
VISTA DE LA PLAYA DE LA CABAÑA DESDE LA MONTAÑA LLAMADA SERRA GRANDE
SERRA GRANDE - BAHIA | 0 comentarios.
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Entre el verde del océano Atlántico y el de la selva tropical, la pequeña villa de Itacaré, en el sur de Bahía ofrece maravillosas playas tropicales, selva protegida, cascadas, ríos sorprendentes y una animada e interasante vida cultural. Yo escogí hospedarme a unos 30 kilometros al sur, entre la ciudad de Ilheus e Itacaré en una pequeña villa llamada Vila Do Sargí, Serra Grande.
Para llegar a este lugar, tomé un avión desde Rio de Janeiro hasta Ilhéus (aprox 2 horas de viaje) y luego desde Ilhéus un micro en donde el viaje se realiza en menos de 1 hora que me dejó sobre la ruta y luego tuve que caminar unos 300 mts en dirección al mar. Inmensos y lánguidos coqueros distribuídos azarosamente por la playa proveen a quien visita este lugar un paisaje realmente envidiable que perfectamente combina con el color verde del mar, el blanco de la finísima arena y la imponente mata atlántica preservada por varias Ong's. Serra Grande posee una vegetación interminable y sus reservas natuarales deleitan los más agudos ojos que puedan visitar este paradisíaco lugar.
La Bella Aldeia, lugar en donde me hospedé, posee 6 cabañas construídas sobre la arena y a pocos metros del mar. Hermosas y redondas con techos de "palha" tipo casita de indio. Distribuídas a lo largo de la extensísima playa que bordea la zona. Buenísima la idea de los dueños de no proveer televisión (salvo en el restaurant) ni música. ni radio ni siquiera internet dentro de cada cabaña.
La simpleza y tranquilildad de este lugar invita casi de inmediato a nutrirse de la imponente naturaleza del lugar y enamorarse perdídamente de la posibilidad de caminar tan solo algunos pasos para poder mojar los pies en las cálidas aguas del mar. Una red cuelga de lado a lado sobre la pared de la cabaña para poder contemplar bellísimos atardeceres mientras el viento cálido y soportable acaricia el cuerpo de quien se tambalea de lado a lado con libro, cerveza o riquísima caipirinha hecha por el mismísimo encargado del complejo. "Só alegría!!" es la frase de todos los días de este bahiano que con todos sus dotes de amabilidad, cortesía y excelencia de servicio me proveyó todas las soluciones ante mis requermientos. Realmente un hombre con muchas ganas de que cada huésped viva su estadía como si fuera la última.
Su hijo, Jefferson de apenas 13 años, tambien compartía con su padre la alegría diaria y el entusiasmo por querer brindarme pura excelencia de servicio. Anochece temprano (por lo menos durante el verano), tipo 17.30 hs ya se puede observar las diferentes tonalidades entre el rosa, violeta, naranja y azul del cielo mientras el sol se oculta detrás de las palmeras. Buenísma la idea de llevar mi reposera a la playa para quedarme contemplando el atardecer mientras el mar suavemente mojaba mis pies y los curiosos cangrejos amarillos de a poco salían de sus cuevitas debajo de la arena para alimentarse de algas y otras plantas marinas. Suelen llegar tortugas marinas por la noche para poner sus huevos en la playa aunque pero no tuve tan buena suerte de ver semajante espectáculo natural. Por la mañanas, la mesa principal del restaurant queda cubierto con diferentes frutas tropicales (algunas completamente desconocidas por mi), jugos exprimidos en el momento, panes diversos, jaleas caséras, galletas, café, te y leche. De vez en cuando y curiosamente se aproximan sigilosamente unas simpáticas lagartijas que deambulan de lado a lado trepandose en cada árbol cercano para observar como los humanos se deleitan con el "café da manha".
La tranquilidad de la playa es algo impagable para quien busca descansar y desenchufarse de la vida cotidiana que la gran ciudad ofrece día a día. Y realmente Serra Grande cumple al 100 por ciento con esto. Muy poca gente se acerca a las extensas y hermosas playas blancas de este lugar. Como será que hasta me animé a caminar y bañarme en el mar completamente desnudo sin ser acosado por ninguna preocupación o por ojos curiosos de cualquier lugar. Realmente sentí libertad...la experiencia de caminar por playas completamente desoladas y vírgenes sin ropa alguna y nadar en aguas cristalinas fue un regalo que seguramente no creo que vuelva a tener en ningún otro lugar.
