa o regalos. http://www.sanborns.com.mx/sanborns


Lunes 1 de octubre: centro histórico de DF

Nos esperaba un día intenso y un poco “dolorido”, porque con las agujetas que llevaba en las piernas, me acordé en muchos momentos de la bendita subida a la Pirámide de Teotihuacan. Aunque ya dicen que todo lo bueno, cuesta algo no?. Desayunamos “opíparamente” en el hotel, mientras veíamos a una pareja de gays maduritos muy mosqueados porque no les servían el café, siendo un self-service (¿?), y cogimos carretera y manta, por toda la Avenida de Reforma hasta el mismísimo centro histórico. Una media hora de paseo, en esa primera hora de la mañana en la que todo el mundo va y viene, con cara de pocos amigos, o mejor dicho con pocas ganas de entrar a trabajar….

Lo primero que nos impresionó al entrar “ya en materia” fue ver la gran Torre latinoamericana, junto al Parque de la Alameda, presidido por la estatua en mármol blanco del que fue Presidente de Méjico en varias ocasiones, Benito Juárez. La gran torre es motivo de orgullo para los mejicanos, ya que cuando se construyó nadie quiso comprar las oficinas que se ofrecían en su interior, por miedo a que se cayera. Al final, no sólo ha resistido al paso del tiempo, si no que además ha sobrevivido estoicamente a los terremotos de 1957 y 1985 que dejaron la ciudad “patas arriba”. (ver fotos)

Muy cerca del parque, y ya de camino hacia el zócalo, pasamos por delante del Museo de bellas Artes de estilo barroco. Casualmente, vimos que se anunciaba la actuación del Orfeón Pamplonés, en el mismo Museo y me acordé mucho de mi querido abuelo Pepe, que tantas y tantas veces cantó con el Orfeón Pamplonés, recorriendo medio mundo. Seguro que allá donde quiera que esté, sigue dirigiendo coros con su batuta imaginaria…¡ Lo que hubiera dado por ir al concierto, pero no podía ser, en las fechas previstas para el concierto ya estaríamos volando rumbo a Yucatán. Una pena!!

Pensando en mi abuelo, seguimos nuestro camino hacia la que dicen es la plaza más grande del mundo, la gran plaza del zócalo. ¡No hay pérdida! por la calle 5 de mayo, se puede acceder al zócalo y a la catedral, aunque antes merece la pena pararse en varios puntos de interés que jalonan esta calle. La primera parada de interés, a mano derecha, nada más empezar la calle, es la “Casa de los azulejos azules”. Se llama así, porque está realmente “chapada” con azulejos azules en su exterior. Actualmente en su interior colonial, se encuentra ubicado un restaurante de la cadena “Sanborns”, que ya conocíamos de la noche anterior; no hay dejar pasar la ocasión de tomar uno de sus riquísimos “jugos” naturales en su patio. La carta de desayunos es completísima: “huevos charros”, “huevos sincronizados”, “huevos divorciados”, “omelet de tres claras”, etc… La boca se nos hacía agua, pero habíamos desayunado en el hotel y optamos por tomar un cafelito y un zumo natural.

La calle trasera de la casa azul, se llama Francisco I madero y también merece la pena recorrerla hasta el zócalo y ver las fachadas de Palacios como el de Iturbide. Cuando por fin accedimos a la inmensa Plaza del Zócalo, nuestros cuerpos menguaron de repente ante tanta magnitud. Si ya de por sí en enorme, verla engalanada con motivo del centenario de la independencia del país y presidida por su mastodóntica bandera en el centro, es ya de infarto. Aunque, tengo que decir que no se trata de la plaza más grande del planeta tierra, ocupa el 4º lugar, después de las de Tiananmen en Pekín (1ª en el ranking), la macroplaza de Monterrey, también en Méjico, y la Plaza roja de Moscú que ocupa el tercer puesto de honor.

