Para Carmen Paola, pequeña sonrisa recién llegada a iluminar el mundo.
SOMBRAS
tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón
El 15 de agosto del 2007 la tierra tembló con tal intensidad que el 85 % de casas quedaron inhabitables en Tupe. Al terminar aquel día los tupinos se encontraron con una dura realidad: ahora eran más pobres que antes, que siempre.
Los movimientos sísmicos continuaron por una semana y con ellos vinieron los vientos huracanados que se llevaron las tejas metálicas por los aires. Al ser este un pueblo al que sólo se llega caminando la ayuda que se recibía era escasa. Una mujer fue mal herida y llevada a Lima tiempo después y allí murió. Un niño falleció al caerle encima una pared y al quedar incomunicados no pudieron llevarlo a ningún lugar ni podían traer un cajón. Desde aquella noche familias enteras tuvieron que dormir en la plaza. Los niños trataron de dormir en el mismo círculo de cemento donde antes jugaran con el amiguito ahora fallecido y cuyo cuerpo reposaba a unos metros más allá.
Convocados por la agrupación de ayuda “Regalemos una sonrisa” (RUS), http://www.regalemosunasonrisa.com, quienes gentilmente nos permitieron participar en su octava campaña de navidad, decidimos ir hasta Tupe a ofrecer nuestra ayuda con la intención de arrancar cuantas sonrisas fuera posible de los rostros de sus niños.
TUPE
Luna de los pobres siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable…
Situado en las alturas de la provincia de Yauyos, sierra de Lima, éste es un pueblo peculiar, distinto a los que hemos visitado, un lugar que ha sobrevivido al Imperio Incaico, a la conquista española y resiste como puede los embates de la “modernidad”. Pero ¿qué hace diferente a Tupe? Para empezar es el último bastión de un idioma milenario: el jaqaru, con una antigüedad aproximada de dos mil años, lo que lo haría más antiguo que el quechua y el aymara. La vestimenta que portan sus mujeres es irrepetible en todo el país y el sentido de comunidad y trabajo en grupo aún sigue rigiendo notoriamente la vida de sus habitantes. Lo que lo iguala al resto de pueblos situados en la sierra del Perú es la pobreza y el atraso en el que la gente vive desde que tienen memoria.
Llegar a Tupe es bastante complicado. Hay que salir al sur de Lima para subir por el valle del río Cañete, trepando por una pista que sólo tiene asfaltado por unos kilómetros para llegar hasta el poblado de Catahuasi. Hasta hace poco más de 2 años, la caminata empezaba aquí. Llevaba entonces 6 horas de subida. Hoy hay un camino sinuoso y estrecho que parece pender frágilmente de los cerros mientras abajo se abren abismos inacabables. Esta vía nos conduce al poblado de Ayza, y sus impresionantes andenes. Desde aquí un sendero, por momentos polvoriento, por momentos pedregoso, asciende abriéndose paso entre cataratas y acequias. Se exige algo de esfuerzo, pero la fatiga se lleva bien ya que a nuestros ojos se presenta un paisaje de gran belleza sobre todo cuando es bañado por el oro crepuscular del sol serrano. Luego de 2 horas el camino acaba en un puente en la bonita entrada de Tupe, donde un aviso nos da la bienvenida. Entramos, emocionados, como si lo que se abriera ante nosotros fuera la puerta que nos llevaría a otra dimensión.
Aquél sábado 8 de diciembre la energía eléctrica había sido repuesta en el pueblo pero el local comunal que se nos dio para organizarnos aún no contaba con luz por lo que encendimos las frontales y las velas y nos pusimos a ordenar los regalos que a lomo de burro trajimos. Los niños curiosos se acercaban y nos miraban como a seres imposibles, imitaban nuestros gestos y acentos citadinos. Querían entender el uso de las máquinas, mirarse retratados en esas pantallas digitales, usar las linternas frontales, los celulares. Son personas muy cariñosas, curiosas y nada distantes lo cual fue una sorpresa ya que no están muy acostumbrados a recibir foráneos. Nos ayudaron a limpiar, a remover algunas cosas. Las señoras del pueblo nos prestaron una olla con agua hervida y una tetera con infusión de hierba que nos vino bien para calentar el cuerpo.
DE TRAGEDIAS Y SUEÑOS
No será tan fácil, ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada del amor.
