
Miguel y Rafael en la torre Effiel
Paris | 0 comentarios.
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Al abordar el avión en la Ciudad de México que nos trasladaría a mi hermano Rafael y a mi a la Ciudad de Paris fue muy emocionante ya que era la primera vez que atravesaríamos el Atlántico en un viaje largo y distante.
El conocer Europa fue un sueño ansiado desde mi adolescencia y por fin se había cumplido. Al descender el avión en Paris me preguntaba mil cosas; ¿como seria la ciudad, la comida, el transporte, la gente y muchas cosas mas.
Me llamo mucho la atención ver el moderno aeropuerto de Paris -Charles de Gaulle -por sus modernas instalaciones y sus extensas salas de espera, pienso que es uno de los aeropuertos mas modernos y extensos que he visto en cuanto a infraestructura e instalaciones, similar al de Tokio.
Al salir del aeropuerto no teníamos idea de como trasladarnos a la dirección en donde nos alojaríamos. Preguntamos al personal del Aeropuerto y nos dieron referencia de cómo llegar. Abordamos un autobús suburbano que nos trasladaría al metro y de ahí de nueva cuenta a preguntar. Tenia la idea que al hacerlo en ingles y no en francés como pensaba la gente no me contestaría, al contrario siempre tuve una respuesta amable. He aprendido que siempre debo preguntar las dudas que surjan durante el viaje, por mínima que sea.
Al principio, mi intención de traslado era hacerlo por taxi, sin tantos problemas, pero se pierde la emoción cuando se viaja de esta manera, además de que aun no anochecía.
Nos alojamos en el departamento de una persona mexicana que radicaba en Paris por 20 dólares americanos por persona la noche. Ya una vez instalados y sin descanso salimos a conocer la ciudad, tenia una ansiedad el caminar a través de sus calles y a lo largo del rió Sena, pensaba que aun estaba soñando, era mi primer viaje.
No dirigimos de inmediato a la torre Efiiel, es muy imponente y pudimos observar desde lo mas alto de la torre toda la ciudad, valió la pena pagar un dinero adicional el subir a lo mas alto, ya que son diferentes precios dependiendo la altitud a la que se quiera llegar, además de que es un sitio donde se toman la foto nupcial infinidad de parejas de diferentes nacionalidades.
Posteriormente, nos trasladamos a la catedral de Notre Dame, y caminamos sobre los campos Elíseos, semejante vialidad al Paseo de la reforma de la Ciudad de México. Ver el Palacio de Versalles, con sus inmensos jardines y la limpieza que existe fue una experiencia muy emotiva, así como el Molino Rojo y la tumba de Mike Jagger.
Una vez conocido parte de Paris, compramos los boletos “Europass” para viajar en tren por los diferentes países, 10 boletos por $ 40 o 45 dólares americanos por persona. Ya con los boletos en la mano nos dirigimos a Bélgica siendo nuestro siguiente destino.
Llegamos a Bruselas y conocimos parte de la ciudad vieja, y nos trasladamos de inmediato a la ciudad medieval de Brujas, es muy diferente a Paris y muy bonita a pesar de ser un lugar chico. Por ser la primera vez que conocía Europa, me impresiono bastante su arquitectura, similar a casi todos los países europeos. Bélgica por ser un país pequeño, se puede conocer en muy poco tiempo y se puede atravesar este país en pocas horas.
De nuevo, abordamos el tren que por cierto son muy puntuales en llegada y salidas, dirigiéndonos a Amsterdam, capital de Holanda. Al llegar a la estación del tren en esta ciudad, me llamo la atención el ver la gran variedad de personas vestidas extravagadamente y con el pelo pintado de diferentes colores. En general se veían bien y no causaban desorden alguno. Creo que esto es parte del folklor holandés.
En Amsterdam no teníamos reservación para pasar la noche y no sabíamos donde hospedarnos, además de que no había lugares económicos para dormir. Todo estaba saturado por ser verano. Me inquiete un poco ante esto, pero la buena fortuna estuvo de nuestra parte, ya que en la estación del tren un mochilero mexicano nos identifico y nos pregunto si teníamos alojamiento. Con su ayuda el nos consiguió alojamiento en un piso muy económico por 15 dólares americanos por cabeza advirtiéndonos de las carencias que tenia. Sin objeción alguna y sin preguntar por comodidades aceptamos.
El encargado de este alberge con aspecto asiático nos llevo al alojamiento en su auto particular. Al principio tuve cierta desconfianza por no saber a que lugar nos llevaría, pero encomendandome al creador no tuve problema alguno. El alberge era muy sencillo, ideal para mochileros. El cuarto constaba de dos camas sencillas y una sola cobija. Había un solo servicio con su regadera para todos los cuartos del alberge.
Por la mañana nos levantábamos temprano para ser los primeros en ducharnos y demás, ya que había unos nipones que querían ganar este privilegio. En el día recorrimos en bote los diversos canales de agua que circulan la ciudad, explicándonos en español los diferentes sitios de interés. Entramos a la casa de Ana Frank, aquella joven que escribió parte de su corta vida durante la ocupación nazi en Holanda.
Al regresar por la noche, mi hermano y yo nos perdimos por unas cuantas horas, no sabíamos que rumbo tomar, ya que la dirección del alojamiento la habíamos extraviado. Afortunadamente, un holandés con toda la paciencia del mundo nos auxilio en buscar la dirección por las pocas referencias que recordábamos. Sin su ayuda hubiera sido difícil dormir en nuestro alojamiento.
Al día siguiente entramos al museo principal, no recuerdo su nombre, pudiendo ver las diferentes obras creadas por los diferentes pintores flamencos, entre ellos Rembrandt. En lo particular no me atraían estas pinturas, pero cuando las vi físicamente me quede boquiabierto por la expresión y forma de cada óleo. Ver “ Ronda de Noche” y la expresión particular de cada personaje es impresionante. Ahora se porque fue un gran genio de la pintura.
Dejando el lado cultural para el día, por la noche, ya con unos tequilas untados en la garganta, procedimos a explorar la vida nocturna holandesa. Nos dirigimos al “zona roja” y vimos las famosas vitrinas con sus encantos femeninos. Por cierto en este país esta reglamentada la prostitucion y la consideran como una profesión más y con un horario de atención muy estricto.
En las tiendas de esta zona, se puede comprar hashis (marihuana) como si fuera cualquier cigarrillo y consumirse sin problema alguno a la vista de los guardianes del orden, pero sin alterarlo. Había ciertas personas que se empezaban a desvariar y observábamos como las autoridades sin explicación y consideración alguna los arrestaban por alterar el orden publico. Muy estrictos en ese sentido y sin aceptar mochada (dinero) por parte de los afectados.
Al día siguiente, muy temprano nos dirigimos de nuevo a la estación del tren y dirigirnos a Suiza que era nuestro próximo destino…narración que después haré. |
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