En el lado izquierdo de la plaza, según se mire claro, se impone la gran catedral metropolitana de la capital mejicana. Al igual que nos ocurrió con la Basílica de Guadalupe, el día anterior, impresiona bastante ver lo inclinada que está. Da casi miedo entrar en su interior, pero merece la pena. Supuestamente es el edificio religioso más grande del continente americano y si bien, se inició su construcción en estilo renacentista español, al final se concluyó en estilo neoclásico francés de principios del siglo XIX.

Antes de entrar, nos sorprendió ver, junto a la verja exterior, a albañiles, fontaneros, electricistas y trabajadores de otros gremios, anunciando sus servicios allí, con ayuda de unos carteles, como si fueran “hombres-anuncio”. Parece ser que es una costumbre muy arraigada esto de ir a pedir los servicios de un carpintero o de un fontanero a las puertas de la Catedral. Ya en el interior, a pesar del desnivel de suelo, y de los apuntalamientos que vimos, fuimos hasta el famoso “Altar de los reyes”, ubicado al fondo, en el ábside. Está considerado como una de las más bellas obras de arte creadas en estilo barroco churrigueresco de toda América. http://es.wikipedia.org/wiki/Altar_de_los_Reyes Impresionante!. Es para quedarse horas mirando sus 25 metros de altura, sus 13 metros de ancho y sus 7 metros de profundidad. También destaca, en la entrada el gran Cristo crucificado de tez morena y el altar en honor a un Santo catalán, San Ramón Nonato, a rebosar de lazos de colores y candados. Leyendo su hagiografía (tenía ganas yo de emplear esta palabra), entendí el por qué de tanto candado. Resulta que al santo en cuestión le veneran las mujeres que quieren quedarse embarazadas y los que se quieren librar de los chismorreos y cotilleos. Las embarazadas le veneran, porque él mismo milagrosamente no nació, sino que fue extraído del regazo de su madre ya fallecida, usando la daga de un cazador, y las víctimas de cotilleos entregan candados como símbolo de la tortura que sufrió el Santo cuando le amordazaron con un candado por querer predicar el evangelio a los bereberes. Había oído hablar de torturas horribles pero esta del candado me dejó K.O. Una de las dedicatorias escrita en un lazo morado también me dejó huella: “Santito quiero un hombre honesto, guapo, rico, etc…”. No tenía mucho que ver con las “gracias” que supuestamente concedía el patrón, pero dicen que el que no llora no mama no?

Nuestra siguiente parada fue el Palacio Nacional, a mano izquierda, saliendo de la catedral. Yo no sabía que nos esperaba un momento histórico: la visión de los murales de Diego Rivera en todo su esplendor, decorando todas las paredes del patio central del Palacio. No hay palabras! No sé si la pobre enfermera que “chequeaba la presión arterial” a cambio de la voluntad estaba allí, la pobre, para paliar posibles subidas de tensión de los turistas, una vez vistos los murales de Rivera, pero lo que sí que es cierto es que recomiendo desde aquí entrar en el Palacio para ver la obra del marido de Frida Khalo. Con mostrar el DNI basta para entrar al patio. No cobran entrada, pero nada más asomar la nariz, tienes un guía autorizado, a disposición que por el módico precio de la “voluntad”, te explica toda la historia del país reflejada irónicamente en los murales del genial Rivera. La visita y las explicaciones son muy interesantes, y disfrutamos muchísimo viendo la obra mural del autor, a través de su mirada crítica, irónica y hasta cínica, del país, desde sus inicios con la colonización de Hernán Cortés hasta los tiempos más modernos y contemporáneos de Rivera. http://www.diegorivera.com/murals/indexesp.php


Y de la ficción artística pasamos a la realidad más colorista y ruidosa del Méjico de carne y hueso. Justo detrás del Palacio Nacional, nos adentramos por la que posiblemente sea la concentración de puestos ambulantes más grande del mundo. Cientos, miles de puestos de comida, de recuerdos, de carteles donde se anuncian “elevadores de pompis”, máscaras de halloween, un mes antes del día de los muertos, puestos con coleteros de plástico de todos los colores (ver foto), minibuses que pasan como pueden entre la gente, radiando a todo volumen los dramas de las radionovelas, puestos de comida con Figuras de Santos en sus pedestales, ruido mucho ruido y mucho, mucho color. Creo que además, tuvimos la oportunidad de ver por última vez este espectáculo callejero, porque al regresar del viaje, ya en España, vimos en un informativo que habían decretado la retirada de todos los puestos de venta ambulante de esa zona del centro histórico. Si es así realmente, es una pena, porque fue una experiencia inolvidable.

