Desde Ayacucho nos fuimos hacia Cusco, vía Lima. Pero aterrizar en Cusco no siempre es fácil. El piloto tiene poco espacio para maniobrar entre las montañas y el clima muchas veces complica la situación.
Luego de algunos movimientos bruscos llegamos. “El Cusco” (como le dicen los peruanos y que pronuncian con una s sostenida que le dá a la palabra una entonación muy especial) es una ciudad muy visitada por el turismo extranjero. Los maleteros del aeropuerto han inventado un recurso ingenioso, aunque no del todo limpio: como muchas empresas de turismo y hoteles van a retirar a sus pasajeros al aeropuerto esperando con carteles con sus nombres a la salida, los maleteros se los memorizan y llegan más adentro (donde se retira el equipaje) gritando el nombre de uno a viva voz. De esta manera, uno cree que el señor en cuestión es de su agencia u hotel y, por cortesía, deja que le lleven el equipaje y de esta manera queda obligado a darle una propina. Nos dirigimos a nuestro hotel, el Casa Andina Catedral, de precio intermedio, nos tocó una habitación espectacular. Grande y con dos balcones a la calle, con vista a Santa Catalina y su pequeña placita. No lo podíamos creer.
Cusco es especial. El lugar está habitado desde hace 3000 años, su arquitectura tiene una mezcla única entre lo incaico y lo colonial. El estado de mantenimiento de la ciudad es impecable y está repleta de restaurantes, bares y lugares de esparcimiento que ofrecen innumerables opciones para el visitante. Se puede encontrar comida peruana, mexicana, italiana, china, gourmet, internacional, etc.
Carísima, intermedia o a precios increíblemente baratos dentro de un rango de un par de cuadras. Así que aunque al principio cueste un poco por la altura, vale la pena caminar para encontrar la mejor opción. Un lugar recomendable para buscar restaurantes es el Jirón Procuradores, hay ofertas de menúes, con entrada, plato principal y postre (más pisco sour de gentileza) por s/10. Además hay mucha vida nocturna, muchos pubs, lugares para bailar, etc. por la zona de la Plaza de Armas y por San Blas también.
A pesar de ser una ciudad mediana (hoy día cuenta con más de 300.000 hab.) es relativamente tranquila, supongo que es porque los autos no tocan bocina en el centro. Aparentemente está prohibido y, en el Perú donde el “bocinismo” es una pasión nacional, esto no es una diferencia menor. El antiguo ombligo del Tawantisuyu se ha convertido ahora en una especie de ombligo global que atrae a turistas de los más diversos rincones, todas las lenguas se escuchan alrededor de uno. La mayoría hacen su parada obligada rumbo a Machu Picchu y supongo que todos terminan seducidos por la ciudad. La variedad y calidad de las artesanías es notable.
Claro que en las boutiques de la zona de Plaza de Armas las cosas están bastante caras, lo mismo que en la cuesta de San Blas. Pero hay que decir que hay algunas piezas que son realmente de calidad extraordinaria y gusto exquisito. Igual hay muchas otras opciones (interminables, más bien) más económicas y algunas muy buenas también.
Los lugares clásicos para ser visitados son: El Coricancha, que tiene dos museos: el de la iglesia (que está arriba) y el del sitio (que es subterráneo). Este último es un pequeño museo bastante poco explicativo y un tanto precario que, sin embargo, cobra 40 s/ la entrada a los extranjeros (claro que por Av. Del Sol, por algo más de 70 s/ se puede adquirir un boleto global que habilita la entrada a ese museo y a varios otros museos y sitios arqueológicos más, creo que 15 en total). Un lugar imperdible es Sacsaywaman. Al que se supone una antigua fortaleza. Hay que subir un tanto para llegar, pero el sitio y la vista desde arriba son increíbles.
Nosotros lo que más disfrutamos fue caminar por la ciudad. Subimos hasta San Blas varias veces, porque es un lugar tiene una especie de clima especial, como un pueblo aparte. Muy recomendable es la visita al Mercado Central. No todos los turistas pasan por él, pero realmente vale la pena.
Está ordenado por productos y hay de todo, desde comestibles hasta artesanías y ropa. La gente es maravillosa y es un placer sólo caminar por el lugar. Nos fuimos de Cusco a recorrer el Valle Sagrado de los Incas para luego abordar, en Ollantaytambo, el tren que nos conduciría a Machu Picchu, pero es parte del próximo relato. |
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