Esta es una historia real vivida por mí, la que cuenta , y mi esposo , compañero de viaje .
Perdidos en la noche
Llegué en Noviembre a la fantástica Marruecos. Desde Tánger hacia el Sur, acompañada por el conductor del coche , Vidio . Mi objetivo, las dunas del Sahara. Atravesando rojas montañas pasamos por pintorescas ciudades , por ciudades medievales como la misteriosa , exótica y oscura Fez , cruzamos por una sorprendente región de bosques , prados , ríos, lagos y cascadas ; y a medida que se multiplicaban los vastos oasis con palmeras , las metropólis de barro , arquitectura de castillos de arena , y se dejaba atrás ,como telón de fondo , la azul cordillera del Atlas , nevada , y se empezaba ya a sentir la presencia del Sahara , notamos que los vestidos cambiaban y la gente envuelta en ropas negras y con la piel más oscura sustituía a las mujeres con vestidos de colores de las montañas . Y, por fin… llegamos, a la caída de la tarde, a Erfoud , una agradable ciudad con calles trazadas en forma de rejilla . Allí deberíamos pernoctar para seguir camino al amanecer y, después de, varios kilómetros, contemplar un verdadero amanecer en el desierto.
Las recomendaciones leídas en los apuntes de viaje aconsejaban no hacerlo de noche, pero mis ansias de ver y tocar esas arenas me hicieron desoir los consejos. Con un folleto que publicitaba un albergue en la primera duna, insté al chofer para continuar el viaje. En el camino, pasamos por Rizani , uno de los palmerales más grandes del mundo y el lugar que reune el mercado más africano de Marruecos . No podíamos avanzar, enormes camiones competían con asnos cargados, un tumulto continuo de gente que regateaba y avanzaba a empellones. Logramos cruzar la feria, y en ruta nuevamente…
Ya hacía una hora que andábamos cuando nos envolvió la noche. Era noche cerrada y destellaban miríadas de estrellas. Nadie, nada, sólo el auto avanzando en línea recta. ¿Angustia? ¿Miedo?, algo, no sabría definirlo empezó a hacer bulla dentro de mi pecho. Ya estaba arrepentida de la decisión tomada pero el viaje tenía que continuar. Después de una hora interminable, vimos, en la lejanía, el parpadeo de una lucecita. Al acercarnos, supimos que era el resplandor de un farol que señalaba el final de la carretera. Frenamos. El auto enseguida se rodeó de gente, todos cubiertos con sus ropajes parecían auténticos monjes tibetanos. Un pueblecito: una tribu bereber.
Mostré el folleto, hablábamos distinta lengua, sólo logré saber algo por medio de señas. Pedí, no sé cómo, que nos condujeran hasta el puesto policial. Allí, la oficina desierta y el jefe que dormía sobre un banco. Se levantó al vernos entrar, de nuevo el lenguaje gestual, apareció otro uniformado, hicieron llamadas por teléfono y, al fin , supimos que el bendito albergue estaba distante a veinte kilómetros , en medio de un mar de dunas , que no podríamos llegar solos , necesitábamos un guía . Se presentó un hombre muy alto, de porte majestuoso, que nos conduciría hasta el refugio. Sin embargo nos hizo entender que tendríamos que esperarlo unos minutos pues se tenía que preparar con ropas adecuadas para hacer la travesía porque iría, en motocicleta, delante del coche.
La noche en el desierto es muy fría. Esperamos, dentro del auto, su llegada envueltos en una oscuridad total. Al rato, apareció todo arropado haciéndonos seña para que lo siguiéramos. Lo miré y vi que no era el hombre que nos debería guiar .Desconfiada, con el dedo indiqué que no. El entró a la comisaría, salió enseguida, nuevamente la señal para que lo siguiéramos y yo, que no. Dos veces más se repitió el juego mímico hasta que salió el oficial y nos dijo, en su mal español, que no temiéramos, que lo acompañáramos, que era hermano de aquél que nos había presentado . Aclaro que allá todos son hermanos. Y empezó el periplo : salimos de la aldea para internarnos , ahora sí , en las extensas dunas .Giros y giros rodeando esas lomas de arena .
El cielo , en lo alto , bullía de estrellas . La motocicleta delante y nosotros , detrás . Habíamos andado alrededor de media hora , cuando una maniobra mal hecha por Vidio hizo que el auto se encajara en una duna . Marcha atrás y primera ... el motor vibraba ... nada ... el coche estaba hundido , no salía .Yo , desesperada , sólo rezaba .
El guía , con el pañuelo en la cabeza sobre la nariz y la barbilla , trataba de calmarnos haciéndonos entender que iría a buscar ayuda . Con frío y asustados esperamos en medio de esa inmensidad , donde sólo existe el cielo , una larga hora hasta que aparecieron tres hombres con palas y palos , montados en dos motocicletas . Zanjaron y , después de muchos esfuerzos , el coche volvió a la pista . Aliviada , seguí mirando el cielo tan profundo tachonado de estrellas y agradecí al Dios Todopoderoso. Reanudamos la marcha y , pasada la medianoche , llegamos al ansiado albergue (“La bella época” ) .
Allí , sus propietarios , nos estaban esperando , habían sido avisados por la policía de Mersouga . Rodeados de llamas que brotaban de sus típicos faroles , nos sentamos en el suelo , sobre mullidas alfombras , para beber el perfumado té con sabor a menta que nos brindaban en bulbosas teteras de plata para tranquilizarnos . Seguíamos muy nerviosos después del arduo recorrido , por lo tanto no probamos la cena que nos habían preparado . Como se dice , la boca del estómago estaba cerrada . Después de despedirnos del guía dándole los dirham pactados , nos retiramos a descansar con la promesa de que nos despertaran en las primeras horas para que viéramos el deseado amanecer en el Sahara.
A la hora indicada sonó el gong . Abrigados, salimos y ya vislumbramos los dos camellos que nos transportarían a la gran duna . Montamos ayudados por los hombres azules y empezamos el lento ascenso por el mar de arena . Amanecía .Orlas azules se perfilaban en el horizonte . Fascinantes los colores que iban del rosa al rojo , pasando por el dorado , frente a la inmensidad del nítido cielo . Y ahí , aparecía , donde las dunas y el cielo se tocaban , ese color entre violeta y naranja , esa bola roja y después ... el sol cegador en todo su esplendor . Mi sueño, al fin, se había cumplido : descubrí y confirmé que el Sahara tiene un atractivo innegable , es un remanso de paz después de un largo viaje a través del aparente vacío .
Al rato regresamos, al paso cansino de los animales, al refugio . Ahora sí, tranquilos desayunamos .Una vez listos, con equipaje en mano, nos despedimos de estos extraños hombres que nos aconsejaron no desviarnos de la senda marcada por las piedritas blancas que nos llevarían al camino real . Así lo hicimos, pero de repente, los guijarros desaparecieron y nosotros, ahora en pleno día y en una zona de dunas movedizas , perdidos .Quiso el buen Dios que el muchacho del albergue sospechara lo que nos iba a ocurrir y apareció de pronto , montado en una motocicleta .
Lo seguimos y levantando su brazo nos indicó que marcháramos siempre derecho, no desviarnos. Así lo hicimos y la ruta apareció.
Quince días sumidos en ese mundo deslumbrante, dejarlo fue extraño.
Gloria Ballatore . DNI 5890560 .José Hernández 2371 . San Francisco .Prov.: Córdoba.Te.: 03564 422576 . |
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