Con mercado o no, también merece la pena recorrer todo el centro colonial que rodea el zócalo y el Palacio nacional. Palacios, museos e Iglesias se multiplican en un recorrido por la zona más colonial de la capital mejicana. Cuando empezó a apretar el hambre, nos paramos al lado del Antiguo Colegio de S. Ildefonso, un edificio fundado por los Jesuitas en el siglo XVI. http://www.sanildefonso.org.mx/frame.php?sec=11. Tras la expulsión de la Orden religiosa de Méjico, el colegio albergó desde un cuartel del Ejército de Flandes, hasta la facultad de Medicina capitalina. Nosotros no entramos en el interior, pero sí rodeamos el edificio para poder ver su arquitectura. Se trata de un ejemplo de los edificios coloniales que destacan en la parte histórica, la lista es larga.

Finalmente, el “boliche” donde nos sentamos a comer no nos despertaba mucha confianza pero hicimos de “tripas corazón” y pedimos algo para comer, sin saber muy bien lo que estábamos pidiendo. La especialidad de la casa era el “pozole” (un “platillo” típico que consiste en una sopa con granos de maíz, a la cual se le añade sal, carne de cerdo o pollo y vegetales). Bueno y por supuesto, chile picante y jugo de limón, un aliño que no falta en ningún plato de la gastronomía mejicana. Nosotros optamos por unas tortitas de maíz con pinga, o lo que es lo mismo, una especie de gelatina de color rosado, casi transparente, con sabor a carne. Era una cosa rarísima pero no sabía mal. Mi Santo no se arriesgó tanto y pidió también tortita pero con carne de guisado picante. En la mesa de al lado, una madre con sus dos niñas, de uniforme y trenzas de cabello negro azabache, se relamían con sus platos de “pozole” y mientras tanto, nosotros disfrutábamos de la “inmersión” total en la cultura mejicana.

Después de comer, volvimos sobre nuestros pasos, y poco a poco fuimos alejándonos de “zoco” mejicano hacia nuestro punto de partida, el zócalo. A media tarde la bandera volvía a ondear en toda su magnitud y por la calle Tacuba, otra de las calles que van a morir a la Catedral, remontamos nuestra ruta hacia la famosísima Plaza de los Mariachis, la Plaza de Garibaldi. Antes hicimos una “parada técnica” en la pastelería-rosticería “Vasconia”. Allí junto a las tartas de merengue de siete pisos, la gente hacía cola para comer pollo asado. Nunca había visto algo igual: pastelería y asador de pollos todo en uno. Aunque lo mejor eran las tartas de boda de plástico gigantes, adornadas con cisnes de cuello blanco y perlitas de satén. Una monada! Era Méjico, en definitiva, una mezcla de gustos, sabores y colores a pleno rendimiento. Nadie podía quedar indiferente.

Desde el Zócalo hasta la plaza Garibaldi se puede ir en metro, aunque andando tampoco cuesta tanto, unos 15 minutos. Nosotros fuimos caminando y descubrimos uno de los rincones más famosos de la capital mejicana: http://es.wikipedia.org/wiki/Plaza_Garibaldi. A esas horas de la tarde y con un calor considerable, los pobres mariachis que se paseaban por la plaza, más que andar se arrastraban dando tumbos. Los había de todas las edades y con más o menos ganas de dar espectáculo. Al entrar vimos a un grupo bastante nutrido, vestidos con trajes de charro en negro, ensayando con instrumentos. Dimos una vuelta por la plaza, y nos dejamos llevar por el espíritu ranchero. La verdad es que daba un poco de pena ver a algunos mariachis ya entrados de años, con sus trajes raídos, pidiendo limosnas a cambio de una canción.