Afuera Pedro Valerio, teniente alcalde de Tupe, departía un poco de cañazo con otros vecinos con quienes bajó a Ayza a ayudarnos a traer los regalos. El cielo era una exageración luminar, las estrellas se abrían más y más como flores de fuego, abriéndose paso en la oscuridad del universo. Me invitaron a beber y a conversar. Escucho sus sueños, sus ideales, sus problemas, sus frustraciones, sus deseos. Explican las costumbres del pueblo y me comprometen a venir para la fiesta de la Virgen de la Candelaria. “Las mujeres visten bacán, se ponen una vestimenta bien bonita, flores en la cabeza. Mandamos a traer bandas de Huancayo, de Cañete… la fiesta es a todo dar” me cuenta Wilber Centeno, jovial y de mirada curiosa. Sueña con enviar a su hijo a la ciudad, a la costa, “darle lo mejor, que sea mejor que yo”. Este es uno de los dramas del pueblo, no hay población juvenil, todos han debido dejar la tierra, ir a buscar otras oportunidades con lo cual la continuidad en sus costumbres y uso de su lengua se ve seriamente amenazada. El rango de edades de los habitantes de Tupe sólo permite dos extremos: o muy niños y jovencitos o muy adultos y viejos.
Pedro Valerio, ha recorrido muchas partes del Perú. Se ha educado en otras ciudades y ha vuelto a su pueblo con la esperanza de ayudar y de mejorar muchas cosas. Emocionado hasta las lágrimas ensalza las bellezas de su pueblo, las oportunidades, lo diferente y único que es. Nos agradece haber llegado hasta aquí y augura que el día siguiente será un gran día y los niños reirán. “Estos niños han quedado traumados, el terremoto los ha marcado. No ríen mucho, no hablan”
A don Beliberto Cuevas se le adivina la mirada empapada de melancolía aunque sus ojos permanezcan ocultos bajo su sombrero. Es el padre de la única criatura que falleció aquel funesto 15 de agosto. “Yo estaba en la puna trabajando y ese día también hubo polvareda allá. Estaba con mi radio y oí que había habido un terremoto y que había un muerto en Tupe. Decidí encargar mis animales y bajar hasta un corral donde habían unos niñitos ellos me dijeron “El Coqui ha muerto” y yo pensé no, mi hijo, no creo”. Después de caminar mucho tiempo llegó al pueblo justo para la tarde en que enterraban a su pequeño. Había sido aplastado junto a sus animales por una pared. Aparentemente quiso rescatar a sus hermanitos quienes también quedaron sepultados pero fueron recatados de entre los escombros con rapidez sin sufrir gran daño. Coqui, no tuvo esa oportunidad. “Mi señora recién ha empezado a hablar, cuatro meses después, cuatro. Es que ella vio todo, ella vio a su hijo tirado entre las piedras”
Seguimos bebiendo. La noche se cerró en una tristeza espesa. Como deseando olvidar empiezan a hablarme de las fiestas que se celebran, la de San Bartolomé, la de la herranza, de las comilonas, los bailes. “Este pueblo debe divertirse, debe reír” casi vocifera Pedro y comparto su deseo. Es hora de empezar a levantarse, poco a poco, lentamente, deshacerse de la mordaza de sombras que no nos deja pronunciar una palabra parecida a la alegría.
Nos vamos al albergue municipal. Una pequeña casa en cuyos altos hay un cuarto dividido con maderos, cada uno con una cama pequeña. Es lo que buenamente nos ofrecieron y allí descansamos. Hay también a las espaldas del pueblo un lugar indicado para acampar si se quiere: la pampa del cristalino río Qucxapaya , rodeado de bosques y con una gran vista hacia el pueblo.
EL GRAN DIA : LUCES
Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar ésta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.
El 9 de diciembre debe ser un gran día. Nos pondremos a prueba. Con mil incertidumbres en la cabeza nos levantamos a las 5 y 30 de la mañana, hora en que suenan las primeras campanadas en el pueblo: ¿seremos capaces de arrancar sonrisas a tantos niños que no olvidan lo que pasó? ¿Participarán en los juegos? ¿No serán muy tímidos? ¿Seguirán tan asustados que no querrán saber nada de nosotros?
Antes de que empiecen las actividades camino por los rincones de Tupe para darme una idea, a luz del día, de todo lo que ha pasado. Sus calles empedradas aún son un caos de rocas desparramadas, algunas casas de adobe y piedra parecen haber sido sacudidas por algo más que un terremoto. En las alturas el sol empieza a iluminar la cresta del urqu (montaña sagrada) llamado Tupinachaca, impresionante montaña formada de una inmensa piedra en la cual se puede hallar pinturas rupestres y a los que se puede ir acompañado por Pedro Valerio. En la plaza se han levantado algunas casetas hechas con maderos para reemplazar a la YATX UXA (casa del saber o biblioteca y escuela) que ha sido completamente destruida. Parte de la torre de la antigua iglesia de piedra (elemento importante del patrimonio cultural tupino) se ha venido abajo y por los intersticios del portón lateral de madera se ve un interior donde reinan el caos, el polvo y la destrucción. El muro testero ha sido gravemente dañado. Algunas casas han quedado sin las fachadas y por dentro se ven todas las cosas como estaban en sus lugares, un segundo antes del desastre. Ahora son imágenes congeladas que nos dejan ver la magnitud de la tragedia, como si el pueblo hubiera sido bombardeado por una infinita lluvia de misiles.
