La Hacienda Zorita se encuentra entre Salamanca y Ledesma, concretamente en el pueblo de Valverdón a 9 kilómetros de la capital. Zorita es una antigua Hacienda fundada en 1366, convertida en hotel con 29 habitaciones y suites, bautizadas con nombres de dominicos con Santo Tomás a la cabeza, todas con vistas al Tormes. En este lugar se alojó Cristóbal Colón durante las Conferencias de Valcuevo, advirtiendo la espiritualidad de estos muros en su escala salmantina rumbo a las Américas. Según leí en la documentación que se encontraba en la habitación, el lugar perteneció, en sus orígenes, a los Dominicos (convento del siglo XIV). Estaba destinada al cultivo de viñedos. Luego vendieron la Hacienda y se convirtió en una harinera. La aceña sobre el río Tormes, ahora restaurada, se construyó en el año 750. Una de las crecidas del río destruyó parte de la Hacienda. Se reconstruyó de nuevo y la dedicaron a un lugar de reposo para los profesores de la Universidad de Salamanca. En el año 2001 compró la Hacienda el Marqués de Griñón y la destinó de nuevo al cultivo de viñedos. La reforma fue encargada al arquitecto José María Pérez “Peridis” y se inauguró como hotel en 2003 (Fue la primera del proyecto Haciendas de España, simbiosis turística y vitivinícola). En la actualidad pertenece a la empresa vinícola Durius que además es dueña de la Haciendas Unamuno (Fermoselle) y Abascal (Quintanilla de Arriba), entre otras.
Forma parte del recinto, además del hotel y del restaurante (antiguo refectorio) de la Casa Grande, la bodega DURIUS (1.500 barricas), cuya arquitectura hace alusión a la carabela Santa María (quilla invertida). Las antiguas casas de los trabajadores son ahora oficinas y tienda delicatessen. Hay también una capilla, con un alto campanario donde anida una pareja de cigüeñas. Junto a ella cuatro sequoias sempervirens centenarias que Vázquez Coronado trajo de América para los frailes en 1580 -según dicen son las más antiguas de Europa en su especie-. El vetusto molino árabe es ahora un wine spa y en otro edificio hay piscina.
Es relajante pasear por el interior de la finca, hay una colección de arces, cipreses y castaños de indias junto al río, visitar la isla que forma el Tormes y disfrutar con los colores del atardecer y del amanecer reflejados sobre la zona del río, canalizado, que fluye bajo sus cimientos, a modo de molino.
El lugar forma parte del exclusivo club europeo de wine hotels y está recomendado por las revistas más prestigiosas del gremio. Otro aliciente es que se encuentra a escasos diez minutos en coche de Salamanca, lo que permite visitar la ciudad monumental y descansar en un alojamiento privilegiado de cinco estrellas.
Tuve la suerte de dormir en la primera planta. Desde esa situación contemplaba el canal y la aceña. Durante la noche se escuchaba el sonido del agua discurriendo bajo el hotel. A las ocho en punto una cigüeña golpeando su pico me despertó. Nunca me había pasado algo parecido. Al asomarme a la ventana estaba amaneciendo, la vista era espectacular. Será difícil olvidar mi estancia. |
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