Nos sentamos en una terraza, de esas en las que los manteles de hule se pegan al culo de las botellas, y entre cervezas del país, nos quedamos un buen rato viendo al personal variopinto que cruzaba la plaza. Charros, mariachis, otros vestidos de blanco con pañuelos rojos al cuello, como Cantinflas…. Un espectáculo que por la noche tenía que ser impresionante, viendo la cantidad de garitos que circunvalan la plaza. Según parece, el término mariachi viene de los tiempos de la intervención francesa, cuando estos grupos musicales eran contratados para amenizar las bodas o “mariages” en francés. Nosotros no estábamos de boda, pero sí que nos cobraron las cervezas a precio de bodorrio. Nos hicieron pagar “el impuesto revolucionario” por tomar algo en la mismísima plaza de Garibaldi. Los manteles pegajosos salieron caros, pero bueno, todo en esta vida tiene un precio no? Y tampoco era cuestión de encararse mucho con los descendientes del ínclito Pancho Villa, ¡¡¡Vive dios que no!!!!

Iba cayendo el día, y aún teníamos una asignatura pendiente, a pesar de las horas de caminata que llevábamos en el cuerpo. Pero como he hecho mía la frase de “la vida es de los valientes”, cogimos el metro hasta la parada Terminal de Tasquena, en el sur de la ciudad, y a continuación un tranvía o “tren ligero” como lo llaman en Méjico, hasta la población de Xochimilko (lugar de flores en lengua náhuatl). Más de una hora de trayecto hasta llegar a nuestro destino. Antes de viajar a Méjico había oído hablar y leído algo sobre las famosas barcas de colores de Xochimilko. Cuando llegamos preguntamos por ellas y nadie sabía decirnos o explicarnos donde estaban las famosas barcas. Nos hablaban de embarcaderos pero yo no entendía nada, porque en mi mente estas barcas navegaban por una especie de lago en un gran parque. Mi Santo me miraba “raro” porque él tampoco entendía mis ganas de ver las dichosas barquitas. Dimos un paseo y nos adentramos por las calles de este municipio en el que a esas horas del día, ya anocheciendo, la animación era absoluta, casi desquiciante. Altavoces a todo volumen, gente por todas partes, niños que salían en manadas de las escuelas y nosotros sin encontrar las barquitas. Al final, hicimos caso de unos niños que nos miraban con ojos como platos y fuimos hasta un embarcadero, donde efectivamente estaban “aparcadas” varias hileras de barcas de colores, a cada cual, más estridente. Allí me explicó un niño, que lo que yo imaginaba como un gran lago, es en realidad una red de canales navegables, por donde pasean las barcas, cargadas principalmente de domingueros, al son de música mariachi. Como una Venecia a la mejicana, con barcas multicolor en vez de góndolas, y música mejicana en vez de arias de ópera italiana.

EL espectáculo de color, al ver el montón de barcas atracadas era impresionante. (ver fotos) Nos preguntaron si queríamos coger una, pero ya era tarde y desistimos. Además, lo suyo hubiese sido navegar junto a otras barcas, escuchar a los mariachis y vivir esta fiesta con otra gente, un domingo cualquiera. Pero bueno, habíamos cumplido la misión. Saqué fotos, entre otras cosas, porque después de buscar las barquitas de amarras, a una hora de trayecto de la capital, y después de dar más vueltas que un tío vivo, mi vida hubiese corrido peligro….

