Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
Bertolt Brecht
Al despertar después de 5 días de haber estado inconciente VIDAL CONTRERAS se encontró con que ya no podía mover su cuerpo. 5 días que fueron como un túnel, un tránsito de un modo de vida a otro. Todo cambió desde entonces. Campesino como era, trabajaba en una chacra a 6 kilómetros de la villa de Quinua. Un día llegaron las sombras y desde entonces el mundo fue distinto: “… en el tiempo del terrorismo, me han pinchado los terrucos en mi cuello con cuchillo”.
Había sido conducido a un hospital de Huamanga y allí lo salvaron de la muerte pero los doctores concluyeron en algo definitivo: Hemiplejia. Desde entonces estuvo paralítico por mucho tiempo en la cama sin poder valerse por sí mismo hasta que la Cruz Roja, en un plan de ayuda a victimas del terrorismo, colaboró en su lenta recuperación pagando a los fisioterapistas. “Con eso me ha recuperado un poco y solito mis dedos se empezaron a moverse.
Para recuperarse es difícil se necesitan años, tiempo, no es fácil”. Pero cambiaron de administración en el hospital al que iba y tuvo que abandonar lo poco que había avanzado en su terapia. Huérfano desde niño y con una familia pobre que no podía ayudarle a costear la recuperación tuvo que tomar una decisión: había que decidir optar por el abandono o por la vida. Ninguna de las opciones le daba muchas esperanzas. El abandono sería un camino definitivo a la nada y la vida un problema más que una bendición ya que representaría pobreza y una carga para su familia. Vidal optó por lo más difícil, optó por vivir. Tendría que volver empezar, aprender las reglas como si hubiera sido invitado de nuevo a este mundo, ahora un poco más cruel y difícil de aceptar.
Dicen que los grandes hombres lo son porque tienen la vida llena de grandes acciones, de decisiones que están a la medida de su inmensa valentía. Vidal Contreras, medio cuerpo paralizado, fue aleccionado por la necesidad, esa maestra inevitable que afina nuestra intuición y talento, que nos enseña los trucos del duro sobrevivir en un mundo siempre adverso. Si la mitad de su cuerpo la tenía bloqueada, aún contaba con la otra mitad como su aliada. Decidió demostrar que sólo con una mano podía ser un artista. “Mi hermano mayor hacía cerámica, viendo a mis hermanos yo… así aprendí a hacer cerámica con una sola mano. Ahora con mano izquierda no más trabajo”. Su taller está lleno de las obras que con tan buen gusto hace.
Damos una mirada a sus bellas iglesias, toritos, nazarenos, parejas de campesinos, soldados de la batalla de la pampa de la Quinua, productos que crea de acuerdo a la exigencia del mercado. Y por si fuera poco y como todo hombre que ha convivido con la tierra toda su vida, Vidal sigue dedicándose a trabajar una pequeña chacra donde siembra maíz y papas para ayudar al sustento de su familia. En este lugar consigue la arcilla pura que luego combina con cilce y agua para empezar, como un Dios artista, a darle vida al barro, a darle expresiones y colores naturales a la tierra que en sus manos se vuelve arte.
Con el tiempo esta nueva realidad en la que la vida lo había puesto le hizo percatarse de cosas que antes no había podido ver. Notó que mucha gente a su alrededor sufría sin tener opciones a una buena vida por el solo hecho de padecer, como él, de alguna “discapacidad”. “Y un día escuché hablando en la radio la ley 27050 que hablaban de las personas con discapacidad, creo que fue un día domingo por la tarde y de sus artículos y derechos y deberes”. Desde entonces su interés lo llevó a averiguar, informarse y estudiar esa ley. Vidal decidió darle vida a este fajo de papeles donde se había impreso rimbombantes palabras y tecnicismos que sólo los ilustrados en leyes saben. El quería darle sentido a esa norma, evitar que sea, como todas las leyes en nuestro país que tratan de beneficiar a los que menos tienen, letra muerta. “En esa ley todo hablaban para formar asociaciones.
Deberes y derechos de la persona con discapacidad”. Entonces este hombre decidió ir a contracorriente. Primero dejó de pensar en sí mismo para dar cabida en sus sueños a los demás. Soñó que podía hacer una gran hermandad, que podía atreverse a pensar en unión en un mundo donde eso ya es imposible. Y como los hombres no se definen por lo que sueñan ni por lo que dicen sino por lo que hacen, él decidió actuar. Empezó a andar como podía por todo Quinua para juntar a toda la gente que como él formaban parte de un número no oficial en los registros del Estado. “Después acerqué a alcalde para formar una asociación y pedir permiso porque así dice la ley en el artículo número 10 que tiene su deber la municipalidad… busqué a las personas, empadronando. Así formé una asociación, pero unos cuantos.
