Aunque algo alejado de los circuitos de Chachapoyas, Rodríguez de Mendoza es la alternativa para el que busca el viaje de naturaleza y vivencias, sacrificando las comodidades de hoteles y restaurantes, pero llevandose a cambio el simple disfrute de su entorno, sus sonidos, olores y colores.
El camino que parte de Chachapoyas es un maravillosos escenario: variado, abrupto. La bajada por el Sonche es impresionante, el cañón se abre y cierra en diferentes momentos por una pista que puede llevar al vertigo por sus curvas y precipicios. De ahi a Molinopampa, subir nuevamente, algo mas alto que Chacha, la última frontera de sierra de montaña y desde donde se sigue para pasar por el fabuloso bosque de palmeras de Ocol, que lamentablemente como en muchos lugares del Perú esta siendo deforestado. Talado sin compasión, dejando cada vez mas zonas abiertas, con troncos quemados y arboles arrancados, a cambio de centavos y cambiando la belleza del lugar por aridos pastizales que no sobreviviran. La magia del lugar esta en ese bosque ubicado en el abra que divide la ultima sierra con la primera selva y que captura la humedad dandole vida a este bosque de palmeras ubicado a casi 2,500 m de altura.
La reduccion del bosque solo trae menos captacion de humedad, por lo tanto menos capacidad de mantener el ecosistema y por lo tanto la reduccion del habitat hasta su futura extinción. Algo hay que hacer. Autoridades, empresas, habitantes, turismo. Parece que no se dieran cuenta que en la sostenibilidad esta el negocio, la vida, las costumbres, todo.
En viajes anteriores me habia hablado de Mendoza y su gente: los huallachos, de los que hacen miles de bromas en Chacha, son algo asi como los simplones de la región, muy graciosos, pero muy calidos inclusive si no te conocen.
Gracias a los amigos de Chacha pudimos conocer a Tuco Trigoso, dueño de un bungalow en las afueras del pueblo, y por su trabajo conocedor del territorio. Llegué a Mendoza por la noche y conversamos, preparamos un mapa y la verdad que estuvo bastante proximo a lo que al final hice a pedal, con un poco mas de conocimiento de tiempos hubiese sido mejor, pero en la zona no conseguí a nadie con experiencia para darse un viajecito en bici, aun asi estuvo genial.
Al dia siguiente la vuelta planeada: Mendoza-Omia, carretera afirmada, bonito escenario recorriendo el rio Huaillabamba, hasta comenzar la trepada a Chontapampa, con algo de lluvia, barro y calor por 1 hora. Seguimos y casi antes de coronar el paso encontré una casa, paré de casualidad porque un niño me saludó y despues de un breve intercambio de palabras, me invitó a pasar, ahi estaba la paila, los mayores y algunos chicos calentando el cachazo, bebida dulce hecha de caña y de color verde (!), bastante agradable a pesar de su textura y color. Lo mejor de este encuentro: la calidez de la gente, una conversacion, risas y aprender de la vida de otros nos hace estos viajes inolvidables, guardando las imagenes vivas por siempre.
Siguieron varios pueblos, no entré a Nuevo Chirimoto (volveré!!) por desconocimiento de tiempos y distancias, y seguí hasta llegar a Totora (no habia restaurante solo una bodeguita, era como las 3 y tenia hambre) ahi conoci a otra familia que se ofrecio a preparame un almuerzo, una corta espera y ahi estaba la sopita y el plato de fondo, todo rico solo que te sirven como si fuese tu ultima comida (bastante), de todas maneras muy agradecido, pago voluntario, fotos, conversacion gratis, espectacular.
Se acababa el dia y claro sin mapa oficial llegaba a Santa Rosa, luego el abra y ahi veias un atardecer sobre el valle de Huambo, bello realmente, colores alucinantes. Pronto la bajada, se acababa el paseo, encuentro con unos chicos que celebraban con cervezas en un recreo campestre con piscina inmensa, lo máximo.
Final del dia, noche limpia, madrugada con una lluvia arrulladora que me hizo dormir tan bien que me desperté a 6:55 cuando el carro salía a las 7:00, felizmente la costumbre del Perú de no cumplir con los horarios (felizmente cambiando ultimamente) y mi mania de arreglar todo un dia antes me dejó salir volando, realmente, mochilas en la espalda y pedaleando como loco los 3 Km que me separaban del bungalow al pueblo.
Quedaron el el tintero las aguas medicinales de Tocuya, la laguna de Huamanpata, Cheto y Purum Llacta, los dulces, la miel y conocer mas gente como la que conocimos en el camino. Visitar Mendoza, en bici al menos, vale la pena. |
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