De regreso a DF en el mismo tren ligero, hasta la Terminal de metro de Tasquena, nuestros pies pudieron descansar después de una jornada intensa por el centro de la capital. Momentos antes de llegar a nuestro destino, nos despertaron unos chillidos que nos dejaron con el vello como escarpias!. Por mucho que uno piense que ha visto de todo o de casi todo en la vida, no es verdad, la realidad siempre, siempre supera la ficción. Tuve que cerrar los ojos para no seguir viendo el espectáculo de la miseria. Dos chicos de unos 15 años, se colocaron en mitad del pasillo del tren y cuando todo el mundo pensaba que iban a cantar o bailar para pedir dinero a continuación, sacaron una toalla, la echaron al suelo y rompieron una botella encima. Con los trozos de cristal de la botella esparcidos encima de la toalla, no tuvieron mejor idea que tirarse de espaldas sobre los cristales. Yo chillé y miré para otro lado, no podía dar crédito a lo que estaba viendo. Cuando se volvieron a levantar tenían las espaldas llenas de magulladuras y las manos listas para pedir limosna. Jamás olvidaré la escena, aún hoy me cuesta recordar esa imagen sin sentir escalofríos. Infinita tristeza, infinita pobreza…

Al día siguiente, yo tenía que trabajar y decidimos cenar cerca del hotel. Había sido un día muy intenso y nuestros cuerpos pedían descanso, las agujetas ya se habían convertido en nuestras peores aliadas.

Martes 2 de octubre 2007: museo de Antropología.

Mi cita profesional la tenía en el barrio de Polanco, un barrio exclusivo de tiendas de lujo y oficinas comerciales. Mientras tanto, mi Santo aprovechó para visitar uno de los museos de antropología más importantes del mundo, el Museo Nacional de Antropología http://www.mna.inah.gob.mx. Se encuentra en la avenida de Paseo Reforma y las estaciones de metro más cercanas son “Auditorio” y “Chapultenec”. El parque que lleva el mismo nombre “Chapultepec” es enorme y parece ser que es uno de los más visitados del mundo. Toma su nombre del cerro sobre el que está erigido y en su cima, se encuentra el castillo que ha sido testigo de la historia mejicana desde tiempos prehispánicos. Después, caminando entre sus lagos y parques, donde se pueden ver restos de construcciones aztecas, se alcanza la entrada del Museo de Antropología: abren de 9 a 6 de la tarde, y la entrada como en el resto de los museos, cuesta 45 pesos, unos 3 euros. Yo no pude ir, por motivos profesionales, pero según fuentes fiables, merece de verdad la pena visitarlo. En total son once salas, donde se presentan los orígenes históricos de América, desde la prehistoria hasta los mexicas, pasando por diferentes culturas como la maya o la Tolteca.

Las últimas horas en la capital estaban contadas. Al día siguiente, teníamos que coger un vuelo interno, con la compañía de low cost mejicana: volaris, hacia Cancún para recorrer la Riviera Maya; Dejamos las maletas listas, antes de salir a cenar con mi cliente a un restaurante argentino, llamado “Puerto madero” y disfrutamos de la última noche en el DF. Como buen asador argentino, estaba a rebosar de gente (según me explicaron, siempre hay que hacer reserva) y cenamos de “categoría” como dicen mis paisanos de adopción en Castellón. Lo dicho, un muy buen restaurante, recomendable a los amantes de la carne o el pescado a la brasa, al más puro estilo argentino. Existe una réplica en Cancún, y he encontrado su página web: www.puertomaderocancun.com

Miércoles 3 de Octubre: Vuelo DF a Cancún

Existen varias compañías de low cost en Méjico, muy interesantes para hacer vuelos internos por el país. Por ejemplo con volaris: www.volaris.com.mx, por 120 euros, por persona teníamos vuelo de ida y vuelta desde la capital a Cancún. Además, el precio incluye un servicio de autobús desde la Terminal que se encuentra en Vasco de Quiroga, junto a la torre de Televisa en el DF hasta el aeropuerto de Toluca, a unos 50 km de la capital. Nos costó casi el mismo tiempo ir en taxi desde el hotel hasta la Terminal de de Volaris, que desde allí a Toluca, pero con el tráfico que hay siempre en el DF no podíamos hacer nada por evitarlo.