Toño nos regala esa sonrisa que nunca le abandona y su buen ánimo. Nada mejor para empezar el día. Ha ido a despertar a sus amigos y a convocarlos a la plaza, nos espera una gran tarea y es bueno saber que ya se cuenta con un gran grupo de aliados para inflar los globos, amarrar las banderolas, limpiar la plaza. A las 8 de la mañana ya hay un pequeño grupo de chiquitos junto a nosotros riendo y corriendo por todos sitios. El sol ya se ubica sobre nuestras cabezas completamente y con él llegan más niños que por timidez no se acercan, los invitamos y poco a poco van a participando en las dinámicas. En el medio, sonríen con timidez, pudorosos, siguen con algo de vergüenza los juegos que Vicky les propone. Cuando la guitarra y el cajón peruano empiezan a sonar acompañando a los villancicos los niños se sueltan un poco más y nos acompañan con aplausos y tarareos: “Vamos a Belén a adorar al niño dios, a llevarle unos regalos yo le doy mi corazón…” Poco a poco van llegando más y por fin los tenemos a casi todos. Desde niños de un año hasta adolescentes.
Junto a Patty nos encargamos de los más pequeñitos y empezamos a jugar con ellos. Cantan, miran ansiosos. El juego de las matamoscas o chapadas los tiene fascinados. Se caen, se levantan, vuelve a caer y sonríen locamente. Deben correr hacia mí los que no se han dejado atrapar como si fuera yo la meta y cuando me doy cuenta son un mar de niñitos los que se salvaron, debo arrodillarme para dejarme inundar: en dos segundos y en un solo abrazo muchos cuerpecitos me caen encima, se estrechan a mi cuerpo con fuerza, con un perceptible deseo de abrazar. Esto es inigualable, pienso.
María del Pilar es hermosa. Le dicen “China” desde bebé. “Es que nació con los ojitos muy cerraditos” y se ha acostumbrado tanto al apodo que cuando le pregunté su verdadero nombre no sabía que responder. “María del Pilar te llamas hijita, así debes decirle a todos, no eres China, no” le dice su madre. La nena mira dulcemente. Lleva un sombrero muy coqueto que cubre sus hermosos cabellitos y sus dientes de conejo sobresalen bajo los labios pequeños. Cuando en un momento llegó a mí y me tomó de la mano para andar con ella una especie de temblor me dominó. Pensé que quería algún regalo pero no, sólo quería andar de ese modo, caminar y jugar.
Gordon es un líder nato. Nos ayuda a mantener la atención de los niños con su sola presencia. Si él dice algo el resto lo sigue y felizmente siempre hacía lo que nosotros le pedíamos. La pregunta de rigor que hacemos “¿Qué le pedirías al niño Jesús?” nos ofrece respuestas que nos deja enmudecidos, un pequeñito nos dice con una mirada suplicante: “Que no haya más terremoto”. Cuando empezó la hora de pintar las imágenes del nacimiento todos se tiraron al suelo cómodamente. Pedían colores, crayolas, plumones, todo lo que se pudiera para pintar sus mundos de esos colores que traduzcan cromáticamente la fantasía. Evelyn, vestida como una damita tupina, parece una copia en pequeño de su madre quien le ayuda a ponerle colores a la cara del niño.
Todo es un universo de risas, de ganas de correr y de vivir. Cuando nos damos cuenta ya los límites de la razón se desvanecieron y el niño oculto en nosotros ha tomado la manija de nuestros sentidos. Reímos, nos tiramos al suelo, cantamos, aplaudimos, pintamos, buscamos respuestas que estén a la altura de la fantasía, aprovechamos a más no poder la oportunidad que nos dan estos niños: volver a ser como ellos. Al medio de la plaza los muchachos de “RUS” incitan a los niños a seguir cantando y jugando.
