
Barcos de los pescadores
Punta del Diablo | 0 comentarios.
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Con la familia (matrimonio y cuatro hijos de 22, 18, 16 y 6 años), disfrutamos de Punta del Diablo en febrero de 2007. Viajamos en auto alrededor de setecientos kilómetros para llegar. Nos gusta venir, lo hemos hecho varios años.
En este mes, ya pasó el furor de la temporada veraniega, que es en enero. La playa queda un poco más tranquila, y se ven muchas familias disfrutando. Nadie se hace problema por su silueta: los bikinis se lucen en figuras impecables y en gorditas respetables; los hombres pasean sus músculos y sus rollos, los niños disfrutan de las olas del océano, una vez que les pierden miedo, y los adolescentes encuentran que desprenderse de la computadora y los celulares no es tan espantoso, después de todo.
Aprendemos a prescindir de la televisión, y sacamos a relucir los juegos de cartas y de ingenio para las tardecitas, mientras nos vamos bañando por riguroso turno, tomamos mate y decidimos si cocinamos o nos regalamos una cena en uno de los tantos lugares del pueblo.
El que desea ruido, música y movimiento, pero a la vez quiere playa, puede dirigirse a Punta del Este, que es una maravilla distinta. Los que disfrutan de la tranquilidad, de las caminatas en la arena, la pesca y todo lo que brinda la naturaleza, seguro que se enamorarán de este pueblito de pescadores que es Punta del Diablo, con sus dunas y el Océano Atlántico a disposición.
En el kilómetro 298 de la Ruta 9 se encuentra la entrada a Punta del Diablo. Giramos a la derecha (si venimos desde Montevideo) y continuamos 5 kilómetros hasta la costa. No hay hoteles cuatro estrellas, ni dos, ni una. Sólo posadas y cabañas rústicas que crecen anárquicamente sobre las rocas, al borde de las dunas que van a morir al mar.
En febrero del año 1935, una familia construyó el primer ranchito de paja y junco, porque tenía un hijo enfermo a quien le habían recomendado el aire del océano para su restablecimiento. No fue sino hasta 1942 que se afincaron algunos pescadores provenientes de Valizas y empezaron a pescar el tiburón para vender hígado a mercados asiáticos. Entraban al mar en chalanas a remo. Ahora también lo hacen, pero tienen embarcaciones con motor, muchas construidas por ellos mismos o en la zona. Si uno desea preparar los frutos del mar, espera pacientemente que lleguen ellos, y elige el pescado que desea. Tienen también centros de venta frente a la playa.
Si alguien desea pescar, puede intentarlo desde las rocas, llevando muchos repuestos de anzuelos, tanzas y plomadas, porque el oleaje en las piedras destroza todo. Hay cazón, pez martillo y chuchos (como una raya). Se pueden recolectar también mejillones y algas.
Si uno desea probar la gastronomía local sin molestarse, simplemente va a cualquiera de los lugares del pueblito que se dedican a elaborarlos, y podrá degustar buñuelitos de algas y miniaturas de frutos de mar acompañados por la bebida que desee. Personalmente, le aconsejo un buen vino uruguayo, mejor si es Tannat.
Cuando visitamos por primera vez Punta del Diablo, hace como dieciocho años, sólo había ranchitos, no había luz eléctrica y las calles eran de arena, tierra, piedra y conchillas. Ahora las calles siguen siendo iguales, pero hay luz eléctrica. Se han construido muchas casas y complejos turísticos, y está de moda. En enero se llena de jóvenes y turistas. En febrero llegamos los que amamos la paz y tranquilidad
Para los que practican surf, es una zona privilegiada, porque se puede practicar durante todo el año. Según lo que he oído, quien vaya a disfrutar de las buenas olas y conserve la calma y el respeto, seguramente tendrá una buena sesión de surfing. Hay profesores dispuestos a enseñar a los que lo deseen, y se encuentran fácilmente, con sólo preguntar en cualquier comercio (el pueblo es pequeño y todos se conocen).
Las playas de Punta del Diablo se encuentran entre las mejores playas oceánicas del Uruguay. Al centro se ubica la Playa de los Barcos, que es mansa, especial para niños y chambones (sin experiencia en olas). Es el puerto natural usado por los pescadores locales. Al sur del pueblo, separado de la Playa de los Barcos por un afloramiento rocoso, está la Playa de la Viuda, que, a diferencia de la de los Barcos, es una playa abierta con una gran extensión de dunas (unos cinco kilómetros). Al norte se encuentra la Playa del Rivero, que separa Punta del Diablo del Parque Nacional de Santa Teresa, donde se encuentra la Fortaleza de Santa Teresa, bastión militar del siglo XVIII, hoy convertido en museo.
Les dejo una dirección, por si desean saber más de este lugar: http://www.portaldeldiablo.com.uy
Este año, tal vez cambiemos y nos dirigiremos a otro de los tantos pueblitos de la costa atlántica, quizás a Valizas o a Aguas Dulces… después les cuento. |
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