El servicio del autobús nos sorprendió gratamente. Eficacia, puntualidad y muy buen servicio a buen precio. Eso sí, hay que estar en la Terminal de la capital, como mínimo dos horas y media antes de la salida del avión en Toluca. La única pega que le veo a este servicio es que no conecta directamente entre aeropuertos. A la vuelta, como teníamos que ir al aeropuerto del DF para salir rumbo a España, lo que hicimos fue contratar otro servicio (taxis y minibuses) de la empresa caminantes que sí que enlazan los dos aeropuertos. www.caminante-aeropuerto.com.mx. Resulta más caro pero más cómodo también para ir al aeropuerto del DF.

Al llegar a Cancún, un mar de nubes cremosas hacía sombra sobre un tapiz de selva aterciopelada de color verde. No es que estuviese yo flipada, a pesar del “tequilazo” que me tomé con sprite, cortesía de la compañía aérea, pero de repente fue como si en vez de otra ciudad mejicana, hubiésemos cambiado totalmente de país o de planeta. Desde los millones de casitas que sobrevolamos cuando salimos de la capital, a kilómetros de selva, sin rastro de civilización en un radio infinito. De repente y justo antes de aterrizar, sí que vimos algo de humanidad, una pared de hoteles formando una barrera de hormigón. Era Cancún, “nido de víboras” en idioma maya. Un 3 de octubre, la temperatura ambiente era de 28 grados, y la sensación de humedad era casi del 85%. No podía ni imaginarme qué sería aquello en pleno mes de agosto!!!!.

Turistas todo el año, sobre todo, norteamericanos. Cancún es una ciudad relativamente nueva, construida por y para los turistas. En el mismo aeropuerto la invasión de reclamos publicitarios y de gente ofreciendo sus servicios es apabullante. Yo había hecho reserva de un coche de alquiler para 5 días con la empresa Alamo: www.rentalcargroup.com (+/- 150 euros por cinco días de coche) y en el mismo aeropuerto, al lado del área de recogida de equipajes, hice los trámites y nos llevaron en minibús a la sede de la empresa para recoger el coche, un chevy. (como el opel corsa, pero de la casa Chevrolet).

Empezaba la aventura a nuestro aire y con coche!. Dejamos el “nido de víboras” para la vuelta, y salimos desde Cancún en dirección a Playa del Carmen sin contemplaciones, por una autovía de 4 carriles, con algún que otro bache y con muchas ganas de descubrir la Riviera Maya a nuestro ritmo. Desde Cancún, en el extremo norte hasta las ruinas de Tulum al sur de la Riviera maya hay unos 135 km en línea recta, por la misma autovía que nos condujo hasta Playa del Carmen, que se encuentra a mitad de camino. En el lado izquierdo, fuimos pasando por las diferentes entradas de los “resorts”, en su mayoría de capital español, donde se ofrece el alojamiento en régimen de “todo incluido”. Grandes instalaciones, con macro hoteles en los que puedes pasar una semana sin salir del hotel, atiborrarte de comida y bebida sin límite y pasártelo “bomba” participando en los concursos que se organizan. Yo no he estado nunca en ese plan, porque no me atrae en absoluto, pero bueno, supongo que para pasar unos días de relax total también puede merecer la pena. En playa del Carmen, esa misma noche, nos dimos cuenta de que los marcianos éramos nosotros, porque el 99% de la gente llevaba la pulserita que acreditaba el alojamiento en uno de estos hoteles. Nuestro hotel, era mucho más sencillo pero recomendable al 100% para el que quiera ir por libre. Se llama kinbé, está a 20 metros de la playa y a una cuadra de la famosísima “quinta avenida” de Playa del Carmen. www.kinbe.com. Nos costó un poco encontrarlo porque había varias calles cortadas pero en cuanto lo logramos, no dudamos en dejar las maletas y pegarnos un baño en las aguas transparentes del Caribe. Estaba atardeciendo ya (en esta parte del mundo oscurece antes) y disfrutamos mucho con la temperatura del agua, los tonos rosados y anaranjados del cielo y la playa de fina arena blanca. Un lujazo estar allí en pleno otoño, bañándonos en ese mar Caribe al que tantas ganas tenía yo de ver.