Es que se necesita Certificado de discapacidad para formar una asociación, tiene que ser un documento de identidad de persona con discapacidad (reconocidos por médicos). Luego al alcalde solicité para ir a Huamanga a doctores para solicitar. Me ha costado tiempo ese trámite, gastito era. Yo, hacer esfuerzo de mi propia cuenta. Viendo eso he hecho el sacrificio de traer doctor de Ayacucho, me ha pedido para ida y vuelta el traumatólogo, taxi completo”. Solicitó ayuda al alcalde del pueblo quien se la brindó por un corto tiempo pero después ya no recibió más ayuda, otra vez, la ley fue letra muerta para los menos favorecidos. Pero él ya había vencido a la muerte, su temperamento estaba fogueado con las desavenencias y las trampas de la realidad, no iba a detenerse. “Yo seguí empadronando a estas personas”. Por fin el sueño se hizo realidad y la ASOCIACION DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD DEL DISTRITO DE QUINUA se forma oficialmente el 2003. Siendo Vidal su primer presidente por 2 años (como lo exige le ley) y, hasta donde él sabe, el primer fundador de una asociación de discapacitados en Ayacucho que hoy ya cuenta con 65 socios.
Quinua (3396 msnm) está ubica a 32 km de Ayacucho. Se necesita de 1 hora en combi para llegar hasta este hermoso y pacífico poblado andino que conserva ese espíritu de sosiego tan caro para nosotros los paranoicos habitantes de las grandes urbes. Aquí la gran mayoría de personas vive de lo que sus manos crean, es un pueblo donde el arte se respira. Tiene una plaza pequeña y casi siempre vacía donde lo único que altera el silencio es la música que los chorros de agua producen en la pequeña fuente. Los árboles de “Qinwa” (de donde se origina el nombre) dan una sombra que se agradece cuando el sol serrano está en todo su esplendor.
La iglesia es grande y vistosa. Tiene una escalera lateral que lleva hasta el campanario de la única torre y a donde se puede subir libremente para ver las inmensas campanas que despiertan todos los días al pueblo y tener una gran vista de los fértiles bosques que rodean Quinua y sus techos de tejas sobre las que los quinuinos suelen poner algún torito o iglesia cada vez que culminan el techado o “zafa casa” a manera de protección. Frente a la plaza hay un museo de sitio donde está la piedra sobre la que se firmó el Acta de Capitulación que sellara la libertad americana del dominio hispánico. En la noche, el pueblo es alumbrado por sus farolitos con una luz suave que le dan al pueblo un toque de íntima y sosegada belleza.
“Viviendo aquí en Quinua tenemos facilidad de trabajar en Cerámica. Con este trabajo yo mantengo a mi familia y quiero compartir a mis hermanos, los discapacitados. Por ejemplo hay personas amputados las manos, con mi experiencia yo creo que ellos pueden trabajar con una sola mano para sustentar una familia” me dice el gran Vidal y en sus palabras se nota el ímpetu y fogosidad de quien no ve en los problemas que aquejan a su cuerpo un obstáculo sino más bien una oportunidad para desarrollar el ingenio. Tanto así que ha ganado concursos de cerámica en Quinua y en Huamanga compitiendo contra gente que no tiene los inconvenientes que él debe enfrentar. Sólo reciben cada tres meses una ración de alimentos de una entidad estatal algo que lograron debido a que se unieron como asociación, pero después de eso no tienen el apoyo de nadie, pese a ello el pesimismo no es un ente contaminante que lo habite, Vidal apuesta por actuar antes de quejarse sin que esto amerite olvidar los derechos por los que tienen reclamar.
Me acompaña en una caminata por Quinua y sus anexos para poder conocer las historias de sus hermanos, de esa gente que como él han sido impedidos de tener el dominio pleno de sus cuerpos pero que decidieron enfrentarse al los molinos de viento de la adversidad y tener una vida sin resignaciones sino más bien una llena de valentía, liberada del estúpido estigma que la sociedad le ha puesto: DISCAPACITADOS.