Para quien prefiere un poco más de aventura y acción, la Villa Itacaré, a 30 kms por la ruta BA-001 que une Ilhéus-Itacaré es el lugar perfecto para poder conocer más a fondo las bondades de la naturaleza que este lugar regala a quien lo visita. Como no tengo auto, el viaje hasta Itacaré lo realizé en micro, la única empresa que te lleva se llama Rota. El trayecto por la ruta dura aproximadamente unos 45 minutos dependiendo un poco de los habitantes de la zona que se detienen en sus pequeñas aldeas. Entre caminos sinuosos, subidas y bajadas, entre inmensa vegetación y calor arrolador, llegué a Itacaré. La impresion que tuve del pueblo en un principio no fue del todo buena, tengo que decir la verdad. Me parecio a primera vista un lugar un tanto sucio, con basura desparramada a los costados de las calles, aunque luego comprendi que estos restos de basura habían quedado de la noche anterior y un poco por la falta de conciencia de algunos turistas que evidentemente les interesa poco y nada preservar la belleza de este lugar. Realmente me dio bronca. El pueblo es bastante holganzán... pues siendo las 13 hs y con el sol a pleno en el cielo, muchos de sus habitantes y turistas aun duermen puertas adentro hasta mas o menos las 15 hs.
Por supuesto la gran mayoría desaparece de las calles porque es imposible perderse el espactulo natual de las varias playas que bordean la Villa. Tampoco conseguí sentarme en algún restaurante para saciar el hambre que tenía. La mayoría de ellos abren sus puertas alrededor de las 16 o 17 hs. Claro!.. no queda nadie en la villa... con ese sol que te achicharra la piel que mejor opción que la playa!. Son aproximadamente 14 playas las que bordean la costa de Itacaré. La más concurrida se llama Praia da Concha, de aguas calmas, calidas, sin olas y muchos coqueiros. Varias cabañas sirviendo bebidas y comida hacen a esta playa la más agitada del verano. No fue esa la ocpión escogida por mi. Preferí visitar playas más alejadas y menos concurridas.
De todos modos aclaro, cada playa tiene lo suyo, sin embargo la belleza de todas es un factor común que se repite casi a la perfección. Luego de varias caipirinhas con la mejor cachaça de la villa, del mejor sol y de las mejores playas, opté por contratar en una de las varias agencias de turismo de la zona una excursión en jeep por la selva hasta llegar vía balsa con jeep y todo hasta la Península de Marau. La excursión dura todo el día. Es recomendable contratarla con tiempo dada la demanda por los turistas. Es imposible irse de Itacaré sin conocer esta península.
Ya en el jeep con algunos turístas desconocidos partí viaje de aventura entre la selva, caminos de arena y médanos que parecían montañas de harina tanto por la claridad de su arena como tambien por su fineza. Durante el viaje por la selva es posible divisar cientos de especies vegetales y animales en estado salvaje típicos del lugar. Luego de un par de horas, llegué a Marau. WoW!!!... que lugar!.. que belleza!.. aguas turquezas y el mar con arrecifes de corales. Tuve la suerte de llegar con la marea baja, pues de esta manera el arrecife se tranforma en una inmensa piscina natural de un color que jamás vi en mi vida. Entre una mezcla de verde esmeralda y turqueza. Millones de peces de colores, de todos los tamaños y formas. La vida acuática de esta piscina es realmente asombrosa y sus corales realmente increíbles. Se puede alquilar en la playa el equipo de snorkel para hacer más fácil la vista de esta maravillosa piscina aunque dada la transparencia del agua, casi no es necesario este aparato.
La playa de la península alberga varios restautantes preparados para la atención de los cientos de turístas que se aproximan. Camas sobre la arena construidas con ramas de arboles y bambu (por lo menos me parecio a mi) son ideales para una linda siesta. Los mozos que atienden realmente sabern entender los caprichos que algunos turistas solemos tener y actuan en consecuencia proveyendo servicio de excelencia en su atención. La comida sin duda mayor escogida es la Moqueca de Camarao ( una especia de guiso espeso repletos de camarones, porotos, aceite de Dendé y una salsa espectacular!!) tambien es muy pedida la Moqueca de Peixe, similiar a la de camarón. Tambien hay pollo, ensaladas diversas y muchas comidas típicas de Bahía, una mejor que otra. Por favor no dejar de probar la Tapioca.
Una especie de panqueque hecho con harina de tapioca (es de color blanca y granulada) que se realiza sobre una pequeña sartén bien caliente en donde el relleno queda a merced de quien comerá este inigualable plato. Dependiendo el relleno, la Tapioca puede comerse dulce o salada. La tapioca es típica de Bahía y no en todos los lugares de Brasil es facilmente encontrada, salvo que uno recurra a algún restaurante especializado en comida bahiana. En Bahía este plato se consigue a cualquier hora y en cualquier lugar... hasta en la propia calle las bahianas simpáticas te ofrecen este fabuloso manjar. El regreso hasta Itacaré se hace más o menos a las 5 de la tarde. Casi todas las empresas de turísmo aventura tienen el mismo itinerario. Si la idea no es hacer jeep de aventura, tambien uno puede escojer hacer raftting por los rios o bien largas caminatas dentro de la espesa y húmeda selva.
Ah!.. tambien hay salidas en bicicleta por las "trilhas" que se adentran a lo mas espeso de la selva. Por supuesto no es recomendable hacerlo solo sin un guia. La selva es hermosa pero no menos peligrosa que cualquier otra. Su inmensa vegetación es capaz de persuadir los sentidos de orientación de hasta cualquier profesional. Monos y una exhuberante cantidad de población de aves exóticas hacen de estos recorridos una aventura que jamás se podrá olvidad. |
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