Las chicas representan una escena de un pastorcito y el anuncio de un ángel que los niños disfrutan y después la chocolatada y el panteón (pan dulce) llegan para saciar el hambre y la sed producto del esfuerzo de jugar. Y luego el momento esperado: los regalos. Ordenadamente y en fila y se acercan al local comunal a recibir lo que se les ha traído. Las sonrisas estallan y pintan el cielo de esos pequeños rostros. Las madres de familia también participan y reciben sus regalos. Es alucinante verlas con esas prendas que las ha hecho únicas y famosas: vestidos hechos con tela roja a cuadros, al estilo “escocés”, los pañolones rojos envolviéndoles la cabeza. Lamentablemente ya no producen esas telas allí sino que las mandan a comprar de Lima lo que ha hecho que se pierda esa bonita tradición. Lo único que hacen es esa faja en la cintura (WAKA) que tanto hombres como mujeres visten. El calzado es el “sucuy” o “shuki” que lo confeccionan ellas mismas. Las escucho hablar en Jaqaru, de veloz pronunciación, con sonidos más fuertes que el quechua. Esta lengua deriva del PROTO JAQUI la cual también es la raíz del PROTO AYMARA que a su vez se subdividió en KAWKI y AYMARA. El Kawki ya está casi extinguido. Nieves Payano, tupina, lingüista y poliglota, indica una singularidad del Jaqaru: “En las lenguas europeas el enfoque es con número y con el yo, con la primera persona actuando sola y en forma autónoma, sin objeto, sin con quien intercambiar. En jaqaru no es así, sea lo que sea tengo que indicar el estatus de la segunda persona – la persona con quien hablo — en relación a lo que pasa.” Por lo que en Jaqaru la primera persona es TU y no YO reflejando a nivel gramatical la reciprocidad y la interacción con el otro, el trabajo en comunidad, la intención de incluir al semejante. Existe un alfabeto (36 consonantes y 3 vocales) que fue creado por Martha Hardman, lingüista norteamericana que vivió aquí en los años 60´s, y que aprendió el jaqaru y se casó con Dimas Bautista, natural de Tupe. Hoy felizmente, han empezado los esfuerzos para capacitar a los docentes en la enseñanza del Jaqaru en las escuelas.
Los niños comparan sus regalos, jugean entre ellos. Hay algunos que no pudieron venir ya que se encontraron en la puna trabajando; junto a la profesora hacemos un recuento y una lista de los obsequios que vamos a dejar para los ausentes. Cuando terminamos el conteo ayudo a llevar el costal a su habitación. Se llama Violeta Martínez, es una joven muy guapa y gentil que se fue a Lima a estudiar educación en una universidad privada y regresó a su pueblo a enseñar. En ella se reafirma la idea que me ha dado este lugar: su gente no olvida, está siempre dando vueltas por el mundo, aprendiendo para venir a ponerse al servicio de su pueblo, el sentido de pertenencia de esa gente es algo excepcional. Saben que pertenecen a una cultura única, que han sido amamantados con ancestrales conocimientos, pero sobre todo saben que eso hay que cuidarlo, defenderlo. Violeta lleva dos años trabajando aquí. Me cuenta las vicisitudes de estos pequeños que desde tiernos deben trabajar en el campo y con los animales ayudando a sus padres. Tienen poco tiempo para jugar por eso lo que hoy ha sucedido ha sido un buen pretexto para correr y reír. Ha sido testigo de los sufrimientos y miedos de los pequeños desde el día del terremoto. Se le ve contenta, satisfecha. Con esa mirada delicada, reposada, que las personas de buena fe tienen.
ADIOS
Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo, y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.
Padro Valerio, Violeta Martínez junto a su madre, doña Catalina y otras vecinas del pueblo nos invitan un delicioso desayuno de inmensas papas tupinas, queso frito e infusión, “a nombre del pueblo”. Compartimos la velada en uno de los espacios hechos de madera y que ahora son utilizados como escuela mientras que somos testigos del gran sentido del humor y el encanto de las damas tupinas que han tomado como victima de sus ocurrencias y bromas a Pedro Valerio, eso que me dijeron sobre el matriarcado tupino creo que es cierto.
Ha terminado la faena. La plaza vuelve a estar vacía pero las sonrisas de los niños aún parecen resonar en los rincones del pueblo o quizás resuenan como un eco inacabable en nuestras almas. Es 9 de diciembre del 2007, es un gran día corazón, quizás esta gente no sea menos pobre después de esta oportunidad que nos dieron de estar con ellos, pero al menos sus niños olvidaron un poco, volvieron a tener pretextos para reír. Se han regalado muchas sonrisas, pero no son las que nosotros les hemos llevado. Las sonrisas son las que ellos nos han regalado, son las que nos hemos traído desde ese pueblo remoto, al saber que aún hay esperanzas, que la vida es un canto inacabable, aún en medio de la maraña de sombras en que el mundo a veces parece hundirse.
Pablo
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón…
DATOS Teléfono comunal: 8100317
Atención de 08:30 a.m. a 08:30 p.m. de Lunes a Sábado.
Preguntar por Pedro Valerio Abad, para coordinar el alquilar de acémilas desde Ayza.
El pueblo ya cuenta con energía eléctrica.
En la plaza hay un caño donde se puede obtener agua.
No hay baños públicos, solo silos.
Hay una tienda algo surtida
Este es un video que les puede dar una idea de lo que sufrió el pueblo de Tupe
http://es.youtube.com/watch?v=cmIjFxZBiVI
Las estrofas pertencen a la canción de Fito Paez "Yo vengo a ofrecer mi corazón" |
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