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano
En la puerta de uno de los baños públicos del pueblo está JUAN TORRES escuchando en su pequeña radio uno de esos carnavales ayacuchanos que tanto adora oír. Ex presidente de la asociación y hoy vecino de la villa de Quinua, Juan nació en Lima donde tuvo tratamiento pero tuvo que irse con su familia hacia Ayacucho, la tierra de su madre. Aquí tuvo que abandonar todos esos esfuerzos médicos debido a que la pobreza y la falta de atención. Vive afectado desde los 8 años por una grave dolencia que le impide manejar con libertad su pierna derecha. Juan es compañero de Vidal en el esfuerzo de lograr formar la asociación: “Acá en el parquecito nos hemos encontrado y no nos hemos conocido. Y se me acerca Vidal y me dice quiero formar una asociación y me pregunta buscamos o no. Yo le dije ya pues señor yo busco en los anexos y el me dice yo acá. Ahí hemos buscado y formado la asociación”. Hoy trabaja cobrando las entradas en uno de los baños públicos. Es un trabajo momentáneo que la municipalidad le ha dado pero en unos días debe dejar el puesto y Juan no se amilana, no espera que la oportunidad le caiga del cielo.
Las oportunidades llegan para quien la busca por lo que ha decidido ir a Llamahuilca, en Wari, a empezar a trabajar la tierra, cuidar animales pese a que eso le amerite un esfuerzo mayúsculo debido a su condición. “No tenemos ningún apoyo ni siquiera nos recuerdan las autoridades de Huamanga, quisiera que nos apoyen en cualquier cosita y ahora nada absolutamente. Aquí con las justas estamos, por ejemplo ni para terreno para construir local para eso queremos. Estamos reconocidos y aún así tenemos problemas”. Juan cree que tener un pequeño terreno ayudaría mucho. Pero no un terreno donde puedan hacer una oficina que se llene de papeles, burocracia y actividades insulsas, estas personas quieren seguir produciendo porque son capaces de ello, quieren criar cuyes, abejas, productos que puedan comercializar. “Mis hermanos los discapacitados más graves que nosotros todavía están. Están en la cama, no pueden moverse. Para apoyarlos a ellos también nosotros necesitamos, para eso quisiéramos”.
El sector de los puestos de comida de Quinua es un punto clásico donde los visitantes al pueblo se quedan para comer muy buenos platos. Entre las muchas mujeres que preparan estas exquisiteces REYNA GUTIERREZ ofrece unos deliciosos caldos de gallina de corral y unos platos de puca picante de suma contundencia. Ella es hoy la presidenta de esta asociación de luchadores. Nacida en Santa Rosa (selva de Ayacucho), pero radicada en Quinua desde niña, maneja este negocio que antes era de su madre. Cuando Reyna era niña sufrió una terrible caída a una acequia que le afectó la pierna derecha quedando incapacitada para usarla desde esa vez. Nunca fue a terapia. Entre sus funciones como madre y trabajadora se da tiempo para dirigir la asociación y proyectarse hacia el futuro. “Algunos de nosotros estamos que no caminan y no tienen sillas de ruedas y no tienen familiares para que los traigan. Solo cuando hay mas urgencia traen sus familias sino se quedan en sus casas. No tienen plata para comprarse sillas de ruedas”.
En ella se nota el deseo de seguir en la lucha y mostrar todas las cosas que estás personas son capaces de hacer por tratar de ayudarse mutuamente. Han sacado el singular de sus bocas para hablar en plural, para pensar en grupo, en unión. Lo que es bueno para todos es bueno para cada uno. Lo avanzado hasta hoy ha sido mucho pero es nada con todo lo que tiene por andar. No es fácil, pero eso es algo que lo saben bien estas personas que no han tenido absolutamente nada fácil en sus vidas.
Dejamos Quinua y nos vamos hacia Canansayoc, anexo del pueblo, junto con Vidal. Allí, en una casa pequeña hecha de adobe, conozco a TEOFILO ICHACCAYA VELARDE, quien camina con dificultad ayudado de una muleta de metal que reemplaza a su pierna desde los 2 años de edad. Como casi todos los casos ha recibido terapia sólo de niño y luego por diferentes motivos tuvo que abandonar la ayuda médica. Teofilo es un gran retablista que aprendió a hacer estos bellos cajones desde que tenía 19 años cuando empezó a trabajar con su primo Eulogio Velarde quien, junto a otros maestros, le enseñaron los secretos y artes para hacer bellas piezas como las que se ven en su taller, cosas que ahora él está trasmitiendo sabiamente a sus hijos.
Es uno de los primeros integrantes de la asociación. Allí está Teofilo combinando el engrudo de harina, el yeso cernido, logrando la pasta para formar esas figuras a los que sus manos con mucha delicadeza dan vida, gestos y actitudes. “Como jugando podemos hacer cualquier figura que deseen”. Luego toma las cajas que ha mandado a hacer y las blanquea. Después pinta las figuras que ha hecho y los pone dentro para al final barnizarlos. Y listo, un mundo ha sido creado, una radiografía de la vida que sólo sus ojos ven, ha sido colocado en uno de sus grandes y hermoso retablos. “Poco a poco me ha nacido qué costumbres debo hacer y qué figuras debo poner” devela Teofilo los secretos de su inspiración.