Como decía el hotel kinbé es sencillo, pero decorado con muchísimo gusto. La piscina interior es alucinante y los jardines tropicales que serpentean las habitaciones de estilo ibicenco son también dignos de verse. Después de ducharnos, nos acicalamos un poco, y aterrizamos en la quinta avenida, una calle peatonal llena de tiendas de recuerdos, bares, restaurantes hechos a la medida del gusto yankee. Por un momento, pensamos que nos habíamos cambiado de país, que el destino de nuestro viaje había cambiado por arte de magia. Los “pieles rojas” en Méjico eran ellos, el sol del Caribe les había castigado y era todo un espectáculo verlos a todos y todas rojos como gambas, bebiendo caipiriñas con grandes copas adornadas con bengalas. Un primor!.

En uno de esos bares paramos a echar unas cervezas y de paso ver el espectáculo desde primera fila. Los asientos eran columpios y mientras nos balanceábamos pusimos la oreja a la derecha y la vista a la izquierda, no podíamos perdernos ni un ripio! A la izquierda dos pijas de libro madrileñas, de esas de cabello rubio oxigenado, intentaban ligarse al pobre camarero indígena, al que sin lugar a dudas hubiesen ignorado vilmente de habérselo cruzado por cualquier rincón de las calles de Madrid. A la derecha, una pareja de rubios de verdad contaban sus hazañas viajeras a otra pareja de chicas, maquilladísimas y “listas para matar” a cualquiera que se les pusiera a tiro!. Además de cotillear y de echar unas risas, sacamos información de provecho. El camarero les aconsejó a las madrileñas un lugar para cenar a unas pocas cuadras de la quinta avenida. El garito en cuestión se llama Taquería “El Fogón” y desde aquí lo recomiendo a todo el que visite Playa del Carmen. Está un poco alejado de la quinta avenida (en la avenida 30 con la calle 28, funciona igual que en Nueva York) y alejado de yanquilandia, por eso cuando llegamos todos eran autóctonos, y todos sabían donde se come bien, y a muy buen precio. Por unos 200 pesos (unos 12 euros) cenamos “de madre” los dos, con cervezas y tequilazo incluidos. No podíamos culminar el día de mejor manera. Nos retiramos a descansar a una hora prudente, ya que al día siguiente nos esperaba un día muy intenso en la isla de Cozumel.

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Ultimos comentarios:

FREEMIND dijo:

A esto es lo que lloma un diario vibrante y lleno de colores como las fotografías, además que es de mi amado México, me animas a escribir un diario que tengo guardado de la Ciudad de México. Un saludo desde el noroeste de México, Los Mochis, Sinaloa.

miércoles, 13 de febrero de 2008, a las 15.06

laguanabana dijo:

Wuaaaaaaauuu Heraldica creo que me prendi de tu diario muy chido como decimos aca y pues dejame contarte que conociste muchos lugares hermosas de mexico y pues que bueno que descubriste todas las tonalidades del azul....si que te hizo vibrar ......gracias por escrbir de mexico y pues bienvenida si te vuelves por aca.....saludos

miércoles, 13 de febrero de 2008, a las 16.21

martindaco dijo:

Hola, quizás lo he leído con una motivación especial porque espero ver y recorrer esos lugares en breve. Pero me ha gustado mucho. Gracias por obsequiarnos con tus impresiones.

jueves, 14 de febrero de 2008, a las 01.45

luc_osorio dijo:

Hey Heraldica!!!!!! en verdad que me he emocionado tanto con tu diario y me he botado de la risa jajajaja Que padre que te gustase tanto!!!!!! Toda una aventura recorrer las calles de la capital!!! pue esto es Mexico!!! Un saludo desde el sureste Mexicano.

jueves, 14 de febrero de 2008, a las 10.35

gerardmen dijo:

Buenisimo tu diario, me encanto, creo que siempre tuve una sonrisa, que bueno que disfrutaste de mi bello México, por gente como tu es por lo que siempre se les recibe con los brazos abiertos, vuelve pronto y deleitanos con tu excelente forma de redactar.

lunes, 18 de febrero de 2008, a las 12.56

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