Ha participado en algunas ferias en Lima o Huamanga pero esto, que podría ayudarles a colocar sus obras en otros mercados, es algo que ya no pueden hacer debido a lo costoso que son los pasajes y los stands en las que puedan exhibir sus buenos trabajos. “Para nuestro futuro como artesanos (son 10 los artesanos que forman parte del grupo) y asociación buscamos salir hacia delante a ferias y exposiciones. Y para eso necesitamos de alguien que nos ayude porque nosotros queremos salir con nuestro arte hacia fuera u otros departamentos y nos cuesta”.
Si no creyera en cada herida
si no creyera en la que ronde
si no creyera en lo que esconde
hacerse hermano de la vida.
Si no creyera en quien me escucha
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que queda
si no creyera en lo que lucha.
La maza – Silvio Rodríguez
Vidal hace el esfuerzo por acompañarme aunque su cansancio delate que tiene cierta dificultad para seguir avanzando. Tomamos un camino bellísimo, rodeado de eucaliptos y retamas, que sale del pueblo y empieza a ascender hacia el anexo de Nueva Esperanza. Vamos descansando y contemplando el hermoso paisaje que rodea Quinua. Me señala a lo lejos el pueblo en el que vivía y donde fue atacado por los esbirros. Por fin llegamos al anexo y nos dirigimos a una casa muy pobre y pequeña.
Llamamos y nadie responde. Vidal habla en quechua con una vecina preguntándole dónde está doña MERCEDES LOAYZA; en casa de su hermana, nos indican. Hay que bajar por un camino estrecho, a la vera de un riachuelo. Llamamos a casa y pedimos ver a doña Mercedes, la mandan a llamar. Al rato, desde un patio terroso, se acerca a rastras una anciana mujer, delgada y algo demacrada. Sus manos han reemplazado a sus piernas y necesita hacer uso de un esfuerzo descomunal para dirigirse donde deba. A doña Mercedes muchas veces los vecinos se le acercan para darle comida. Desde niña está impedida. Vivía en el anexo de Socopuquio de donde tuvo que huir hacia Quinua cuando el terror asoló estos pueblos y trajo su estela de muerte y estúpida locura. Vive en una soledad constante y pesada y aunque tiene 3 hijos y algunos nietos no los ve porque no quieren saber nada de ella.
Pese a todo cuando la asociación tiene una reunión Mercedes baja al pueblo como puede ya que nunca puede usar su silla de ruedas debido a lo escarpado del camino. Es tanto su ímpetu por colaborar con el grupo que incluso ha subido como pudo a camiones para que la lleven. Pero alguna vez, el chofer de un camión no tuvo cuidado y avanzó el vehículo cuando ella bajaba lo que hizo que se cayera al suelo y se rompiera una pierna que ya ha tenido bastante dañada toda su vida. Y allí va esta mujer poseedora de su pobreza y de un pequeño cerdito al que alimenta, abriéndose paso a rastras entre las inmensas dificultades de la vida y apoyando desde su pobreza a este grupo de personas que no exigen ni piden ninguna limosna ni dádiva. No, ellos no quieren nada que su esfuerzo no les dé. A la falta de algo ellos ponen el ingenio, el arte, la valentía, la inteligencia, la pasión.
Vuelvo al pueblo junto a Vidal, cruzando la pampa de la Quinua donde el 9 de diciembre de 1824 las fuerzas americanas vencieran a las realistas y definieran nuestra emancipación, al menos histórica. El cielo ruge, la lluvia empieza a caer sobre nosotros en este inmenso lugar, pienso que tal vez nos pueda caer un rayo. Pasamos a los pies del obelisco de 44 m de altura, que representa los años de lucha emancipadora desde 1780 (primera revolución de Túpac Amaru) y sigo hablando con este gran hombre. Siento que se me han caído mis anteojos de indiferencia, siento que un letargo en mí está acabando. Muchas veces la gente y sus más esplendorosos y, también, pueriles actos no representan sino la vida que a través de ellas algo te está enseñando. Hay que avanzar, hay que seguir avanzando contra viento y marea.
Tengo mis dos manos y mis dos piernas, está gente no tiene alguno de ellos pero aún así han empezado a cambiar el mundo porque es lo que quieren, un mundo mejor para ellos. Un mundo que no dictamine barreras ni estigmatizaciones contra gente que es capaz de hacer inmensas cosas, cosas que ni siquiera los “capacitados” muchas veces podemos.
Pablo
PD: Conocer a algunas de estas personas y sitios será parte del itinerario que los viajeros conoceremos en el ENCUENTRO INTERNACIONAL DE VIAJEROS AYACUCHO 2008.
|
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|